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jueves, 31 de mayo de 2012

Las sombras que nos acosan


En estos días, Juan Carr, de Red Solidaria, afirmó que el hambre en Argentina ha disminuido notablemente, a tal punto que “es el momento en nuestra historia como país en que a menos argentinos les falta la comida”. De acuerdo a los datos de esta ONG difundidos por la agencia oficial Télam, “de cada 23 personas, una no tiene la comida garantizada, mientras que en América Latina, una de cada 14 y en el mundo, uno de cada 7”. Dicho de esta manera, las cifras son significativas, pero insuficientes. Esto sugiere que sobre 40 millones que somos, hay casi dos millones que no tienen satisfecha una necesidad básica como el alimento, algo que, en nuestro país, brota hasta de las piedras. No es para celebrar, sino todo lo contrario. Según Carr, el logro es mérito del Estado Nacional, Provincial, de las municipalidades y de las instituciones privadas que “asisten el tema del hambre”. Si hay tantos involucrados en este asunto y tantos recursos disponibles, que queden personas con hambre en nuestro país -y en tan impresionante número- indica que las cosas no se están haciendo tan bien como debieran. Y más aún, con los plazos en que se plantea el Hambre Cero. “Tanto para el sector público y privado hay una enorme unidad en este tema –explica Carr- a todos les parece que el hambre puede terminar en unos años”. Con las transformaciones profundas que se han realizado en nuestro país en los últimos nueve años, ése debería ser un problema ya resuelto o con inminente resolución. No hay paciencia que alcance en estos temas.
Pero señalar estas cuestiones no invita al retroceso, sino todo lo contrario. En nuestro país el hambre debería ser inexistente, no por el accionar de los organismos e instituciones que se dedican al reparto de alimentos, sino porque los recursos de los que disponemos deben estar mejor distribuidos. Mientras muchos protestan porque no pueden adquirir dólares, presionan por una devaluación del peso o lloran por el revalúo fiscal de sus redituables tierras, hay dos millones de personas con hambre. Algo parecido a la vergüenza deberían sentir. Y un poco de culpa también. Porque la pobreza de los muchos es consecuencia de la riqueza de los pocos. Y lo peor es que quieren más, todavía. La avaricia no tiene límites. La angurria carece de ética. La especulación no se conmueve ante nada.
La Presidenta, en uno de los actos de esta semana, ratificó “la economía social de mercado como política de Estado y generadora de empleo”. Con la entrega del crédito 250 mil del Programa Nacional de Microcrédito para la Economía Social, señaló que los 525 millones de pesos beneficiaron a 175 mil unidades productivas y generaron 275 mil puestos de trabajo. “Tenemos, no una Argentina justa –explicó CFK- pero sí más justa que la que teníamos en 2003”. “Falta mucho todavía –agregó- lo importante es saber lo que falta y saber cómo hacerlo. Para lo primero siempre hay anotados. Para lo otro, no tanto, porque hay que saber cómo hacerlo”. Y para aquellos confundidos que piensen que estamos entrando en un comunismo autoritario, Cristina señaló que algunos dirigentes “se olvidaron de la premisa fundamental del capitalismo, que es entender que la necesidad del capital es la de vincularse a la producción y el trabajo”. Por supuesto, siempre y cuando el salario de los trabajadores alcance para mucho más que satisfacer las necesidades elementales.
Y para ello, empresarios y productores deben comprometerse con el crecimiento de la economía con inclusión y redistribución. Nada de especulación, nada de desabastecimiento, nada de sobreprecios. Mucho de control por parte del Estado para que las reglas sean cumplidas. El país es de todos y no de unos pocos. Y no es mala idea que los que ganan muchísimo sin demasiado esfuerzo empiecen a ganar un poco menos –no perder- para lograr que los que están más abajo empiecen a subir algunos escalones. Solidaridad bien entendida, que se llama. Si la desigualdad es un problema, debe superarse con el serio compromiso de todos. Porque falta mucho y no nos podemos detener a discutir a cada paso con los individualistas de siempre.
