martes, 18 de diciembre de 2012

Una invitación para salir del frasco



La marcha del miércoles ya está marchita unos días antes de su realización. La bomba nuclear que prometió Michelli apenas será una bombita con muy mal olor. Una metáfora dolorosa y confusa. Sobre todo porque son los pueblos las víctimas de ese tipo de artefactos tan destructivos y no los que las arrojan. Pero no es sólo eso lo que condena la movilización del 19 al fracaso. La margarita de Moyano se está deshojando en un lento strip tease. La Bancaria, un gremio alineado con el camionero, anunció que no asistirá a la protesta. En un comunicado, los representantes de ese sector expresaron la necesidad de un “acuerdo o pacto social para consolidar los avances económicos y sociales de los últimos años" y se comprometieron a realizar un "un esfuerzo superador de las diferencias, aunque ese pacto no debe ni puede restringirse exclusivamente a los precios y salarios". También perdió el apoyo del gremio de los pilotos, pues Pablo Biró, cercano a Hugo Yasky, se impuso en las elecciones con el 61 por ciento de los votos, desplazando a Jorge Pérez Tamayo, un aliado incondicional. Menos mal que ahora cuentan con el multitudinario aporte del radicalismo, que no sabe dónde acomodarse. Parece que Moyano y los sindicalistas rebeldes están considerando seriamente si convocar una concentración en Plaza de Mayo o tomar un vermut en algún barcito de la zona. Por suerte, de confirmarse el mal tiempo pronosticado, tendrán una buena excusa. La fecha elegida también le juega en contra: el 19 de diciembre de 2001 nos encontró en la ruina, en la peor crisis de nuestra historia. Un día para recordar, no para realizar una caprichosa protesta, más funcional al Poder Fáctico que a los trabajadores. Pero el GPS condujo al camionero por esos rumbos y parece que lo extravió para siempre.
El que también está extraviado pero continúa de gira es Hermes Binner quien, de cara al 2015 está tratando de instalar el programa “La Argentina que queremos”, un documento que propone 20 ideas para 20 años como alternativa al kirchnerismo. En realidad, una enumeración de buenas intenciones que no indica ningún recorrido. Precisamente, una propuesta política requiere un cómo para diferenciarse de los adversarios. No debe haber un partido en el mundo que proponga acrecentar la pobreza y explotar a los trabajadores. Todos proponen lo contrario, aunque después no puedan o no quieran realizarlo. Los objetivos son sólo metas, que hasta pueden ser compartidas por amplios sectores de la sociedad, pero la manera de alcanzarlas es lo que marca la diferencia. Nadie va a oponerse a la construcción de una sociedad equitativa, pero eso no puede lograrse con el simple voluntarismo. Quien piense que puede realizar una redistribución del ingreso sin conflicto con los grupos más poderosos de la economía o está mintiendo o no sabe lo que dice. Transformar un país desigual siempre va a generar resistencia en los que no quieren ceder un palmo. El diálogo y el consenso que muchos reclaman no es más que una muestra del cinismo de los poderosos.
Aunque el coleccionista de autógrafos no quiera reconocerlo, su mirada no está puesta en 2015, sino apenas en las próximas elecciones legislativas. Aunque sueña con lucir la banda presidencial en su pecho –como algunos de los que desfilan por los estudios de TN- sabe que será muy difícil escalar la montaña de votos que lo separa de Cristina. Y al resto, para qué vamos a hablar. El sólo pensar en competir nuevamente con Ella… Por eso, en el programa presentado por el FAP, no aparece entre sus veinte puntos el más nombrado en los discursos: no a la re-re. Muchas veces el líder –por llamarlo de alguna manera- de esa agrupación insiste en denunciar que La Presidenta guarda la malsana intención de reformar la Constitución que habilite un tercer mandato. O muchos más. Y hasta se dedica a recopilar firmas, por las dudas. Para el que dejó un déficit monstruoso en una de las provincias más ricas del país sin impulsar su desarrollo, detrás de todos los logros del Gobierno Nacional está la perpetuación en el poder. Y eso le basta para situarse en la vereda de enfrente, a tal punto de alinearse con los carroñeros que quieren hincar nuevamente sus pestilentes colmillos en nuestro patrimonio.
