sábado, 10 de marzo de 2012

Los derroteros de la realidad

Pequeños ante la realidad. No más que eso. Nuestra experiencia inmediata se limita a lo que podemos captar con nuestros sentidos. Escenas inconexas desfilan ante nosotros y a partir del punto de vista, de nuestra subjetividad, tratamos de darle algún sentido. En la playa, un hombre con aspecto no muy cuerdo, camina solitario. Cada tantos pasos llama la atención de los bañistas y escribe nombres en la arena con la ayuda de un palo. Nombres sin apellido. Nombres comunes que deben tener algún significado para él. No para el resto, que mira con desatención. Interpretaciones de ese hecho puede haber muchas. La carta de un lector en un matutino habla de venganza, en sintonía con los vómitos expresivos del dictador. La teoría de los dos demonios subyace en el argumento. Pobre, confuso. El texto tiene pocas líneas, pero estremece. Si juzgan a unos, que juzguen a los otros. Lugar común de los que no toleran revolver el pasado; que esgrimen esa torpe idea sólo para impulsar el olvido. Y un taxista exaltado, vociferante, explosivo, a la vez que transita por las calles de la ciudad, anuncia con absoluta seguridad que este gobierno nos quiere trasladar a Cuba. Mientras este ignoto profesor de provincias se preguntaba cómo se acomodarían los cuarenta millones en la pequeña isla caribeña, el chofer parlanchín seguía recitando denuncias apocalípticas escuchadas en alguna radio ultra opositora a todo.
Imágenes dispersas que pueden inducir a un apunte gracias a la intervención de un relato, de una mirada subjetiva –como no puede ser de otra manera- que ponga orden al caos de la realidad. El caminante solitario de la playa que escribe nombres en la arena tal vez intente compartir su historia, una historia de pérdidas violentas, de ausencias enloquecedoras. De ahí su extravío. O no. Quizá –por un extravío previo- le gusta escribir nombres en la arena y nada más que eso. La carta del lector es más impactante. Primero: porque tiene mala intención y es oportunista. Segundo: porque los delitos de Lesa Humanidad son crímenes atroces perpetrados con énfasis por quienes usurparon el Estado y no los delitos comunes cometidos por civiles; los primeros son imprescriptibles pero los segundos, no; además, no es posible juzgar muertos ni desaparecidos, aunque se ponga toda la buena –es un decir- voluntad posible. Esto en el caso de que los treinta mil hayan estado involucrados en la guerrilla, algo imposible. Tercero: la palabra venganza es muy usada por los reaccionarios que desacreditan al Gobierno Nacional por una de sus más valientes medidas, los juicios a los genocidas y sus beneficiarios. Y, por último: ¿qué necesidad de publicar esas líneas tan provocativas y sin fundamento? No importa en qué diario salió. En cualquier localidad del país debe haber editores que permiten que se filtre, cada tanto, algún contenido retrógrado de algún lector real o imaginario.
El taxista no era imaginario. El autor de estos apuntes temió, por un momento, perder su milenaria paciencia y su inagotable buen humor. Lo que salía de la boca del chofer era un compendio interminable de calamidades políticas, económicas y sociales que ocurrieron, ocurren o que van a ocurrir. “Este gobierno nos está llevando al desastre”. “¿Qué gobierno, el municipal, el provincial o el nacional?”. “Todos, porque el Gobierno Nacional nos está llevando hacia Cuba”. Exquisita metáfora macartista. En la carta, un gobierno vengativo que juzga a los militares que triunfaron contra la subversión. En el taxi, un gobierno alineado con la nostalgia soviética y el socialismo de Castro. Ambos pueden ser estereotipos que se relacionan en este relato. Cuando el bienintencionado pasajero quería establecer las diferencias entre el socialismo y el tipo de capitalismo que está tratando de construirse en el país, el chofer vociferaba denuncias de supuestos actos de corrupción –descartados o por descartarse- cometidos por funcionarios nacionales. No es que uno piense la política como un capítulo de Heidi, sino que resulta indispensable separar los actos políticos, las decisiones ideológicas de las acciones delictivas. Lo primero es político; lo segundo, judicial. La corrupción no es La Política, sino una distorsión.
Como la derecha niega la ideología, toda discusión política se convierte en judicial. Esa mezcolanza se produjo en los noventa. Hablar de política era hablar de corrupción. No se discutían las medidas tomadas por Menem y sus secuaces desde el punto de vista político, sino desde la connivencia con el poder económico, las manos untadas de los funcionarios, del enriquecimiento ilícito y meteórico, de la sospecha permanente hacia todos. Los medios –enciclopedias de denuncias, entonces- se convirtieron en fiscales, casi jueces. Y los ciudadanos eran testigos del desguace y el consecuente empobrecimiento de su cotidianeidad. Todo lo malo se producía por la corrupción, no por la entrega del patrimonio ni por la construcción de un Estado cada vez más pequeño al servicio de los intereses de los poderes fácticos.  
Después de la explosión de 2001 y del desamparo social, nada puede ser igual. La Política retornó del exilio y comenzó una lenta recuperación del rol del Estado, que, entonces, estaba en vías de extinción. Con sus tropiezos y contradicciones, el Gobierno Nacional está orientando la reconstrucción de un país en ruinas. Construir es un camino lento, fatigoso y tortuoso. La destrucción es más rápida y hasta puede resultar divertida para los que se benefician con ella. Analizar este proceso desde la mirada noventista –desmemoriada y desideologizada- puede provocar severos extravíos. Como el taxista exaltado por el denuncismo permanente de muchos medios de comunicación.
No importa si las denuncias vertidas a un micrófono tengan o no fundamento; lo importante es que huelan a estiércol y salpiquen mucho a quienes intentan controlar -o al menos contener- la avidez del establishment. Lo que verdaderamente les importa es alejar lo más posible la discusión del terreno ideológico. Lo que verdaderamente buscan es alimentar prejuicios. Lo que verdaderamente quieren es defender los intereses de los que añoran volver a gobernar nuestro país.
Los barriles de tinta que invirtieron los medios hegemónicos para relacionar al Vicepresidente, Amado Boudou con la ex Ciccone Calcográfica rindieron sus frutos. Al menos sirvieron para rescatar del olvido al ex gobernador Hermes Binner. El ex anestesista calificó de “gravísimo” este caso, aunque todavía no hay pruebas suficientes para elevar siquiera una acusación sólida. Así y todo, llamó al Gobierno a no “cubrir con silencio” el tema, a pesar de las apariciones de Boudou en diferentes medios. El líder del FAP remató su jugosa declaración con una frase que debería usar como guía, sobre todo la primera parte: “el silencio es bueno para muchas ocasiones y es muy malo para otras”.
Hasta ahora, el fiscal federal Carlos Rívolo basa las acusaciones que todavía no hizo pero sabiamente difunde por los medios en las declaraciones de Laura Muñiz, ex esposa de Vanderbroele, supuesto amigo de la infancia de Amado Boudou, aunque no se conocen. Despechada, la mujer habla de todo y a la vez reconoce que no sabe nada. Hasta su madre confesó que no hay que creerle porque es mitómana. Raro, pero el fiscal dijo que aunque no tenga pruebas elevará igual su denuncia. Los medios, felices, porque de esa manera, de la manera que Binner exige, obligan al Gobierno a seguir esa agenda perversa que se basa en la necesidad de defenderse de lo que no se lo acusa. Un juego que confunde política con corrupción y embarra el camino. Las fieras neoliberales están al acecho y para lograr sus objetivos sólo esperan que una piedra golpee en el lugar indicado para agitar un clima destituyente similar al que se vayan todos o la Rebelión de los Estancieros. La negación de la política ya la vivimos y no nos hizo bien. De eso nos estamos recuperando. Un relato entretenido con algunos tintes policiales puede dar por tierra con todo lo reconstruido en estos ocho años. Un relato solidario y comprometido con el futuro nos llevará al país que todos merecemos. Sólo queda evaluar qué relato será el más beneficioso.

