jueves, 7 de junio de 2012

Los voceros de las minorías


Esta semana comenzó con un recrudecimiento del enojo de los enojados perpetuos. Con o sin motivo, se niegan a des-enojarse porque no admiten una relación con la vida más que de esa manera, enojados. El enojo más emblemático es el del periodista Jorge Lanata, que no escatima esfuerzos para demostrarlo. Denuncias insignificantes, recorte de carteles, cartas a La Presidenta se mezclan con exageraciones y mentiras en su programa dominical, con el objetivo de contagiar su enojo a los todavía no tan enojados. Los que no necesitan enojos ajenos son los estancieros, que ya tienen bastante con su enojo propio y lo harán relucir en estos días para evitar que el modelo K meta mano a sus cuantiosas y evasoras ganancias. Pero, mientras estos nostálgicos del pasado proponen retornar a la economía minoritaria del Centenario, el resto del país pone sus fichas al Tricentenario. Tal como muchos reclamaron, CFK propuso abandonar su cuenta en dólares para dar el puntapié inicial de una campaña para revalorizar la presencia de nuestra moneda en la economía cotidiana. En realidad, para gran parte de los argentinos, el dólar aparece más como una amenaza que como promesa de ahorro. La relación con el dólar es más simbólica que material y sólo se reduce a un grupete minoritario que considera la moneda norteamericana no tanto como herramienta de ahorro, sino como artilugio de evasión y especulación.
Y eso tiene que ver con una construcción de la realidad que se realiza desde muchos medios de comunicación. En nuestro país, hay unos 1300 dólares per cápita, aunque la posesión de los billetes se circunscribe a un diez por ciento de la población que concentra algo así como 52000 millones de los verdes. El resto –casi el noventa por ciento- sólo ve las cotizaciones en los insistentes informes económicos televisivos y no en las pizarras de las casas de cambio. En este sentido, resulta interesante reflexionar sobre el rol del periodista en esa construcción de la realidad, que debería incluir el relato y análisis en base a hechos, no a especulaciones, pronósticos o deseos oscuros de los nocivos de siempre. Además, con esos intentos de incentivar corridas cambiarias favorecen a una minoría patricia que no duda en renunciar a un futuro para todos en pos de actualizar los privilegios exclusivos de antaño.
Mientras el pasado pugna por volver de la mano de esos periodistas obedientes a las corporaciones, el Gobierno Nacional -tan odiado, criticado, demonizado y tergiversado- sigue dando muestras de una convicción insólita. Aunque Lanata lea una carta patética dirigida a La Presidenta y rompa en cámara un cartel publicitario de Página/12, aunque mienta con los números de circulación de La Nación y Clarín para exigir más pauta oficial para Su Jefe, aunque diga sin ponerse colorado que CFK abusa de la Cadena Nacional y las teleconferencias no sean tan auténticas como parecen, los hechos lo dejan descolocado. Y si Lanata fue injustamente excluido de la historia de Página/12 tal vez sea porque Página/12 fue excluido de la historia de Lanata. Que todas sus críticas e ironías mal elaboradas tengan como blanco al Gobierno Nacional y no haya una sola letra dirigida al Jefe de Gobierno Porteño o al intento destituyente de los estancieros, deja en evidencia a qué mandos responde su trabajo periodístico.
Pero a pesar del PPT opositor y todos sus replicantes y caceroleros golpeadores, el país sigue avanzando. Como estos periodistas no aportan a la construcción de un futuro, sino todo lo contrario, otras voces suenan en los oídos de La Mandataria. Víctor Hugo Morales, en su programa del domingo, propuso convertir a pesos las cuentas en dólares que tienen periodistas, artistas y funcionarios para comenzar a mostrar confianza en la moneda nacional. Cristina no se hizo rogar y anunció la decisión de poner en pesos su cuenta del Banco Nación. “Esto es una batalla cultural –explicó- no vayan a creer que hay cuestiones económicas. En los que están haciendo la campañita –contra el peso– sí hay cuestiones económicas”. Y se dirigió “a todos, amigos, compañeros y funcionarios, que tengan algunos dolarcillos” para que hagan lo propio.  “Queremos instalar de una buena vez y por todas –reiteró- la necesidad de entender que solamente a través del trabajo, la producción, el desarrollo, el consumo, la inversión y el crecimiento vamos a poder salir de este atolladero a nivel global”.
A través de la memoria también. Por eso La Presidenta recordó el caso de Micaela Lisola, la estudiante de 16 años sancionada en un colegio católico de San Juan por invitar a sus compañeros a una marcha por el día de la memoria en marzo de este año. “Me gustó sentir que hay un Estado que se preocupa por cada uno de nosotros”, destacó la adolescente. “Tenemos que intentar que esta ley se cumpla en todos los colegios, más allá de que sean colegios públicos o privados porque las leyes son iguales para todos”, recordó Cristina en relación con la jornada de reflexión que propone la norma del Día de la Memoria. “Esto fue demasiado emocionante para mí –explicó Micaela- y conmovió a mucha gente por acá el gesto que tuvo la Presidenta. Sobre todo porque tiene que ver con la memoria y hay una frase que me gusta: Sin memoria no hay identidad, sin identidad no hay patria y sin patria, hay colonia”.
Como no somos colonia, los juicios por delitos de lesa humanidad siguen avanzando y desenredando la madeja del horror. Uno de los imputados en el Circuito Camps confesó haber presenciado las sesiones de tortura con picana a Lidia Papaleo, a su suegro, Juan Graiver, a su cuñado Isidoro y a dos secretarias, después de que fueran despojados de la empresa Papel Prensa. “Yo presencié el paso de corriente eléctrica” explicó Norberto Cozzani, al referirse a los interrogatorios a la familia como apremios “necesarios” para obtener información en los primeros momentos del cautiverio.
Memoria, identidad. Memoria para recordar lo que nos hicieron. Identidad para recuperar lo que nos quitaron. Patria, como futuro, desde este presente. YPF es todo esto. Por eso emociona el plan de inversiones anunciado esta semana por el presidente del directorio y CEO de la compañía, Miguel Galuccio, que promete revertir el proceso de declinación que sufrió la producción de hidrocarburos a partir de 1999, cuando fue regalada con moño por el infame riojano. La estrategia de YPF con control estatal apunta a revertir la tendencia negativa y recuperar la credibilidad, a una etapa de crecimiento aprovechando los recursos y a la formulación de “un nuevo paradigma para cambiar el futuro del sector energético”. Con este compromiso, la producción total de petróleo y gas de YPF pasaría de los 159 millones de barriles a 216 millones para 2017, con un crecimiento acumulado del seis por ciento anual. Para esto, será necesaria una inversión de 38500 millones de dólares que serán “mayoritariamente financiados con flujo propio proveniente de las operaciones de la empresa”, explicó Galuccio.
Mientras el futuro nos convoca para seguir avanzando, el pasado nos llama a gritos desde la destemplada voz de los estancieros. Enojados sin remedio –y con énfasis- pretenden ocupar el centro del escenario político para demostrar una vez más que sus cuantiosas ganancias son absolutamente privadas. Sus lágrimas se juntan con los sones caceroleros para sentar las bases de un egoísmo irritante. Según los dirigentes de las patronales agropecuarias, la falta de diálogo desde principios de año con la cartera que conduce el Ministro de Agricultura, Norberto Yahuar, forzó el cese de comercialización. No dijeron lo mismo en tiempos de la sequía, cuando las compensaciones prometían reparar los escasos daños. Generosos con las pérdidas, pero miserables con las ganancias. No quieren dialogar, sino impartir órdenes. Estancieros y caceroleros, enojados, quieren interrumpir este rumbo que reduce levemente sus cuantiosos privilegios. Y las usinas intestinales amplifican esta resistencia VIP. A no desesperar: quedan 183 días para la desinversión. Desde ese momento, las fieras podrán ser domadas y este colectivo podrá avanzar con mayor tranquilidad.

