miércoles, 8 de febrero de 2012

Una oportunidad a la razón

Un príncipe, un submarino, un destructor. Nada les da la razón, por más que se empeñen en demostrar agresividad y fortaleza. Exhiben las armas más modernas para sostener una actitud decimonónica, del absoluto pasado, de la Historia superada. En enero de 2013 se cumplirán 180 años de la usurpación de las Islas Malvinas y el Gobierno Nacional ha emprendido un camino vigoroso para torcer uno de los mayores ultrajes a nuestra soberanía. Ante representantes de todos los sectores, CFK desarrolló un plan de acción para descolocar una vez más a la diplomacia –es un decir- británica en su negativa para negociar la devolución de las islas. El decreto N° 200 ordena la desclasificación del informe Rattenbach y todos los archivos y documentos relacionados con él y crea una comisión asesora para la elaboración de un informe que desvincule a la sociedad argentina de la aventura bélica emprendida por la Junta Militar encabezada por Galtieri.  Aunque resulta imposible justificar una guerra -y más aún en el contexto en el que se produjo y los motivos por los que se la llevó adelante- es de una hipocresía absoluta negarse a dialogar escudándose en esos tres meses de beligerancia.
En aquel entonces –abril de 1982- hacía casi 150 años que las islas estaban ocupadas por la corona británica. Un siglo y medio de ocupación también es violento, es provocación, es declaración de guerra… y mucho más que ochenta días. La Geografía y la Historia nos dan la razón. La Geopolítica también. Y por si fuera poco, la diplomacia desplegada a lo largo de los últimos años ha convertido la ocupación británica de las islas en una cuestión regional, en un ultraje a toda Sudamérica, en una acción que violenta y amenaza la columna vertebral de la Patria Grande. La razón está de este lado y se impone con más fuerza que príncipes, submarinos y buques. Que con las fintas y gruñidos la Corona quiere distraer a sus súbditos de la crisis económica y social por la que están atravesando es un asunto puertas adentro que no debe entrar en esta discusión. No es simétrico el caso, como se ha tratado de instalar desde algunos medios británicos y dóciles servidores de estas latitudes. La recuperación del control de las Islas es un mandato constitucional y, por lo tanto, debe ser una política de Estado. Que la causa “Falklands” se haya reforzado en Inglaterra desde el interior del ejército para que el presupuesto militar no se vea reducido pasa pura y exclusivamente por cuestiones domésticas del Imperio. Las libras son de ellos. De este lado no se ha destinado un solo peso para fortificar nuestras defensas. “No nos atraen los juegos de armas ni las guerras” expresó CFK en su discurso del martes. Todo está de nuestra parte y ahí está la fortaleza de la posición del Estado Nacional.
Ahora bien, existe una causa de los ingleses que afecta nuestros intereses y se relaciona con el petróleo. Desde hace doce años las reservas petroleras del Mar del Norte apenas alcanzan para satisfacer la demanda interna y el Reino Unido se verá, en breve, obligado a importar crudo. Desde 1965, la British Petroleum extrae el crudo en la plataforma Sea Gem hasta alcanzar el máximo de seis millones de barriles diarios en 1999. Desde entonces, la producción no ha parado de caer. De acuerdo a datos de la CIA –que presenta estimaciones de la producción de petróleo en distintos países- la producción británica rondaba los 2,5 millones de barriles al día en 2003 y el año pasado, apenas alcanzaba a 1,5. La producción está al límite de la demanda que ronda los 1,6 millones de barriles diarios. Por eso es que desde 2009 la British decidió comenzar la exploración de los recursos hidrocarburíferos de Malvinas. Además de otras riquezas que presenta el entorno de las islas, también está la posibilidad de extender el poderío imperial a una franja de la Antártida, que resulta tentador con su promesa de recursos. Para ellos es dinero que les vendría bien para recuperar una posición dominante en decadencia. Para nosotros, es Patria.
Por eso en el discurso del martes, La Presidenta contó con la asistencia de representantes de todos los sectores, hasta los más enconados opositores. La presencia de Hugo Moyano y su hijo, el diputado Facundo, fue mostrada con mucha insistencia por las cámaras televisivas. Y esto no sólo fue por las señales de tregua y segura reconciliación entre el líder de la CGT y el oficialismo, sino porque no hay fisura posible en una causa que significa la recuperación de la soberanía. Salvo por la sugestiva agresión al diputado Díaz Bancalari por parte de supuestos ex combatientes, nada opacó la fuerza de ese acto. Hasta las declaraciones de ocasión realizadas por muchos de los presentes fracasaban al intento de ocultar la emoción por el momento protagonizado.
