jueves, 30 de junio de 2011

Un país que empieza a debatir

La semana pasada, Apuntes Discontínuos se dedicó a analizar las implicancias que tiene tratar de convertir en nacionales aspectos locales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, CABA. El punto de partida era el debate sobre el debate entre los candidatos a Jefes de Gobierno en esa ciudad. El texto en cuestión es Lo local y lo nacional, publicado en este espacio el 21 de junio. Hay muchos análisis que pueden realizarse a partir de la actitud que tienen los canales de televisión capitalinos de convertir en problemas nacionales cuestiones que sólo interesan al público local. Tal vez no lo hacen con mala intención, sino como simple costumbre. Puede ser que los periodistas que trabajan en esos medios consideren que el país se circunscribe a Capital Federal o que lo que pase allí repercute en todo el territorio nacional, aunque sea la interrupción temporal del servicio de subtes.
Desde hace unos días, en el noticiero de las 20 de la TV Pública se realiza una serie de entrevistas a todos los candidatos a la legislatura porteña o Jefe de Gobierno en donde analizan las propuestas para mejorar en la ciudad. Es claramente un espacio con contenido local y que sólo interesa a los habitantes de esa ciudad. Sin embargo, llaman a ese bloque, conducido por Juan Micellis, Visión País. Llama la atención que en un canal con mucho contenido federal, como debe ser un canal del Estado, cometan semejante error.
Anoche, en el programa A dos voces, de TN, se realizó un simulacro de debate entre dos de los candidatos a Jefe de Gobierno. Además de que las entrevistas se habían grabado por separado, esa cadena informativa es de alcance nacional, pero durante la hora y media que duró trataron, por supuesto, temas referidos solamente a la ciudad de Buenos Aires.
Ahora bien, más allá de considerar lo colonizador que resulta la difusión a todo el país de los temas locales, hay algo positivo en todo esto de los debates. Al menos en Rosario y en otras ciudades se ha producido el efecto contagio. En eso, los porteños hicieron punta y lograron que en muchos lugares del país los candidatos empicen a debatir entre sí, a difundir sus intenciones políticas. Y eso es bueno. Aunque cuesta creer que, en una ciudad que ha sido protagonista de muchos hechos históricos, que es la capital política del país, que es vanguardista en arte, música, teatro, cine, un candidato a Jefe de Gobierno como Mauricio Macri tenga tan alta intención de voto.
Una vez escribí en este espacio que había que agradecer a los porteños por haber probado a un político no-político como Macri, que había que considerar como un sacrificio patriótico el tener que soportar semejante gobierno municipal. En serio, chicos, queridos conciudadanos de CABA, sean coherentes. Cuesta creer que la nada que representa Macri en su gestión, en su discurso, en su rostro, tenga una intención de votos similar o un poco superior a la de un político preparado, profundo, con sustento teórico y de gestión como Daniel Filmus. Cambien un poco de canal porque la están pifiando fiero. En el canal que eligen para informarse están ocultando las serias ineficiencias que tiene el gobierno de la ciudad. Clarín, La Nación, TN, canal 13, Radio Mitre, Continental y todos los satélites corporativos no difunden información, sino textos que sirven para confirmar los prejuicios de su público. Y puede haber gente que, con inocencia, tome esos malintencionados escritos como información. Y seguramente es por eso que Mauricio Macri todavía mantenga una alta imagen positiva, aunque su gestión no tenga nada de positiva. Si a Silvina Walger  la Presidenta Cristina Fernández le da vergüenza de género, Macri a mí me da vergüenza de especie.
Pero volvamos al debate y su extensión por algunos lugares del interior del país. En Rosario, el sábado 2 de julio se va a televisar un encuentro entre los candidatos a intendente. El 16 va a pasar lo mismo con los candidatos a gobernador y hasta Miguel del Sel va a realizar una muy buena imitación de un político en campaña. Más allá de las críticas que puedan generar los debates televisados, es muy bueno que las pantallas comiencen a poblarse nuevamente de contenidos políticos. Es una señal de que la sociedad experimenta una apertura al intercambio de ideas y puede ser que el público empiece a pensar la realidad en clave política y no al ritmo de los titulares.
Sería muy bueno un programa-debate entre los candidatos presidenciales. ¿Alguien se imagina un encuentro entre Cristina Fernández de Kirchner y la Desquiciada Pitonisa Anaranjada?

miércoles, 29 de junio de 2011

Las sospechas del fin de un conflicto

Cuando terminé de comprender el conflicto, cuando pude transformar en palabras todo lo que pensaba al respecto y cuando, por fin, pude dar a conocer mis ideas, faltaban pocas horas para la tregua. Porque no hay una solución definitiva, no hay un levantamiento del paro, sino sólo una suspensión. Anoche, doce horas después de que Apuntes Discontinuos manifestara sus sospechas respecto a los 58 días de huelga de los docentes de Santa Cruz, se resolvió suspender la protesta. Podría apelar a la estrategia planteada en la novela de George Orwell, 1984, de modificar los archivos para que no choquen con la actualidad, pero no; prefiero que quede, pues nada de lo dicho ayer se contradice con lo que pasa hoy. Tampoco es, como piensan algunos,que las sospechas planteadas en este espacio contribuyeron a su solución. En ese aspecto están exagerando.
De cualquier modo, mucho de lo extraño, de lo sospechoso que se había sugerido en esas líneas se confirma. En primer lugar, el intento por parte de la dirigencia de nacionalizar el conflicto, convertirlo en una piedra en el zapato del gobierno nacional. La delegación de cincuenta integrantes que se trasladó a Buenos Aires quiso que CETERA se manifestara por la resolución del conflicto con un paro a nivel nacional para hoy, miércoles 29. Pero no lo hizo, y este hecho precipitó las cosas.
En la entrada de ayer, Apuntes Discontinuos planteó que en el medio del tironeo entre las autoridades provinciales y nacionales y los dirigentes gremiales estaba la gente, los docentes que durante más de cincuenta días estuvieron alejados de las aulas. Esto, en lenguaje de representación sindical significa que las bases comprendieron que los reclamos de la dirigencia iban más allá de un aumento salarial. Y cuando comprendieron que la protesta no era solamente por plata, fueron ellos, precisamente, los que decidieron dejar de ser el fiambre del emparedado.
De alguna manera advirtieron que sus reclamos pasaban a segundo plano en esta puja. Que lo que más interesaba a la dirigencia era provocar malestar a nivel nacional en vistas a las elecciones de agosto y octubre. Los reclamos son legítimos pues no se puede afrontar una canasta familiar de entre 7000 y 9000 con un salario de 4700 de base, como quedó después del incremento por decreto que concedió el gobernador Daniel Peralta. Pero es muy difícil sostener una huelga por tanto tiempo, sobre todo cuando no se tiene muy en claro por qué se protesta. Un paro por tiempo indeterminado es una medida extrema, no la primera opción.
Los representantes deben representar, deben conducir de acuerdo con los intereses de las bases. Los representados no son rehenes ni carne de cañón para una extorsión.