7 comentarios:

  1. Siempre es un placer leer sus textos, aunque hoy le voy a marcar un error, usted dice: "En cualquier localidad del país debe haber editores que permiten que se filtre, cada tanto, algún contenido retrógrado de algún lector real o imaginario.", véngase para estos lados y vera como el "cada tanto" LA NUEVA PROVINCIA lo transforma en "todos los días".
    un abrazo

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    1. Puse "cada tanto" para que no suene tan absoluto. Estoy convencido de que lo que decís de La Nueva Provincia ocurre en todos los rincones del país. Hay nostálgicos y también hay desconocedores. Y no me tratés de usted que me hacés sentir como un anciano sabio y harapiento recluido en una caverna hedionda

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    2. Tenès razòn, es que la foto gatuna de tu perfil me daba mas viejo

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  2. Sos un anciano sabio y harapiento recluido en una caverna hedionda.

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  3. Ah,,,estimado Gus,,,tus preocupaciones son excesivas. La playa, te sienta mejor que los taxis, mejor entonces: más playa y en lo posible, cero de taxistas. El oficio tachero, es un oficio que propende al neoliberalismo, un tipop de autointercambio que no sienta bien, a vos y a muchos más, incluso quien ahora escribe esto... Tampoco es cierto que los ffcc se cerraron en un día.
    Un día, hace ya -por pocos días más- unos 40 años atrás, es decir en 1972, leía las divertidas cartas de La Capital, el "decano" de las mayores perversidades liberales rosarinas, y en una de ellas, hablaba sobre el levantamiento del tren que cubría la rutina semanal Rosario, JBMolina. Por supuesto, era un reclamo justificado de un ignoto pueblerino...sonó en ese momento el tel. y era mi futura directora ofreciéndome el cargo en JBMolina, donde permanecí 10 años, obvio, sin el matutino y rutinario tren. Fui en colectivo y volví durante 10 años, gracia a mi Angel de la Guardia y la hermosa buena voluntad de toda aquella comunidad que me regresaba a mi casa por las tardes... eso el innombrable no lo hizo, pero lo hicieron otros innombrables que hacía más de 10 años habían comenzado la lenta pero implacable destrucción. Ahora, será tiempo de reconstruir, lo que se pueda, pero espero que no sea como se pueda...
    Saludos Gus.
    Metete en un Plan Rombo, y terminá con los tachos.

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  4. Yo no se, Profe, porque discute con taxistas, es mas, para que discute con rosarinos que representamos la fibra burguesa, neoliberal, opositora, absurda (Del Sel) y, por todo ello, descolgada del país. Somos una población ridícula, transgresora, nefastamente miscelánea y soberbia. Nos creemos que con el monumento, central, nob y el río nos comemos a Córdoba y en realidad no les llegamos ni a los juanetes. Y si es por la Trova Rosarina no se olviden que el 100% vive en la CABA. Lalo de los Santos dice:

    "Rosario es el arte y su condena
    cuando sabe que la indiferencia
    la va a perseguir
    y, como tantas, mis manos
    se hartaron de golpear las puertas
    y por no derrumbarme con ellas
    me tuve con ir."

    ¡Ah!, Profe, me olvidaba (y perdone el trato antijuvenil), la familia lo apoya: HACIENDOLE VER LA REALIDAD, JA, JA...

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