viernes, 29 de julio de 2011

Las desventuras de un taxinauta

Tal vez sea necesario aclarar que este apunte será más discontínuo que nunca. Son muchos temas los que emergen para una síntesis de la semana. Tampoco hace falta hacer una síntesis… Lo importante es encontrar el comienzo. Puedo empezar contando un incidente que no-protagonicé en un taxi. Digo que no protagonicé porque no estuve a la altura de las circunstancias. Porque, en definitiva, no reaccioné como debería haber hecho ante tan duras e innecesarias palabras. Ya lo he dicho en otras ocasiones: viajo mucho en taxi. No me enorgullezco ni me vanaglorio por eso, pero tampoco me avergüenzo. Es sólo un dato. Como por lo general son trayectos cortos, no entablo con el chofer conversaciones muy transcendentes ni profundas, para no extrañarlo después. A veces permanezco callado durante todo el trayecto. Si no, del tránsito, del clima, de fútbol, temas de los que no soy un experto, pero me esfuerzo en comprender para ser atento, como después se verá.
El martes iba a uno de los colegios en el taxi que había conseguido. En el interior había silencio. No se escuchaba a Chiche, Longobardi ni ninguna de esa gente que armoniza las horas de los choferes destilando el veneno de los prejuicios más irritantes de la derecha incomprensible. Un pequeñísimo embotellamiento inspira el comentario del conductor. “Ya no se puede circular más por esta ciudad”. Contesto: “No. Y no hacen nada para solucionar el conflicto en el microcentro”. El taxista hace un gesto de asentimiento y repite “no hacen nada”. No sé por qué, pero refuerzo el comentario: “a pesar de las promesas y las declaraciones, en los veinte años de socialismo rosarino, anunciaron tomar medidas pero no lo han hecho”. “No, nada de nada”, dice el chofer. Hasta ahí, no parecía haber conflicto en el diálogo. Pero recordé un dato y quise comentarlo con el conductor: “cuando Binner era intendente, se hablaba del proyecto de las líneas troncales”. Uno de los conflictos que tiene el microcentro rosarino es la convergencia de casi todas las líneas de transporte público en un rectángulo de nueve por doce cuadras. El proyecto de las líneas troncales planteaba un alivio para la circulación vehicular, pero quedó en la nada. Y el chofer saca su conclusión: “sí, vino con el proyecto de los coches traídos de Curitiba, con fuelles… Y después vino la otra con lo del tren bala… ¿Por qué no se mete una bala en la cabeza?”. Quedé desconcertado, mudo, porque no entendía la relación entre los problemas del tránsito en la Cuna de la Bandera y el faraónico proyecto del tren bala que la Presidenta había anunciado al inicio de su mandato. Pero además no comprendía la necesidad de que Cristina se meta una bala –con tren y todo- en la cabeza para agilizar el tránsito en Rosario.  Y quedé callado. Hasta ese momento de mi vida, sólo he explotado con los taxistas cuando hilvanan el discurso reaccionario de la derecha represora respecto de “estos negros de mierda que quieren vivir sin trabajar y encima cortan calles”. En muchas ocasiones, me he bajado del vehículo cuando despliegan una reivindicación al estilo de “esto con los militares no pasaba” o “acá hace falta la mano dura de los militares para poner orden”.
Me bajo del coche porque no hay acuerdo posible con gente así. Tampoco una mínima posibilidad para desplegar mi capacidad de docente y hacer una especie de “clase delivery”. En ocasiones en que surge un discurso opositor al gobierno nacional, sobre todo colonizado por los medios dominantes, trato de aportar elementos que al menos, demuestren mi desacuerdo con sus opiniones. Pero en este caso, no se justificaba el abandono del vehículo ni tampoco había lugar para la didáctica. Debería haber preguntado por qué tanto odio hacia la presidenta, pero no lo hice. Quedé unos segundos en silencio porque ya estábamos llegando. Puede que haya sido para no confirmar eso de que los K somos autoritarios e intolerantes. Creo que lo saludé, pero no como hago siempre, con mucha amabilidad, sino con parquedad. Claro, él no notó la diferencia. Yo sí. Puede que él haya advertido mi repentino silencio. Tal vez mi silencio fue la mejor respuesta frente a tamaña desubicación.
Pero no fue la única agresión gratuita de la semana. El miércoles a la noche, en el programa “A dos voces” de TN, difundieron un informe especial ultrasecreto –con pruebas irrefutables, je, como siempre- en el que mostraban el autoritarismo de Cristina en los cambios que la AFA va a realizar en el torneo para el año que viene. Relataban órdenes que habría dado la Presidenta a Grondona y justificaban la medida a partir de la teoría de la conspiración con la que sueñan todos los días para erradicar la plaga K. Increíble. Y para coronar la noche, una entrevista que le realizó Gerardo Rozin al efímero gobernador electo de Santa Fe, Miguel Torres Del Sel. Fue muy amable con él y le dejó pasar muchas monstruosidades que dijo, pero no tanto como para que no se note la desproporción del cargo al que aspiraba con su incapacidad para asumirlo. Pero quedó flotando una amenaza: en 2015 volverá recargado como Matrix para disputar nuevamente la gobernación de Santa Fe y apoyando a Macri como presidente, no de Boca, sino del país. Queridos conciudadanos de Buenos Aires, amadísimos porteños, está en vuestras nobles y sabias manos frenar la fiebre amarilla, cercenar el camino de tan imprescentables exponentes del pasado no-político y obediente al mercado. Sería un buen final para el mes de julio y un excelente regalo para el autor de estos apuntes discontinuos. Además, si se logra un triunfo de Filmus, se convertirán en protagonistas de una épica que será recordada por muchas generaciones. Estimados habitantes de la CABA, tuerzan los números de las encuestas, hagan historia. Rompan con la soberbia amarilla de estos tipos. Sería fantástico.

1 comentario:

  1. Es muy iluso, Profe. Usted lo palpa en la calle y yo también. Los malditos idiotas están al acecho, con sus armas cargadas de votos idiotas y sus pensamientos confusos e ignorantes. Ayer un pariente cercano votante de Del Sel se enorgullecía de los números del pasado Domingo diciendo: "...la gente está aprendiendo, es cada vez más inteligente...". Claro, de acuerdo a su pensamiento idiota su expresión tiene un valor intrínseco en si mismo, es absolutamente válido. Profe, volveremos a destruir el país, no lo dude, y quienes pierdan el sustento del que ahora gozan dirán: "...estos son lo coletazos K...". Somos IDIOTAS y encima perversos.

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