lunes, 11 de julio de 2011

Una sorpresa amarilla

Después de los resultados de una elección, lo más importante es tratar de encontrar una explicación a las intenciones del votante. Incluso cuando la foto del día después rompe con todos los análisis previos de las encuestadoras, politólogos y sociólogos. En el caso de la contundente, sorpresiva y exagerada victoria del macrismo en Capital Federal hay que partir más de las dudas que de las certezas en la voluntad del electorado. Porque no es Macri ni su equipo el que sorprendió a todas las predicciones, sino el electorado. El porcentual obtenido por el actual Jefe de Gobierno sobrepasó hasta las encuestas más optimistas, que le daban una ventaja del doce por ciento sobre el candidato del Frente para la Victoria, el senador Daniel Filmus. Evidentemente, hay algo en Macri que los ciudadanos de Buenos Aires ven y quien escribe estos Apuntes Discontinuos no puede apreciar.
Todo lo que uno puede conocer, leer, escuchar sobre la gestión en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, CABA, presenta un déficit respecto de las promesas realizadas en 2007. Los kilómetros de subte no construídos, las viviendas sociales, la seguridad, la educación y la salud pública es el saldo deudor de una gestión basada en la culpa ajena y no en deficiencias propias, en la victimización permanente por la incapacidad de solucionar los problemas en la capital del país. Además, están las anomalías de la administración macrista, la superpoblación de funcionarios, las escuchas ilegales, la represión racista de la UCEP, el contrato escandaloso por las neetbook con sobreprecios para las escuelas públicas. Y está su discurso, que expresa un desprecio hacia los que menos tienen, una visión light y clasista de la realidad, despolitizada, descomprometida. Las palabras triunfalistas del domingo por la noche, más parecían la aceptación de un destino no deseado, un cargo tomado más con resignación que con la pasión que la política requiere.
A pesar de todo esto, que es lo que uno percibe desde la distancia, el ciudadano de Buenos Aires otorgó un desmesurado triunfo a la fuerza no-política identificada con el color amarillo; premió una gestión a partir de los logros que el PRO no puede ostentar; apoyó las expectativas que Macri no despierta. Un grosero error que se puede cometer en la lectura de esta realidad es explicar el voto porteño desde la desinformación, desde el desinterés. Eso sería descalificar el voto popular, algo muy tentador, pero equivocado. Recordemos las declaraciones de Pino Solanas después del triunfo del Frente Para la Victoria en Catamarca, cuando se refirió a la baja calidad del voto en los sectores pobres.
La mayoría de las encuestadoras preveían una casi paridad entre los dos candidatos; cuanto mucho, una diferencia de diez o doce puntos. Sin embargo, los veinte puntos existentes entre Macri y Filmus descalifica más a los expertos que a los votantes. Tal vez las encuestas están más para torcer las voluntades que para leer las intenciones. Esto es una duda, no una afirmación.
Una explicación que circuló previamente –una excusa anticipada- se relaciona con el cerco informativo realizado por los principales medios informativos. Es un dato: no había una sola noticia que reflejara aspectos negativos de la gestión macrista en la prensa hegemónica. Eso puede afectar al público del interior, que ante la imposibilidad de comprobar de manera directa el estado de la CABA, la percepción se da a través de las noticias. Pero el habitante porteño puede apreciar los déficit –o los logros- de manera directa.
Para el autor de estos apuntes, el personaje que Macri presenta en cada aparición mediática resulta indigerible. El esfuerzo por mostrarse alejado de toda ideología, la superficialidad con que aborda los temas que se le plantean, la intencionalidad de comportarse como un hombre común alejan al líder del PRO de mis preferencias electorales. Pero tal vez sea eso lo que encante a los porteños, el personaje canchero, desinformado, ganador, improvisado y hasta con una inocente figura de chantún.
Si no se tuvieron en cuenta los déficit –los no-logros- ni tampoco la visión ideológica ni las promesas incumplidas, ¿qué se valoró de Macri? ¿Qué se premió?
Hay dos formas de convencer al otro, de ganar su voluntad: la persuasión y la seducción. En la persuasión entran en juego los argumentos, las evidencias, los logros, las ideas. En la seducción no hay nada de eso. Lo que seduce es lo que no se muestra, el secreto, el ocultamiento. Lo que no se dice seduce. Quizá haya sido esto lo efectivo de la campaña de Macri a través de frases como “vos sos bienvenido” o “juntos vamos bien”, ideas que no dicen mucho –no persuaden- pero sí seducen. Son consignas sin promesas concretas. En las elecciones de 2007 Macri ganó con promesas que no cumplió a lo largo de sus cuatro años de gobierno. Ahora no hace hincapié en los incumplimientos de su anterior campaña ni en nuevas promesas sino que en esas frases descafeínadas transforma lo que no se hizo en una gestión eficiente. Seduce con la nada.
Y lo que viene en estas tres semanas es la incertidumbre. La manera en que se reparta la torta electoral de cara al balotaje es una incógnita. El electorado a repartir se ubica en los que no votaron o los que votaron a otras fuerzas. Tal vez haya arrepentidos. Es posible que la victoria desmesurada de la fuerza gobernante se origine en la intención de garantizar una segunda vuelta. Y hay un riesgo. Lo que está en juego en la segunda vuelta es sólo la jefatura de gobierno. Los legisladores y los comuneros ya están elegidos y hay mayoría amarilla. En el caso de que el electorado corone a Filmus como alcalde de CABA se conformará un licuado de gestión imposible de predecir.
Un último punto: qué rol juega la autonomía de la CABA en todo esto. Recordemos que esta situación es nueva. Antes, era el Poder Ejecutivo Nacional quien elegía al intendente de Capital Federal.  Desde hace quince años el ciudadano porteño elige sus autoridades y la autonomía puede significar una necesidad imperiosa de diferenciarse de las autoridades nacionales. En este caso, sería más importante la diferencia que la gestión. Esto es que el ciudadano porteño se siente tan autónomo que prescinde de los logros de una gestión, que lo único que puede garantizar su autonomía es la diferencia. ¿Será eso?
Lo más preocupante para los santafesinos es la imagen de un Miguel Torres Del Sel exultante, exaltado, compartiendo el escenario triunfalista de tonalidad amarillenta, como un peligroso empujón para acceder a la gobernación de la provincia en las elecciones del próximo 24 de julio. Gracias por el chiste.