martes, 28 de junio de 2011

Muchas sospechas para un solo conflicto

El jueves pasado un hecho sacudió las tapas de los diarios: el conflicto de los docentes santacruceños había llegado a CABA y de esta manera logró nacionalizarse. Pero no por el conflicto en sí, que ya lleva dolorosos 57 días, sino por una palabra que se había colado en la crónica, la tan adorada por algunos y repudiada por la mayoría, la  represión. Ese día, efectivos policiales  intentaron desalojar –con mucha amabilidad, por supuesto- a los manifestantes que realizaban un acampe y un grupo comenzó a arrojar piedras. No creo que esa haya sido la actitud de los docentes que reclamaban por un aumento salarial. Según versiones, mientras unas treinta personas agredían a la policía, los que manifestaban miraban sorprendidos, tratando de despegarse de esa violencia inusitada. No es la primera vez que ocurre algo así. Hay algunos ciudadanos que no pertenecen a ningún grupo para poder filtrarse en todos.
Pero vayamos al conflicto en la provincia que dio origen al movimiento que hoy gobierna nuestro país y que lo hará por unos años más. El paro por tiempo indeterminado comenzó el 11 de abril a partir de un reclamo del 50 por ciento de aumento salarial. Puede parecer excesivo el pedido cuando el resto de los gremios a nivel nacional acordaron un incremento del 25 por ciento en sus haberes. Pero el costo de la canasta familiar en Santa Cruz es uno de los más altos del país y su relación con el salario docente no garantiza una vida muy digna que digamos. En efecto, una familia necesita entre siete y nueve mil pesos para vivir y un maestro recién iniciado cobra algo más de 3500 pesos. Además, el alquiler de un departamento sin muchas pretensiones alcanza los dos mil pesos.
El gobernador Daniel Peralta ofreció un 25 por ciento de incremento, es decir, la mitad de lo reclamado y es por eso que el conflicto continúa. Cuando se declara un paro por tiempo indeterminado, no hay vuelta atrás porque es la medida más extrema que pueda plantearse y dificulta las posibilidades de conciliación.
Desde el principio, la adhesión a la medida de fuerza fue del setenta por ciento, aunque fue decreciendo con el paso del tiempo. Hoy hay un cuarenta por ciento de los colegios que funcionan con normalidad. Para complicar el panorama, un grupo de estudiantes tomó la sede del gremio ADOSAC en reclamo del reinicio del ciclo lectivo. Mientras tanto, la Justicia está evaluando la posibilidad de declarar ilegal la medida de fuerza. Y para debilitar la protesta, las autoridades educativas de la provincia piensan adelantar el inicio del receso invernal para dar tiempo a que la justicia se expida.
El Ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, declaró que no hay razón que justifique este paro y lo etiquetó como político. Eso no explica nada porque toda medida de fuerza es una acción política. No aporta nada esa calificación en medio de un conflicto que es a todas luces político, como debe ser cada acción humana en la sociedad.
Ahora bien, lo que cabe preguntarse sobre esta medida de fuerza es su funcionalidad, a quién sirve en medio de una campaña electoral. Ya es conocido que  peticionar en un período así garantiza una respuesta a los reclamos, o al menos a una negociación más favorable. Pero la pregunta va más allá pues apunta a dilucidar si la búsqueda de la nacionalización del conflicto no significa horadar la imagen del Gobierno Nacional.
Tan es así que otros gremios docentes están sumando su apoyo a la medida de fuerza de los santacruceños. En Córdoba hay deliberaciones en ese sentido y en CETERA otro tanto. Quieren convocar a una medida de fuerza para este miércoles en repudio al accionar policial del jueves pasado. El 8 de junio, un sector de la CTA, junto a AMSAFE Rosario y otros gremios realizaron un paro de 24 horas en sintonía con los reclamos de los docentes del sur del país.
En este conflicto, llaman la atención muchas cosas. En primer lugar, la imposibilidad de diálogo que se trasluce en la relación entre los gremios y las autoridades provinciales. Por otra parte, la extensión del conflicto que hace peligrar seriamente el ciclo lectivo. La beligerancia que se da en este hecho suena sospechoso ya que el estilo que se ha instalado desde hace algún tiempo es la búsqueda de solución a los conflictos.
Algunos pueden pensar que esta extensa contienda puede afectar la imagen del Gobierno Nacional con vistas a las elecciones primarias del 14 de agosto. De ser así, la Presidenta podría intervenir para calmar las aguas y concretar una tregua. Podría girar los fondos para colmar las aspiraciones de los docentes. Aunque también reciba críticas por esta decisión, la solución de un conflicto tan prolongado puede hacer un aporte en la consolidación de su imagen, a riesgo de desatar otros reclamos salariales en la región.
El silencio oficial llama la atención. Tal vez se encuentre una respuesta en la filiación de un sector de ADOSAC al núcleo duro del gremialismo opositor. Desde esta premisa, no hay solución posible, pues la medida de fuerza no tendría como objetivo lograr el incremento salarial sino prolongar la situación conflictiva, solamente agitar las aguas. Una cosa es atender un reclamo salarial y otra someterse a una extorsión. En medio de este tironeo, entre las autoridades provinciales y nacionales y los dirigentes gremiales están los docentes que son los que padecen los apretones de una economía doméstica que no les cierra, que buscan alcanzar un nivel salarial más digno y que hace 57 días que están fuera del lugar que da sentido a su trabajo.
Muchas cosas son sospechosas en este conflicto, como muchas lo serán en esta campaña ausente de propuestas pero abundante en sucesos inentendibles. Pero en el medio de esta puja, siempre en el medio, está el ciudadano, como demandante de una respuesta a sus problemas cotidianos o como rehén de un escenario que está más allá de su comprensión.

domingo, 26 de junio de 2011

Elucubraciones domingueras sobre los nombres

Hay todo tipo de nombres, y en eso no hay discusión posible. Nombres para ser llenados o para ser vaciados. Insulsos algunos, rimbombantes otros. Cortos, largos, complicados, sencillos. Muchas veces vemos a algún usuario que debe cargar su nombre como si fuera una pesada piedra. Hay nombres que están pensados para ser convertidos en simples apodos. Otros no tienen apodo y no hay manera de acortarlo.  Atractivos y horribles, olvidables, recordados. A veces condena o bendición. Otras veces, nada.
Pienso en algunos personajes de historieta que llevaban un nombre que se convertía en síntesis de sus características. Pochita Morfoni es el primero que se me viene a la memoria. ¿El apellido le correspondía porque comía mucho o comía mucho porque se lo indicaba su apellido? Afanancio es otro caso. Claro, estos nombres nacen con el personaje, o viceversa. También recuerdo a Biondi, aunque eso es un poco más complicado. Pepe Curdeles, abogado, jurisconsulto y manyapapeles, era, por si no lo recuerdan, un leguleyo en permanente estado de ebriedad. ¿Todos en su familia serían así o sólo él respondió al estigma de su apellido? Otro de sus personajes era Narciso Bello, que se creía hermoso y se pasaba tirándose besos con sus dedos juntos y repitiendo “cómo me amo”. El nombre lo condiciona pues sus padres no podían saber que sería así al momento de bautizarlo. O vaya uno a saber qué pasó por allí.
Vuelvo a las historietas de mi infancia. Calculín, un niño con anteojos y un libro por cabello, era un genio, sobre todo en materias relacionadas con lo científico. ¿Anteojito habrá nacido con anteojos o tuvo que usarlos porque ya tenía ese nombre? Y su tío Antifaz, ¿por qué ocultaba su rostro si no era un superhéroe? ¿Sería tal vez un bandido? Los anteojos en su sobrino podían justificarse, pero el antifaz no.
Hoy pienso en los nombres porque parece que cobran importancia en el terreno político. Recuerdo que cuando asumió la actual Presidenta, inmediatamente se convirtió para la prensa en un nombre de pila. Claro, no por afecto ni por proximidad, sino por ninguneo. A su marido, como a todos los presidentes anteriores, se lo llamó por el apellido. Pero a ella no. Tal vez porque había muchos Fernández en el gobierno y podía provocar confusión. Decirle “de Kirchner” era condenarla a una pertenencia por demás de machista. Entonces comenzó a ser simplemente Cristina, en parte por todo lo anterior. Pero también para negarle un lugar. Salió mal, porque ella convirtió su nombre en mucho más que eso. Hoy es Cristina por su propio peso, lleno, pesado, inolvidable e inconfundible: próximo para los muchos y detestado para los pocos. Sí, les salió mal la jugada.
Me sale otro nombre, mucho más pequeño, más sencillo, con una carga bíblica inconfundible: Eva, la primera mujer del Génesis. En nuestra historia es diminutivo, pero es enorme en su trascendencia. Y también es la primera mujer que muchas cosas, no sólo en nuestro país. Ese nombre tan chiquito es grande en casi todo el mundo. Parece mentira.
Hay otros nombres que se quieren imponer como próximos, pero sólo por marketing, no por otra cosa. Decirle Mauricio al Jefe de Gobierno en La Capital no es ninguneo, sino una familiaridad oligarca, neoliberal, posmoderna. Así debe pasar en un club de golf. Nunca visité ninguno pero me imagino que la gente de esa calaña no usa los apellidos en el green, sino sólo los nombres. En esa agrupación (a)-política todos esconden su apellido para fingir una cercanía que no sienten ni proponen, pero suena lindo, como de buenos vecinos; a nuestra gente, bienvenidos, sobre todo.  Al único que no pueden aproximar es al Jefe de Gabinete; será por su doble apellido, Rodríguez Larreta, que suena como una avenida, a plaza con monumento ecuestre; o por su cara, que es de pocos amigos.
Y todo este devaneo nominal viene por un titular: El Amado de Cristina. Es muy fácil el juego con alguien que se llama así. Imagino una carta dirigida al actual Ministro de Economía: Estimado Amado o Querido Amado. Suena redundante. Pero es un nombre que invita a mucho. Y lo sabe llevar muy bien. Con su rostro sonriente y amable puede ser amado. Y tal vez lo sea.
Hay otros nombres que pasarán al olvido porque no significan nada o no se sabe de dónde vienen y porque sus usuarios no han sabido llenarlos. Me sale Cleto. ¿Por qué será?