Individualistas como los que pujan por el dólar y protestan por la idea de comenzar a pensar en pesos la economía doméstica. Minoritarios pero molestos como moscardones y más dañinos, no dudan en hacer correr cualquier rumor desde los titulares, micrófonos o cámaras con el objetivo de que la moneda verde se incremente en unos centavos. Los estancieros, que siempre protestan por las retenciones, retienen sus porotos a la espera de que la cotización se dispare para incrementar sus ganancias. A riesgo de perder lo acumulado en los silos. Después se quejarán porque, como usan insumos importados, todo les sale más caro. Si fuera por ellos, tendríamos un dólar a un peso para importar y a veinte pesos para porotear. Y eso sí, nada de aumentar impuestos, porque entonces sí se va a oír su solidaria voz de protesta.
Aunque el dólar como inversión no ha dado grandes ganancias en los últimos nueve años, resulta muy elegante tener ahorros verdosos en colchones o cajas de seguridad. No es lo mismo el precio de una propiedad en dólares que en pesos. El peso parece tan pobre que la propiedad se desvaloriza. Hasta un chicle parece más rico si le lo compra en dólares. Un abogado, Julio César Durán, presentó un amparo porque no pudo comprar 10 dólares para sus nietos por impedimentos de la AFIP. En el país colectivo que estamos construyendo, la desesperación por la moneda norteamericana es una amenaza de retroceso. “Solamente el 11% de los argentinos atesora en dólares –afirmó el senador Aníbal Fernández- el resto no tiene nada que ver con este tema. Hay que tomar políticas que nos comprendan a todos y nos den soluciones parecidas”. El ministro del interior, Florencio Randazzo, explicó que las medidas de intervención en el mercado de divisas “son para defender el valor de la moneda argentina y el bolsillo de los argentinos” y agregó que al Gobierno Nacional “no le preocupa el dólar paralelo, sino que la Argentina siga creciendo”.
Algunos, llegan a decir que las medidas para desdolarizar la economía afectan la libertad de los ciudadanos. Libertad para especular, para fugar, para boicotear. El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti precisó que “si alguien se siente afectado en sus derechos, puede recurrir a la justicia […] pero nosotros no podemos adelantar cuál es la decisión porque además los casos pueden ser muy diferentes”. El diputado nacional Carlos Heller calificó como positivas las medidas adoptadas en el mercado de divisas desde el último semestre de 2011 y consideró que “apuntan a ir desarmando esa cultura ‘dolarizadora’, fortaleciendo el modelo instalado en el país desde el 2003”.
Sin embargo, los propaladores de estiércol -que han tenido un papel muy destacado en la distorsión monetaria en los últimos treinta años- siguen intentando bombardear nuestra economía con la esperanza verde. Como la cotización del dólar es tan importante para la gran masa del pueblo, nada dicen de los avances que se están produciendo en los juicios a responsables de delitos de Lesa Humanidad en la última dictadura. Y están desesperados. Muchos de los grandes empresarios han incrementado sus fortunas en aquellos tiempos por colaborar con los planes de exterminio desde mediados de los setenta. O a la inversa, ese modelo económico que los enriqueció necesitaba el exterminio. Ideólogos del horror. Y verlos en el banquillo, envejecidos pero no enternecidos, es una contribución enorme a la construcción de un país más justo. Pero la Justicia también debe ser presente. Si los sectores más importantes de la economía no entienden que deben respetar las leyes y acompañar la consolidación de una economía para todos, deberán atenerse a las consecuencias. Las que sean.

