viernes, 30 de diciembre de 2011

Un final con facha de principio

Este año que se termina será por mucho tiempo memorable. Uno tiene la sensación de que ha sido muy largo pero duró lo mismo que los otros y un día menos que el que viene. Lo que sí, fue intenso. Y cambiante. Hubo de todo. Lo más destacable lo constituyen las operaciones mediáticas y políticas para intentar conquistar un poroto para las elecciones presidenciales. Eso sí: el 23 de octubre aparece como una divisoria de aguas, como un hito en el año que acomoda lo anterior y lo posterior a esa fecha. En efecto, ese domingo debe convertirse en el eje a partir del que se puede pensar este año. Ese día permite acomodar todas las piezas de este fascinante rompecabezas, aunque muchas cabezas quedaron afuera. Bien afuera. Casi en la resistencia al régimen. Un año cargado de emociones de todo tipo y que corona un período inusual en la historia reciente de nuestro país. Y a la vez da comienzo a otro período, aunque más de consolidación, convicción y comprensión. Este 2011 no ha sido cualquier año para los argentinos y merece un serio reconocimiento por ello. Desde este modesto espacio, vamos a hacer una caprichosa recorrida por los hechos más importantes para demostrar que este año debe ser conmemorado en el futuro como El Año.
Este ha sido el primer año sin Néstor Kirchner. Pero a la vez, su presencia se ha hecho más fuerte. Ahora es mucho más de todos que antes. Además, como no tiene posibilidad de cometer errores, todos son aciertos. Y lo son, por supuesto. Porque sin él, que se animó a comenzar todo esto, no estaríamos hablando tanto de este año. Y estuvo presente, sobre todo, en La Presidenta. En cada gesto, en cada palabra, en cada concepto. Piensan los dos y por eso son tan buenas las ideas; actúan los dos y de ahí que la gestión sea tan transformadora; hablan los dos y el discurso es potente, cargado de historia y de futuro. Pero también Néstor Kirchner se ha multiplicado. Hay uno por cada agrupación que lo toma como bandera, por cada militante que estudia sus palabras, por cada argentino agradecido. Cada uno tiene su Kirchner personal y está bien que así sea, porque es de todos. Eso lo convierte en una guía indiscutible para continuar con el camino emprendido.
Ante un año electoral tan crucial, los políticos opositores se mostraron desesperados. Imposibilitados de presentar un programa alternativo de gobierno –un poco por falencias intelectuales y otro poco por pudor ideológico- recurrieron a un menú de operetas, simulaciones y mentiras servidas en bandeja de plata por los periodistas independientes de la prensa hegemónica. El jefe político de la oposición no era ninguno de los exponentes de los principales partidos, sino el CEO de Clarín, quien desde las sombras daba letra a los invitados permanentes –casi columnistas- en los programas de la cadena TN. Poco a poco quedaron enredados en la ficción y no supieron cómo confrontar con las transformaciones que se han producido en nuestro país en los últimos ocho años. Danzas y alianzas, en un casting reciclable y un festival de encuestas que conducían a un resultado cada vez más desalentador… Para ellos. Cualquier cosa venía bien con tal de socavar la relación entre La Presidenta y su pueblo. Hasta llegaron a ensuciar a Las Madres abrazándose a las denuncias del siniestro Schoklender. En el colmo de la desesperación y en los límites de la decencia llegaron a utilizar el secuestro y el asesinato de una nena de once años como mazazo al Gobierno Nacional. Nada le faltó a la campaña, pero nada les bastó.
Ni los spot televisivos, elaborados por publicistas escasamente creativos, pudieron engañar demasiado. Trataron de mostrarlos enérgicos, decididos, desafiantes, prometedores, mesiánicos, transparentes, reflexivos, pero no había tanto talento para eso. Ante La fuerza de un país todo parece insignificante, hueco, falso. Con las historias reales que desde la base construían un colectivo social poderoso y festivo, Cristina conmovió, emocionó y conquistó.
Pero no en todos lados convenció. En algunos recovecos del país hubo retrocesos alarmantes. El principal es el triunfo del PRO en la CABA, con globos amarillos y bailecitos simiescos. Y una vergonzante casi victoria en la provincia de Santa Fe, con un MIDACHI que creía ser gobernador y pretendía encarnar un personaje. Por suerte no. Renovó el socialismo por penales, voto a voto. Mientras todo esto ocurría, Rosario, la cuna de la bandera y también la de este ignoto profesor de provincias, se reafirmaba socialista con la victoria de la primera intendenta, Mónica Fein. Incomprensible pero real es el casi pacto de sangre que tiene esta ciudad con el socialismo que, si bien ha hecho una decoración efectiva, no ha transformado sustancialmente la realidad de los barrios periféricos. Una de las primeras decisiones de la nueva mandataria local fue vetar la ordenanza que intentaba incorporar a los cuida coches como trabajadores formales. Macri hace escuela en Rosario.
En otros puntos del país hubo renovación de autoridades en distintos momentos del año y los resultados esbozaban el panorama de lo que serían las elecciones primarias y después las generales. El fenómeno K parecía crecer poco a poco, provincia a provincia. Pero recién el 14 de agosto se recuperó cierta calma. Con los números superando el 50 por ciento no existía ya la posibilidad de que CFK no renueve su mandato.
También fue un año sin presupuesto. En un intento de alterar la gobernabilidad, el grupo A, que era el amasijo opositor que boicoteaba el proyecto en curso, negó por primera vez en la historia institucional argentina el presupuesto anual a un presidente. Eso y las falsas denuncias por intento de soborno tampoco bastaron. Y entonces, se jugaron el todo por el todo. En una muestra de irresponsabilidad, cinismo y maldad, aprobaron una ley que instauraba el 82 por ciento móvil para las jubilaciones. Medida que no está mal si uno lo ve desde las jubilaciones mínimas, desde la figura del desvalido jubilado que utilizaban para apoyar la maniobra. Pero en realidad, esa disposición favorecía a quienes cobran las jubilaciones más elevadas, lo que iba a terminar desfinanciando la caja de jubilaciones. Vaya paradoja: los que congelaron los haberes en los noventa y los que descontaron el 13 por ciento a principios de este siglo, eran los que se conmovían frente a las cámaras cuestionando el inevitable veto presidencial. Con esa ley obligaron a La Presidenta a tomar una medida que parecía estar en contra de los que decía defender. Pero los verdaderos jubilados saben lo que se ha hecho en estos años por ellos. En eso también fracasaron los opositores.
Aunque parezca mentira, después de las elecciones del 23 de octubre y de la derrota compartida no comprendieron, simulan no haberlo hecho o no tienen posibilidades de hacerlo. Casi todos continúan en la misma senda de la no-política, negando transformaciones y agitando fantasmas. Y trepando a cualquier carro. Hasta Moyano sirve como artillería cuando fracasan los titulares contra Aerolíneas y los militantes de La Cámpora. A su manera celebran también el carcinoma que detectaron en la tiroides de Cristina. Los extensos informes y pronósticos médicos constituyen una forma encubierta de tirar papelitos.
Indudablemente, este año ha sido un Gran Año. Como reafirmación de un ciclo y compromiso con un proyecto. Y este año es tan largo que comienza el 25 de mayo de 2003, cuando un Kirchner recién estrenado decía: “formo parte de una generación diezmada, castigada con dolorosas ausencias; me sumé a las luchas políticas creyendo en valores y convicciones a las que no pienso dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada”. Y culmina con otro compromiso emotivo, potente, expresado en Plaza de Mayo el 23 de octubre, con una Presidenta que asume no ser neutral y que está del lado de los que menos tienen. Por eso es que ahora, cuando habla Cristina parece que hablan los dos, porque es la continuidad de un discurso que se sostiene desde hace ocho años con una imparable potencia transformadora.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Los desobedientes que se victimizan

