martes, 1 de mayo de 2012

Un representante que representa menos


Mucho se conjeturó en los Apuntes Discontinuos de diciembre sobre la encerrona en la que estaba ingresando el Secretario General de la CGT, Hugo Moyano, a tal punto que hoy parece no tener salida. El desmedido enojo por el poco espacio obtenido en las listas de diputados desembocó en un alejamiento cada vez más irreversible de la Casa Rosada. Pero el distanciamiento no se ha producido sólo con el equipo de La Presidenta. Hace un año, Moyano había convocado un acto callejero para conmemorar el día del Trabajador, enorme, tan masivo que alteró a todos los exponentes de establishment. Claro, en aquel entonces se consideraba parte del universo K, y por cierto que lo era. Pero no como él quería. Entonces, llegó el despecho, después la distancia y más tarde la ruptura. Ruptura también con los representados. Muchos dicen que el acto del jueves en Parque Roca estaba planeado para medir fuerzas, aunque la convocatoria fue bastante específica y acotada. Treinta mil personas calculan los organizadores que escucharon a un Moyano que ya parecía sentirse ex Secretario General. Con una fuerte presencia en el mundo sindical y político de los últimos veinte años, con una potente historia de resistencia y construcción, como una figura ineludible en el proceso de recuperación desde 2003, no tiene hoy el apoyo suficiente como para celebrar el día del trabajador en un acto multitudinario.
Si la convocatoria del jueves fue pensada como competencia del acto de Vélez o como muestra de presión política, nada salió como se esperaba. Muy sindicalista para saltar a la Gran Política y muy político para reafirmar su representación gremial. Todos los intentos del camionero apuntaron casi desde la muerte de Kirchner a disputar poder dentro del oficialismo, pero chocaron con una resistencia comprensible. El estilo de Moyano se resiste a la obediencia verticalista propia del peronismo, salvo que sea él quien lidera. Después del 54 por ciento de octubre se presentaron dos opciones para el camionero: aceptar el liderazgo de Cristina o romper con ella. Esto último fue lo que decidió, a riesgo de coquetear con los más acérrimos enemigos del Gobierno Nacional, a costa de apoyar a sectores que, en otros tiempos, jamás habría apoyado, a fuerza de manifestaciones de ingratitud pública. Si bien todavía no está solo, su otoño está muy próximo.
Su notoria ausencia en el acto de asunción de Cristina no amenazó siquiera con arruinar la fiesta. Ese faltazo se sumó al acto en el estadio de Huracán, unos días después. Sin dudar, auguró “se vienen momentos en que los trabajadores vamos a tener que ponernos firmes para defender nuestros derechos”, como si estuvieran, de alguna manera, amenazados. Pero los augurios y premoniciones todavía no están reglamentados y sólo se inspiran en las intenciones maliciosas del nigromante. Y en aquel acto, también hubo amenazas: “las organizaciones gremiales, junto con sus trabajadores, tengan la firmeza suficiente para evitar que nos rebajen los salarios o que nos impongan porcentajes absurdos”. En ningún momento se detuvo a pensar que estaba construyendo a su enemigo ante las propias narices de quienes habían votado a esa construcción. Y lo sigue haciendo.
Tal vez intente formar un partido político con raíces sindicales, a la manera del PT de Lula, pero, enfrentado al kirchnerismo, será sólo una pequeña fuerza testimonial. Así y todo, deberá hacerlo por fuera de la CGT para tener posibilidades de expandir sus fronteras programáticas con el fin de lograr algo más de adhesión. En el caso de lograr la renovación de su mandato como Secretario General, tal vez abandone sus sueños personalistas e intente retornar al oficialismo haciendo valer su legitimidad representativa. O quizá no; si insiste en transformarse en una oposición sindical a pesar de las conquistas logradas por los trabajadores en los últimos años, la recuperación del empleo, el incremento del consumo, entre otras, quedará cada vez más solo. Es que estos tiempos exigen construcciones colectivas, no individuales. Son tiempos para sumar y multiplicar, no para restar o dividir. Si Moyano no comprende esto, se convertirá en un leve dolor de cabeza para CFK durante un tiempo y después será recuerdo, porque su poder de fuego o de construcción no alcanza para producir un drama.
El acto del jueves en Parque Roca fue otra muestra más de que no hay reconciliación posible. Aunque fue planeado para anunciar un acuerdo con el Gobierno de la CABA para indemnizar a 7000 trabajadores despedidos de una empresa de recolección de residuos, en su transcurso hubo mucho más que eso. Pensado como efecto opositor, no pudo eludir el clima festivo por la recuperación del 51 por ciento de las acciones de YPF. Y ante los cánticos de los asistentes, no se atrevió a cuestionar una medida que seguramente debía estar entre sus reclamos. Por el contrario, se vio en la obligación de respaldarla.
Muchos dudan –él inclusive- de la posibilidad de continuar al frente de la CGT sin el oficialismo, que apoya al metalúrgico Antonio Caló. Que desde la Rosada impulsen a un representante obrero en lugar de uno de servicios puede explicarse por el crecimiento de la actividad industrial. “Ya ganamos –gritó el camionero con cierta resignación- por el solo hecho de poner nervioso al poder”  y remató “no me interesa ser el candidato de un gobierno de turno. Soy el candidato de los trabajadores”, a pesar de que no haya pensado en un acto para celebrar su día. Porque eso sobrevolaba el ambiente y tuvo que explicar que si se hubiese propuesto organizar un acto para el 1º de mayo, “no hay estadio que nos hubiera podido contener a todos” porque se habría “duplicado la cantidad de trabajadores y no íbamos a poder entrar”, aunque no aclaró en dónde. Sólo una amenaza, porque no lo concretó.
Hugo Moyano se encuentra en un laberinto del que no podrá escapar por arriba. Sus ambiciones políticas le impiden aceptar sus propias limitaciones. Muchos de sus representados lo toman como un emblema, pero no como un líder. Para recuperar poder debe renovar en la CGT, pero si renueva en la CGT no puede saltar a una representación mayor. La ruptura con el gobierno nacional puede convertirse en una condena al ostracismo. Más allá de sus reclamos –impuesto a las ganancias y la deuda con las obras sociales- Hugo Moyano se está alejando de un movimiento que ha recuperado la autoestima individual y colectiva de un pueblo que se creía humillado y que va por más. A tal punto que ni siquiera ha pensado en un acto por el día del trabajador para celebrar las conquistas y reclamar lo que falta. Para él, sólo es factible construir desde la protesta, como si no hubiera aprendido de la experiencia de octubre. Un episodio más de los que, por poner piedras para torcer el rumbo, quedarán abandonados al costado del camino.

1 comentario:

  1. Moyano se ha convertido en un nuevo columnista de TN. El olvido es su único destino.
    Muy buena entrada.

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