lunes, 28 de mayo de 2012

Los alienados VIP



La propaladora de estiércol insiste con su noble tarea de agitar fantasmas, aunque con éxito en franca decadencia. El objetivo, por supuesto, es que todo estalle. Porque esto no debe olvidarse: hay sectores de nuestra sociedad –minoritarios pero muy poderosos- que ganan más en los tiempos de crisis que en tiempos de bonanza. Y esos fantasmas que agitan son los que en el pasado causaron mucho dolor a gran parte de los ciudadanos de nuestro país. Para eso no dudan en mentir, en difundir consignas en lugar de información, en convertir sospechas en certezas y certezas en sospechas. Con su perverso accionar apuntan a despabilar a un público cautivo de su palabra y con las cacerolas dispuestas a llenar las calles de sonoros e incomprensibles reclamos. Banales en la interpretación de los hechos y perezosos para acceder a otro tipo de información, estos nostálgicos caceroleros son capaces hasta de linchar a cualquier exponente del oficialismo, aunque sea un periodista del canal público. Este ignoto profesor de provincias sostiene que no sólo consumen información maloliente porque son perezosos: temen descubrir que ese odio alimentado durante tanto tiempo de consumo mediático malsano sea desproporcionado y hasta injustificado. Si abrieran otras ventanas, si se dieran la oportunidad de ojear otras tapas, si dejaran de lado tanta desconfianza y se dejaran seducir por otros argumentos, tal vez la realidad no sea para ellos tan terminal ni dramática.
Un desperdicio de odio, eso descubrirían. O que el veneno del que se sienten rodeados está más en ellos que en el entorno, que las sombras que oscurecen el futuro desaparecen más allá de sus narices y que la enormidad de su desprecio los está volviendo despreciables. Sin pecar de soberbia, los están engañando. Esos oscuros titulares agoreros les están mostrando un infierno que no existe ni va a existir. Tan acostumbrados como están a las dosis de malas noticias, su organismo no está preparado para recibir nada bueno. Tan habituados como están a protestar contra todo, no sabrían cómo reaccionar ante algo que pueda dibujar una sonrisa en sus rostros. Ni siquiera deben saber lo que es eso.
Y no es que el resto de la población esté hipnotizada por la prédica encantadora de La Presidenta. Tampoco que la mayoría esté comprada con choripanes y gaseosas ni que le hayan puesto alucinógenos al agua corriente y sólo se salvan de los delirios los que consumen fluidos embotellados hasta para bañarse. Si gran parte de los ciudadanos percibe una realidad apacible es porque hay un contexto que avala más esa percepción. Y un poco de comprensión histórica, valga el exabrupto. Quizá los que celebramos este camino incorporamos a este recorrido el lugar del que partimos. Y ante esa comparación, es inevitable concluir que estamos mucho mejor. Un 54 por ciento de la población puede ser manipulada por 300 medios, pero no por una docena.
Si las denuncias machaconas contra el vicepresidente Amado Boudou sólo despiertan airadas protestas en un número poco significativo de individuos es porque la cosa no es trascendente. Si se descubre que el ex ministro de Economía ha estado involucrado en delitos de corrupción no será un escollo para seguir avanzando. Porque la esencia de este proyecto no pasa por los funcionarios. En todo caso, el ciudadano Boudou se convertirá en individuo y deberá pagar por ello. No hace falta abrazar un edificio para defender un modelo. Una brevísima y apresurada comparación. Que Macri sea sometido a juicio oral es un golpe muy duro tanto para el PRO como para la no-gestión de la CABA, porque en él se basa la esperanza blanca de esa nada. Si Boudou llegara a ser vestido con traje a rayas será una baja que no afectará significativamente este sendero: apenas una sacudida que no impedirá seguir construyendo la Patria con la que todos soñamos; una flor seca abandonada a un costado.
Por fin, muchos están comprendiendo. Jugar con el dólar no es garantizar un futuro, sino bombardearlo. Que los titulares hablen del incremento del dólar blue es accionar una alarma en los que jamás han visto un billete verde ni en figuritas. Que se utilice espacio para difundir el resultado de las especulaciones de los que siempre quieren evadir la ley sin emitir una leve condena es clara muestra de complicidad. Los que adquieren dólares en las cuevas o en los bosques de arbolitos de la city son evasores o blanqueadores, no visionarios ni héroes. Y los que venden en esos ámbitos oscuros, directamente estafadores. Son pocos pero molestan mucho.