sábado, 25 de junio de 2011

Para que no bombardeen al Estado

En estos días, Carolina del Norte, EEUU, fue escenario de un hecho que no se debe pasar por alto. Richard James Verone, un desocupado de 59 años tomó una resolución drástica, dramática. Entró a una oficina del RBC Bank, en el condado de Gastonia, se acercó a una de las cajas y le entregó al empleado una nota en la que decía “esto es un asalto, deme un dólar. Tengo un arma de fuego”. Después de esto, se sentó en una silla a esperar a la policía. Su objetivo principal no era robar esa insignificante cifra, sino ser apresado. Se entregó a las autoridades sin resistencia. Verone padece de artritis y tiene una protuberancia en el pecho que le dificulta la respiración y quería ir a prisión para recibir atención médica. No es sólo una historia: es la realidad que sufren más de 45 millones de ciudadanos estadounidenses que no tienen cobertura universal de salud. Los presos sí tienen atención médica, pero éste no es el punto. En Estados Unidos, que es el paladín de la Democracia y los Derechos Humanos, el paradigma de la Libertad, un hombre tuvo que sacrificar su libertad para recibir atención médica. “Sin salud no somos libres”, declaró Verone al juez.
La situación es dolorosa, incomprensible. Barack Obama asumió la presidencia con la promesa de modificar el sistema de salud del país del norte. Desgastó su imagen porque no lo logró totalmente pues afectaba intereses muy poderosos. El documental de Michael Moore, Sicko, es instructivo al respecto. Allí se muestra la desprotección de aquellos que no tienen un seguro de salud ante cualquier enfermedad. El documentalista realiza la comparación con diferentes países que tienen un sistema sanitario sostenido por el Estado, como Gran Bretaña, Francia, Canadá y Cuba.
 Esto es lo que provoca un gobierno títere de los intereses corporativos y la ausencia del Estado en cuestiones tan elementales. Parece obsceno, pero muchos de nuestros políticos locales miran a Estados Unidos como el paraíso, sobre todo cuando hablan de la libertad de mercado y la necesidad de que el Estado limite cada vez más sus funciones. Ajuste, Estado austero, mínimo, son las muletillas a las que acuden cuando tienen un micrófono ante su boca. En cierta forma –sin reparos ni pudor- están exigiendo un sistema en el que el ciudadano no tenga derecho ante la avidez de la economía concentrada. Muchos ven en esto la cuna de la civilización, el espejo en el que quieren mirarse.
Lula, el expresidente de Brasil, tan mimado por la prensa local, explicó muchas veces que la presencia del Estado es necesaria para los sectores más desprotegidos de la sociedad. A los que más tienen no les interesa el Estado, por eso lo quieren mínimo, austero, ausente. Un Estado presente hubiera garantizado la salud de ese ciudadano desocupado que, sin esperanzas, entrega su libertad para poder ser atendido por un médico.  
El cuidado de la salud no debe ser una mercancía, un objeto de consumo sujeto a la rapacidad de los sectores económicos. Algunos discuten estos principios en nuestras tierras y esgrimen argumentos absurdos como los que se escucharon cuando se discutía en el Congreso la Ley de Medicina Prepaga, que regula a las empresas que brindan estos servicios. En temas de salud, no somos salvajes.
En otros tampoco, porque también en estos días se dio a conocer nuestra situación de igualdad de acuerdo al Coeficiente de Gini, que es un índice que varía de 0 a 1. Una sociedad totalmente equitativa, donde todos sus miembros tienen el mismo ingreso y el mismo nivel de vida, el Gini es 0. La mayor desigualdad es calificada con 1, que es el caso extremo, donde la riqueza generada queda en una sola persona y el resto no tiene ingreso alguno. El coeficiente de Gini se calcula ordenando a todos los habitantes del país desde los de menor a los de mayor ingreso, tomando el ingreso total del hogar dividido la cantidad de sus miembros. Estas explicaciones sirven para quien quiera calcularlo, pero ya otros lo han hecho, por lo que en estos Apuntes Discontínuos no nos tomaremos la molestia. En Argentina el índice de Gini de 2001 mostraba que la distribución del ingreso era de 0,50 y el índice actual no alcanza el 0,38, lo que nos ubica como uno de los países más igualitarios de América Latina junto con Uruguay y Costa Rica y lejos de nuestros vecinos Brasil y Chile, a pesar de lo que pregona la prensa carroñera. En Estados Unidos, el índice de Gini ha crecido en las últimas tres décadas y se ubica cerca del 0,45 lo que señala que está a mitad de camino hacia la desigualdad absoluta.
Esto es el resultado de la presencia del Estado, que debe convertirse en garantía permanente de la equidad, avanzar en la generación de empleo y profundizar la política de redistribución del ingreso. Para que quede claro y a riesgo de ser redundante, cuando escuchemos a un candidato decir que el Estado se mete en todo, que gasta mucho, que hay que ajustar, que tiene que haber austeridad, que debe haber más libertad económica, cambiemos de canal. Es muy doloroso que alguien pierda su libertad para que un médico lo atienda.

jueves, 23 de junio de 2011

Sueño de muchos, pesadilla de pocos

Muchos sabíamos el desenlace pero esperábamos la confirmación. Algunos para celebrar; otros, para farfullar incoherencias y masticar su odio. Lo dijo como al pasar, como si se cayera de maduro. Pero lo hizo con la altura a la que nos tiene acostumbrados. Sin estridencias. Es más, el Gran Diario Argentino hizo lo imposible para negarlo en su tapa con el agregado “pero no lo dijo explicitamente” o algo por el estilo. Siempre hay un detalle, un resquicio para expresar una disconformidad casi injustificada. Los que valoramos su trabajo –el de ella-, no esperábamos menos. Sin embargo, había un pequeño espacio para la duda.
Cómo no recordar el miércoles 27 de octubre, cuando estábamos preparados para recibir al censista y también las operaciones de los medios opositores. El censo del miedo, era para los oscuros. Seguramente un delincuente disfrazado de censista había aprovechado la confianza de una jubilada en Villa Mondonga para robar unos pesos y eso se convertiría en funcional para seguir vociferando por la falta de seguridad. Daría letra a más de una tapa. Pero no. La noticia vino por otro lado. Murió Kirchner y eso cambió la historia otra vez. Hasta que el lunes a la tarde no escuchamos la conmovedora voz de la presidenta, muchos estuvimos angustiados, desolados, huérfanos. Si ella estaba dispuesta a seguir adelante, nosotros también. Y seguimos.
Ahora esperábamos la confirmación de su candidatura. Y la confirmó. En medio de importantísimos anuncios que profundizan la democratización de la palabra y la construcción de un nuevo universo simbólico, lo dijo. Y muchos suspiramos aliviados. Emocionante, como el clímax de una película épica. Emotivo, como el final de un drama romántico. Simple, como el canto matutino de un canario.
La principal crítica de los criticones fue el uso de la cadena nacional. (También hubieran cuestionado un acto público y multitudinario). ¡Cómo tratan de desmemorizarnos los oscuros! Hasta los ministros de economía –cuando tenían más trascendencia que los presidentes- han utilizado la cadena nacional para dictar las sentencias de muerte de nuestra economía nacional. Y los voceros del establishment no cuestionaban las formas, sino celebraban el fondo, los beneficios que obtendrían los sectores especulativos de la economía. Eso sí, eran pocos los que celebraban.
El martes muchos nos alegramos con el anuncio de la presidenta y por eso los pocos se amargaron. La felicidad de los muchos es inversamente proporcional a la amargura de los pocos, aunque esto último no tenga fundamento. Es bueno empezar a entenderlo de esa forma, así comprendemos por qué dicen lo que dicen.
Tal vez la presidenta jugó mucho con el tiempo. Pero el efecto es la desesperación de la oposición, sus deseos de que no continúe con lo comenzado ocho años atrás, que nos deje en banda. Por eso se desbandaron. Apostaron a que Cristina se retiraría. La vieron fácil. Y lo más cruel, especularon con el dolor de su doble viudez: su compañero de vida y de militancia. Cristina tuvo una pérdida afectiva y política. Los muchos también. Y con eso jugaron.  Clavaron los puñales más ponzoñosos en la herida y perdieron de vista el horizonte político, además del humano. Y así están ahora, atomizados, desorientados, desconsolados. Escupen al cielo por la injusticia del destino.
Además del uso de la cadena nacional y del anuncio de la candidatura, cayó mal una ironía, toda una definición. Quienes hacían alarde de estar preparándose para la presidencia optaron por replegarse a la elección municipal, “como si la Ciudad de Buenos Aires fuera un campo de refugiados para candidatos”. Y se enojaron, trataron de fingir una dignidad inexistente. Pero la jefatura de gobierno de CABA es un premio consuelo ante la impotencia que sienten por no acceder a la presidencia, por no poder convertir en realidad los sueños del amo, en un caso y del cómplice, en otro.
Para esos –amos, siervos o cómplices- no importa que muchos pretigiosos economistas internacionales aconsejen a Grecia una salida “a la Argentina” para terminar con su crisis. Para eso son sordos. Desoyen esos consejos porque dañan sus tímpanos. No así las palabras de la diputada del desprecio, la de las profecías mortíferas, la que ahora duerme más tranquila después de la muerte de Néstor, la que dice querer a Cristina pero la acusa por el “proselitismo del luto”. Ella también es una sierva… y de lo más servil. Ya no es funcional, ya no convoca pero su profundo odio hasta resulta pintoresco, si no fuera tan hiriente. En realidad, siente una hondísima envidia por la presidenta, tanto que hasta envidia su viudez. Envidia su talento, su capacidad, el afecto que despierta en las multitudes, su gobernabilidad, su abundancia de propuestas. No hay cosa de Cristina que no envidie esa tal diputada. Hasta uno se la puede imaginar clavando alfileres en un muñequito con la figura de la presidenta. Lo único que no envidia es la presencia mediática, porque ella –la envidiosa- tiene más prensa que nadie, tiene un micrófono incorporado para multiplicar sus vociferaciones cargadas de rencor, de celos y, por supuesto, de envidia. Su política del odio trasluce la locura de la no-política, algo que ya probamos. Pero no es la única. El catálogo incluye una amplia gamas de difusores de los peores venenos y de las mejores frustraciones. No importa. Pronto se refugiarán en las cloacas, porque ya ni en Buenos Aires podrán.
El martes a la tarde muchos sentimos alivio. Ahora sabemos que vamos a desbordar las urnas, que superaremos pronósticos y encuestas, pero no por pasión ciega, necia, sino porque sabemos que vamos por buen rumbo y que quien conduce desde el puente sabe hacerlo muy bien, aunque parte de la tripulación amenace con un motín, meta la mano en la bodega o proponga torcer la ruta.

