sábado, 1 de septiembre de 2012

Breve tratado sobre las fortalezas


Lo único que falta: el kirchnerismo quiere ahora que los chicos se saquen el chupete y vayan a votar. Algo siniestro debe haber en todo esto. Con su deslumbrante sagacidad, Margarita Stolbizer se dio cuenta de la jugada y puso en duda las “intenciones del oficialismo”. Pero no es la única. Los iluminados opositores al Gobierno Nacional formaron fila ante las cámaras porque por fin encuentran algo a lo que oponerse y demostrar, en la medida de lo posible, que aún existen. Y mientras YPF sigue creciendo y su presidente anuncia planes a futuro, mientras se avanza en la discusión democrática sobre la unificación del Código Civil y Comercial, mientras se rescatan los derechos rapiñados en el pasado por los carroñeros y se conquistan muchos nuevos, el Jefe de Gobierno porteño tiene serias dificultades para la construcción de su fortaleza. Cosa de locos, construir el nuevo Centro Cívico en los terrenos del Borda. Por suerte el Sri Sri, maestro de los maestros, príncipe de los timadores y gurú de Macri, traerá a los espíritus de la Capital paz y amor. Mucho amor sobre todo por su propia billetera.
Una fortaleza es un reducto enorme para encontrar protección en momentos de peligro. Los nobles de la antigüedad se refugiaban en sus castillos cuando eran acosados por sus enemigos. Con menos nobleza pero con similares temores, Macri tiene intenciones de concretar su Obra Maestra: un nuevo Centro Cívico, imponente, moderno, compuesto por cinco edificios y con un costo exorbitante. ¿Qué dirían los medios hegemónicos si a La Presidenta se le antojase construir una nueva Casa Rosada? kilómetros de tapas, toneladas de tinta, horas y horas de charla insustancial en sus medios audiovisuales. Del castillo de Macri, nada. Sólo presentan los conflictos que provoca la ocupación prepotente de los terrenos del Hospital Neuropsiquiátrico Borda como si los internos y el personal se opusieran al progreso. Claro, en la mega obra se derrocharán cerca de 400 millones de pesos, dinero que podría usarse para mejorar escuelas, hospitales y hasta el propio Borda, abandonado y desmantelado hasta en sus servicios más elementales. Además, hay un pequeño conflicto respecto al espacio que ocupará el castillo PRO. El Ministerio de Salud traspasó a Desarrollo Urbano parte del predio que ocupa el psiquiátrico, pero por un error, en el acta correspondiente, en lugar de dos, figura TODO. Qué mal que se llevan con los teclados. Para sumar más sospechas, el acta de cesión nunca fue girada a la Legislatura ni publicada en el Boletín Oficial y recién esta semana, el subsecretario de Salud porteño y actual interventor del Borda, Néstor Pérez Baliño reconoció que contenía un error: catorce hectáreas en lugar de dos. Además, la Justicia Federal porteña, a partir de una denuncia del gremio ATE y la Comisión Interna del Borda, investiga “el negociado millonario y la situación de los pacientes psiquiátricos, que están a la deriva”.
Más allá de los números, el proyecto en sí es innecesario e inoportuno. O no tanto, porque demuestra cuáles son los intereses de gestión de ese partido político. Muchas veces, este ignoto profesor de provincias se ha referido al PRO como una fuerza no-política. Claro, eso puede sostenerse a partir de las insustanciales expresiones que utilizan sus principales referentes: diálogo, crispación, vecino, solucionar los problemas de la gente, vos sos bienvenido, va a estar linda Buenos Aires y demás consignas vacías y marketineras. Pero con las últimas medidas, el PRO muestra verdaderamente cuál es su posición política en el espectro ideológico de nuestro pujante país. Por eso hay que celebrar estas decisiones porque muestran la verdadera cara del partido amarillo, más allá de los conflictos que generan. Eso sí, cada una de ellas debe quedar en la memoria colectiva a la hora de votar. Ante la urna, hay que recordar la persecuciones a los alumnos militantes de las escuelas públicas, las encuestas delatoras, el 0800, la separación del cargo a los docentes por oponerse al cierre de grados con una dramatización en un recreo, el estado de los hospitales públicos, entre otras cosas. Y por supuesto, el castillo como prioridad.
Que sigan justificando el 0800 aunque la Justicia lo limitó con una cautelar es posicionarse como una clase patricia por encima de todo poder. Y hablar de adoctrinamiento por un juego de rol es patético. En eso demuestran su debilidad, por eso necesitan el Centro Cívico, que se transformará en su fortaleza. A la hora de debatir ideas, demuestran sus flaquezas porque lo que defienden –y recién ahora lo empiezan a decir- es lo que nos llevó a la ruina. Los amarillos sienten que el sentido común los abandona. Tanta sinceridad expone su monstruosidad. Y el Centro Cívico será el refugio de estos nobles patricios cuando los medios hegemónicos no puedan ya disfrazar la clasista gestión del PRO.
Pero frente al castillo, está la verdadera fortaleza. El kirchnerismo desafía el 0800 con la propuesta de incluir el derecho al voto para los mayores de 16 años. No será el primer país que incluya este derecho. El Jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, tan encantador como siempre y tan sabio, de más está decirlo, interpreta que habría que “cambiar la Constitución” para que el sufragio sea voluntario. No es así, por supuesto. Pero el funcionario tiene olfato y advierte: “no sea cosa que detrás de esto quieran enmascararnos una reforma para la re-reelección de Cristina Kirchner”. El diputado Agustín Rossi aseguró que no es necesario modificar la Carta Magna para algo así. “A este sector etario se le han de dar los mismos derechos del sector de mayores de 70 años. Igualo las dos puntas de la pirámide. No hay ningún instituto nuevo”, explicó tras asegurar que con una ley bastaría. Pero no todos los PRO se oponen a la idea. La diputada Gabriela Michetti confirmó su adhesión al proyecto, aunque después, para recordar su rol opositor declaró que la dirigencia política debería preocuparse de que “los jóvenes terminen su secundario”. ¿Acaso no es ella dirigente, al igual que su líder y todos los que integran el PRO? Y remató con una frase de antología: “¡ayudemos a mejorar sus oportunidades trabajando duro para que tengan las mejores herramientas en sus manos! ¡Basta de populismo berreta!”. Quizá estas palabras, más que un reproche al Gobierno Nacional, encierren una autocrítica.
No hay populismo berreta en el kirchnerismo, sino en el PRO. Desde 2003 se han producido transformaciones insospechadas en nuestro país, se han recuperado derechos básicos y mucho más, se ha trabajado por la inclusión como nunca en los últimos cuarenta años, el Estado tomó las riendas de la economía y salvó a muchas empresas que nunca debían caer en manos privadas. Eso no es populismo berreta sino reconstrucción de un país. Populismo berreta es la gestión de Macri, que sólo se basa en publicidad y protección mediática. Populismo berreta es llevar Cantando por un sueño al Teatro Colón. Populismo berreta es importar a un gurú mediático con dinero estatal. Populismo berreta es planificar la construcción de un Centro Cívico junto a un hospital psiquiátrico que se cae a pedazos. El populismo berreta está en manos de la derecha más retrógrada, que es el PRO, por si quedan dudas. El populismo berreta necesita una mega construcción para proteger su debilidad. Del otro lado, hay un movimiento nacional y popular que, con tropiezos y contradicciones, está conduciendo un nuevo país. Esa es la verdadera fortaleza, la que no necesita cemento, sino trabajo, inteligencia y mucho compromiso.

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