Hay toda una historia en torno al dólar que merece ser revisada. Caótica y dramática. Amor y muerte, como en los mitos. Un trauma cultural que debe ser desterrado. La pasión por la moneda verde atraviesa gran parte de nuestros peores años y es inevitable que su cotización produzca temblores hasta en las mascotas. Aunque en estos años el dólar no ha dado buenos resultados como inversión, su poder colonial hace mella en los estados de ánimo. Queda mucho para hacer y discutir en torno al tema. En lo inmediato, podría restringirse el uso en transacciones cotidianas, como contratación de viajes al extranjero, hoteles y operaciones inmobiliarias; que el circulante sea el peso no sólo como instrumento sino como símbolo. Y los símbolos se llenan, en este caso, con la confianza. De cualquier modo, siempre quedarán atados a la especulación aquellos individuos que no quieren comprender que la historia está cambiando.
Y eso se nota. Por eso es deplorable la sanción que recibió una estudiante del Colegio Monseñor Audino Rodríguez y Olmos de San Juan. En un momento de reflexión ante la bandera, en la mañana del 23 de marzo, la adolescente pidió la palabra para invitar a sus compañeros a la marcha por el día de la memoria. La directora le había dicho que no hable de ese tema sino de la movilización por el Día del Niño por Nacer que se haría el domingo siguiente. La alumna aceptó esa propuesta y después de invitar a la marcha antiabortista, también habló del Golpe de Estado de 1976, de los desaparecidos y los niños apropiados. No sólo le sacaron el micrófono y la adoctrinaron con la teoría de los dos demonios, sino que le aplicaron 24 amonestaciones. La letra con sangre entra, dice un durísimo refrán, aplicado con rigor en ese colegio sanjuanino que merece durísimas sanciones por todos los ministerios de educación habidos y por haber.
Manipulación, regresión, incomprensión, represión. Cuatro palabras que resumen este apunte. Mienten los que hablan de diferentes verdades. Cuando se usa el término ‘verdad’ es porque hay una sola, dogmática, vertical y accesible sólo a unos pocos elegidos. La verdad –entendida como la única forma de interpretar los hechos- es una o no es. Apuntes Discontinuos no habla de la verdad porque no cree en ella, sino de subjetividades comprometidas con los hechos, con las transformaciones, con los muchos. Que un representante del PRO haya hablado pestes en España sobre la expropiación de YPF es una confabulación contra los intereses del país. Y después se quejan cuando alguien dice que dan asco.
“Les hemos devuelto a los argentinos la Patria que les habían arrebatado”, dijo CFK en Bariloche, aunque muchos no lo quieran entender. “Pero lograr la unidad no es pensar lo mismo, decir lo mismo, repetir monocordemente lo mismo –agregó- sino establecer cuestiones sobre las cuales ya no discutamos más los argentinos. La unidad nacional entendida no como el estar de acuerdo o hacer lo que quiere el Gobierno, sino entendida como que no puede haber nada más importante que los intereses de la Nación argentina, los intereses de la Patria; no pueden estar por encima ninguna facción ni ubicación ideológica ni sectorial. Este es, en definitiva, el concepto de unidad nacional”. ¿Entenderán algo de esto los alienados VIP?

viernes, 25 de mayo de 2012

La construcción de una Patria enorme

‘Patria’ es una palabra fácil de escribir y pronunciar. Uno la escucha desde muy chico en boca de diferentes usuarios. Y para fines diversos, también. Con ella se han justificado los crímenes más injustificables. Hasta se ha cometido traición en nombre de ella. Por momentos, pareció tan vacía que se la podía llenar con cualquier cosa. Hasta se regaló el patrimonio con la excusa de su defensa. Sin embargo, desde hace un tiempo esta palabra suena distinta. Lentamente, los ciudadanos comenzamos a comprender cómo construir este concepto tan importante para garantizar Su Futuro. Por supuesto, debimos aprender cómo no se construye la patria. No hay recetas, sólo voluntad. Una voluntad de construcción colectiva y no sectaria ni clasista. Una voluntad inclusiva y no excluyente. Una voluntad solidaria y no individualista. Cada día queda más en evidencia quiénes son los que quieren una patria chiquita y egoísta; una patria al servicio de intereses mezquinos; una patria para engrosar fortunas ya bastante gruesas. Claro, eso no es Patria sino una deformación producida por aquéllos que se han creído los dueños de una fortaleza que la mayoría insistimos en llamar “nuestro país”.
