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sábado, 22 de septiembre de 2012

El tortuoso camino hasta el 7-D


Como una pesadilla recurrente, el conflicto del subte vuelve a ocupar la agenda informativa. En realidad, el conflicto no es del subte, sino del alcalde de la CABA que no sabe qué hacer con él. O sí, pero lo disimula. Empecinado en sus caprichos, vuelve a depositar sobre los hombros de todos los argentinos un medio de transporte que sólo funciona en la Metrópoli. Además, insiste con que no es él quien tiene que controlar la concesión y exige más subsidios del Gobierno Nacional. Por lo visto, se ha tomado muy en serio lo del “estado paternalista”. Y también reitera que quiere hablar con La Presidenta, quizá para formar una especie de dúo y enriquecer sus shows. A esta altura de la vida, nadie duda que el empresario que imita –y mal- a un político no quiere gobernar, sino meter ruido para alentar nuevas asonadas caceroleras para animar las noches primaverales. Mientras el destructor de Mercury flota al amparo de la protección mediática y de su sapiencia respiratoria, cosas más interesantes y auspiciosas ocurren fuera de los muros de su fortaleza.
El Jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, exageradamente cuestionado por no saber apreciar las virtudes musicales de los caceroleros, presentó a mediados de semana el Informe Mosconi, que narra el descomunal latrocinio de REPSOL al frente de YPF. Claro, la inseguridad es más que una sensación. Este documento denuncia “un proceso de sistemática desinversión, depredación del recurso y una visión cortoplacista que priorizó el giro de dividendos a su casa matriz”, explicó el funcionario. La investigación realizada por el equipo designado al ser intervenida “muestra cómo se afectaba el futuro de los argentinos, mientras la empresa hacía maravillosas campañas publicitarias, pero cada vez invertía menos, producía menos y, a la vez, ganaba más plata”. Abal Medina destacó que de esta manera se malograba “un patrimonio simbólico material de todos los argentinos y se comprometía el presente, el desarrollo, el crecimiento y los puestos de trabajo”.
Por su parte, el viceministro de Economía, Axel Kicillof, destacó que en los noventa “se convirtió a YPF en un instrumento para la valorización financiera y para la extracción desmedida de un recurso escaso, en manos de unos especuladores que se dedicaron a cualquier negocio, menos aquellos que apuntaran al bienestar del pueblo argentino”. El funcionario  destacó que este informe muestra los “fundamentos claros y contundentes de que no había otra opción que hacer lo que se hizo”, expropiar la empresa y recuperar su manejo para el Estado nacional, algo a lo que las fuerzas amarillas se opusieron en la Cámara de Diputados, dicho esto para ejercitar la memoria, nada más.
Memoria que a veces se mezcla con barro y el resultado es Facundo Moyano, quien no dudó en apelar a superficiales comparaciones de los cacerolazos del 13-S con los de diciembre de 2001. El Diputado por el “Frente Para la Victoria opositor” consideró que en el oficialismo "algunos utilizan el mismo argumento que utilizaba De la Rúa, que después se terminó yendo en helicóptero de la Casa Rosada". Y, a punto de quemar las naves y hasta los salvavidas, explicó que "algún sector del kirchnerismo ni siquiera es kirchnerismo. Yo lo catalogo como cristinismo bobo. Esto habla de una pobreza intelectual llamativa. Abal Medina tiene una carrera intelectual importante, pero ante las protestas del jueves pasado acude a la simple descalificación". Quizá el sindicalista interpretó las expresiones en la Plaza de Mayo como elogios hacia La Presidenta.
Un poco de resentimiento hay en su crítica, sobre todo cuando se refirió a la "matriz vanguardista de un sector, que dice «nosotros que leemos, que tenemos una trayectoria académica, le decimos a la gente qué es lo que tiene que hacer»". Y, abandonando totalmente la coherencia, pidió "dejar la ideología de lado y discutir realidades". Un GPS no le vendría mal, para no quedar adherido al parabrisas de los noventa. En cambio, el senador Aníbal Fernández nada encomiable encontró en la protesta de “un sector que ha perdido privilegios” y destacó que “el nivel de odio de esa manifestación no fue saludable”. Sin embargo, el diputado Miguel Pichetto se mostró contrario a la realización de un contra-cacerolazo porque se vienen fechas importantes que podrán aprovecharse para manifestaciones de apoyo al gobierno de CFK.
Y bueno, como homenaje al hijo del camionero, Apuntes Discontinuos dedicará unos párrafos al “cristinismo bobo” que tanto molesta. En una nueva etapa del Pro.Cre.Ar, quien despierta las boberías del 54 por ciento de los ciudadanos aclaró que “lo que tienen que entender los que llegaron a un determinado nivel económico, los que ya son clase media, media alta o alta, es que también los que todavía no llegaron tienen el derecho a aspirar a ser de esa clase media, y por qué no alta”. En un momento de su discurso, hizo una crítica a los caceroleros, pero de manera elíptica. “La verdad que escucho algunos comentarios acerca de la localización de barrios y pienso que hay quienes se creen miembros de la dinastía Romanoff”, expresó con ironía. Aunque aludía a las quejas de los vecinos de Ezeiza ante la construcción de viviendas sociales, esa misma comparación podría hacer blanco en los que cuestionan la AUH y los planes sociales. “La verdad, quiero ser sincera, tengo que decirlo, observo como que los argentinos o una parte de ellos tuvieran desprecio hacia determinados sectores sociales que no han podido crecer o tener mejores ingresos”, confesó La Presidenta. Para que no queden dudas de que los golpes de cacerola no pueden torcer el rumbo, CFK aseguró que debemos “hacer un gran esfuerzo para seguir sosteniendo este modelo que ha venido creciendo, pese a las graves dificultades que atraviesa el mundo por la crisis” y remarcó que “vamos a seguir poniendo todos los días una nueva idea”.
Que es lo que falta en ciertas gestiones que se quieren proyectar para el futuro del país, pero lo único que hacen es generar malestar para desgastar la adhesión al Gobierno Nacional. Que Macri vuelva a reflotar su conflicto favorito, el del subte, es una muestra evidente de sus intenciones. Las contradicciones del ministro de Hacienda porteño, Néstor Grindetti, al justificar la no inclusión de subsidios para el subte en el Presupuesto 2013 resultan casi de antología. El riesgo inmediato es que la concesionaria deba incrementar la tarifa a cinco pesos ante la falta de control y subsidios del Estado que corresponde: el porteño. Y esto provocará desconcierto y bronca en los usuarios y se convertirá en una nueva excusa para sacudir cacharros. Y por supuesto que los sones estarán destinados a La Presidenta y no al evanescente ingeniero, que tiene un escudo mediático imbatible, además de un ejército de operadores en las redes sociales. Después dicen que estas protestas del odio son espontáneas e inorgánicas. El guión ya está escrito. Sólo falta poner en escena el segundo acto de esta macabra obra que tiene como objetivo desgastar una gestión comprometida con la construcción de un país mejor. Pero a la vez, se aproximan fechas clave que servirán como un buen motivo para poblar las calles en apoyo a CFK, la creadora de las boberías que tanto desesperan a los destructores de siempre. Calles que se llenarán de rostros felices, ilusionados, comprometidos, agradecidos para desterrar las sombras que todavía nos asechan, cargadas de odio.  

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