En nuestro país, cada uno es libre de pensar como quiera. De eso no caben dudas. Además, ni en el gobierno más autoritario existe la posibilidad de controlar el pensamiento, que es algo tan íntimo y privado que ni siquiera el propio usuario lo conoce en su totalidad, de tan inabordable que es. Por eso, cuando alguien sale a decir por algún medio que “en este país no se puede pensar distinto”, es inevitable esbozar alguna sonrisa. Para que quede más claro: no hay censura, no hay aprietes a periodistas, nadie atenta, desde el Gobierno al menos, contra la libertad de expresión y las personas pueden pensar lo que quieran. El ciudadano desprevenido podrá advertir que en los últimos tiempos se están tomando medidas que afectan a algunas de las propiedades del Grupo Clarín y hasta es razonable que crea que eso ocurre como resultado de una persecución porque esos medios actúan como oposición al Gobierno. Pero las medidas que afectan al “multimedios” no buscan silenciar o modificar contenidos, sino regular funcionamientos empresariales. La lectura del “ataque a la prensa”, “atentado a la libertad de expresión”, “gobierno autoritario” forma parte de la reacción defensiva de los que no quieren acatar las normas surgidas de un gobierno democrático. Estos empresarios no están acostumbrados a obedecer, sino a ser obedecidos; están más habituados a gobernar desde las sombras que a ser gobernados desde la luz de la democracia. Por eso, cualquier orden o regla a cumplir, para ellos es una muestra de autoritarismo y no de autoridad. A la hora de defender sus privilegios, no importa mentir, desestabilizar, angustiar.
La semana pasada, con un espectacular operativo que incluyó gendarmes y todo, la Justicia, por orden del Juez Walter Bento, intervino Cablevisión a partir de una denuncia del Grupo Uno de Mendoza por competencia desleal. El Gerente General de la empresa del Grupo Clarín se defendió con argumentos que demuestran la casi nula tradición de obedecer al Poder Político. Carlos Moltini declaró que “esto es un proceso que incluye al ministro De Vido diciendo el año pasado que Fibertel no existe más, a la AFSCA –Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual- poniéndonos más de 500 multas por motivos absurdos y a la Secretaría de Comercio Interior fijando un sistema regulatorio de precios exclusivo para Cablevisión con el cual se intentó ahogar económica y financieramente a la empresa. La diferencia es que ahora utilizaron un modus operandi distinto poniendo como mascarón de proa al Grupo Vila-Manzano para tratar de que Cablevisión no exista más en los próximos 60 días”. Las expresiones resaltadas muestran  el poco respeto por la autoridad de las Autoridades. Luis Galli, gerente general del Grupo Uno, rechazó haber impulsado la medida por sugerencia del gobierno. “Es una manera de confundir a la gente. Dicen que somos un grupo kirchnerista, pero nosotros nos opusimos a la ley de medios y menos del 4 por ciento de la facturación total del grupo proviene de la pauta oficial que comercializa Télam, no mueve el amperímetro. Este es un conflicto empresario y lo que tiene que hacer el Grupo Clarín es dejar de victimizarse y tratar de demostrar que no hace abuso de su posición dominante”, aseguró.
La historia de esta causa es muy larga, como todas las que involucran al Grupo Clarín. El 7 de diciembre de 2007, el gobierno de Néstor Kirchner aprobó el ingreso de Cablevisión como accionista de Multicanal, con la condición de cumplir con una serie de compromisos para beneficio de los usuarios en el término de dos meses. Como esos compromisos no se cumplieron, entre septiembre y diciembre de 2009 la Secretaría de Comercio Interior desaprobó la fusión, creando otro motivo más para la exagerada demonización del Licenciado Guillermo Moreno. En marzo de 2010, el entonces ministro de Economía, Amado Boudou, tomó una decisión similar, a partir de un nuevo dictamen de la Comisión Nacional de Defensa del Consumidor y le fijó a la empresa seis meses para dividir los activos y vender una de las partes. “La fusión no le generó ningún beneficio a los usuarios del cable. Lo que hizo el monopolio fue avanzar sobre los derechos de los consumidores”, afirmó el ministro en aquel momento. Pero el Grupo Clarín apeló la medida y Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial dejó en suspenso la resolución el 20 de abril del año pasado.
En una muestra más de que este grupo empresarial está acostumbrado a acomodar el país a sus ambiciones, Carlos Moltini profundiza en la explicación del conflicto. El blanco de sus críticas –además del Gobierno Nacional- fue el juez Bento y Daniel Vila, cara visible del Grupo Uno, que presentó la denuncia por prácticas anticompetitivas en el mercado de la TV por cable. “El Grupo Vila debería haber hecho la presentación en la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia –explica Moltini- pero lo hicieron en Mendoza porque es el lugar donde consiguieron un juez federal adicto a ellos que les firmó cualquier cosa”. Y ahí se pisa, el gerente. Porque precisamente la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, sobre todo en su artículo de desinversión, la anulación de la fusión de Cablevisión y Multicanal y la continuidad de Fibertel están frenadas por medidas cautelares de jueces obedientes que firman sin leer. Como también será frenada por jueces cómplices en el futuro la nueva ley que regula la producción y distribución del papel para diarios.
Entre los abusos de la posición dominante se encuentra la negativa al reordenamiento de la grilla, desatendiendo la disposición del AFSCA, que ubica a los canales informativos al comienzo de la numeración y después los canales de aire. Cablevisión mantiene a la señal propia TN entre Telefé y el Trece, para tener una posición de privilegio en el zapping del usuario. Por otra parte, se niegan a incluir señales como Paka Paka, Telesur o Inca TV. Además, intentó desplazar al canal Garage TV desde el 20 al 63, lo que significa algo menos que el destierro. Y todo porque el productor, Miguel El Haiek, se negó a vender la señal a Cablevisión en el año 2007. Desde entonces, las presiones padecidas por el productor han llegado a ser denunciadas ante la justicia.
Por eso es importante no dejarse engañar. Lo que ellos llaman ataque a la libertad de prensa o de expresión no es más que un gesto cínico para defender los intereses empresariales. Ninguna libertad es absoluta. Las leyes están para ordenar nuestras libertades. Los dueños del monopolio se rasgan las vestiduras por la libertad de expresión, que en realidad, es un tema que no les interesa. Lo único que les importa es su propia libertad para seguir siendo dueños del país que supieron destruir.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Perlitas para fin de año

Aunque parezca exagerado afirmarlo de manera categórica, el Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, ya está en campaña para las elecciones presidenciales de 2015. Como no puede conformarse con administrar –es un decir- por dos períodos consecutivos la CABA, anhela ser presidente de los cuarenta millones de argentinos, cosa que también es un decir. Para llegar a tal objetivo ha desplegado un abanico de medidas, vetos y demoliciones casi a mansalva, con el fin de despertar ansiedad en el electorado por verlo en cuatro años con la banda celeste y blanca posada sobre su pecho. Uno de los vetos memorables de la campaña ha sido el que realizó a la ley aprobada en la legislatura para ordenar la actividad de los llamados ‘trapitos’, una propuesta que, a la manera en que se hace en la vecina Montevideo, busca integrar a los cuida coches como trabajadores con el control del Estado Municipal. Como Macri no sabe qué es ‘trabajar’, ‘control’ ni ‘Estado Municipal’, ante la duda, vetó la ley, pues considerar a los cuida coches como delincuentes es más fácil de asimilar para su no muy desarrollada inteligencia. ‘Excluir’ es más fácil que ‘incluir’, de acuerdo a sus principios. Pero como un veto resulta insuficiente para bregar por la “seguridad de nuestra gente”, tal como le gusta decir, dejó sin efecto una ley que protegía a las empresas recuperadas, lo que pone en riesgo más de dos mil puestos de trabajo. Algo así como un anticipado regalo de Navidad, pues ese justiciero gesto fue rubricado el viernes 23.
A través del decreto 672 –de agregar seis puntos más, habría adquirido notoriedad en un conocido programa de la TV Pública- vetó la Ley 4008 de la Legislatura porteña, que un mes atrás había prorrogado por seis años la vigencia de normas que dejan en manos del Alcalde la expropiación definitiva de las plantas donde hoy funcionan los emprendimientos de gestión obrera, llamadas también fábricas recuperadas. “Esta decisión pone en riesgo más de dos mil puestos de trabajo directos y abre un grave interrogante: al no haber instrumento legal que nos ampare, el proceso de expropiación actual podría llegar a revertirse, de manera tal que los viejos patrones podrían ahora reclamar que les devolvamos lo que alguna vez fue de ellos”, explicó Eduardo Montes, trabajador de Gráfica Patricios y miembro de la Unión Productiva de Empresas Autogestionadas, UPEA. El legislador kirchnerista Vicente Nenna consideró que la decisión de Macri “confirma su política de atentar contra cualquier avance de los que menos tienen. Es una vergüenza que esto ocurra cuando los trabajadores de las 29 empresas recuperadas han realizado una tarea impecable para mantener y desarrollar las empresas que habían sido abandonadas por sus dueños”.
Una diferencia enorme con el trabajo silencioso pero intenso realizado por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, a cargo de la licenciada Alicia Kirchner. El impulso hacia los emprendimientos de los que menos tienen –conocida como Economía Social- ha permitido que ingresen en la economía formal y hasta que se integren con mercados de los países del Mercosur, no sólo como hecho económico sino también cultural. “La premisa es que el Estado –explica la Ministra- devuelva el protagonismo a las cooperativas de trabajo y de servicios, a las organizaciones de campesinos, las asociaciones de emprendedores, a las empresas y fábricas recuperadas y a otras formas de organización”. Mientras Alicia Kirchner gestiona el Programa de Microcréditos como una herramienta clave para que la economía social funcione y se desarrollen los proyectos de los trabajadores, Mauricio Macri, no. No a nada. Cero inclusión. 
Quien no lo entiende de esta manera es el ex gobernador de la Invencible, Hermes Binner quien manifestó tener “disidencias con el Gobierno Nacional”.  Aunque desde el FAP consideran que el Gobierno “es democrático y que muchos aspectos se cumplen”, el ex anestesista y ahora desocupado aseguró que “nosotros estamos en otra posición”. Para deslumbrar con la claridad de sus conceptos, Binner afirmó no creer que “el kirchnerismo sea una avanzada para la sociedad, pero tampoco creemos que sea progresismo”. Claro, como la gente de esta fuerza política sí representa al progresismo, sus Diputados y Senadores votaron en contra de la Ley que regula la producción y distribución del papel para diarios, en defensa de los intereses corporativos del Grupo Clarín. El presidente de la Cámara de Diputados de Santa Fe, Luis Rubeo no tardó en responder. "No sólo este proyecto nacional reconstruyó un país que estaba en llamas –afirmó el legislador del PJ- sino que también volvió a darle dignidad y un espacio central a los trabajadores, al punto que generó más de 5 millones de puestos de trabajo y una verdadera recomposición de los salarios". Y recordó que "esta ley viene a igualar el precio del papel para todos los diarios del país, porque antes Clarín y La Nación tenían ventajas sobre el resto. Entonces está claro que Binner está defendiendo los intereses de las corporaciones". El progresismo del FAP resulta poco progresista, por lo que se puede apreciar.
El jueves pasado, el diario La Nación, publicó un título paradójico: “Dan más poder al Gobierno para manejar la economía”, en referencia a las leyes aprobadas en el Congreso de la Nación. Por supuesto, para los escribas de la ya no tan “Tribuna de Doctrina” son los poderes fácticos, las corporaciones económicas, los especuladores financieros, las mega empresas quienes deberían manejar la economía del país y no un gobierno plebeyo apoyado por más de un 54 por ciento de los votos. Ya no saben cómo disimular la desesperación. Tanto al diario de los Mitre como el futuro ex Gran Diario Argentino se ven cada vez más solos. Con la llamada Ley de Medios y su bendita cláusula de desinversión, la Causa Papel Prensa en la justicia, el embargo a La Nación, la caducidad de la licencia de Fibertel, la ley del papel para diarios y la intervención de la empresa Cablevisión, el gran bastión corporativo está temblequeando. Y se notan un poquitín nerviosos. Aunque más no sea por dibujar una leve sonrisa en el compungido rostro de los afectados, Apuntes Discontinuos les envía un saludo por el fin de 2011, que deben esperar con mucha ansiedad. Eso sí, desearles un buen 2012 es como patear en contra del proyecto de país en curso. Y eso está muy lejos de la intención de este ignoto profesor de provincias.