martes, 21 de junio de 2011

Lo nacional y lo local: una discusión postergada

En una entrada anterior, Apuntes discontínuos se dedicó a hablar de la importancia del debate en todos los terrenos de la actividad humana. Por supuesto que el más interesante es en el ámbito de la política y más aún cuando se acerca algún tipo de elección. Podemos caracterizar mejor al debate desde el punto de vista de sus objetivos. En el debate parlamentario en principio, la idea es convencer al otro o por lo menos construir entre posiciones opuestas una idea en común. En este caso, comenzar la discusión es considerar la posibilidad de ser persuadido por el otro.  Esta es una apertura que enriquecerá el intercambio de ideas y permitirá que el juego verbal logre construir algo en común. No estamos hablando aquí del consenso, que es la imposición de una idea por parte de un sector poderoso, la acción de asentir las ideas del otro por una diferencia jerárquica. En el debate entre iguales entra en juego la habilidad discursiva, la convicción, el conocimiento pero no la hegemonía.
En un debate entre dos candidatos opositores en la proximidad de un acto electoral hay algunas diferencias. Vamos a señalar dos, para no cansar al lector. En primer lugar, el objetivo no es construir una idea en común, sino derrotar la idea del otro, obtener una victoria verbal, demostrar que la propia idea supera cualquier idea contrapuesta. Y en segundo lugar, el destinatario del discurso propio no es el contendiente, el adversario, sino el público, el espectador. Este último se convierte en una especie de árbitro silencioso que juzgará cuál es la mejor de las dos posiciones.
Hace unas semanas se instaló en los medios las dificultades que existen para alcanzar un acuerdo para concretar un debate televisado entre los candidatos a Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri y Daniel Filmus. Si bien es interesante apreciar la puja verbal entre dos modelos contrapuestos, hay un tema que subyace que puede tener más alcance que las próximas elecciones municipales: la nacionalización de lo local.
En el programa de la TV Pública 678 se propuso realizar un debate entre los dos candidatos con más posibilidades, Macri y Filmus. Esta idea me parece desacertada porque no es un espacio adecuado para realizar un cotejo así, no por la postura marcadamente oficialista del programa –que comparto- sino por sus características estructurales. Hay otros espacios que se propusieron para la realización del debate en diferentes canales pero el actual Jefe de Gobierno sólo acepta acudir al programa “A dos voces” que conducen Marcelo Bonelli y Edgardo Alfano en la señal informativa por cable TN. De acuerdo a las versiones, Macri tendría un contrato de exclusividad con ese canal, lo cual resultaría algo extraño en alguien que no es un actor o un cantante sino el representante de todos los habitantes de CABA.
Para liquidar esta cuestión, lo más adecuado sería un encuentro organizado en el auditorio de una universidad o espacio similar, con la presencia de periodistas de todos los medios posibles y la televisación por todos los canales que quieran transmitirlo. Ahora vamos al asunto que interesa.
Si bien uno entiende que en Buenos Aires pasan cosas trascendentes porque está la Casa Rosada, el Colón, músicos, artistas, escritores y otras cosas de proyección nacional y mucho más, a veces se percibe, al menos desde el interior del país, que Argentina se reduce a esa ciudad, que nuestro país se termina en la General Paz. Uno lo nota en los candidatos presidenciales que incluso cuando hablan del interior, se están refiriendo al gran Buenos Aires o cuanto mucho a la provincia. Y estos apuntes están escritos desde la ciudad de Rosario, que es el interior pero no tanto.
En los canales informativos de alcance nacional, que se difunden a través del sistema de cable, tampoco existe la intención de informar al país lo que ocurre en el país, sino que por lo general, gran parte del contenido informativo está conformado por hechos que sólo interesan a nivel local: cortes de calles, problemas con la circulación en las autopistas, reclamos de vecinos de tal barrio y similares. No es un problema de actitud, no es mala intención por parte de los productores, sino que es un concepto que está anquilosado desde años. Hasta en Visión 7, el noticiero de la TV Pública cometen esas proyecciones, aunque en menor medida. ¿Qué pensaría un habitante de CABA si en un noticiero están informando durante cinco minutos sobre las dificultades en los accesos a la ciudad de Rosario o Córdoba? ¿Destinaría un informativo de alcance nacional cinco minutos de su emisión para informar sobre el horario de los transportes en alguna ciudad del interior?¿Darían el pronóstico extendido para todas las ciudades importantes del país? No. Sólo hacen ese despliegue para lo local, porque suponen que lo pequeño y cotidiano que puede pasar en Buenos Aires interesa a toda la Nación.
Uno entiende que el debate entre Macri y Filmus no sólo es la contraposición de propuestas para administrar CABA, sino que es el choque entre dos modelos de país; es la verbalización de dos ideas en pugna; es el intento de desterrar un concepto ideológico de la gestión. Uno quiere ver ese debate porque quiere ver la derrota de la derecha más cínica que se ha gestado en el país. Pero la discusión en torno a su concreción puede servir para encarar un verdadero debate a nivel nacional sobre las diferencias entre los asuntos locales y los que afectan a la totalidad de los ciudadanos de nuestro querido país y su difusión en los canales de alcance nacional.