En el día de la Patria cabe hablar de la Patria. Y también de su construcción. En este caso, de una reconstrucción que comenzó desde sus propias cenizas. Nadie puede dudar que el 2001 significa un quiebre en nuestra historia. Todo termina y todo comienza en ese año. Lo que terminó es la fortaleza y lo que comienza es un País. Y no cualquier país, sino éste que estamos construyendo, con dificultades pero con mucho entusiasmo. Todavía hay individuos que se resisten, pero son cada vez menos. El odio los delata porque los desborda. La incomprensión los ciega. El linaje los abandona. Acostumbrados a amoldar las instituciones al capricho de sus intereses, se sienten acorralados cuando los mandos no responden.
Un buen ejemplo de ello fue el abrazo simbólico al edificio de tribunales que intentó hacer el PRO para defender a su líder político –es un decir- Mauricio Macri. De tan simbólico no llegó a símbolo. Un abracito, nomás, porque no alcanzaron los brazos. El clima no pudo ser motivo de la escasez, pero sirvió como excusa. A pesar de los números diminutos, sobró el desprecio y la desinformación. Las manifestaciones ante las cámaras televisivas dan sobradas muestras de ello. “Cristina es una ladrona y una asesina”; “cárcel”; “vendidos”; “es la hija de un colectivero”; “queremos preguntar”; “se va a acabar la dictadura de los K”.  Señales de un odio irracional que tiene responsables con nombre y apellido. Quienes convocaron a ese acto son en su mayoría diputados, representantes, defensores verbales de una institucionalidad que no respetan. Que Eduardo Amadeo amenace con “ya se les va a terminar la fiesta” suena poco democrático. Que equiparen las denuncias que pesan sobre Amado Boudou con el juicio oral al que será sometido Mauricio Macri suena a desquicio. Que cuestionen a la Justicia cuando no es funcional a su antojo los deja en evidencia. Sin autocrítica no hay construcción posible. Que una señora grite ante un micrófono que “Cristina deja sin plata a Macri para que gobierne” es una señal clara de manipulación informativa. Lo que se vio en esos escasos manifestantes es el resultado de un hermético cerco mediático, de una deformación intencionada en la construcción de la realidad, de los límites que cruza una propaganda machacona poblada de consignas insustanciales.
Sin exagerar, ese acto tuvo claras intenciones destituyentes. La escasa adhesión es un alivio, pero la violencia expresada por los asistentes resulta alarmante, además de dolorosa. Las agresiones padecidas por los cronistas de “678” pueden quedar en el anecdotario de la intolerancia, aunque dejan un sabor amargo. Grita quien no tiene argumentos; odia el que pierde privilegios; desprecia el que se deja gobernar por sus prejuicios. Aunque cantaron el Himno y agitaron banderas, nada de patriota tuvo el acto para defender a uno de los exponentes más notorios de lo peor de nuestro pasado que se retuerce en la inoperancia del presente para convertirse en una amenaza para el futuro.  Que es Macri, por si quedan dudas. Quien coincide con su accionar es porque comparte su estirpe o porque no entiende nada.
Pero más allá de estas nubecitas oscuras, la luz asoma en el horizonte. Nubecitas como el escándalo mediático orquestado en torno a las no-amenazas recibidas por el actor Antonio Gasalla. O la bomba de estruendo que no llegó a explotar en el teatro Gran Rex, donde el ex presidente de Colombia, Alvaro Uribe, destiló su prédica neoliberal. O las presiones de titulares periodísticos, especuladores y productores rurales para que se devalúe nuestra moneda en beneficio de los que juntan dólares en carretilla. O los que pagan el blue a más de seis pesos para blanquear sus capitales mal habidos. Y los que fugan divisas hasta con palomas mensajeras. Apenas nubecitas que no alcanzan a gotear, siquiera.