Sin embargo, llama la atención el posicionamiento de algunos medios en el crepúsculo de su hegemonía. En apariencia, han tomado una posición favorable a los intereses británicos. Los títulos de Clarín que enunciaban la calurosa bienvenida al heredero de la Corona y la preocupación por los insumos de los kelpers a causa del “bloqueo” no tienen como objetivo criticar o molestar al Gobierno Nacional. Tampoco buscan herir a La Presidenta las absurdas comparaciones entre la manera en que Cristina lleva adelante los reclamos por una negociación y la etílica declaración de guerra de Galtieri. Estarán defendiendo su negocio pero no son tan tontos. Si de negocios y ventas se trata, lograrían una mayor adhesión del público con una tibia muestra de apoyo a las actuales gestiones diplomáticas. Aunque a conciencia estén a favor del Imperio y en contra de Cristina, en algo así tratarían de disimular, de actuar con mayor delicadeza y elegancia. De ser cipayos, no lo demostrarían tanto. Para que se entienda, son cipayos pero no tontos. No buscan enojar al Gobierno Nacional. No esperan despertar en el oficialismo más que repudios verbales.  
Esos títulos están pensados para enojar al público, para crear una escenografía de rechazo en la población. En lo posible, despertar tanto enojo que miles y miles de ciudadanos se planten en el edificio de la calle Cepita para manifestar su repudio a un gran diario tan poco argentino. No es que existan esos ciudadanos tan indignados con el Grupo Clarín para manifestar en su contra en la puerta del edificio. Quieren crear el clima, nada más. Para lo otro está Quebracho, cuyos integrantes pueden hacer muy bien de público indignado. También están las huestes futboleras de Macri y Ritondo. Y Cecilia Pando puede aportar ex combatientes enojados y golpeadores. Algunos sectores del sindicalismo por supuesto que estarán deseos de apedrear –con el debido permiso- vidrios del edifico de Clarín. La estrategia es sembrar una semillita de discordia para que la planta germinada y crecida –público indignado y agresivo- la pongan ellos. Entonces sí se puede encontrar una explicación a tan ridículos y entregadores contenidos. Una piedrita les bastaría para encarnar el papel de víctimas con títulos por el estilo de “Hordas K atentan contra la libertad de expresión”.
Pero mientras discurren estas perversas maquinaciones, el resto de los argentinos sentimos tener un pedacito más de Las Malvinas y no a la manera de 1982, en medio de una dictadura con medios cómplices y manipuladores, sino de manera diplomática y pacífica. “Ningún acto de la dictadura puede ser valorizado aunque haya tenido apoyo multitudinario”, conmovió Cristina en su discurso. Y definió: “ningún lugar puede ser un trofeo de guerra”. Además de asegurar que reclamará ante el Comité de Descolonización de la ONU, y fiel a la música que debía escuchar en su adolescencia, concluyó con un pedido al Primer Ministro James Cameron: “dale una oportunidad a la paz”. Si los reclamos diplomáticos, las declaraciones de organismos multilaterales, los discursos de muchos presidentes, el apoyo de países extra regionales y las declaraciones de la ONU logran que Gran Bretaña se siente a dialogar la devolución de las islas, no será un triunfo para Cristina, sino para los cuarenta millones. Porque el archipiélago será de todos y para siempre.

2 comentarios:

  1. Los "argingleses" de siempre, que aplaudieron a Galtieri, como todos en algùn momento, como esas viejitas que se sacaban los aritos de oro y los ponìan en las bolsas del "Fondo Patriòtico" del que nunca se supo màs nada. A nosotros nos engañaron, pero ellos, Clarìn y companìa, aplaudìan como traidores y vende patrias. Nosotros con fervor patriòtico y reivindicador.
    ¡MUERTE A CLARÌN Y A TODOS LOS CIPAYOS DE LA REPÚBLICA ARGENTINA!.

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  2. Excelente post, amigo Gustavo. Lamentablemente nuestra historia abunda en ejemplos nefastos como éstos, en donde los intereses particulares se ponen por encima del interés de la propia patria. Es que la patria de ellos es el dinero y el poder. Nada más importa.
    Un saludo.

    Greta

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