lunes, 20 de junio de 2011

El INADI como alimento para las fieras

En medio de la campaña electoral, es habitual que aparezcan casos y denuncias que resulten funcionales para utilizar como misiles ante la falta de alguna mínima propuesta alternativa para el modelo en marcha. Hay cosas que devienen de la propia naturaleza, como las cenizas que alteraron la vida cotidiana de Villa La Angostura y otras localidades del sur del país y parecen opacar la temporada turística, esencial para la vida económica de la región. Patética fue ayer la avidez del periodista Edgardo Antognana, de TN, preguntando por avalanchas a los encargados del operativo de emergencia, a pesar de la constante negación por parte de los expertos. Desconcertados, desorientados ante la falta de imágenes más impactantes, pasaban hasta el cansancio la escena del perrito que intenta tomar agua de la orilla del lago mientras aparta con su patita las cenizas volcánicas que flotan en la superficie. ¡Pobrecito!
El caso Schoklender, como ya se ha señalado en este espacio, seguirá inspirando hasta el fin de la campaña sesudos análisis de la prensa carroñera. El viernes se difundió la decisión de Marcela y Felipe, los hijos adoptivos –apropiados- de la cabeza del Grupo Clarín, de realizarse los análisis de ADN y compararlos con todos los perfiles genéticos archivados en el BNDG. O por lo menos esto es lo que manifestaron a través de sus abogados. Mañana será un día clave, pues los jóvenes deberán confirmar esa acción. Aunque todavía no se conocen los objetivos precisos de esta sorpresiva movida, se sospecha que el blanco sería desprestigiar otro de los organismos dedicados a la reconstrucción de la memoria, las Abuelas de Plaza de Mayo.
Y la semana pasada se desató un escándalo innecesario en una institución que se dedica a denunciar y resolver conflictos con los derechos humanos presentes, el INADI, Instituto Nacional contra la Discriminación.
Durante más de un año, este instituto funcionó de manera óptima como receptor y generador de denuncias sobre hechos que significaran alguna forma de discriminación racial, sexual o religiosa precidido por el actor, músico y conductor Claudio Morgado, que se dedicó a la política a partir de 2003. El año pasado, durante el tratamiento en el Congreso de la Ley de Matrimonio Igualitario, María Rachid, presi    denta de una ONG que lucha por los derechos de gays, lesbianas, travestis y trans, jugó un papel muy importante en apoyo a esa iniciativa. Eso la impulsó a manifestar un fuerte apoyo al modelo del Gobierno Nacional en marcha. Como premio, fue nombrada como vicepresidenta del INADI. Parece que ahí comenzaron los cortocircuitos.
Según los empleados del INADI, afiliados a ATE, a partir de la llegada de Rachid los malos tratos y las decisiones arbitrarias se convirtieron en moneda corriente. De acuerdo a las versiones, los empleados eran obligados a asistir a actos políticos como si fueran cursos de capacitación. Las discusiones entre las dos autoridades eran frecuentes y escandalosas. Cuando la explosión se hizo inevitable, los medios se hicieron eco y lo convirtieron en otro misil para la política de inclusión que defiende el actual modelo.
Denuncias cruzadas, llamadas a la policía, peleas, gritos, posibles hechos de corrupción y hasta actos de abuso de autoridad condimentan este divorcio que no sólo alcanzó la amplitud ávida de los medios sino la escalinata de Tribunales. En medio de toda esta polvareda, Rachid aparece como candidata a la Legislatura Porteña ocupando el cuarto lugar.
Por supuesto, este hecho tiene diferentes características de los anteriores. Pero el silencio oficial es funcional a las operaciones mediáticas que buscan horadar el modelo. Si María Rachid es sospechada por actitudes inadecuadas, lo peor que se puede hacer es mantenerla como candidata. Es más, si ella está comprometida como dice con el modelo, debería dar un paso al costado. No basta con que baje su perfil, que no se muestre junto con los candidatos principales. Que un organismo destinado a monitorear casos de discriminación se muestre con tantas aristas negativas le hace flaco favor al modelo. Este divorcio novelesco más adecuado para los programas de chimentos o revistas “del corazón” es el cuadro perfecto para los operadores del túnel del tiempo.
Según recientes encuestas, la sobre-explotación mediática del caso Schoklender, el intento de salpicar a Hebe de Bonafini y la internacionalmente reconocida organización que preside y de ser posible a cuanta organización que luche por la memoria, la verdad y la justicia no ha logrado disminuir la imagen positiva de la presidenta ni la intención de voto. Ya los medios no pueden operar como antes, cuando se decía que cuatro tapas adversas de un diario podían voltear a un gobierno. Y es una prueba que ante la cantidad de titulares que intentan relacionar los actos corruptos de los hermanos con funcionarios del Gobierno Nacional, el piso de la presidenta sea de más del 40 por ciento.
Con el escándalo INADI también se intenta salpicar. Las versiones cruzadas y las agresiones verbales entre los protagonistas sólo aportan más fango. No estoy proponiendo que no se ventilen los trapitos al sol, sino que no haya nada que ventilar. Los organismos del Estado no deben funcionar como una escuela de vedettes.
El proyecto en marcha tiene logros muy importantes y falencias que son urgentes. Una cosa es esquivar los embates de los adversarios y enemigos. Pero otra cosa es tener que lidiar con las desaveniencias, las desinteligencias, las angurrias de los que dicen apoyar el modelo y formar parte de él pero terminan pateando brutalmente en contra. Eso constituye la excusa perfecta para convencer a los que piensan que un cambio de rumbo puede ser lo mejor para el país. De esta manera se les da argumento a los que no tienen argumento para nada y mucho de lo conseguido en estos ochos años quedará sólo como un buen recuerdo. Todo por culpa de algunos desubicados que no entienden cómo comportarse dentro de un movimiento colectivo.

sábado, 18 de junio de 2011

ADN Noble: el zorro y el león o los ricos también lloran

Antes de abordar la lectura de este apunte discontinuo, no hay que perder de vista que detrás de cada personaje público hay una persona real, que tiene sentimientos, dudas, temores, inseguridades, dolores, angustias. Uno está habituado a ver a los seres mediáticos despojados de todas las características de los mortales habitantes de la llanura. Los amamos o los odiamos desde el absoluto que nos muestran las pantallas. Recuerdo una vieja telenovela mejicana, por la que fue conocida en Argentina la actriz y cantante Verónica Castro, madre de Cristian. En su versión original se llamaba Mariana pero aquí se la difundió con el pomposo título “Los ricos también lloran”, como un refuerzo del archi sabido refrán “la plata no hace la felicidad”. No se asusten: no voy a hablar de telenovelas porque nunca me han gustado. Pero ayer a la mañana, cuando desde las señales televisivas y radiales pertenecientes al grupo Clarín comenzó a difundirse la decisión de Marcela y Felipe de “renunciar a sus derechos constitucionales”  y realizarse los análisis de ADN para ser comparados con todas las muestras del Banco Nacional de Datos Genéticos, BNDG, no pude dejar de pensar en ese género que tanto cautiva a los espectadores.
También pienso en Maquiavelo, pero no en la mal citada frase “el fin justifica los medios”, sobre la que se han escrito toneladas de interpretaciones, la mayoría de ellas desacertadas. En El Príncipe hay otra frase casi olvidada. Para conservar su poder, el príncipe debe ser “astuto como el zorro y fuerte como el león”. En esta operación más mediática que judicial con la que los magnates del grupo Clarín decidieron alimentar los contenidos de sus productos en el inicio del fin de semana largo, hay algo de eso. Como ciudadano que ejerce un rol de periodista libre y verdaderamente independiente tengo el derecho y la obligación de sospechar. Que después de casi diez años de tironeo judicial, más de veinte de angustias por parte de las Abuelas de Plaza de Mayo, un juez destituido, escaramuzas legales e ilegales, apelaciones, dilaciones, muestras contaminadas y otras tantas sustraídas aparezcan de la nada a acatar la Ley genera desconfianza hasta en el más crédulo. En esta historieta, el zorro metió la cola. Ahora resta esperar el zarpazo del león.
Desde el inicio el caso genera sospechas. Marcela fue depositada en una caja de zapatos en la puerta de una casa que no era habitada por Ernestina y el hecho fue presenciado por personas que no estaban en el lugar. Cuando estaba realizando los trámites de adopción, apareció como de un repollo Felipe, y Ernestina, confirmando el vernáculo “deme dos”, no dudó en adoptarlo también. En realidad, Felipe no apareció de un repollo: la historia es más real. Una señora cuyo nombre no existe y dueña de un DNI masculino fue quien dejó al bebé en el juzgado. Ahora sí.
Pero esto no termina aquí. Para aportar un poco más de ilegalidad al asunto, anotó a los chicos con el apellido de su marido que había fallecido ocho años atrás. Sólo por una cuestión de herencia, nada más. Recuerden el título de la telenovela: los ricos también lloran.
 En el medio, toda una historia que sería extenso recordar aquí, pero que pueden reconstruir con sólo recorrer la infinidad de notas que saldrán en publicaciones serias o no tanto. Me interesa ir a las dudas, que son más inquietantes.
Hace unos días, el Tribunal de Casación había ordenado la toma de análisis voluntarios o compulsivos, como dispone la Ley del BNDG aprobada en 2009 para ser comparados sólo con una fracción de las muestras archivadas. En el banco hay casi 250 perfiles genéticos pertenecientes a familias de desaparecidos durante la última dictadura militar cuyos hijos están siendo buscados para ser rescatados de sus apropiadores. Tanto los querellantes como los querellados, por uno u otro motivo, presentaron sendas apelaciones a este fallo ante la Corte Suprema de Justicia. Justo ayer, cuando se formalizaron las presentaciones, aparece esta decisión de Marcela y Felipe para someterse a los análisis para terminar de una vez con “las persecuciones de la que es víctima su madre”. Aclaremos: en el caso de que Marcela y Felipe sean hijos de desaparecidos, Ernestina no es víctima, sino victimaria, apropiadora; estos jóvenes no serían adoptados, sino apropiados; y la persecución no es más que la aplicación de justicia en el caso de un delito de Lesa Humanidad, que como todos los de este tipo, es imprescriptible.
Y ahora, lo que más despierta sospechas. Los abogados de estos jóvenes presentan un escrito, pero Marcela y Felipe no han dicho nada. Recién el martes podrán presentarse ante el juzgado para confirmar que por voluntad se someterán a la toma de muestras. Parece haber algo de heroico en esta acción: se presentan ante la justicia para limpiar la imagen de su madre adoptiva, para terminar con la persecución enceguecida de la justicia K. Muchos desconfiados –como el autor de estos apuntes- no ven nada de valiente en esto. Seguramente hay una trampa. Recordemos que Marcela y Felipe sólo son piezas en el gran tablero de una mega empresa hegemónica. Si antes eludieron esta acción porque son la prueba de un delito de lesa humanidad que podría poner tras las rejas a su madre adoptiva-apropiadora, ¿por qué entre gallos y medianoche toman la decisión contraria? ¿Por dónde viene el zarpazo del león después de jugar con la astucia del zorro?
La clave puede estar en un nombre: Ana María di Lonardo. Ella fue la fundadora del BNDG y directora del organismo hasta 2006, cuando fue despedida. Presentó una querella ante el Estado por una jubilación mal liquidada y sus representantes son abogados del grupo Clarín. También fue propuesta como perito de parte del mismo grupo, aunque no aceptó formalmente.
Y ahora las sospechas: ¿por qué se presentan justo ahora, a pocos meses de las elecciones? ¿Por qué, justo en el momento en que desde los medios hegemónicos se ataca sin pausa a los organismos de derechos humanos –sobre todo a las madres- como síntesis del caso Schoklender? ¿Será que ya saben los resultados negativos que darán las comparaciones con los perfiles del BNDG y esto se convertirá en un golpe para otro de los organismos, las Abuelas de Plaza de Mayo, que serán blanco de nuevos ataques de esta prensa carroñera? ¿Vendrá por ahí el zarpazo del león? ¿O será simplemente que, por fin, los ricos están dispuestos a comenzar a llorar, después de reír durante tanto tiempo?
 