Para disiparlas, está la política, que ha tomado las riendas de la reconstrucción. Cuando las advertencias no alcanzan, hay que tomar medidas. Con respecto al dólar, la AFIP comenzó el año pasado un control sobre la compra. Una señal que en realidad dificultó la adquisición para los pequeños, no para los enormes. Impunes como se sienten, los especuladores hacer cualquier cosa por la onda verde. Hasta llegan a pagarlo más caro, sólo por la mera satisfacción de desobedecer al Estado, entre otras cosas. En estos días se clausuraron dos locales que operaban con dólares sin tener autorización del Banco Central. En breve, se apuntará a los hoteles que reciben dólares como forma de pago. También se tomarán medidas para impedir transacciones inmobiliarias en moneda extranjera y ejercer controles sobre los operadores turísticos. Ya sólo queda la prohibición absoluta de la circulación de otra moneda diferente del peso dentro del Territorio Nacional. Decisión que será bienvenida después de tantas advertencias.
La expropiación de las acciones de Repsol en YPF se resolvió después de muchas señales de hartazgo ante tanto saqueo. Aunque el CEO de la compañía, Antonio Brufau, exija un pago que supera los 10 mil millones de dólares, por lo que parece, recibirá mucho menos que eso. Entre el pasivo financiero y ambiental, el rojo de Repsol en la empresa nacional está cerca de los 15 mil millones de dólares. Contentos deberían estar si no tienen que poner plata encima. De cualquier modo, la recuperación del control de YPF dio un nuevo impulso al Gobierno Nacional para seguir avanzando en la reconstrucción de la Patria.
Otro paso importante fue el fallo de la Corte Suprema de Justicia respecto del artículo 161 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que obligará al monstruoso monopolio mediático a deshacerse de gran parte de sus propaladoras de estiércol. A partir del 7 de diciembre comenzará el lento strip tease del Grupo que supo manejar a su antojo los destinos del país en beneficio de unos pocos. Y esos pocos ya no tendrán oficina de prensa y difusión donde escudarse y quedarán a expuestos ante la ley que se resisten a cumplir.
Y lo último para celebrar a pleno este 25 de mayo fue la decisión tomada con respecto a la empresa TBA en el manejo de las líneas Mitre y Sarmiento. La recuperación del tren es un viejo sueño después del tornado menemista de los noventa. Porque de eso se trata la construcción de la Patria, de convertir los sueños en realidad. En una realidad colectiva que se extienda a todos los rincones del país, para enjugar lágrimas y disipar sombras. Para dibujar sonrisas y sembrar futuro. En la Patria que construimos no hay lugar para privilegiados ni egoístas. Un país no se construye con individuos empecinados en acumular a costa de la miseria de los muchos. La Patria debe ser un lugar enorme y solidario donde la felicidad sea casi obligatoria para todos. ¡Viva esta Patria!

miércoles, 23 de mayo de 2012

Los tentáculos del pulpo

El fallo de la Corte llegó justo en la Semana de Mayo. Como si respondiese a un plan, a tres días de un nuevo aniversario de la Fecha Patria, el Máximo Tribunal pone fin a los vericuetos del monopolio para evadir la ley. Todo un símbolo de soberanía. El primero de muchos. Porque con Clarín se desmorona la principal barrera de protección para los poderes fácticos de nuestro país. Mientras más rápidamente se produzca el proceso de adecuación del pulpo mediático a las normas, más cerca estará la política de gobernar la economía. Y de avanzar en todo lo que falta para alcanzar el país con el que todos soñamos. Una vez desenredada esa maraña de intereses, la luz nos permitirá ver el camino con más claridad. Poco a poco, las sombras se reducirán para permitirnos ver el panorama. El discurso hegemónico, menos hegemónico por decisión del público y más absurdo por esfuerzo propio, se convertirá en uno más entre muchos. Y ya no aturdirá tanto. Pero no todo es tan rápido como la ansiedad del ciudadano de a pie lo requiere: quedan algunos pasos para concretar este gran salto; falta mucho para que el domador logre dominar a la bestia; aún le resta fuerza como para arrojar alguna dentellada.
