lunes, 12 de noviembre de 2012

Ingentes esfuerzos de comprensión


Los caceroleros no son todos iguales. Algunos más violentos, otros más ingenuos. Unos entienden más, otros menos. Todos estuvieron pero de diferente manera. Un grupo minoritario hablaba de “los montoneros que están en el gobierno” y pedían la renuncia de La Presidenta, aunque afirmaban no ser golpistas. Otros –quizá los más- transformaban en demandas titulares periodísticos. También abundaban los personalistas, que pretendían convertir en protesta sus tropiezos individuales. Y, mezclados en la multitud, los que no entendían nada pero celebraban la sana costumbre de tener como enemigo al gobierno de turno. Eso sí: entre los caceroleros porteños no hubo uno solo que emitiera una queja hacia el Alcalde de la Ciudad. Después de convivir durante días con bolsas de basura, que con el calor, apestaban el ambiente, a nadie se le ocurrió protestar por semejante indignidad. Raro, pero real. Masoquistas o mugrientos. O ambas. Y de las inundaciones, ni hablar. A pesar de tener el monto para la realización de las obras, nada ha comenzado el gobierno de la CABA. Por el contrario, Macri sólo sabe echar culpas y pedir autorización para nuevos endeudamientos. Su única acción es pedir créditos para después depositar el dinero en el banco. Tan manipulados están los manifestantes que consideran que la ausencia de gestión en la ciudad es culpa de Cristina. La protección mediática del danzarín de Gilda, además de provocar cierto enojo, puede resultar peligroso para el país si alguien así pretende ser presidenciable.
El heroico trabajo en vivo de Cynthia García en medio del cacerolazo con las cámaras de 678 aporta retazos interesantes para el análisis. Cuando la periodista indagó a un manifestante qué pensaba de las inundaciones en la ciudad, el muchacho re preguntó: ¿acaso la tormenta fue culpa de Clarín? Si la culpa no fue de Clarín, entonces fue de Cristina, no porque la crean capaz de dominar los fenómenos meteorológicos, sino porque se niega sistemáticamente a solucionar los problemas que el niño Mauri genera en la Capital. Para la historia quedará la respuesta que dio el empresario devenido en político cuando le preguntaron sobre su presencia en el recital de Kiss, en medio del caos en el que vivía la ciudad, con cortes de energía, de agua y de recolección de residuos. “No estaba de joda. Estaba trabajando”. ¿Cómo puede ser que eso no despierte el enojo de los caceroleros? Y no conforme con eso, agregó: “hubiera preferido estar en casa con Antonia”. De “solucionar los problemas de la gente”, ni hablar. Si La Presidenta hubiese tenido una respuesta de tal calibre, todos los medios y políticos de la oposición la estarían crucificando y habrían generado una nueva protesta pacífica y espontánea para exigir su renuncia.
Otro episodio recogido por Cynthia sucedió con una joven que clamaba por la libertad jurídica. Cuando la periodista le preguntó qué quería decir eso, la cacerolera contestó: no sé, no soy abogada. Un loro podría haberlo hecho mejor. Muy gracioso, pero algo así desprestigia la tan mentada libertad de pensamiento, de expresión, de opinión o como quieran llamarla. Una opinión, para ser respetable, debe tener un respaldo argumentativo, sino es la mera repetición de algo que dijo otro. Peor aún, la reproducción de un enunciado cuyo sentido se desconoce. Una opinión respetable debe ser respetuosa. Esa -como muchas de las que se pudieron escuchar durante el 8N- no lo es. Los medios de comunicación y los opositores “han instalado determinadas frases, títulos, que cuando uno le pregunta sobre el título, no saben explicar y no saben desarrollar –explicó CFK el viernes- porque solamente está el título como si fuera una muletilla, no hay argumentación, no hay sustento, no hay idea, es simplemente repetir lo que lee o lo que alguien le dice desde una pantalla de televisión”.
Pero Cynthia García no pudo terminar su trabajo. Los que claman por la “libertad de expresión” amenazaron la suya y tuvo que escapar de las hordas caceroleras. No fue el único caso. El video del golpe recibido por el notero de C5N fue visto por millones de personas. Un poco menos, tal vez, el de la agresión padecida por el equipo de Duro de Domar. Difícil esquivar las lágrimas ante esas imágenes. Escupidas, agua, cerveza, empujones, patadas, golpes y hasta gas pimienta. Y, por supuesto, una variedad de insultos extraídos del menú mediático. Chorros, vagos, vendidos, vendepatrias, negros de mierda, lacra. Expresiones de odio imposibles de sortear. Hasta un cronista de Telenoche la ligó, para demostrar la exaltación desorientada que dominaba el tumulto. Periodistas de Telefé, de América TV y de Radio Nacional también fueron víctimas de ese enojo irracional. Uno de los agresores gritó: “éste es un país católico. Viva Cristo Rey”. En ese contexto, parecía una amenaza. O una fotografía amarillenta. El que trabaja en los recitales y no es músico ni telonero siempre dice que “hay que bajar el nivel de agresión”. ¿Estará haciendo referencia a estos episodios?