sábado, 24 de diciembre de 2011

La importancia de los quiénes


Aunque se quiera evitar la paranoia, algunas declaraciones asustan. En los convulsionados días de la rebelión de los estancieros, con echar un vistazo a los que se alineaban en contra de la resolución 125 y explotaban la construcción simbólica de “el campo” bastaba para saber de qué lado ubicarse. Desde entonces, esos personajes de la política vernácula se han ido desdibujando en pos de la defensa de intereses corporativos y terminaron siendo simples voceros de la prensa hegemónica. El resultado de esa obstinada actuación no-política ha sido la fragmentada performance en las elecciones de octubre. Pero no hay moraleja –por más clara que sea- que les haga modificar su actitud. Las autocríticas realizadas por algunas fuerzas de la oposición no han sido más que muecas espasmódicas frente a las cámaras. Las observaciones desplegadas por Leopoldo Moreau o Nito Artaza en algunos programas políticos respecto de la imposibilidad de construir una alternativa de gobernabilidad si se defienden los intereses de los poderes fácticos, han quedado en el olvido. O por lo menos los legisladores de esas fuerzas no han dado aviso de recibo.
En los últimos días, muchos exponentes de estas fuerzas opositoras presentaron argumentos absurdos y contradictorios en contra de la ley que regula la producción y comercialización de papel para diarios. En Los inconfundibles que confunden, este ignoto profesor de provincias demostró la inconsistencia argumentativa y la falta de información del ex gobernador santafesino Hermes Binner respecto al tema. Eso no le impidió al dirigente del FAP destilar incoherencias ante micrófonos y cámaras siempre dispuestos al escándalo. Para que quede claro: no está mal oponerse, sino decir tonterías con tal de oponerse. La libertad de opinión debe jerarquizarse con la información. Cualquiera puede decir cualquier cosa en una sociedad democrática, pero un personaje de peso como Binner debería preocuparse más por el contenido y la profundidad de sus declaraciones.
El proyecto de ley fue enviado al Congreso por CFK el 24 de agosto del año pasado y recién el último jueves fue aprobado por el Senado, después de haber recibido media sanción en Diputados. En el medio hubo audiencias públicas donde expusieron más de cien dueños de diarios del interior y trabajadores de prensa, además de discusiones en las distintas comisiones involucradas. Hace más de un año que este tema está en debate parlamentario, aunque se conoce desde hace casi tres décadas. Lo que la ley viene a corregir es una distorsión en la producción y venta del papel para diarios que beneficia sólo a los accionistas mayoritarios, Clarín y La Nación.
El informe presentado por la Sindicatura General de la Nación, SIGEN, es contundente sobre las anomalías comerciales que presenta la empresa Papel Prensa. El Grupo Clarín, a través de las empresas AGEA y CIMECO, posee el 49 por ciento en acciones de la papelera, mientras que La Nación tiene el 22,49 por ciento de los títulos. En conjunto controlan 71,49 por ciento de la empresa. El Estado tiene 27,46 por ciento de las acciones, la agencia estatal Telam el 0,67 mientras el 0,37 por ciento restante está en manos de terceros. En nuestro país el consumo anual de pasta de papel llega a las 250 mil toneladas y sólo el 58 por ciento de esta demanda está cubierto por la producción de Papel Prensa, que trabaja sólo al 60 por ciento de acuerdo a su capacidad instalada. Si esa cantidad de insumos se distribuyera de manera equitativa entre los 168 medios a un mismo precio, no habría problemas. Pero Clarín y La Nación consumen el 71 por ciento de la producción total a un precio casi un 20 por ciento más barato. La posición dominante heredada de la dictadura y permitida por los gobiernos democráticos desde 1983 ha establecido condiciones de competencia desleal de estos dos grandes medios.
La senadora del FAP, Norma Morandini, parece haber olvidado su pasado de periodista del interior y para defender al Monopolio recurre a los lugares comunes más absurdos. “Si no hay libertad de decir, no hay sistema democrático –explicó la legisladora cordobesa- El Estado Nacional, en lugar de ser garante, toma parte. Esta es la amenaza. Un Estado que confunde prensa con propaganda. Lo que mal se nombra, mal se obra”. En primer lugar, el Estado debe ser parte porque tiene casi el 30 por ciento de las acciones y en los últimos años ha sido estafado por los socios mayoritarios. En diez años, la única empresa que comercializa papel para diarios en el país no ha ganado un solo centavo. En la primera parte de su desacierto verbal, la senadora olvida que precisamente el Monopolio que ella defiende ha privilegiado a medios aliados en la distribución del papel. Muchos diarios y periódicos que han osado manifestarse en contra de estos diarios han padecido el desabastecimiento de este insumo fundamental para el periodismo gráfico.
Casi al borde del delirio, su compañero de bancada, Jaime Linares, senador que integra el FAP y responde a Margarita Stolbizer (GEN), aseguró que “si el Gobierno considerara que el papel para diarios es un recurso estratégico, propondría la expropiación de Papel Prensa. Lejos de eso, lo único que le interesa es avanzar en su pelea contra Clarín y Nación”. Tentador, pero no. Motivos no faltan, sobre todo pensando en el origen espurio de la empresa. Pero de eso se encargará la Justicia que tiene en sus manos el informe “Papel Prensa: La verdad”, en el que se demuestra que la adquisición de la empresa por parte de Clarín y La Nación incluyó delitos de lesa humanidad.
Otro de los quiénes que pone en juego un abanico de incoherencias con tal de oponerse es el senador radical Ernesto Sanz, quien en su momento tuvo que disculparse después de afirmar que la AUH se iba por la canaleta del juego y de la droga. “Entendemos que aun cuando podamos compartir algunos diagnósticos, el oficialismo tomó un camino equivocado en la resolución del problema –expresó Sanz en el debate- Esta ley avanza por sobre una actividad privada que pasará a ser una actividad pública, sometida al derecho público. ¿Cuál es la consecuencia jurídica? Una subordinación de los particulares a la administración pública”. En primer lugar, el Estado debe formar parte de las decisiones de la empresa porque es accionista, como lo ha hecho en Techint, entre otras. Además, es necesario corregir una anomalía comercial que nunca debió haber existido: que dos medios de comunicación sean dueños de la única fábrica de papel para diarios del país. Pero en la última línea está la mayor incoherencia. Cuando el radical cuestiona la “subordinación de los particulares a la administración pública” está negando la razón de ser de cualquier gobierno, el contrato primigenio entre la sociedad y el Estado. Pero claro, no existe respeto a las instituciones –como siempre pregonan los exponentes del partido más que centenario- a la hora de defender los intereses de las corporaciones económicas.
Unos y otros muestran la hilacha, con tal de ser considerados héroes en los titulares de esos diarios o tener unos minutos de aire en los programas de TN. No aprendieron. No entienden nada. Después dicen defender los valores de la democracia. Pero en una democracia representativa como la nuestra lo importante es defender los intereses de la mayoría, lo que se conoce como el bien común. Por eso, desde la teoría de los quiénes es tan sencillo tomar una posición, decidir en qué vereda estar y comprender quién defiende mejor nuestros intereses. Y, sobre todo, saber quiénes legislan pensando en el bien del colectivo y quiénes ponen clavos en el camino.  