Dentellada como el menosprecio a la visita comercial de CFK a Angola, las presiones para lograr una devaluación de nuestra moneda con el disfraz de titulares o el apoyo incondicional a los intereses de potencias extranjeras. Sacudidas que quieren provocar para generar el descontento que mucho los ha beneficiado en el pasado. Pero no encuentran tema que despabile a las cacerolas que, con la recuperación económica, se usan más como utensilios de cocina que como instrumentos musicales. Muchedumbres descontentas eran las de antes, que sin entender demasiado protestaban contra todo. Aunque ahora les resulta difícil generar desánimo y oposición, no les da demasiado la mollera para cambiar de estrategia. Los políticos que giran en su órbita no miden ni para una presidencia vecinal. Y los jueces que oficiaban a su favor ya están jubilados o próximos a estarlo. Pero sobre todo, se están quedando con un número de creyentes cada vez más reducido que, de tan debilitado, no tiene fuerzas ni para esperar un milagro.
Un milagro como que el dólar blue se vaya por las nubes y haga estallar la pesadilla K. O que millones y millones de individuos clamen por el derecho a llenar sus colchones de divisas verdes. Pero no. Apenas los especuladores de siempre –unos cuantos- se zambullen en las cuevas donde pueden aumentar sus porotos a costa del esfuerzo de todos. Porque esa bicicleta la pagamos entre todos, aunque veamos un dólar cada tanto. Tipos que compran oficial y venden en el paralelo. Y en esas cuevas compran más caro los que necesitan blanquear. Entre 10 y 40 millones de dólares diarios se venden de esa manera. Hasta por unas monedas ofrecen un servicio a domicilio. Y para el chiquitaje están los arbolitos. Un método de especulación y latrocinio que no debería ser muy difícil de detectar y reducir. Sobre todo teniendo en cuenta que han sido los principales ganadores del sistema cambiario dispuesto por la AFIP.
A uno le parece imposible que estas cosas escapen al control estatal y que los individuos responsables no reciban el castigo que merecen. Estos hechos, además de inconcebibles, alimentan la hoguera mediática. Como también resta brillo a las conquistas que se sigan manteniendo jubilaciones de privilegio de jueces y ex funcionarios diplomáticos. Según un trabajo de la Administración Nacional de Seguridad Social, ANSES, hay 4135 magistrados y funcionarios del Poder Judicial que cobran casi 68 mil pesos al mes, algo así como 40 jubilaciones mínimas. Esta cifra cobra relevancia si se tiene en cuenta que el tope máximo para el común de los jubilados es de algo más de 12 mil. Además, hay 481 funcionarios del servicio exterior y docentes no universitarios que se retiran con ingresos mensuales de más de 58 mil pesos. Finalmente, docentes universitarios, investigadores y científicos y ex personal de Luz y Fuerza gozan de regímenes especiales con topes de entre 35 y 52 mil pesos. Esta situación, además de significar una ruptura con el carácter solidario del sistema de reparto, pone en riesgo el equilibrio financiero previsional.
Pero la política se ha instalado para corregir estas distorsiones y muchas más. De la mano de estas jubilaciones VIP, salta a la luz que los jueces, a diferencia del resto de los argentinos de altos ingresos, no pagan Impuesto a las Ganancias. El titular de la ANSES, Diego Bossio, en su informe en el Senado, apuntó a que la Justicia tome conciencia de este tema y pidió a los legisladores que preparen un proyecto de ley para eliminar este obsceno beneficio. El senador Eric Calcagno está evaluando la preparación de un anteproyecto de ley que ponga fin a la exención que gozan los jueces a la hora de pagar el Impuesto a las Ganancias y que estudie la eliminación de las jubilaciones de privilegio. Lo óptimo sería que diferentes fuerzas políticas confluyan en un proyecto común para que tenga un rápido tratamiento en ambas cámaras.