  Porque los políticos de la oposición tienen más responsabilidad en todo esto que los sicarios mediáticos. Como no pueden articular una plataforma alternativa al modelo en curso, sólo atinan a sacudir el tablero. Ellos son los que dan legitimidad a las manipulaciones des-informativas. Si un periodista afirma en su programa que la presidenta da miedo, que se parece a Hitler, está rifando el país o le pega a su criada deberá asumir la ridiculez de sus palabras. Pero si estas cosas las repite un político con representación, el asunto es distinto, porque denunciar estas tonterías profana la responsabilidad de su cargo. Y esto no puede englobarse en el pensar diferente. No se debe opinar sobre una realidad inexistente. Pero con esto, cayeron en su propia trampa. El esfuerzo por construir una imagen monstruosa del Gobierno Nacional y de la situación del país obtuvo como resultado un amasijo de individuos cargados de ira difícil de representar. Para el analista Artemio López, “la marcha profundiza la crisis opositora que fue explícitamente ausentada de la convocatoria de los ciudadanos que se manifestaron contra el gobierno. Le dieron la espalda a los políticos opositores”. Como diría cualquier abuela, les salió el tiro por la culata.
Los periodistas insisten con el armado espurio de la realidad para que los políticos opositores le den legitimidad. Entonces, afirman que Cristina no hizo comentario alguno sobre la asonada cacerolera, que de lo único que habló fue de la elección del nuevo Presidente chino. CFK sí habló del tema, pero lo que dijo molestó y resulta muy complejo para transformar en titular carroñero. “Yo lo único que les pido a cada uno de los argentinos, y fundamentalmente a sus clases dirigentes, que realmente diga lo que piensa y lo que quiere para el país, con sinceridad, que nadie se va a ofender, que nadie se va a molestar”. Precisamente, puso el dedo en la pústula. Porque si algunos periodistas y exponentes de la oposición sostienen consignas deleznables para socavar la legitimidad del Gobierno Nacional es porque no pueden decir cuál es su propuesta. Claro que tienen un modelo alternativo, pero les da vergüenza exhibirlo. El país que quieren es el infierno del que estamos saliendo.
Otra falsedad que trataron de instalar fue la figura del arrepentido. Muchas veces afirmaron en off sobre las imágenes que muchos de los protestones perpetuos habían votado por Cristina. Una afirmación que por intuición puede ser fácilmente descartada. Si alguien votó a CFK en las elecciones pasadas, parece insostenible que se haya pasado a la oposición extrema. Sobre todo porque lo que ha hecho La Presidenta es cumplir con el mandato de las urnas. Quien la eligió hace poco más de un año no puede convertirse en un cacerolero. O hay algo que no entiende.
No todos los caceroleros son iguales, pero lo que piden, es más o menos lo mismo. Un experimento interesante sería alojarlos a todos en un mismo territorio sometidos al programa de gobierno que exigen, a ver cómo les va. A los pocos meses terminarán caceroleando en contra del gobierno por el que antes caceroleaban. Difícil convivir con ellos cuando utilizan sus cacharros bullangueros fuera de la cocina. Dicen que no son escuchados, pero ellos son incapaces de escuchar. Afirman no ser respetados cuando se niegan respetar la voluntad de la mayoría. Sostienen que son odiados cuando las más despiadadas expresiones de desprecio provienen de ellos. Eso sí, hay que tener mucha paciencia y compresión. Quedan muchas catarsis callejeras por delante y el país que soñamos necesita que estemos despiertos. Más que nunca.

2 comentarios:

  1. Una mujer que se mantenía al márgen de la marcha fue entrevistada por un reportero de no se que medio. Dijo que no participaba porque no compartía, que con Cristina ella había tenido casa y que apoyaba al gobierno. Inmediatamente un grupo de energùmenos la llevó por delante y una gorda señora energúmena le vociferaba "si había trabajado para obtener esa vivienda"... y la mujer le contestaba. Yo le habría dicho que "Que mierda le importaba" y la hubiera mandado a la puta que la pario. Estos "Inquisidores" de baja estofa son los descendientes de quienes descorchaban botellas mientras la "Revolución Libertadora" bombardeaba Plaza De Mayo y arrastraba el féretro de Evita por las calles porteñas. ¡Que se mueran!.

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  2. Sí, esa escena fue recogida por Martín Cicioli. Una de las caceroleras le gritó: "vos me agredís con tu voto". Impresionante.

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