viernes, 17 de junio de 2011

En la pista se ven los pingos

Antes de comenzar con el tema de hoy, quisiera hacer justicia con algunos blogs amigos y como no sé “linkear” por ahora, recomendaré algunos de ellos de la manera más precaria y tradicional. Primero el del reconocido músico y otrora Sonia Bragueta, Horacio Fontova, que con Comando Amelia despliega su creatividad más profesional y realiza una selección de videos y textos por demás de interesantes. El otro, al que recurriré en algún momento es compudesdecero.blogspot.com que enseña los primeros pasos para los vírgenes en temas informáticos. Por último, Kikito Dulce, un músico y humorista originalísimo que apoya el modelo de una manera divertida y desprejuiciada en “¡Socorro… en poco tiempo seré hombre”. Ahora sí, vamos a lo mío.
Uno de mis trabajos consiste en enseñar periodismo en un colegio secundario a chicos de trece años, en una materia curricular que la dicto tipo taller. Muchas veces, mientras están realizando algún práctico en el aula un grupo empieza a tararear una canción y poco a poco, como en una comedia musical de los cincuenta, todos empiezan a cantar al unísono hasta que logro frenarlos. Generalmente, son canciones románticas, cumbias o alguna cancioncilla de moda. El miércoles pasado no me atreví a silenciarlos. Uno empezó a tararear y todos terminaron cantando… el Himno Nacional Argentino en su versión futbolera. Y no lo cantaban en clave paródica, sino con emoción.  Una preceptora me vino a preguntar por qué les hacía cantar el himno y cuando le expliqué que lo hacían por motu proprio me miró con sorpresa. En fin, yo también quedé sorprendido y por eso lo comento.
Los que no cantan el himno con emoción verdadera son los candidatos presidenciales ya confirmados. Ricardo Alfonsín ya había dicho la semana pasada que su gobierno –de llegar, je- sería austero. Ya expliqué en este espacio que la austeridad significa ajuste y no para los que viven en la abundancia sino para los que menos necesitan estar ajustados. Pero Ricardito presentó oficialmente su candidatura en España y en una reciente entrevista con el diario El País (de carnales relaciones con Clarín) declaró que derogaría la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. La semana pasada, en el programa de Marcelo Longobardi en C5N, había dicho que modificaría aquellos artículos que alteraran la libertad de expresión –que no se ve alterada en ninguno- y se mostró muy satisfecho cuando le preguntaron sobre ese tema. Pero en España, la cosa cambió. Se ve que el apoyo de los medios hegemónicos se consigue si se deroga esa tan trascendente y democratizadora ley. También dijo en el diario español que nuestro país está aislado del mundo, estupidez con la que concuerdan Macri, De Narváez, Lilita Carrió, Eduardo Duhalde y vaya uno a saber cuántos más. ¿Qué significa estar aislados del mundo para ellos? No ser más la muñeca inflable del FMI y de los especuladores financieros internacionales. Mientras tanto, nuestras relaciones dignas con el resto de los países del mundo se solidifican en el terreno político y económico. Y no se nos “cagan de risa”, como dice el mutante periodista Jorge Lanata. Basta revisar las palabras de elogio que el Secretario Nacional de la ONU, Ban Ki-Moon, destinó en su visita a nuestro país en estos últimos días.
Más a la derecha de Alfonsín –si es posible algo así- se encuentra el ex presidente de prepo Eduardo Duhalde, que también promete derogar la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y sugiere una amplia amnistía para los condenados por delitos de Lesa Humanidad. Lo de él sería como un golpe de Estado pero con voto popular, si es que alguien lo vota. También desde las mismas sombras ideológicas del Peronismo Federal, está Alberto Rodríguez Saá, que como caudillo decimonónico, basa su campaña en su figura provinciana y no en sus propuestas de gobierno.
Un poco hacia el centro, tirando a la derecha ocupa un lugar ideológico impreciso pero descomunal Lilita Carrió para quien está todo mal, todo lo que venga de alguien que no sea ella estará todo mal y si no gana ella estará todo mal, aunque no dice de qué manera hará que las cosas vayan bien. Algo así. De propuestas, ni hablar, salvo la construcción de un monumento a Héctor Magneto en lugar a designar. Claro, sin él ella no sería quien es.
Proyecto Sur presenta una alianza sureña que no pasará de anecdótica, al igual que Altamira cuyos afiches parecen los mismos de veinte años atrás y sus propuestas más apolilladas, todavía.
La frutilla del postre, por eso lo dejo para lo último, es el FAP, el Frente Amplio Progresista que de tan amplio ha perdido el progresismo y no sabe dónde apoyar su frente. Hermes Binner, su candidato a presidente, hace lo imposible para disimular los cortocircuitos ideológicos que tiene con la candidata a vice, la pluma de oro y senadora Norma Morandini cuyos pasos progresistas consisten en haber votado en contra de la 125, de la estatización de los fondos de las AFJP, de la re-estatización de Aerolíneas Argentinas, de la Ley de ADN, entre otras acciones. Y como buena progresista y también periodista estuvo ausente durante la votación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Pero Binner no se queda atrás. No conforme con amenazar con una baja de las retenciones a las exportaciones del sector agropecuario y una –gradual, eso sí- liberación de la cotización del dólar que beneficiaría al mismo sector, prometió mayor seguridad jurídica y una construcción política basada en el consenso. La seguridad jurídica sería declarar a nuestro querido país como zona liberada para que los sectores financieros especulativos hagan su fiesta con nuestro esfuerzo. La construcción del consenso no es otra cosa que la claudicación ante los sectores poderosos de la economía. Tanto progresismo me empacha.
Ante este panorama electoral, aunque todavía no se haya confirmado el candidato o la candidata –todos sabemos cómo se resolverá este enigma, aunque no sabemos cuándo- el equipo gobernante con algunos aciertos, sus muchas asperezas, su opaca transparencia y sus tantísimos déficit, es el único que garantiza un camino que en sus ocho años de recorrido ha demostrado ser el adecuado para construir el país que la mayoría queremos. Falta mucho, muchísimo para eso. Pero el camino es el más audaz que nuestra conservadora sociedad puede tolerar. Por ahora.

