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martes, 19 de junio de 2012

De la Cumbre al abismo o viceversa


Sin necesidad de considerarlo como un quijote, François Hollande parece estar solo en Europa prometiendo resistir las políticas de ajuste para sostener el euro. Con el no triunfo de Alexis Tsipras en Grecia, el neoliberalismo se continuará escribiendo con tinta alemana en la cuna de la cultura occidental. Y también en España y Portugal. Angela Merkel sonríe mientras señala el camino para la desintegración de los pueblos en defensa del mercado financiero, sin patria ni alma, sólo avidez. En el medio –o no tanto- parte de un continente despierta e intenta poner freno al viejo, pero siempre vital, fantasma de la especulación. El escenario de esta disputa es el balneario mexicano Los Cabos, con sol lacerante, 40 grados casi perpetuos y fuertes vientos que no logran mitigar el calor. La Cumbre del G-20 aporta más temperatura a esas playas mexicanas porque la crisis global no permite hablar de otra cosa. A nivel internacional las posiciones aparecen tan polarizadas como fronteras adentro. Dos modelos contrapuestos que sacaron chispas de su cruce en las playas aztecas. CFK parece dispuesta a reanudar sus críticas al anarco capitalismo financiero, como lo hizo en la Cumbre de Cannes. Los argumentos que esgrimirá son sólidos y todos apuntan a denegar efectividad a las políticas de ajuste aplicadas en el ya no tan Primer Mundo para salvar al capital financiero, principal responsable de la crisis.  Y de paso, una advertencia: la obstinación en emplear las recetas que ya han fracasado puede traer graves consecuencias en el resto del mundo.
En la séptima Cumbre en tres años desde que estalló la crisis internacional, los presidentes de los países del G-20, que representa el 85 por ciento del PBI mundial, tendrán como principal preocupación tratar de encontrar una salida al caos económico. El triunfo ajustado del candidato conservador en Grecia es funcional al ajuste, aunque con poca legitimidad para aplicarlo con rigor. Y no sólo eso: las soluciones de catálogo  profundizan el problema. La Presidenta tratará de acercar al nuevo mandatario francés para intentar convencer a los tozudos primermundeños de que así no se llega a ningún lado. O sí, pero al peor. El último rescate a España –de 100 mil millones de euros- sólo servirá para ocultar el descalabro producido por la banca con sus estafas a los usuarios. Rescate que, además de ser como un salvavidas de plomo, terminarán pagando los usuarios estafados. Los estafadores son premiados y los estafados, castigados.
Con mucha más sutileza, Argentina intenta fortalecer lazos con aquellos países que buscan abandonar las políticas de ajuste fiscal para aplicar políticas keynesianas que promuevan el crecimiento y el empleo. Todas las cosas –los países inclusive- crecen de abajo hacia arriba, no al revés. Mientras persista la tendencia a la acumulación indiscriminada como producto de la especulación financiera, mientras gran parte del capital esté en manos de unos pocos, mientras las grandes fortunas sean incontables y causa esencial de la extrema pobreza, mientras se ignore esta realidad y por el contrario, se la defienda, poco o nada podrá resultar de estas cínicas Cumbres. Los que se están hundiendo quieren aconsejar a los que están en la superficie. Los países europeos elevaron un texto en el que proponen impulsar el avance “hacia una arquitectura financiera más integrada, considerando la supervisión bancaria, la liquidación y capitalización de entidades y un seguro de depósitos”. De producción y empleo no dicen nada de nada.
Esta Cumbre tuvo tres ejes temáticos: la persistente postura de algunas potencias –Alemania a la cabeza- de forzar el ajuste en los países en crisis -lo que provocará más crisis- y el reclamo de los países emergentes para optar por acciones concretas para reactivar la economía; limitar o neutralizar la influencia negativa de las nefastas calificadoras de riesgo en el sistema financiero internacional; y el rechazo al proteccionismo extremo, no motivado por el desarrollo interno de cada país, sino por excusas caprichosas que tienen como objetivo socavar el crecimiento de las economías emergentes.
Sin embargo, el mandatario del país que más ha abusado del proteccionismo a lo largo de su historia formuló duras críticas a los países en desarrollo. El Primer Ministro británico, David Cameron expresó que “en los últimos ocho meses ha habido medidas que afectaron las inversiones, hemos visto la expropiación de una compañía multinacional, requerimientos para que divisas de exportaciones mineras y petroleras se cambien en el mercado local, regulaciones para el cambio de moneda a los habitantes, límites a la compra de tierras por extranjeros y la obligación de repatriar divisas a compañías de seguros. Y todo eso por parte de un solo miembro del G-20”. Por si no se advirtió, Cameron se refirió a Argentina y enumeró todas las medidas tomadas en los últimos meses para proteger la economía nacional. Si Europa está pasando por esta crisis es porque el capital financiero no puede hacer estragos en las economías emergentes, sobre todo en países de Sudamérica. Y el reproche que hace Cameron –cargado de soberbia- parece un castigo por la decisión de un país de gobernarse a sí mismo.
Y no hay intenciones de abandonar este camino. La reunión bilateral entre CFK y Dilma Rousseff tuvo como principal objetivo fortalecer el Mercosur y continuar con el programa de crecimiento con inclusión. “Tenemos que protegernos juntas –señaló Dilma a Cristina- hay una guerra de monedas que intenta castigarnos”. Las presidentas coincidieron en que las perspectivas son preocupantes porque los países del Norte intentan trasladar su crisis a la región. CFK, en su discurso de más de nueve minutos, cuestionó el “círculo vicioso” que se está gestando en Europa: fuga de capitales de las naciones periféricas hacia centros financieros como Alemania e Inglaterra y el regreso de esos recursos transformados en salvatajes con altas tasas de interés. Una historia ya conocida por los argentinos, cuyas consecuencias están bien presentes en la memoria colectiva. Y también apuntó a los paraísos fiscales. “Desde que empezaron las rondas del G-20 que se viene hablando de los paraísos fiscales –explicó La Presidenta- sin embargo siguen funcionando y este año ha aumentado diez veces la salida de dinero. De 5000 a 59.000 millones de dólares por año, especialmente de la periferia de Europa”.
Una pregunta crucial que deberían hacerse los mandatarios de todos los países del mundo: ¿quiénes son los beneficiarios de sus acciones? Los recortes del gasto en salud y educación, el despido de empleados públicos, la baja de los haberes jubilatorios y un abanico de medidas que conocemos muy bien en nuestro querido país no están al servicio del bienestar de sus habitantes, sino todo lo contrario. Y, por tanto, el beneficio no es para las mayorías sino para esas minorías despiadadas que sólo ven en la cifra el sentido de la vida. La crisis que recorre Europa y amenaza al resto del mundo no es económica sino moral. Y comprender el problema es comenzar a solucionarlo.

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