En un salón del Tenis Club de la ciudad de Reconquista, ante unas 300 personas, el ex anestesista sostuvo que “en la Argentina hay una disputa por el espacio del progresismo entre quienes sólo lo declaman y son una cáscara vacía y quienes tenemos una visión diferente, le damos contenido y lo demostramos todos los días con nuestras acciones". Precisamente, no tienen mucho para demostrar y en los espacios en los que se acurrucan no abunda el progresismo, sino todo lo contrario. Y después, la falacia: "Hoy se quiere imponer desde el gobierno nacional un relato único y eso no es cierto. Hay múltiples voces y visiones”. Nadie impone ningún relato a nadie. Lo grave de esta frase es que se prende como un bagre del latiguillo que corean los voceros de las corporaciones, los que defienden el discurso que dominaba hasta hace muy poco. Y hay que perderle el miedo al término relato, que no es más que la coherencia que imprime el discurso a una serie de hechos dispersos. El relato es lo que nos mantiene ligados, lo que nos hace humanos. Las religiones –re-ligar- se conforman alrededor de un relato mítico, la historia es un relato; la biología, la medicina y hasta la matemática se sustentan gracias a un relato. Sin relato, todo sería un caos.
Un poco ofendido por el jolgorio del 9D, Binner sostuvo que “es inaceptable que se convoque a una fiesta por los 29 años de la democracia sólo para ellos". Que se sepa, no se enviaron tarjetas con invitaciones personalizadas. La convocatoria era amplia y no se exigía ningún tipo de afiliación. Tampoco se cobraba entrada para asistir a los múltiples espectáculos que se ofrecían. Quien no fue es porque no quiso. Además, sólo en estos últimos nueve años la democracia ha cobrado sentido porque ha logrado transformar en realidad aquellas emocionantes promesas de Alfonsín (El Sabio, no el necio): “con la Democracia se come, se educa, se cura”. Y en los tiempos de Don Raúl, sólo quedaron en promesas porque las hienas todavía estaban al acecho, apenas disminuida su capacidad de daño. Si bien aún conservan su poderío y avidez, están más expuestas que nunca y torpe es quien no advierte que es el momento de comenzar a domesticarlas. Quien no asistió a las celebraciones del día de la democracia y los derechos humanos es porque resolvió destinar unos mimitos a las fieras.  
Y en un notorio extremo de incomprensión, el Ex Todo agregó: "nosotros queremos un país donde convivan todas las voces y sean escuchadas". Incoherencia patológica, si las hay. Porque si la sacamos del contexto, parece una frase de apoyo a la aplicación de la LSCA. Pero el difuso socialista ha manifestado muchas veces que hay que respetar la libertad de expresión, en defensa del Grupo Clarín y, por tanto, en detrimento de la ley. En esa frase, subyace una mentira: denuncia la vulneración de un derecho que de ninguna manera se vulnera. No es tan transparente –palabra que les apasiona a los fapistas- presentar un programa de gobierno hablando de generalidades y, menos aún, si se denuncian cosas que no ocurren. Encima, con el disfraz de los buenos deseos.
Un final con mucha fuerza
El relato kirchnerista ha descolocado a muchos, porque desde 2003 comenzó a socavar el sentido común construido por el neoliberalismo a lo largo de casi treinta años. El sentido K no se impuso con un golpe de estado, sino que fue ganando conciencias a través de conquistas insospechadas, sembrando flores en medio de las ruinas y restaurando una soberanía que había sido pisoteada como un trapo. El relato kirchnerista no se impone con represión ni es una fábula eficaz que logra engañar a las mayorías. Quien niegue las transformaciones que el proyecto K ha realizado en nuestro país padece de una profunda y tozuda ceguera. Pero esos quiénes existen y son difíciles de convencer. No porque uno quiera que todos los habitantes de nuestro país piensen exactamente lo mismo, como chicanean siempre los detractores. Pero al menos, que reconozcan algunos logros.
Ser crítico no significa solamente estar en contra. Ser crítico significa evaluar a partir de la información, contraponer esos datos con lo que uno puede comprobar en el entorno y finalmente, activar el pensamiento, generar ideas. Ser crítico significa trabajar y no memorizar de manera parasitaria. De lo contrario, uno se convierte en repetidor de frases hechas, opiniones pre-fabricadas, prejuicios con forma de titulares. Muchos hablan del relato K, pero nadie se atreve a transformar en plataforma política los ladridos caceroleros, que se nutren con las visiones trágicas de los operadores de las sombras. Individuos engañados que exigen oídos para un torbellino de vociferaciones confusas. Engañados por convicción, pertenencia, identificación, aspiraciones, conveniencia y muchas variantes más. Difícil admitir que uno ha sido engañado. Por eso es más fácil persistir en esa riesgosa inocencia y salir a cacharrear, cada tanto, contra todo. O a elaborar plataformas que se reducen a deseos ya satisfechos o derechos ya recuperados y conquistados. Y no proponen ningún sendero apacible, sino un tortuoso laberinto que recorre oscuros y fétidos parajes acechados por los monstruos de nuestro peor pasado.

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