miércoles, 15 de junio de 2011

Las caras de 2011

Ante todo debo pedir disculpas a mis lectores y seguidores. Soy nuevo en esto de la blogósfera y el diseño gráfico no es lo mío. Sólo soy un periodista libre y verdaderamente independiente, no más que eso. En estos tiempos, Apuntes discontinuos ha recibido muchas visitas y la casa no es todo lo acogedora que debería ser. El diseño es lo más primitivo y elemental que puede esperarse en un blog. Mis visitas a otros blog me revelan lo poco atractivos que son los recursos de este espacio. Para suplir esas falencias, voy a concentrar todos mis esfuerzos en los contenidos, que es lo que mejor me sale. Por todo esto, gracias a todos. Ahora, a disimular las desprolijidades visuales, es decir, a trabajar.
Mis padres siempre dicen que notan una particularidad en las caras de los actores políticos y periodistas que ven a diario por televisión. Por supuesto, uno no tiene culpa por la cara que tiene, pero sí la responsabilidad de la expresión. A partir de la observación realizada por mis queridos progenitores, comencé a prestar atención a esos rostros  que día a día tratan de convencernos sobre el estado de nuestro país.
Hay caras de extrema preocupación, como si el portador estuviese en un bote inflable en el medio del mar plagado de hambrientos tiburones. Otros ostentan una expresión asqueada, como si toda la materia fecal del mundo se depositara a sus pies. Algunos aparecen ceñudos y severos, fustigando al futuro votante para que no se equivoque más y confíe en los que siempre lo han traicionado. Los menos sonríen satisfechos ante las mínimas complicaciones, como si quisieran expresar un “¿vieron? se los dije”. Pesimistas y malhumorados escupen ante las cámaras o borronean en las páginas de un diario relatos dantescos de una situación no verificable empíricamente. Otros se relamen como ante un manjar cuando declaman el número de pobres que queda en nuestro país. Sólo unos cuantos intentan reprimir un gesto de fatal resignación al mencionar los recursos que se destinan a planes sociales, viviendas, escuelas y, con indisimulada avidez, exigen achicar el gasto público, a favor de la llamada austeridad; por supuesto, en sus manos, los dineros del Estado tendrían mejor destino y calmarían a las fieras con unas gotitas de distribución, que es lo que se conoce como derrame.
Y hay otras caras, más satisfechas, más optimistas, más relajadas. Pero no voy a profundizar en ellas porque algunos van a decir que soy muy exagerado en la ponderación del camino que emprendimos en los últimos años y que debemos continuar, mejorar, profundizar, sanear para construir un país solidario, inclusivo, equitativo y en donde la dignidad alcance a todos los habitantes. Estamos en los primeros pasos, nada más.
Esas caras, las portadoras de las pesadillas inexistentes, son las que se posicionan como las defenestradoras de este modelo incompleto. El acto de ayer: la presentación del IPC (Índice de precios al consumidor) opositor. Con enorme satisfacción mostraron en sociedad la crudeza de un número que debería espantar a los espíritus más valientes. En efecto, gracias al promedio de consultoras privadas, el IPC de mayo alcanzó el 1,5 por ciento. Corre un sudor frío por la espalda ¿no? ¿Los fantasmas del pasado hiperinflacionario parecen rondarnos en la noche? Así es, como no tienen propuesta ni argumentos ni plan quieren convencer –asustar, angustiar- a la opinión pública con una abstracción que es intraducible en nuestra vida cotidiana. Si en la puerta del supermercado uno aborda a una señora que acaba de hacer su compra y se le pregunta: ¿le parece que la inflación de mayo es de 0,7 como dice el INDEC? Por supuesto que esta señora va a decir: “no, es mucho más” y recitará el incremento de los precios de los artículos que constituyen su habitual consumo. Ahora bien, si abordamos a esa misma señora y le preguntamos por el índice opositor, el 1,5 por ciento, contestará exactamente lo mismo. Porque el IPC no revela lo que la señora gasta de más en su compra mes a mes, porque eso depende de los productos que integran su consumo. Por otra parte, el índice se difunde un mes después, por lo tanto la comparación debería hacerse entre abril y mayo, no entre mayo y ahora. Sería demasiado pedir que la pobre señora se acuerde de cuánto le costó el yogurt digamos, cincuenta días atrás. ¿Se entiende cómo se apuesta a la confusión? Ni uno ni otro porcentual se relaciona con la realidad del bolsillo, pues ambos son una abstracción.  Además, las consultoras privadas basan sus estimaciones de precios a partir de los datos que aporta el INDEC, que, aunque criticado a diestra y siniestra, tiene una estructura más sólida e integral para hacer un relevamiento de precios. Simplemente, duplican lo que el organismo oficial difunde como IPC. ¿O no han notado acaso que es siempre el doble?
Y una última cara que amenaza. Esta mañana, el diario -es un decir- La Capital de Rosario, en su versión on line, realizaba su habitual encuesta. La mayoría de las veces son preguntas por demás de tontas, como “¿cree que Rosario Central saldrá de la B?” o “¿está de acuerdo con que amanezca a la mañana y anochezca a la noche?” y otras sandeces por el estilo. Pero esta mañana colgó una pregunta para amargarle el desayuno a cualquiera: “¿Le parece que Carlos Reutemann será el vice de Cristina?”. Esa es una cara que muchos no queremos –y que no nos conviene- volver a ver. Uno puede hacerle frente a los fantasmas, pero con las hienas no hay manera.    

martes, 14 de junio de 2011

Apuntes sobre apuntes: los presidentes que se vienen

Parece que causó cierto revuelo la entrada anterior. La lectura del actual estado del periodismo desde el eje sarmientino civilización o barbarie puede sonar un poco brusco. Como también es brusco que un periodista como el autor de estos apuntes discontinuos tome abiertamente partido por un modelo político. Nunca me había sentido identificado tanto con un recorrido como el que estamos protagonizando en estos últimos ocho años. Y todo parece jugar como refuerzo. Allanan las oficinas de los Schoklender para documentar la estafa que los hermanos realizaron a la Fundación Madres de Plaza de Mayo. Contra todo lo que dijeron en estos días los exponentes de la prensa carroñera, las investigaciones judiciales avanzan hacia el camino del esclarecimiento. No hay defraudación al Estado porque el dinero se ha convertido en viviendas, que no tienen sobre precios, como también decían, sino que cada unidad costó cerca de 40 mil dólares, con tres dormitorios, equipada y amueblada. Lo que hubo fue el vaciamiento de una entidad no gubernamental: la Fundación Madres de Plaza de Mayo. No se llevó el dinero de todos los argentinos, como dicen muchos que se niegan a entender los hechos.
Pero hay otro hecho simbólico que conmueve. El pintor malvinense James Peck se convirtió en el primero en adoptar la ciudadanía argentina. Hoy, a los 43 años, recibió de manos de la Presidenta el documento nacional de identidad. Sus palabras indican que es un predicador de los cambios que se han producido en nuestro país en los últimos años. Junto con esto, visitó nuestro país el Secretario General de la ONU Ban Ki-Moon y sus palabras elogiaron de manera contundente el cambio experimentado en nuestro país. Seguramente dirán que el traductor no traducía, sino que recitaba un libreto escrito por Aníbal Fernandez o alguien cercano. Puedo asegurar que no: ese intérprete es fiel a su trabajo y por demás eficiente. Pregunto ¿todos están confabulados para hablar bien de este gobierno? Entiendo que tanto James Peck como Ban Ki-Moon exhiben una notoria “K” en sus apellidos, pero no creo que sea determinante a la hora de hacer sus evaluaciones sobre el estado del país.
Recuerdo que desde Inglaterra siempre han dicho que respecto al tema Malvinas respetarán la decisión de sus habitantes. ¿Qué pasaría si todos o gran parte de los malvinenses deciden obtener la ciudadanía argentina?¿No sería una buena forma de recuperar ese insulto a nuestra soberanía que son las queridas Islas?
Espero que Ricardo Alfonsín no quiera trasladarlas como quiso hacer su padre con la Capital. Aunque no creo que proponga algo así porque prometió que su gobierno sería más austero. Ya en una entrada anterior expliqué lo que ha significado para nuestra economía la austeridad presidencial, porque está destinada sobre todo a donde más se tiene que distribuir. Y el derroche siempre se destina a quienes no lo necesitan. En sus actos públicos lo traicionó el subconciente. No voy a profundizar en esto porque pueden revisarse los videos en la web. Los fallidos evidencian aquellas cosas que estos exponentes tratan de reprimir. Pero en cierta forma, los dichos que se le escaparon a Junior sugieren quiénes van a ser las víctimas de su ajuste y quiénes los beneficiarios.
También sospechamos quiénes serán los beneficiarios de un posible gobierno de Eduardo Duhalde. Aunque tiene menos posibilidades de llegar a la presidencia que yo al Nóbel, es bueno dedicarle algunas líneas. Ya escuchamos hasta el hartazgo esas nefastas declaraciones radiales del seguro perdedor candidato en las que decía que había que construir un país para todos, para el que quiere a Videla y el que no lo quiere. Con esa desfachatez y superficialidad, el ex presidente de prepo está ostentando toda la oscuridad de su pensamiento. Como en unas recientes declaraciones, en donde citó lo que el zigzagueante Pepe Mujica dijo sobre la ley de medios: “la mejor ley de medios es la que no existe”. Si la frase suena tonta en boca del vecino presidente, suena mucho peor en su repetición porque ese aforismo puede aplicarse a todas las leyes existentes y llegaríamos a la conclusión de que Duhalde es un anarquista y no creo que lo sea. De cualquier modo, prometió que de acceder a la presidencia derogaría la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Y eso más que a promesa, suena como amenaza.
Y por último, la promesa blanca y republicana, la civilización progresista que recién se está posicionando en la disputa presidencial, el que piensa más en acuerdos y alianzas que en propuestas de gobierno. Sin embargo, algo dejó escapar en estos días y después de recitar que representa una propuesta progresista que “privilegia lo colectivo sobre lo individual” prometió que “iba a bajar las retenciones y liberaría gradualmente el dólar”. Quisiera saber dónde está lo progresista y lo colectivo en esas primeras medidas que promete. No dijo mucho más. Se perfila como un Reutemann más potable. A veces el nombre puede sugerir mucho. Hermes es un dios de la mitología griega. Era el mensajero de los dioses y el que guardaba los secretos –aunque no siempre- y de ahí viene la palabra hermético y todos sus derivados. También era el dios del comercio, de los viajeros, de los pesos y medidas, de los inventos. Por eso en las estatuas que lo representan podemos verlo con un despliegue de accesorios sorprendente. Pero –y espero que esto no resulte contundente en mi apreciación sobre este candidato- Hermes también era el dios de la astucia de los ladrones y los mentirosos. Bueno, no fue él quien eligió su nombre. Sólo tendrá culpa si verifica o re-significa la etiqueta que le destinaron al momento de su bautismo.
Y finalmente, en la lista de presidenciables confirmados, está Lilita Carrió, un extremadamente rico personaje de la política vernácula. Ni ella sabe el país que quiere. De lo único que está segura es que está destinada a gobernar después de una catástrofe destructiva proveniente del peor de los infiernos, lo que la convierte en una candidata casi mesiánica.
Entonces, James Peck y Ban Ki-Moon ¿opinan a partir de lo que ven o son traducidos por manipuladores K?