jueves, 22 de diciembre de 2011

Los imperios contraatacan

Raro que los especialistas en protestar por los cortes de autopistas, calles y pasajes no hayan dicho casi nada de la manifestación de las huestes de Gerónimo Venegas. Claro, los piquetes relacionados con los estancieros no molestan tanto como los de organizaciones sociales. No es lo mismo protestar por la conquista de un derecho que en defensa de privilegios largamente disfrutados. Lo que pasa es que El Monopolio tiene tanto en qué pensar. La pérdida de credibilidad de sus productos informativos ha provocado una leve pero constante caída en las ventas del futuro ex Gran Diario Argentino; TN ya no es tan “Todos Nosotros” como antes; el armado político para las elecciones presidenciales resultó un fracaso y no sabe a cuál de los peleles catapultar para el futuro; la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual se aplica a pesar de las medidas cautelares de jueces cómplices; la nueva normativa sobre Papel Prensa acaba de ser aprobada en el Senado por lo que, en breve, todos los diarios del país comprarán el papel al mismo precio y por la cantidad que necesiten; Cablevisión está intervenida por realizar competencia desleal y la AFIP embargó al Hermano Mayor, La Nación. Muchas pálidas para un solo monopolio. Encima, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) rompe con la hipótesis del “gobierno autoritario y censor”. Con eso le sacan el latiguillo de la libertad de expresión y se quedan sin temas para el setenta por ciento de los títulos, editoriales y notas de opinión. Un poco de piedad para el monopolio en decadencia, por favor.
La CIDH, a través de uno de sus fallos, reconoció los avances realizados en nuestro país en materia de libertad de expresión y de protección de la labor de los periodistas en los últimos años. También valora de forma positiva la nueva composición de la Corte Suprema de Justicia y las modificaciones que respecto al tema ha introducido. El Tribunal, integrado por seis jueces, destacó que “toma nota de los cambios que se han producido a nivel interno en materia de libertad de expresión […] como la sanción de la Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual, así como los cambios institucionales y jurisprudenciales ocurridos en la Corte Suprema”.
Para los miembros de la CIDH, “dada la importancia de la libertad de expresión en una sociedad democrática y la elevada responsabilidad que ello entraña […] el Estado no sólo debe minimizar las restricciones a la circulación de la información sino también equilibrar, en la mayor medida de lo posible, la participación de las distintas informaciones en el debate público, impulsando el pluralismo informativo.” Esto, por supuesto, en clara referencia a la negativa del Grupo Clarín a cumplir con la “cláusula de desinversión” que fija el artículo 161 de la llamada Ley de medios, que busca evitar situaciones monopólicas. De esta manera, el organismo consideró necesario dejar en claro que “la equidad debe regir el flujo informativo”, para de esa forma “asegurar condiciones estructurales que permitan la expresión equitativa de ideas”.
Algo más preocupante que la caída del imperio informativo vernáculo es el incremento de informaciones referidas a las Islas Malvinas. No en vano los mandatarios de los países latinoamericanos se han pronunciado tanto en la CELAC como en la última Cumbre del Mercosur en defensa de la soberanía argentina sobre el archipiélago. La semana pasada fue José Mujica el que sorprendió con la prohibición de que barcos con la bandera de Malvinas recalen en puertos uruguayos. Esta bandera de conveniencia es adoptada por barcos pesqueros de empresas de capital español para acceder a zonas de mayor riqueza ictícola, además de ventajas fiscales y económicas, de acuerdo a las leyes británicas. La flota española que opera en el archipiélago atlántico es de unos 40 barcos, de los que la mitad opera bajo los colores de esa bandera.
En la reciente cumbre del Mercosur en Montevideo el presidente uruguayo José Mujica aprovechó para defender la medida al señalar que “no tenemos nada contra Inglaterra, tenemos sí mucho a favor de nuestros vecinos y sobre todo de nuestro pueblo trabajador". Durante esa cumbre, los presidentes de los países miembros se comprometieron a tomar una medida en esa sintonía. Al asumir la presidencia pro témpore del bloque del Mercosur, Cristina Fernández agradeció "especialmente el apoyo que han dado a Malvinas" los países vecinos y destacó que "no es una causa argentina, es una causa global porque se nos están llevando recursos petroleros y pesqueros". También el Senado argentino se manifestó a favor de la decisión de Uruguay a través de una declaración –cuyo proyecto fue presentado por el socialista Rubén Giustiniani- en el que se saluda la medida tomada por “el gobierno uruguayo de negar el ingreso de buques con bandera de las Islas Malvinas”.
Para el imperio británico no son buenas noticias que esos barcos no puedan hacer escala en ninguno de los puertos de la región. Por eso la reacción de los diplomáticos de la Corona fue contactarse con los embajadores de los países. En un comunicado, el gobierno de Gran Bretaña se manifestó "muy preocupado" por las medidas tomadas en el Mercosur y advirtió que esa medida no tiene "ninguna justificación". La Cancillería británica señaló además, que están "muy preocupados por este último intento de Argentina para aislar a la población de las islas Falklands (Malvinas) y dañar sus sustentos, que no tiene ninguna justificación". El enojo de los okupas británicos no se quedó en eso, sino que advirtió que "nadie debe dudar de nuestra determinación de proteger el derecho de los habitantes de las Falklands a determinar su propio futuro político".
Hace unos días, el Movimiento por la Paz, la Soberanía y la Solidaridad entre los Pueblos, Mopassol, difundió una información que puede ser alarmante y que significa una provocación. De acuerdo al comunicado de esta ONG, el gobierno británico ha confirmado que planea crear una zona de exclusión alrededor de las islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur, con el pretexto de proteger a varias especies marinas. Dicha zona, denominada eufemísticamente “el santuario ecológico más grande del mundo”, tendrá una extensión de un millón de kilómetros cuadrados y será custodiada por patrullas de la marina de guerra del Reino Unido. El argumento de la “protección ecológica” no resulta creíble ya que la potencia colonialista permitirá la pesca reglamentada, lo cual servirá para financiar el patrullaje militar de esas aguas, además de saquear las riquezas que nos son propias. Aunque el Reino Unido afirma que no va aumentar su presencia militar en las Islas Malvinas, en Mount Pleasent han establecido una importante base militar desde la cual operan aviones de caza supersónicos y submarinos atómicos.
Como en esta región no existe un poder militar que signifique un peligro, la presencia armada de un país miembro de la OTAN en el Atlántico Sur sólo puede tener carácter agresivo. Además, entre febrero y marzo próximos, llegará a la zona el príncipe William, segundo en la sucesión al trono británico, a realizar parte de su entrenamiento militar durante seis semanas en la Fortaleza Malvinas. Cuando en la última Asamblea de la ONU, CFK anunció la posibilidad de suspender los vuelos de Lan Chile con escala en Río Gallegos y destino insular, no estaba desatando un conflicto, como muchos medios locales trataron de instalar. La Presidenta estaba respondiendo a una agresión que lleva décadas de complicidad externa, pero también interna. Los reclamos de CFK sólo pasan por sentarse a dialogar y no a provocar una guerra. Es de no creer, pero a las palabras responden con material bélico. ¿Será que no tienen argumentos y por eso gritan de esta manera? Mientras el monopolio ve debilitarse su imperio mediático, el Imperio Británico despliega su arsenal para defender lo que sólo ellos defienden. Parece que los tiempos de la colonia están llegando a su fin, no sólo desde lo geopolítico. También los colonizadores ideológicos están perdiendo su poder.


