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sábado, 25 de junio de 2011

Para que no bombardeen al Estado

En estos días, Carolina del Norte, EEUU, fue escenario de un hecho que no se debe pasar por alto. Richard James Verone, un desocupado de 59 años tomó una resolución drástica, dramática. Entró a una oficina del RBC Bank, en el condado de Gastonia, se acercó a una de las cajas y le entregó al empleado una nota en la que decía “esto es un asalto, deme un dólar. Tengo un arma de fuego”. Después de esto, se sentó en una silla a esperar a la policía. Su objetivo principal no era robar esa insignificante cifra, sino ser apresado. Se entregó a las autoridades sin resistencia. Verone padece de artritis y tiene una protuberancia en el pecho que le dificulta la respiración y quería ir a prisión para recibir atención médica. No es sólo una historia: es la realidad que sufren más de 45 millones de ciudadanos estadounidenses que no tienen cobertura universal de salud. Los presos sí tienen atención médica, pero éste no es el punto. En Estados Unidos, que es el paladín de la Democracia y los Derechos Humanos, el paradigma de la Libertad, un hombre tuvo que sacrificar su libertad para recibir atención médica. “Sin salud no somos libres”, declaró Verone al juez.
La situación es dolorosa, incomprensible. Barack Obama asumió la presidencia con la promesa de modificar el sistema de salud del país del norte. Desgastó su imagen porque no lo logró totalmente pues afectaba intereses muy poderosos. El documental de Michael Moore, Sicko, es instructivo al respecto. Allí se muestra la desprotección de aquellos que no tienen un seguro de salud ante cualquier enfermedad. El documentalista realiza la comparación con diferentes países que tienen un sistema sanitario sostenido por el Estado, como Gran Bretaña, Francia, Canadá y Cuba.
 Esto es lo que provoca un gobierno títere de los intereses corporativos y la ausencia del Estado en cuestiones tan elementales. Parece obsceno, pero muchos de nuestros políticos locales miran a Estados Unidos como el paraíso, sobre todo cuando hablan de la libertad de mercado y la necesidad de que el Estado limite cada vez más sus funciones. Ajuste, Estado austero, mínimo, son las muletillas a las que acuden cuando tienen un micrófono ante su boca. En cierta forma –sin reparos ni pudor- están exigiendo un sistema en el que el ciudadano no tenga derecho ante la avidez de la economía concentrada. Muchos ven en esto la cuna de la civilización, el espejo en el que quieren mirarse.
Lula, el expresidente de Brasil, tan mimado por la prensa local, explicó muchas veces que la presencia del Estado es necesaria para los sectores más desprotegidos de la sociedad. A los que más tienen no les interesa el Estado, por eso lo quieren mínimo, austero, ausente. Un Estado presente hubiera garantizado la salud de ese ciudadano desocupado que, sin esperanzas, entrega su libertad para poder ser atendido por un médico.  
El cuidado de la salud no debe ser una mercancía, un objeto de consumo sujeto a la rapacidad de los sectores económicos. Algunos discuten estos principios en nuestras tierras y esgrimen argumentos absurdos como los que se escucharon cuando se discutía en el Congreso la Ley de Medicina Prepaga, que regula a las empresas que brindan estos servicios. En temas de salud, no somos salvajes.
En otros tampoco, porque también en estos días se dio a conocer nuestra situación de igualdad de acuerdo al Coeficiente de Gini, que es un índice que varía de 0 a 1. Una sociedad totalmente equitativa, donde todos sus miembros tienen el mismo ingreso y el mismo nivel de vida, el Gini es 0. La mayor desigualdad es calificada con 1, que es el caso extremo, donde la riqueza generada queda en una sola persona y el resto no tiene ingreso alguno. El coeficiente de Gini se calcula ordenando a todos los habitantes del país desde los de menor a los de mayor ingreso, tomando el ingreso total del hogar dividido la cantidad de sus miembros. Estas explicaciones sirven para quien quiera calcularlo, pero ya otros lo han hecho, por lo que en estos Apuntes Discontínuos no nos tomaremos la molestia. En Argentina el índice de Gini de 2001 mostraba que la distribución del ingreso era de 0,50 y el índice actual no alcanza el 0,38, lo que nos ubica como uno de los países más igualitarios de América Latina junto con Uruguay y Costa Rica y lejos de nuestros vecinos Brasil y Chile, a pesar de lo que pregona la prensa carroñera. En Estados Unidos, el índice de Gini ha crecido en las últimas tres décadas y se ubica cerca del 0,45 lo que señala que está a mitad de camino hacia la desigualdad absoluta.
Esto es el resultado de la presencia del Estado, que debe convertirse en garantía permanente de la equidad, avanzar en la generación de empleo y profundizar la política de redistribución del ingreso. Para que quede claro y a riesgo de ser redundante, cuando escuchemos a un candidato decir que el Estado se mete en todo, que gasta mucho, que hay que ajustar, que tiene que haber austeridad, que debe haber más libertad económica, cambiemos de canal. Es muy doloroso que alguien pierda su libertad para que un médico lo atienda.

1 comentario:

  1. Esta última entrega creo que es la más brillante de todas. Cargada de datos independientes y de hechos rotundos. Quien crea que el estado es el de Menem que se vaya del país. Parece un análisis idiota, traido de la mesa de un cafetín pero no hay que perder de vista que los miembros del estado, presidente/a incluido/a (la "a" se va a mantener después de Octubre pesar de todos los hijos de puta) SON NUESTROS EMPLEADOS a quienes le hemos delegado la facultad de velar por nuestro bienestar y para eso le damos poder a travéz de la elecciones y platita de nuestros impuestos para que la usen en eso. Hablar de un estado austero, ¿que es?. Que la plata y el poder las usen en cualquier pelotudez menos en lo antes citado.

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