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jueves, 20 de septiembre de 2012

Los que se escudan en las cacerolas


Si algo queda claro del cacerolazo es que no les gusta el kirchnerismo. Poco importan las consignas que esgriman, porque sólo son excusas. Lo sorprendente será, en todo caso, que algunas fuerzas políticas se animen a convertirlas en un programa político. Y ya aparecieron los primeros voluntarios, por supuesto. Mientras tanto, con espontaneidad, los gorilas 2.0 están preparando otra muestra de percusión culinaria para fin de mes, quizá con más asistentes y con un renovado mosconeo de excusas. Tal vez la protesta cobre nuevos bríos cívicos con la defensa por el procesamiento a notorios periodistas espías o por la inevitable aproximación de la fecha de caducidad para el mayor grupo mediático de nuestro país. Estas minorías protestonas intentarán transformar un avance de la justicia democrática, en todo lo contrario. Porque no entienden o porque sí entienden, pero lo harán. Con o sin intención, harán un aporte a la agenda informativa de las propaladoras de estiércol y se convertirán en peones de los carroñeros que ven próximo el fin de su supremacía en la manipulación del sentido común. El sobredimensionamiento que se ha dado a estas manifestaciones minoritarias e individualistas permite apartar de la agenda la presentación del Informe Mosconi y el anuncio de una investigación profunda sobre el origen de nuestra deuda externa. Cuando los resultados salgan a la luz, los ciudadanos comprenderemos el porqué de tanta desesperación.
Por supuesto que van a llevar como bandera la defensa de la “libertad de expresión”, uno de los principios más distorsionados de los últimos tiempos. Los que se escudan en este derecho no tienen reparos en pisotearlo con su malintencionado accionar. Detrás de él esconden mentiras, operaciones, tergiversaciones y amenazas. Detrás de él están los eternos que siempre han gobernado desde las sombras los destinos del país, con un saldo negativo para el resto de los ciudadanos. Aunque les importe tres pepinos la República y la Democracia, se autoproclaman como sus defensores. Aunque derraman litros de lágrimas cuando descubren a un pobre para montar su show, jamás han escatimado esfuerzos para escamotear las riquezas del país. Aunque se conduelan con las víctimas de la inseguridad que ellos amplifican, no han dudado en asociarse con la peor de las dictaduras para acrecentar su poder, a costa de silenciar los crímenes más atroces. Poderosos, eternos y malvados que se presentan como víctimas de un autoritarismo que no existe, como si fueran inocentes corderitos acosados por lobos hambrientos.
Y como ven amenazado su poderío y temen quedar al descubierto, redoblan sus esfuerzos para alimentar los prejuicios de los que no ven más allá de su nariz. Por eso las protestas contra la Cadena Nacional, que ocupó tan sólo 15 horas contra las casi 6000 que tuvieron a su disposición para envenenar con sus panfletos. Por eso un manifestante exigió que La Presidenta dé conferencias de prensa en lugar de usar La Cadena. Y agregó “así no me obligan a escucharla”. La “operación cadena” pergeñada por Clarín, satélites, laderos y siervos tuvo el éxito de convertir en atropello algo que es perfectamente legal. Además, tal vez muchos de los que claman excitados que no soportan escucharla, jamás lo han hecho. Y desde la desinformación y el prejuicio, esta minoría protestona embiste contra la voluntad de las mayorías. Como ya se dijo en un Apunte anterior, las mayorías deben respetar los derechos de las minorías, pero no sus privilegios. El de evadir y fugar a cuatro manos mimetizado con la consigna “no nos dejan salir del país”, por ejemplo. Para que quede claro, el evasor no es un héroe ni una víctima, sino un angurriento que acrecienta sus monstruosas ganancias a costa del esfuerzo colectivo.
Muchos se horrorizaron al ver flotar cruces esvásticas en la manifestación del odio, aunque interpretaron, erróneamente, que eran portadas por agrupaciones neo nazis. Debajo del nefasto símbolo estaba el odiado nombre: Cristina. Cristina es nazi. Además, había otro cartel que rezaba “maestros de la propaganda” y debajo un dibujo de Hitler junto a uno de La Presidenta. Todas estas barbaridades no son más que el resultado de la retahíla de comparaciones que los popes del periodismo opositor hacen del nazismo con el kirchnerismo. Columnistas, editorialistas, analistas y locutores como discos sinfín están constantemente repartiendo falsas analogías que prenden en los gorilas 2.0 convocados a la sedición. Porque es eso lo que están haciendo: alentando la rebelión de los disconformes perpetuos. Lo mismo que han hecho desde los tiempos del levantamiento de los estancieros, provocar una reacción, producir desaliento en muchos pobladores, construir malestar a través de sus mentiras.
Pero el fin de ciclo está próximo. El procesamiento a los integrantes de una red ilegal de espionaje liderada por Juan Bautista Yofre revela un accionar muy afín a la derecha más rancia. No hay que olvidar que el Jefe de Gobierno porteño está involucrado en una causa similar. Después de seis años de investigación, la jueza federal de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado, decidió procesar a los involucrados por el delito de espionaje por  “hacerse y comercializar datos, noticias e información de orden político, social, militar o económico que debían permanecer secretos en función de la seguridad, la defensa o las relaciones exteriores”.  Esta banda hackeó cientos de correos electrónicos de los más altos funcionarios de Gobierno, desde secretarios y ministros hasta CFK cuando era senadora para convertirlos en mercancía informativa. Pero además de procesar a los hackers, también hará lo propio con los que recibían estos contenidos espurios y los utilizaban para la producción de sus columnas, como el periodista de La Nación, Carlos Pagni, el director del portal Urgente 24, Edgar Mainhard y el columnista de Perfil y ex director de Ámbito Financiero, Roberto García. No se los persigue por pensar distinto, sino que se los enjuicia por actuar fuera de la ley.
Y si de leyes se trata, en poco más de dos meses comenzará la lenta exfoliación del grupo Clarín. A la espera de tal ocasión, el Gobierno Nacional propuso a Martín Sabatella como presidente de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual, en reemplazo del renunciante Santiago Aragón. El 7 de diciembre deberá aplicarse el artículo 161 de la ley de SCA, aprobada por mayoría en el Congreso y ratificada en su constitucionalidad por la Corte Suprema de Justicia. A partir de ese día, el monstruo se transformará en un monstruito, por lo que se reducirá bastante su capacidad de daño. Aunque hasta entonces, tendrán tiempo suficiente para arrojar sus bombas de estiércol contra la sociedad. La desesperación los conducirá a convocar desde las sombras unas cuantas sinfonías caceroleras más para intentar su salvación, con el apoyo de unos cuantos funcionarios PRO y activistas de partidos aliados desde el anonimato de las redes sociales.
Un poco de paciencia, que el principio del fin está cerca. Detrás de las cacerolas se escudan los peores exponentes de la clase patricia, los que se creen dueños de nuestras riquezas y de nuestro futuro. Que no nos pongan nerviosos. Al contrario, vamos a divertirnos. El autor de estos Apuntes propone una hora diaria de Cadena Nacional y dos horas semanales de Aló Cristina por la TV pública. Y, como la mejor broma de todos los tiempos –y para garantizar la continuidad de los logros de estos nueve años- de verdad que se merecen un tercer mandato de CFK.

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