martes, 20 de diciembre de 2011

Los inconfundibles que confunden

Existen muchas maneras de conmemorar el décimo aniversario de la crisis del 2001. Algunos recordarán a los muertos por la represión; otros harán hincapié en la reacción de un nutrido grupo de personas que expresaron el hartazgo ante tanto atropello corporativo y político; estarán los que, en memoria de lo que en aquellos tiempos podían hacer con impunidad, intentarán fugar alguna suma simbólica de dólares. Uno de los bancos protagonistas en aquellos tiempos del saqueo a sus clientes decidió premiar a quienes usaron su tarjeta este 19 y 20 de diciembre con un descuento de hasta 35 por ciento de sus compras. Más que un beneficio, parece una devolución. Alguna vez pueden sentir cargo de conciencia. Otros no sienten nada. Cavallo anda suelto por la vida dando lecciones de economía en cuanto corral lo convoquen, sin que un solo músculo exprese un ápice de vergüenza. Pero los que nunca sienten vergüenza ni saben qué significa eso son los confundidores de siempre, los que con sus declaraciones o sus tapas tratan de construir una realidad que no es ni por asomo lo que ocurre en realidad. El proyecto de ley que convierte en interés público la producción y distribución de papel para diarios, que ya tiene media sanción en la Cámara de diputados y con seguridad será aprobado en el Senado, ha despertado una serie de tentativas diversas para sembrar en la opinión pública el desconcierto.
En el colmo de la incomprensión y el desconocimiento o como prueba de que necesita con urgencia unos cuantos meses de vacaciones, el ex gobernador de Santa Fe, Hermes Binner desplegó un abanico de incoherencias durante una entrevista en LT8 de Rosario, con el único fin de oponerse y coquetear, tal vez, con los poderes fácticos. Aunque el año pasado había calificado como “positivo” el proyecto que CFK había enviado al Congreso, ahora afirma que “declarar de interés público la producción de papel es prácticamente declarar el insumo fundamental para el periodismo gráfico”. Si el lector no entiende la cita anterior, el escriba tampoco, pero es una muestra evidente del hablar sin tener idea de lo que decir, como la cita que sigue: “en el caso de Papel Prensa no lo acompañamos. Tenemos otra concepción sobre la necesidad de garantizar el papel para todos los medios en igualdad de condiciones para que haya una real libertad de expresión”. Eso es lo que busca garantizar el proyecto de ley aprobado en el Congreso, precisamente.
Confundido al extremo, el ex anestesista declaró que le parecía “importante el proyecto que presentó en su momento Mónica Fein, ex diputada nacional y actual intendenta de Rosario, en el sentido de que si no es suficiente el papel que se produce en el país para abastecer la demanda, que se importe a tasa cero”. O tiene mala intención, mala memoria o mala información porque desde el año pasado el papel se importa a tasa cero por decisión del Secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno –demonizado por eso en Clarín y La Nación- y el proyecto sancionado en Diputados se orienta en el mismo sentido. Cabe preguntarse si no sería mejor cerrar la boca antes que decir tonterías. Y esto no es censura, sino una solicitud de seriedad.
Pero la tapa de la edición dominical del diario Clarín el 18 de diciembre merece ocupar un lugar de honor en el museo de la manipulación informativa. Esa tapa en blanco con la cita del artículo 32 de la Constitución Nacional resulta tan vergonzosa que hasta colegas de otros diarios salieron a cuestionar tanto cinismo. Mi abuela decía: “grita el que no tiene razón”. Y esta portada del Gran Diario Argentino es un grito irracional de desesperación. Beneficiarios, cómplices y apologistas de la dictadura jamás recurrieron a citas de la Carta Magna ante los crímenes atroces que cometía un gobierno autoritario en serio. Ahora, cuando un gobierno democrático a través del Congreso intenta corregir un desequilibrio en el acceso al papel para diarios, apelan al argumento constitucional para denunciar lo que los accionistas mayoritarios de la empresa Papel Prensa han realizado a lo largo de tres décadas: distribuir a su antojo el papel, premiar a sus cómplices y castigar a sus competidores. Para que quede clara la paradoja, han sido ellos los que incumplieron durante treinta años el artículo de la Constitución que citan y un par más que omitieron.
Luis Galli es el CEO del grupo UNO, con diarios en Mendoza, Santa Fe, Entre Ríos y San Juan. Según Galli, cada uno o dos meses llamamos a Papel Prensa para que no se olviden de nosotros, la respuesta siempre es la misma, para ustedes no hay cupo”. El diario UNO de Mendoza compite con el diario Los Andes, asociado al Grupo Clarín. De más está decir que Los Andes no tiene ningún inconveniente a la hora de conseguir la cantidad de papel que necesitan para sus ediciones. Así lo explica el CEO: “el diario Los Andes compite de manera desleal con nosotros. El socio de este diario es Clarín, con lo cual le proveen el insumo básico desde Papel Prensa a un precio mucho más barato que el valor que debemos pagar nosotros en el exterior”.
Con esa tapa en blanco, lo que el diario Clarín hace es apelar a su tan viejo truco del gobierno autoritario, truco gastado por el uso y abuso y por su inconsistencia. Para los poderes fácticos es autoritario todo gobierno que no alimenta su voracidad y que pretende limar los privilegios de los que todavía siguen gozando. Por eso también recurren al latiguillo de “congreso exprés” por la celeridad con que se aprueban las leyes, desconociendo –manipulando para el público- el proceso de discusión y debate que se concreta en las comisiones parlamentarias. Este proyecto fue presentado el 24 de agosto del año pasado por La Presidenta, impulsado en comisiones por la diputada Juliana Di Tullio, discutido en audiencias públicas con más de cien dueños de medios del interior del país, entre otros participantes y con la ausencia de representantes de Clarín y La Nación por decisión propia, obtuvo despacho por mayoría antes de ser enviado a la Cámara Baja y fue aprobado por 134 diputados. ¿Eso es autoritario para los cerebros de Clarín y La Nación? ¿Eso es exprés para los creativos de estos diarios y sus satélites?
No cabe ninguna duda: quieren agitar las calmas aguas de los últimos días del año. Con esa tapa quieren convocar al público cacerolero, reeditando el éxito de la movilización en contra de la resolución 125, conseguido a fuerza de manipular, falsear y mentir. Para defender sus intereses económicos engañan a su cada vez más reducido público. Para mantener sus privilegios, dan por tierra con todos los principios éticos del periodismo. Para desestabilizar a un gobierno elegido por el pueblo hasta se olvidan de informar, que es la misión fundamental de un diario. Pero ya no lo consiguen. Hasta los lectores que insisten en alimentar sus prejuicios con tan degradado pasquín no se dejan llevar por sus cínicos exabruptos.
Ahora tienen un chiche nuevo: la intervención co asociada de la empresa Cablevisión en respuesta a un pedido de la Justicia Mendocina. Todavía no entendieron o están provocando, pero son válidas estas medidas para satisfacer ambas opciones. El imperio de la bestia está en su ocaso y el último bastión del pasado está pronto a desmoronarse.

