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miércoles, 26 de septiembre de 2012

De cacerolas, clarines y tarjetas


Todavía hay algunos que se lamentan porque La Presidenta no hizo referencia alguna a los cacerolazos del 13-S. De haberlo hecho, poblarían páginas y páginas denunciando que persigue a los que piensan distinto. No les viene nada bien, porque no buscan el bien, y menos el común. Sólo el particular les interesa. De colectivos no saben. Al contrario, eso les molesta. Y se desesperan más por la proximidad del 7-D, que es el día clave para que se aplique el artículo 161 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Muchas excusas están poniendo y apelarán a sus malas mañas, como nos tienen acostumbrados. Y encima, ponen el grito en el cielo por el spot difundido a través del Fútbol Para Todos. Claro, les molesta cuando se difunde un argumento que no los favorece. Como siempre han dominado el sentido común –y de paso a muchos presidentes y ministros- no soportan perder ese privilegio. Más aún, si los deja al descubierto en sus mentiras y sus miserias. A tal punto que, seguramente, el próximo cacerolazo tendrá como consigna principal la defensa de la libertad de expresión. Cacerolas y clarines sonarán a fin de mes, no para celebrar la llegada de la primavera, sino para exigir el retorno del invierno, aquel invierno mortífero que nos congeló durante tanto tiempo, casi hasta provocar nuestra extinción.
También tratan de igualar los cacerolazos de 2001 con los alaridos cacharreros de unos días atrás. Para lograr eso, tienen que negar las diferencias contextuales, lo que sería forzar la lectura y llevar a conclusiones erróneas. Y también equiparar a los participantes y los motivos. No es lo mismo protestar para llenar la olla que para saturar la caja de seguridad o rellenar el colchón. No es lo mismo reclamar por la falta de trabajo que por la abundancia de controles de la AFIP. No es lo mismo poblar la Plaza de Mayo para demandar alimento para los chicos que para facilitar el viaje a Disney. No tiene nada que ver un cacerolazo con otro. Por supuesto que en la próxima edición de primavera incluirán un nuevo modelo para nutrir el ya variopinto abanico de excusas. Al miedo, la opresión, el autoritarismo, el clientelismo, la negrada, la fábrica de hijos, la mucama con terreno, Cristina eterna y el polémico Moreno se le agregará la defensa de la libertad de expresión. Defensa innecesaria, porque ese derecho no está amenazado. Pero bueno, el objetivo es desgastar lo más posible a “la hija del colectivero” –cacerolera dixit- antes de que el inescrupuloso monopolio deba convertirse en un grupo mediático más.
Los exaltados protestones saldrán en defensa de la oficina de prensa de los grupos económicos que no dudarían en hundirlos en el peor de los pantanos, como ya lo han hecho en años anteriores. Las cacerolas sonarán para clamar por una “libertad” que no es otra cosa que la desobediencia intencional a una ley que fue aprobada en el Congreso, no sólo por el oficialismo, sino por muchos diputados de partidos opositores. Por la ceguera informativa en la que están sumergidos saldrán a apoyar un delito, la contravención, a conciencia, de una norma. Por un rechazo profundo hacia lo que se niegan a comprender contribuirán a fortalecer la provocación del Grupo Clarín. Porque eso es lo que está haciendo: desafiando a los tres poderes del Estado. Ellos son los que ponen en peligro la estabilidad democrática, los que vulneran la Constitución.
La ley que no se puede aplicar en su totalidad por la resistencia del gran multimedios no atenta en absoluto a la libertad de expresión. Los límites en la cantidad no vulneran ese derecho, sino que lo reparte. La libertad de expresión es para todos, no sólo para los que más tienen. Y los que más tienen, ya aturden. Los miembros de la Corte Suprema de Justicia ya se expidieron al respecto y en el fallo de mediados de año, afirman que no se ha demostrado que contradiga ninguno de los derechos garantizados por la Constitución Nacional.
Otra de las mentiras que instalaron para no cumplir con la ley se relaciona con los otros grupos mediáticos, que, según afirman, no han sido obligados a desinvertir. En julio, el AFSCA envió a todos los multimedios una notificación para comenzar con el proceso de adecuación al artículo 161. Pero no se puede obligar a los menores a acatar las normas, mientras el más grandote esté amparado por jueces cómplices. Eso provocaría una mayor desigualdad. Algunos deberán desprenderse de cuatro o cinco señales, mientras el Grupo Clarín debe hacerlo con más de doscientas.