lunes, 13 de junio de 2011

Periodismo: ¿civilización o barbarie?

Desde hace un tiempo, tal vez como nunca antes, se está discutiendo el rol de los medios de comunicación en la sociedad y, sobre todo, el papel que juega en ellos el periodismo. Por supuesto, todo está en relación con la Nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y las dificultades para su aplicación por la resistencia judicial que realizan los medios hegemónicos. Pero también con el posicionamiento de algunos profesionales de prensa ante la profundización del modelo de país que está en marcha desde mayo de 2003.
Esta discusión involucra muchos temas que, lanzados en un licuado mediático sin precedentes, producen bastante confusión al público consumidor. En efecto, acostumbrados como estábamos a la confianza depositada hacia un diario, un noticiero, un canal informativo, la realidad mediática contemporánea resulta más compleja. Ante un titular o un informe, nos vemos obligados a cotejar por otros medios los hechos relatados. Como público, hemos descubierto que la noticia está expuesta a manipulaciones, intencionalidades, intereses que van mucho más allá de informar con nobleza sobre los hechos de la realidad.
Por supuesto, hay mucha ingenuidad en el párrafo anterior. Quien piense que la lectura de un diario, por ejemplo, puede aproximarnos a la Verdad de un hecho peca de credulidad. Los que estamos en la profesión sabemos que por las características propias del trabajo periodístico, que incluyen limitaciones de tiempo, espacio y humanas, el relato de un hecho jamás puede ser la verdad de un hecho; que La Realidad, entendida así como un absoluto, está muy lejos de ser el resultado del trabajo del ser humano-periodista; que gran parte de los materiales que ayudan a la reconstrucción de un suceso se basa en relatos subjetivos tan imprecisos o interesados como los del propio periodista. Y todo esto acotado al trabajo serio y responsable de un profesional.
Sin embargo, vemos a diario en los grandes medios –diarios, revistas, radios y canales de TV- a conocidos y reconocidos periodistas –antes eminentes y respetables- que recitan al unísono argumentaciones que no son propias. Parecen repetir un guión memorizado como si fuera la salmodia de un oficio religioso. A veces declaman sin ponerse colorados que de su boca sólo sale la verdad de los hechos, con absoluta objetividad, que son independientes y absolutamente confiables. Otras veces, imponen no sólo la agenda –arbitraria y reiterativa-, sino la interpretación dominante de los hechos que la componen. A veces propuncian emocionantes diatribas a favor de la libertad de expresión y explota su histrionismo si otros colegas los critican o señalan sus contradicciones. Como dueños de la verdad, como íntegros y desinteresados escribas y relatores de la palabra celestial, disponen de una serie de gruesos calificativos hacia quienes no coinciden con ellos. Estos son los periodistas blancos, los que portan las nobles ideas de la civilización.
Del otro lado está la barbarie. Los otros periodistas que por convicción o por conveniencia, además de buenos salarios en algunos casos, conforman un frente de defensa de las acciones y decisiones del Gobierno Nacional. Salen al cruce de las mentiras y manipulaciones que los medios dominantes –siempre ligados al poder económico y otrora defensores y propagadores del accionar oscuro de la dictadura cívico-militar- tratan de imponer a los miembros de la sociedad.
En los párrafos anteriores mencioné la clásica división sarmientina, civilización o barbarie, que parece atravesar toda la historia argentina y que hoy se actualiza en las denominaciones periodismo independiente o periodismo militante. Lo que sería el blanco y el negro de una profesión. Los buenos y los malos, de acuerdo a la poderosa división de los representantes del establishment.
Describamos los dos bandos. Empecemos por los malos, los que insultan, editan, tergiversan, utilizan métodos stalinistas, agravian, son fascistas, goebelianos y parecen hordas hitlerianas. Estos son los bárbaros, los que desde los medios oficialistas defienden las principales acciones del Gobierno Nacional. Los que con marcada habilidad deshilachan las contradicciones de la oposición política y revelan de manera indiscutible las operaciones machaconas y cada vez menos convincentes de la prensa blanca.
Y el otro bando es el de los periodistas civilizadores, independientes, ascépticos, republicanos, objetivos, iluminados por la revelación de la verdad, heróicos defensores de la libertad de prensa cuando no está amenazada, pero cómplices de las censuras dictatoriales y  predicadores obedientes de los poderes perpetuos. Lo único que pretenden con su accionar fabulario es destruir este modelo político para suplantarlo por el que anteriormente los enriqueció, dejando a la mayor parte de los habitantes de nuestro país casi al borde de la extinción.
En la visita que la ensayista Beatriz Sarlo realizó al programa 678 el 24 de mayo, explicó que los diarios Página/12 y La Nación eran la expresión de los dos extremos ideológicos y que con la lectura de ambos uno podía realizar una síntesis más o menos sólida sobre los hechos y sus posibles interpretaciones. Ese ejercicio era factible hace algunos años, no ahora. Uno de ellos ha perdido absolutamente su credibilidad, abandonando totalmente el contacto con cualquier realidad. El diario La Nación –al igual que su primo hermano Clarín- presenta el relato de una realidad deseada, del recuerdo ensoñador de un pasado que se resiste a volver, cuentan en sus páginas una pesadilla inexistente. El diario La Nación ya no es lo que era, esa “tribuna de pensamiento” liberal pero honesta. Desde hace más de treinta años se convirtió en cómplice y eso ensucia.
 Que me perdonen los buenos, pero me parecen más confiables los malos, la indiada con micrófono que pondera la construcción del actual modelo, comprometidos con los ideales de un país para todos, identificados con las mayorías, aplaudiendo la equidad y despreciando la exclusión. Y si uno no está de acuerdo con todo esto, hay un límite simbólico y moral: la utilización que han hecho del caso Schoklender y la misión Sueños Compartidos. Tamaña bajeza no permite dudar. Los buenos traspasaron todo límite para horadar, para destituir, para dividir.  
Algunos piensan que esta manipulación del caso es el inicio de una seguidilla. Creo que éste es su último intento porque más bajo no pueden caer. Después del fango, no hay nada que ensucie más. No pueden quedar más en evidencia sus perversas intenciones.
Ahora es el público el que debe tomar protagonismo, el que debe comprometerse con la información que más contribuya en la construcción del universo simbólico y colectivo.

Para los que aplauden tanta locura

Aunque los números no están confirmados , los especuladores celebraron, un gran supermercado congeló su latrocinio por unos meses y a...