domingo, 18 de diciembre de 2011

2001: el big bang criollo

No es demasiado original afirmar que diciembre de 2001 significa en el imaginario la peor crisis de que se tenga memoria. En los números, también. Este Apunte tendrá como objetivo contar algo de esa historia y también compartir las impresiones que este ignoto profesor de provincias pudo recoger de esos dramáticos días y las reflexiones actuales sobre lo que sucedió. Cabe aclarar que en aquellos tiempos no se tenían muy en claro los motivos de la crisis que se avecinaba. En pleno neoliberalismo no se podía advertir por qué el agua –para no abusar de la escatología- se estaba aproximando al cuello. De la Rúa no había sido votado por la mayoría para cambiar las reglas del juego, sino para terminar con la macabra fiesta de corrupción y derroche que había instalado el populismo menemista. Porque aquello sí era populismo, pues las autoridades se exponían ante la opinión pública disfrutando de manera bestial las imposibilidades de la mayoría: riqueza, mujeres, deportes, festicholas. Era como la proyección promiscua de un deseo superficial y machista. La mayoría pensaba que con menos corrupción el país andaría mejor. Pero no. De tropiezo en tropiezo. De error en error. La especulación financiera es un vampiro que absorbe hasta la última gota de sangre, sólo para pedir más; es un monstruo que devora hasta las últimas migajas y después pide otro plato; es desaforado y brutal, ciego y destructivo, un carroñero ávido e insaciable. Y si la política está ausente, traspasa todos los límites éticos. Ni la vida perdona.
En aquel entonces era muy difícil imaginar una Argentina mejor. Nuestro país era “este país” como un mecanismo de defensa, como un grito desesperado, como una renuncia a toda pertenencia y responsabilidad. Cualquier país era mejor y de “éste” no se podía esperar nada. Tampoco podíamos hacer nada por él, más que abandonarlo. Porque ni siquiera nosotros servíamos, de tan degradados que estábamos, con la autoestima por el suelo. Un poquito de orgullo sentimos cuando encarcelaron a Menem, aunque haya sido en la casa quinta de su amigo Gostanián. Allí seguía de fiesta, pero en cana. Por lo menos no podía salir y para la mayoría, eso era suficiente. Y tan suficiente era, que parecía una luz de esperanza para enderezar las cosas. Pero no. Ni como símbolo sirvió. El monstruo quería más. Y el siervo que oficiaba de presidente, continuaba sirviendo la mesa del festín. Cambiaba las figuritas en los ministerios para conformar a la bestia, no para buscar el bienestar de los ciudadanos. Todos eran tecnócratas obedientes. O peor aún, cómplices. El incremento del desempleo, el aumento del número de pobres, la caída del consumo interno no eran señales de deterioro para la clase política ausente sin aviso. Para los ciudadanos, sí, pero no sabíamos hacia qué lado mirar. Cualquier opinión contraria a lo que se estaba haciendo –hundir cada vez más un país inhundible- era desestimada por contener la ideología que había quedado sepultada en el famoso derrumbe de Berlín, en el que parece que nada tuvo que ver el Jefe de Gobierno porteño, aunque siga sosteniendo ese no-pensamiento.
“La única salida es Ezeiza”, decían los derrotados que se podían ir. “Soldado que huye sirve para otra guerra”, decían también. “El último que apague la luz” circulaba como broma pesadísima. “Parecemos cautivos” clamaban los que no podían escapar. “Las ratas son las primeras que abandonan el barco que se hunde” sentenciaban los que resistían pero, en el fondo, los envidiaban. “Nadie me va a echar de mi país” declaraban unos pocos valientes. Los canales de televisión mostraban conmovedoras entrevistas a los migrantes que, con indignación, impotencia y congoja, se tragaban las lágrimas mientras trepaban al avión. Muchos de esos canales eran cómplices y beneficiarios de ese monstruo que estaba destruyendo millones de vidas, esos que hoy se rasgan las vestiduras en defensa de la libertad de expresión cuando las autoridades democráticas quieren limitar sus cuantiosos privilegios. En aquellos tiempos no establecíamos esas relaciones. Si apenas nos bastaba con sobrevivir.
Ante la crisis que se avecinaba, el equilibrado presidente convocó a Cavallo para terminar de pisotear con sus cascos desempolvados y brillosos nuestra dignidad ya largamente pisoteada, para entregar el último bocado a la bestia siempre hambrienta. Con una fingida mueca de resignación, que escondía su sonrisa satánica, este hacedor de calamidades anunciaba ajustes y recortes a los sectores que no habían disfrutado de ninguna fiesta. Y a principios de diciembre, nos acorraló. Privó a la población bancarizada de su dinero. Porque no sólo se apropió de los ahorros, sino también de los sueldos, que se podían extraer en incómodas e insuficientes cuotas semanales. Castigó a los ciudadanos por la avidez de los carroñeros. Para calmarlos, debía darles más. Y mientras más recibían, más angurrientos resultaban.
Y después vino la explosión, el hartazgo, el ‘basta’ que cada tanto sale de los pueblos que se saben dominados. Un ‘basta’ que no involucraba sólo a De la Rúa, el experto en huídas. Porque aunque no estaba tan claro en la calle, en cierta forma se sabía que el presidente volátil no tenía la suficiente capacidad para provocar él solito tanto daño. La crisis era un resultado, no un principio. Que no supo anticiparla y menos aún resolverla, es sabido. Que no la había comenzado, también. Pero lo que sí hizo es ponerle un macabro broche de oro como adorno a tanta entrega. A la distancia –y por el absurdo- sin De la Rúa que nos empujó hasta el fondo con su torpeza e indefinición política, la sangría –en dosis no desaforadas- hubiera continuado eternamente. Con De la Rúa y Cavallo quebramos como nunca. Y también nos enojamos.
La frase “que se vayan todos” marca el extremo de ese hartazgo; y también de la incomprensión. Incomprensión que se trasladó a las autoridades que, después de probar unas cuantas fórmulas de rigor -como la represión, el estado de sitio, el homicidio- tomaron al pie de la letra el mandato popular y lisa y llanamente, se fueron. En realidad, nos abandonaron en el peor momento y nos dejaron de la peor manera.
Diez años apenas. Y hoy las cosas son tan diferentes. Ya no se piensa sólo en sobrevivir, sino en reparto de ganancias, incremento de vacaciones y aumento de salarios. La desocupación es de un dígito y el trabajador va recuperando derechos y dignidad. Está por terminar este año –muy bueno en muchos sentidos- y todos confían en que el próximo será mejor. Parece lejana la premura por dejar atrás un año pésimo en espera de uno menos cruento. Desde hace un tiempo sabemos que cada vez estamos mejor y seguiremos así mientras no nos desviemos del sendero solidario y colectivo que estamos transitando.
Para alejarnos aún más de los agitados y terribles días de diciembre de 2001 –el big bang criollo- quedan algunos pasos pendientes, como la Ley Penal Tributaria –“traje a raya para los evasores”, como decía Kirchner-, con media sanción en Diputados y la Ley de Servicios Financieros. Esta última reemplazaría a la norma de la dictadura conocida como Ley de Entidades Financieras, que es la que permitió el drenaje de nuestras divisas por más de 30 años. Uno de los proyectos propone convertir a los bancos en instrumentos del desarrollo para dejar de ser un arma para la especulación. Que el sistema financiero sea un servicio y no un drenaje. Otra ley que tiene media sanción es el Nuevo Estatuto del Peón Rural, largamente resistida por las entidades patronales y –pedazo de paradoja- por el sindicato que representa a los trabajadores del campo.
La democracia, recién ahora, se toma el trabajo de corregir esas distorsiones, dicho con elegancia. Lo mismo pasó con la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y la que se aprobó en Diputados para considerar la fabricación de papel para diarios una actividad de interés público y no un arsenal de ventajas para sus accionistas mayoritarios. A través de la empresa Papel Prensa –obtenida de manera irregular y con delitos de lesa humanidad de por medio- Clarín y La Nación “se venden” el papel a precio privilegiado, estafando de esta manera al Estado, también socio, y desfinanciando a diarios y periódicos que deben comprar más caro el papel y en cantidades dosificadas.
En diciembre de 1983, el recién asumido presidente Raúl Alfonsín declaraba que la democracia bastaba para reparar las injusticias de la dictadura que el país despedía para siempre. Pero eso no basta. En los años que siguieron hasta el 2001 la democracia fue un simulacro y los políticos simulaban ser demócratas, aunque en realidad eran los mozos del festín de los poderes fácticos. La explosión del 2001 no se puede comprender si no se rastrea el origen del neoliberalismo en nuestro país: el 24 de marzo de 1976 o unos meses antes, tal vez. Entonces empieza la sangría y los actores políticos en democracia no pudieron frenarla sino que contribuyeron a incrementar el drenaje.
Algunos dicen que no hay que mirar el pasado, sino el futuro. No conviene escucharlos pues sus voces son cantos de sirena que producen desvíos destructivos. Y muchos dicen eso por complicidad y algo de nostalgia. Para andar con paso firme hay que saber de dónde venimos y hacia dónde vamos. Son condiciones para mantener un rumbo que nos aleje para siempre de todas esas pesadillas.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Un GPS para el camionero

