domingo, 22 de mayo de 2011

El retorno a la realidad

Después de sus mini vacaciones, el autor de este blog regresa a la ya no tan cruda realidad. Mañana hay elecciones provinciales y es sólo un trámite. Cataratas del Iguazú es energizante. Para ser sinceros, cualquier escapada de la rutina lo es. Pero Cataratas es… impresionante. Siempre, por más que uno haya ido muchas veces, es diferente y transmite su magia, su belleza, su fuerza. Quien no ha ido todavía, no debe conformarse con fotos, videos, documentales o relatos. Hay que ir. Ahora, a trabajar.
España despierta y nuestro 2001 parece que es el inicio del camino. No digo que hacemos escuela. No pienso que los ciudadanos argentinos nos hemos convertido en una antorcha para la Humanidad. No somos iluminados ni iluminadores, pero hemos aprendido y sería bueno –es necesario-  que aquellos ciudadanos de otros países, excluidos, explotados, ajustados tengan en cuenta que un grito de hartazgo de vez en cuando puede salvar muchas vidas.
No es exagerado pensar que los últimos diez años de nuestra historia pueden  resultar bastante instructivos. En diciembre de 2001 tocamos fondo. Y en serio, como nunca antes. Parecía imposible volver a una vida normal. Estábamos desanimados, disgregados, descreídos, deprimidos. Nuestra autoestima estaba más allá de los suelos.
La sensación del fracaso social dificultaba cualquier tipo de relación. Las asambleas espontáneas de base actuaban más como terapia grupal que como verdadera solución. El “que se vayan todos” sonaba más como un grito de guerra y en realidad era un camino hacia la nada. La negación de la política no es la solución para nada. Por el contrario, es la ideología la que decide el modo en que se quiere construir un país.
Muchos dicen que al tocar fondo, los argentinos empezamos de cero nuestra historia. No. Me niego a aceptar esa hipótesis. Tocar fondo no significa empezar de cero. Hay una historia que nos llevó a esa situación y es nuestro deber tenerla en cuenta para no repetirla. Es muy importante recordar qué es lo que nos llevó a esa realidad social, económica  y política para no volver a caer. Y sobre todo, para profundizar aquello que nos sacó de todo eso.
Hoy estamos en un país mejor. El Estado tomó las riendas y los resultados están a la vista. Nada es mágico. Hubo –hay y seguirá habiendo- un plan. Desarrollo, industria, trabajo, distribución, contención. Empezar desde abajo facilita las cosas. Todo crece de abajo hacia arriba. Nunca puede ocurrir al revés. Crecer desde arriba hacia abajo –el modelo del derrame- nos conduce al 2001. Crecer para arriba consolida, sienta buenas raíces (que es lo único que debe crecer hacia abajo), permite una base sólida, solidaria. Las bases son importantes, el resto es sólo un  buen resultado.

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