De cumplir con la ley, se trata esta historia. Y de hacerla cumplir para fortalecer, por primera vez en mucho tiempo, las instituciones ante un grupo económico que siempre ha sido esquivo a tales hábitos. Después del 7D, el país podrá ser distinto pues, con voluntad y compromiso, todos los exponentes del poder fáctico deberán someterse a las normas democráticas, porque quedarán sin la protección inescrupulosa de los medios hegemónicos. De esta manera, comenzaremos a construir una soberanía más plena en el manejo de nuestra economía.
Soberanía que defendió con maestría La Presidenta en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Con excesiva elegancia, Cristina explicó a la titular del FMI, Christine Lagarde, dónde guardar sus coloridas tarjetas. La Directora del Fondo había advertido que le sacaría “tarjeta roja” a Argentina si no mejora sus estadísticas de inflación y PBI antes del 17 de diciembre. Se ve que diciembre estará superpoblado de vencimientos. “Teníamos que escoger entre la tarjeta amarilla y la roja –explicó Christine, la otra- Escogimos la amarilla y dimos tres meses más antes de la declaración de censura. Si no hay progresos, sacaremos la roja”. Por supuesto que los carroñeros recogieron estas amenazantes palabras como un regalo del cielo. Algo nuevo para bombardear con estiércol y transformar, con mucho esfuerzo, este ultimátum en una consigna cacerolera.
“Mi país no es un cuadro de fútbol -respondió Cristina, la de acá- Y la crisis internacional no es un partido de fútbol sino la peor crisis desde 1930.” Pero no conforme con eso, agregó: “el rol del presidente de la FIFA ha sido bastante más satisfactorio que el rol de la cabeza del Fondo Monetario Internacional”. Esto, por supuesto, no fue un elogio dirigido a la institución del fútbol internacional ni a Joseph Blatter, su presidente. Sólo a la organización de los mundiales. En todo caso, lo que sostuvo CFK es que el FMI se ha manejado peor que la FIFA, porque “querer solucionar los problemas del mundo con las recetas que los provocaron es absurdo”.
No con la intención de dictar cátedra pero sí desde la certeza de haber afrontado con éxito la crisis de 2008, La Presidenta señaló que “tenemos que hacer ingentes esfuerzos de acumulación de reservas y diseñar políticas para que no nos transfieran desde países centrales consecuencias de la crisis que atentan contra nuestras economías”. Porque, lo que al principio parecía una crisis producida sólo por las hipotecas de los pobres, ahora se nota que “la causante de la crisis global fue la administración financiera de capitales sin ningún control”. Por eso, Cristina pidió regular “los grandes movimientos de capitales donde se esconden formidables transferencias de ingresos” y recordó que “los únicos perjudicados son millones de personas que pierden esperanza y trabajo”.  “Aspiro a que no pierdan la paciencia –pidió a los damnificados- porque cuando además del trabajo la gente pierde la paciencia sobrevienen crisis políticas e institucionales como la que vivimos nosotros en el 2001”. Por supuesto que no le erró. El Congreso de los Diputados español fue el escenario de enfrentamientos entre la policía y miles de manifestantes, desesperados ante una crisis que no provocaron, pero que están padeciendo. Esas son protestas comparables con los cacerolazos de hace más de diez años, no los cacharreos de ahora. Sin embargo, en plena ciudad de Nueva York, un puñado de residentes argentinos manifestaron con cacerolas yanquis frente al hotel donde se alojaba la mandataria argentina. Con ellos, había unos cuantos turistas que clamaban por la libertad para poder salir del país. La ridiculez los desborda y cualquier indicio de vergüenza los ha abandonado. Sólo queda esperar que no sea tan contagioso.

1 comentario:

  1. La verguenza, es verdad. Eso es lo que han perdido. Lo aterrador es ver cuan cerca están estos falsos próceres del cacerolazo de nuestras personas, de los que laburamos para parar la olla. Los Avellaneda, los Rivadavia, los Sarmiento,los Roca, los que fusilaron a Quiroga y asesinaron a Mariano Moreno están viviendo al lado nuestro. Son el enemigo histórico y hay que aniquinarlos. Son los amigos del FMI (¿Y si no acatamos que pasa?. ¿Nos van a invadir?). No les importa el papelón electoral, la pisoteada de las urnas. Lo descalifican (la mucama que recibió un lote, el hijo al que Cristina le roba el sueldo). Son ridículos pero peligrosos. No abandonemos el camino o volveremos a los tiempos de Martinez de Hoz, Menem, De la Rua, Alfonsín, Duhalde...Videla. Cuantos de estos cacharreros, que rompen ollas Essen de 800 mangos, diran: "CON LOS MILICOS ESTABAMOS MEJOR". Y tienen razòn. Ellos, trescientas mil personas, estaban mejor, el resto lo padecía.Muy buena nota.

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