Cuando las pantallas del televisor mostraron el rostro feliz de Mauricio Macri ante los dichos de Hugo Moyano, el título de este Apunte se escribió solo. El discurso del Secretario General de la CGT resultó útil para fortalecer la desabrida hipótesis del Jefe de Gobierno porteño sobre la necesidad de diálogo y búsqueda de consenso que tanto pregona. Sólo eso bastaba para confirmar el error que está cometiendo el líder sindical al bajarse del colectivo K para sacudir el parche de los tambores de guerra. No significó para él una señal de alarma que Luis Barrionuevo se sienta tan cerca que hasta piense en una CGT unificada. No dudó un instante cuando los diputados de origen sindical se negaron a votar a favor del Estatuto del Peón de Campo, en sintonía con Gerónimo Venegas y las patronales rurales. Tampoco cuando apoyó la rebeldía inconsistente del personal de servicio técnico de Aerolíneas Argentinas. Ahora que Mauricio se pone de su lado, ¿mantendrá su posición belicosa hacia La Presidenta?
El líder del PRO deslizó ante las cámaras una sugestiva comparación de esta posible crisis de la dirigencia sindical con la rebelión de los estancieros de marzo de 2008. El delirio de esta analogía es imposible de sostener. El apoyo que obtuvo CFK en las urnas indica una relación de fuerzas muy diferente a la de aquel entonces. Los medios que entonces fogonearon el conflicto hoy tienen menos incidencia en el público. Y los logros de gestión inclinan la balanza a favor del Gobierno Nacional. Además, la imagen de Moyano nunca resultó atractiva para los medios hegemónicos, sino todo lo contrario. Si en los próximos días los programas periodísticos de TN invitan como figura protagónica al camionero, la movida resultaría tan obvia que ni el más rabioso opositor se la creería. Ya es un espectáculo circense que Barrionuevo, Venegas, Zanola y otros más tengan conceptos floridos hacia el líder de la CGT. Que Nelson Castro, Eduardo Van der Koy y Joaquín Morales Solá hagan lo propio significaría un adelantamiento muy grosero de los festejos de carnaval.
Esta ruptura pública de Moyano con CFK no puede justificarse por las diferencias que han manifestado con respecto a la necesidad de una ley que reglamente el reparto de las ganancias empresariales con los trabajadores, de acuerdo como se establece en la Constitución Nacional. La Presidenta no se opone a ese derecho constitucional, sino que no ve la necesidad de una ley. Ella sostiene que puede resolverse a través de las negociaciones paritarias, algo que dejaría en desventaja a los gremios menos influyentes. Tampoco hay un acuerdo respecto al pago del impuesto a las ganancias por parte de los trabajadores. Y el problema no se reduce sólo a la cifra del mínimo no imponible, sino al concepto de ‘ganancia’ aplicado a un asalariado. Que estas diferencias conduzcan a una ruptura, es por demás de absurdo.
Una de las posibilidades para comprender esta actitud es la necesidad de aliarse con ciertos sectores del peor sindicalismo para renovar mandato al frente de la CGT. En estos meses que faltan para las elecciones en la central sindical, Moyano quiere modificar los estatutos para que sean los trabajadores los que voten al Secretario General, hasta ahora elegido por las cúpulas gremiales. Tanto para renovar mandato como para modificar los estatutos, necesita el apoyo de otros sectores por fuera del moyanismo. Otro elemento a tener en cuenta es la intención de formar un partido político con raíces sindicales, a la manera del PT de Lula, ofendido por el poco protagonismo en las listas de diputados y senadores en las últimas elecciones. Si todo es una puesta en escena para lograr objetivos más personales que colectivos, hay riesgos de que la comedia pueda llegar a convertirse en drama, sobre todo por los siniestros personajes que se están colando en el escenario.
La renuncia al PJ es el símbolo más acabado de su desorientación. No sólo abandonó un cargo, sino que desestimó un contenido. Declarar que el peronismo es hoy una cáscara vacía cuando hace apenas unos meses afirmaba que el kirchnerismo había reformulado las banderas históricas del movimiento iniciado por Perón y Evita, es estar muy a la deriva. Tal vez sea demasiado considerar que el kirchnerismo sea una etapa superadora del peronismo, pero que es un movimiento que lo incluye, eso es seguro. Tampoco es descabellado afirmar que fuera del kirchnerismo está Duhalde, De Narváez, Reutemann, representantes más de una deformación -casi negación- del movimiento iniciado a mediados del siglo pasado. Sería interesante saber cuántos de los que escucharon ayer a Moyano en el estadio de Huracán coincidían plenamente con las palabras del orador; cuántos, a la hora de optar por el líder cegetista, son conscientes de que eso significa alejarse de la mandataria que más ha hecho por los trabajadores y las clases más vulnerables en las últimas décadas. A la hora de elegir, cuántos de esos asistentes al acto de Huracán están dispuestos a desviar el inconfundible rumbo de esta nueva Argentina que estamos construyendo.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

La amenaza fantasma

El acto del jueves en el estadio de Huracán en conmemoración del día del camionero está generando las especulaciones más disparatadas. Algunos apuestan a que Hugo Moyano se declare un ferviente opositor al gobierno de Cristina y, con el objetivo de renovar su mandato al frente de la CGT o de construir un partido político propio, se alíe a los sectores más reaccionarios de la vida política argentina. Las diferencias que tiene el Secretario General con CFK no pueden conducirlo de manera alguna a estar en sintonía con otras voces del sindicalismo, como las de Barrionuevo o el “momo”. Estos personajes ligados al duhaldismo más temible afirman que el gobierno está a punto de vulnerar conquistas sociales históricas de los trabajadores. No hay posibilidades siquiera de pensar en estas cuestiones en el actual contexto político de nuestro país, sino todo lo contrario. El compromiso de La Presidenta es muy claro y lo confirma en cada una de sus intervenciones públicas. Pero, frente a una oposición desarticulada después del indiscutible triunfo del 23 de octubre, las disidencias internas se tornan más visibles.
Un representante real de los trabajadores no puede dudar ni un instante a la hora de elegir un proyecto de país que, seguramente, recibió la adhesión de la mayoría de sus representados. El jueves, Moyano podrá plantear la necesidad de abordar temas en los que mantiene diferencias con CFK, como el aumento del mínimo no imponible, la ley de reparto de ganancias o la discusión por el porcentaje de aumento salarial en paritarias, pero nunca manifestará un cambio de rumbo. Estos desacuerdos no pueden constituir oposición. Cuanto mucho, el acto de Huracán deberá ser considerado más una bravata que una amenaza. Un viento más o menos intenso frente al huracán cristinista.
Aunque el tercer ciclo del kirchnerismo recién comienza y la sintonía fina está en pañales, las transformaciones que se han realizado en estos ocho años ya se tornan evidentes. Más aún en comparación con el otro modelo en pugna de cara al 2015, el del PRO en la CABA. La gestión de Macri en la ciudad de Buenos Aires es una maqueta de lo que ocurriría en el país de acceder a la presidencia. También es un huracán, pero privatizador de lo público y demoledor de la historia. Tal vez pueda considerarse un símbolo la demolición de la última casa de Alfonsina Storni en el barrio de Flores, a pesar del pedido de los vecinos y de la justicia para preservar esa construcción como patrimonio cultural. Pero nada sabe Mauricio de esas cosas si no puede traducirse en dinero. El veto a la ley de la legislatura porteña para incorporar a los cuida coches -llamados trapitos- como actividad regulada y formal también constituye un símbolo. No estamos de acuerdo con que se le cobre a la gente por estacionar en lugares que son gratis y mucho menos con una ley que ni siquiera dice la tarifa”, dijo el jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, en una justificación del veto. Gratis por ahora, porque está en estudio la ampliación de la zona de parquímetros. Para el modelo PRO es mejor que una empresa cobre veinte pesos por estacionar en la calle y no que un trabajador informal se lleve cinco. La gente como uno -nuestra gente, como le gusta decir a Mauri- prefiere el negocio antes que la inclusión.
El Ministerio de Educación de la Nación, junto con la ANSES, entregó hace unos días la netbook número 1800000. Estos aparatos forman parte del plan Conectar Igualdad y son fabricados en nuestro país con trabajo argentino. El modelo PRO también repartió netbooks a los estudiantes, pero a través de un acuerdo con una empresa ligada al grupo Noble y a un costo que triplica las entregadas en el resto del país. A cambio de eso, los medios periodísticos ligados al grupo –Clarín, Canal 13, TN y La Nación, entre otros- presentan al público una imagen casi angelical del Jefe de Gobierno, construyendo una burbuja de protección e impunidad ante sus numerosos yerros. Un quid pro quo que sintetiza un estilo de gestión que merece ser desechado.
Mientras el modelo PRO continúa aumentando los subsidios a la educación privada en detrimento de la pública, el Censo de Evaluación de Aprendizajes 2010, realizado por técnicos de la Universidad Nacional de Buenos Aires entre estudiantes secundarios del último año desde 2007, "reveló mejoras sustantivas en la calidad educativa", anunció el ministro de Educación, Alberto Sileoni. El funcionario agregó que "el censo apuntó a producir información sobre factores escolares y extraescolares que pueden incidir en los desempeños". Esto significa que la inclusión, a través de la AUH y del incremento de puestos de trabajo, entre otras transformaciones, tiene un efecto positivo en el aprendizaje de los niños y adolescentes.
Mientras el Jefe de Gobierno porteño se compromete a lograr la unidad de todos los argentinos desde la aldea que rodea al obelisco, impulsa medidas que institucionalizan la exclusión de los que menos tienen y favorece a los sectores más poderosos de la economía desde el estado municipal. Los nuevos emprendimientos edilicios apuntan más a constituirse como murallas que separen a ricos y pobres antes que a resolver los problemas habitacionales. Su única medida revolucionaria es el uso de la bicicleta y no porque esté convencido que de esta manera contribuye a un ambiente más ecológico, sino porque está bien visto en la clase media alta pertenecer a la onda verde.
En tanto, desde el Gobierno Nacional, el discurso y la acción son puro compromiso. La obra pública y la educación no son considerados ‘gastos’ al estilo de los noventa, sino como inversión pública. Y eso se nota en el aumento presupuestario de estos tópicos. Las transformaciones emprendidas con verdadero entusiasmo tienen un profundo sentido de futuro porque son deudas históricas. Los resultados del censo educativo son alentadores no sólo porque se ha aumentado notoriamente la inversión sino porque se ha modificado el contexto en el que los chicos estudian. En los últimos años, desde el Gobierno Nacional hay un reconocimiento a los logros científicos y culturales y eso se traduce en una notoria valoración social, no acompañada por los grandes medios de comunicación, que siguen exaltando éxitos individuales y divorciados de todo esfuerzo. Aunque todavía falta mucho, es mucho lo que se ha realizado. Y lo más importante es la firmeza con que se ha trazado un rumbo que apunta a lo solidario y colectivo.
Entre el modelo marketinero, excluyente y mercantilista que despliega sin pudor el PRO y el modelo nacional y popular, colectivo, inclusivo y transformador del huracán K hay diferencias ineludibles. Y estas diferencias no pasan inadvertidas para el Secretario General de la CGT. El acto de Huracán revelará cuál es el camino que toma el camionero. Frente a los casi ochenta mil asistentes que se calculan, Hugo Moyano dará cuenta del porqué de su faltazo al acto de asunción de La Presidenta. Si es como dicen sus allegados por el luto ante el reciente fallecimiento de su hijo o, como especulan los oscuros depredadores mediáticos, porque están comenzando a sonar los lejanos tambores de guerra. Sin embargo, este ignoto profesor de provincias autor de estos Apuntes, está convencido de que a Moyano le queda mejor andar en colectivo que probar con la percusión.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Los anteojos giradores y el faltazo de la semana