4 comentarios:

  1. Lo que usted, Profe, no puede decir y que yo como mero lector si, es lo que vengo diciendo desde hace rato como comentarista en este espacio:
    "LA GENTE ES IDIOTA" y en este escenario podemos tener a cualquiera de mandatario en cualquier escanio. Si Tinelli quisiera ser presidente solo tendría que proponérselo, incluso le podría ganar a Cristina. Ojo con el 14 de octubre, los idiotas andan al acecho.

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  2. Quizás los porteños, hacen lo que yo...
    Votar al menos malo de todos...

    Quizas el “vos sos bienvenido” o “juntos vamos bien”, son reales en CABA y algo muy tangible con la ley de comunas, con la que el vecino se siente parte del gobierno.

    Probablemente Macri ha necesitado de esa única gestión para ganar las elecciones.

    Pero insisto, para mí que el electorado está eligiendo al menos peor...

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  3. Antes que se me olvide...¡¡por favor Lucía no des ideas a Tinelli que ese tiene menos escrúpulos que Macri y capaz de ir por los barrios con el caño y las tetonas a por los votos ¡¡Y CONSEGUIRLO¡¡
    si gana Filmus y están todos los comuneros y legisladores de mayoría amarilla es mas o menos lo que puede suceder en España si en las presidenciales gana el PSOE con practicamente todos los alcaldes del PP...¡¡uff¡¡

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  4. Querida Viqui: escojer a un candidato no se hace por defecto, se hace por conciencia, por conocimiento ideológico de la plataforma de la que forma parte y si no te convence ninguno, votás en vlanco y listo. Macri no es el menos malo, es el peor. Ahora si vos te ganás la vida con la especulación financiera, si sos una potentada o una hacendada o una de aquellas que le va bien cuando a todos nos va mal, entonces votás al neo-liberalismo más radicalizado e insensible como son Macri o Del Sel, porque eso representan. Besos.
    Querida Tenemarin: Muy bueno lo tuyo, realmente es reconfortante encontrar una mente pensante entre tanto estado de coma. Gracias y besos.

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