5 comentarios:

  1. Miguel Galuccio debió convertir los 38500 millones de verdes a pesos. Los vicios del pasado aún engañan nuestra mente. Con los estencieros y demás oligarcas, la lucha ya no es por economía, es por ideología. Lo mucho que les molesta el progreso del pobre, de la clase media, ya les resulta insoportable.
    Una pregunta: ¿Que significa que faltan 183 días para la desinversión.

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  2. 183 días para la desinversión significa el tiempo límite del 7 de Dic que tiene el grupo clarineto para que le sea exigible la adecuación a la Ley de Medios que impone una distribución de licencias mucho menor a la que ostenta el monopolio.

    Muy buena la nota, saludos de bloggero a bloggero: laqk

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  3. Muy buena... Nos esperan unos meses agitados, me parece ... No hay caso, tocarle el culo al poder real no es gratuito ...
    Va con imagen :
    http://adriancorbella.blogspot.com.ar/2012/06/los-voceros-de-las-minorias-por-gustavo.html

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    Respuestas
    1. A mi no me gusta tocarle el culo a esta gente... lo tiene muy sucio y andá a saber de las cosas que te podés contagiar. Abrazo y siga participando...
      PD: gracias por brindarme tu espacio para la difusión de mis textos.

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  4. "Denuncias insignificantes", jajajajaja... Estos kirchneristas y su país paralelo son de no creer...

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