Si Ricardito no hubiera estado jugando con sus anteojos durante el discurso de asunción de CFK, la ausencia de Hugo Moyano se habría hecho más notoria. En realidad, nadie hubiera sospechado que el ex candidato a presidente por la UDESO tuviera esas habilidades: ni una vez se le cayeron. En unos cuantos años, tal vez sorprenda a la opinión pública resolviendo solito una cara del cubo mágico. La política es así. Las luminarias opositoras desplegaron sin pudor críticas a los setenta minutos de compromiso testimonial de Cristina y ni una palabra sobre los diecinueve minutos inconsistentes del Jefe de Gobierno porteño. Pobrecitos, son tan obvios. Y casi todos coincidieron en los puntos flojos que tuvo su discurso. No habló de la inseguridad ni de la inflación. Claro, tampoco dijo nada sobre el re-estreno remasterizado de “El Padrino”. Pero lo más gracioso es que muchos de esos perdedores profesionales cuestionaron que La Presidenta no habló del futuro. Sí habló del futuro, pero, como decía mi abuela –y muchas otras- no hay peor sordo que el que no quiere oír. Por si no se enteraron, en los próximos cuatro años se profundizará lo que se hizo en los ocho anteriores. Y eso es más futuro de lo que ellos pueden siquiera soñar.
Pero volvamos a lo importante: la ausencia del Secretario General de la CGT, Hugo Moyano. Para muchos este hecho puede alimentar las más variadas especulaciones. Pero no tanto por el dato visible –cortocircuitos entre el líder sindical y CFK- sino por los motivos que pueden inspirar un mensaje tan claro. En otras palabras, qué planea hacer en el futuro el camionero. El jueves encabezará un acto en el estadio de Huracán y hasta entonces, lloverán las versiones, motivos y excusas. Lo importante es que no estuvo en un momento trascendental para la mayoría de los ciudadanos; no acompañó con sus huestes la explosiva y jubilosa fiesta que se vivió en las calles; no se dignó, cuanto mucho, a explicar su faltazo. La cuestión no pasa tanto por lo que pueda aportar al proyecto en marcha, sino porque su presencia hubiera alejado fantasmas de conflictos en el corto y mediano plazo. De acuerdo a sus allegados, cuando Hugo rompe con una mujer, es para siempre. Más allá de lo ridículo que suene esta frase de culebrón en medio de los festejos que iluminaron el último fin de semana largo, Moyano puede provocar algunos sacudones mediáticos.
En primer lugar, vale aclarar que cualquier acción que emprenda el camionero no lo llevará a cruzar de vereda y mucho menos aliarse con los adversarios –es un decir- del Gobierno Nacional. Moyano debe ser una persona de buen comer –y eso se nota- pero el variado y abundante menú no incluye el vidrio. Ninguna disidencia que pueda tener con La Presidenta lo conducirá a desconocer el compromiso de este proyecto con los trabajadores y los sectores más vulnerables. Seguramente, muchos de sus seguidores y representados formen parte del 54 por ciento que se hizo visible el 23 de octubre. Por eso, el variopinto frente opositor no puede ilusionarse con sumar a don Hugo a sus filas. Cuanto mucho, podrán observar el cruce verbal entre uno y otra como cualquier espectador del dúo Pimpinela.
En segundo lugar, es posible tener en cuenta el futuro que se le presenta de cara a la renovación de autoridades de la CGT a mediados de año y las intenciones de probar suerte en la arena política con vistas a la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Si se decide por renovar el mandato, se quedará encerrado en la representación sindical con pocas posibilidades de saltar a un cargo mayor. En cambio, si sus miras están puestas a convertirse en sucesor de Daniel Scioli, debe proyectar su imagen hacia otros sectores de la sociedad. Y todo esto sin enfrentar a Cristina, sino todo lo contrario. Como sindicalista, podrá plantear disidencias. Como futuro gobernador, no.
Hugo Moyano sabe que si se aparta de este proceso, se está alejando de una construcción colectiva; también sabe que su personaje no puede canalizar la voluntad popular por fuera de este proyecto; sabe que para hacer un aporte mayor a esta construcción colectiva debe dejar de representar sólo los intereses sectoriales y sindicales y pasar a un plano de representación mayor. En síntesis, no puede romper con un gobierno de claras raíces populares pero, con una actitud rupturista tampoco podrá encarnar un proyecto personal de construcción política.
Pero Cristina tampoco incluye el vidrio en su dieta y una ruptura con Moyano puede significar serios zigzagueos. Por eso también espera que Hugo Moyano dé un paso al costado en la conducción de la CGT para que accedan algunos referentes menos desgastados ante la opinión pública y sin pretensiones mayores.
Juan Carlos Schmid, integrante de la mesa chica moyanista de la CGT, desplegó algunas críticas al discurso de la Presidenta en el acto de asunción. “Cuando agradece a todos los compañeros que aguantaron en las calles, a pie firme, en momentos muy difíciles de esta gestión, tiene que mencionar a los trabajadores”, puntualizó, porque “ahí también estuvimos nosotros tratando de sostener este proyecto nacional y popular”. Pero se preocupó por descartar enfrentamientos o ruptura con el Gobierno Nacional. La Presidenta fue muy clara en ese agradecimiento que incluye a los trabajadores, aunque no los haya nombrado.
“Quiero dar las gracias –comenzó Cristina- a los millones de argentinos que confiaron en este proyecto nacional, popular y democrático y en esta presidenta como la persona capaz de llevarlo adelante con la ayuda del resto de los argentinos. Porque quiero también que sepan que sin la ayuda del resto de los argentinos, una presidenta sola o un grupo de hombres y mujeres solos, tampoco pueden. Quiero dar las gracias, también, si se me permite aquí, a mis compañeros y compañeras; a los que resistieron a pie firme en la calle y sentados en estas bancas los momentos más difíciles que nos tocaron vivir como gobierno y como movimiento político… a los que no desmayaron; a los que no defeccionaron; a los que creyeron que valía la pena luchar por los ideales y las convicciones”. Si esperaban la lectura de un listado detallado, CFK todavía estaría hablando ante la legislatura.
Aunque las diferencias con la cúpula de la CGT pasen por la ley que reglamente el derecho constitucional del reparto de las ganancias empresariales y la baja del mínimo no imponible, además de un incremento de los días de vacaciones para los empleados, no por esto se puede hablar de una ruptura. “Por eso pido a todos los sectores –dijo en un tramo de su discurso- que no escupamos al cielo, porque no es buen método y nunca nos ha dado resultado a los argentinos. Cuidemos lo que hemos logrado en estos años…”
 El 54 por ciento realizó el mandato popular de ir por más. Y ese compromiso fue muy claro en la misma noche del 23 de octubre cuando declaró no ser neutral. Todas sus decisiones tienen como esqueleto la construcción colectiva y el beneficio de la mayoría. La contundencia de estos puntos serán la clave para consolidar lo que se ha logrado hasta ahora y avanzar sin tropiezos en lo que todavía falta. A esta altura del partido, ni siquiera hace falta confiar.

Creer para reventar

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