Así es como debe actuar la política, sumar voluntades para producir grandes cambios. Pensar en el bien del conjunto con cada paso que se da. La adecuación a las leyes beneficia a todos cuando todos las cumplen. Que el Grupo Clarín deje de ser un monopolio también beneficiará a todos, porque permitirá que surjan otras voces, otras miradas sobre los hechos, otros hechos producidos por diferentes miradas. De ninguna manera va a significar el trueque de un discurso opositor por uno oficial. Existen mecanismos en la propia Ley para impedir eso. Tampoco harán falta. Con que disminuya la influencia nociva de esta monstruosa usina de pensamiento ya es suficiente. En breve, el Grupo no podrá conservar todo lo que tiene. De más de 300 señales sólo podrá mantener algo más de 30, que es lo que la ley permite. Si conserva Canal 13, deberá desligarse de Cablevisión en Capital Federal. Y si conserva Cablevisión en parte del país, sólo podrá tener un canal de cable. Como límite absoluto, la ley establece que “la multiplicidad de licencias –a nivel nacional y para todos los servicios– en ningún caso podrá implicar la posibilidad de prestar servicios a más del 35 por ciento del total nacional de habitantes o de abonados a los servicios”. Su posición actual en el mercado supera el 56 por ciento.
Con respecto a la cantidad de señales televisivas de aire y emisoras de radiodifusión no podrá superar las diez en total. En cuanto a los permisos para canales de cable, el máximo permitido es de 24. A partir del 7 de diciembre comienza el proceso de desinversión y el Grupo Clarín tendrá 30 días, de acuerdo a la resolución 297/2010, para presentar una propuesta de adecuación de su esquema de medios al espíritu de la ley. Ansiedades al margen, porque el proceso puede durar más de un año. Los abogados de la corporación apelarán a todos los recursos a su alcance para postergar lo más posible plazos y límites. Los titulares clamarán por la libertad de expresión vulnerada por el autoritarismo K. Editorialistas estrella exigirán el respeto a las instituciones que ellos no respetan. Las plumas doctas que adornan sus páginas compararán la actualidad argentina con los peores regímenes dictatoriales de la historia. Los pajarracos laderos anunciarán catástrofes venideras. Agoreros místicos anticiparán el enojo de todos los dioses posibles.
Mientras desparraman tinta, ondas sonoras y píxeles para defender sus intereses mezquinos e ilimitados, el país sigue avanzando, ahora a pasos más lentos por la crisis del mundo civilizado provocada por los angurrientos internacionales. Por eso, es bueno celebrar el fallo de la Corte porque indica que los angurrientos locales pueden ser frenados cuando la política así lo dispone. Y, por supuesto, el beneficio es para todos.

domingo, 20 de mayo de 2012

La neutralidad: entre la cobardía y la especulación


La neutralidad pocas veces es una buena opción. Y menos aún cuando ese alguien que se dice neutral ocupa un lugar de cierto prestigio en la escena pública. En la tribuna de un estadio, los espectadores no son neutrales. Unos vivan a un equipo, otros al otro. Ni el árbitro es neutral, aunque trate de disimularlo. El neutral parece no tener espíritu porque se niega a ser partícipe de una puja. Que se maten entre ellos. ¿Y después? ¿Me acoplo al triunfador? En tiempos cruciales, la neutralidad puede ser cobardía, entre otras cosas. Nadie que comprenda lo que está en juego puede considerarse neutral. No estamos en presencia de una pelea entre un gobierno y un diario. Una lectura del conflicto en este sentido condice con los argumentos de los exponentes del establishment: un gobierno autoritario y populista que pretende acallar a las voces independientes que se le oponen. Escenario en el que tampoco cabe la neutralidad, si así fuese.
Clarín no es un diario ni sus voces son independientes. Tampoco es un multimedios. Clarín es la bandera de una minoría privilegiada que se resiste a someterse al juego de la democracia; Clarín es la defensa de un modelo en decadencia que tanto daño le ha hecho al país a lo largo de su historia; es el guardián de una oligarquía voraz; es el custodio de un discurso colonizador, de un sentido común que idiotiza, que humilla, que atrasa. Clarín es el último obstáculo hacia un país más justo. No es un diario, es una clase. Y en sus páginas está el manual de instrucciones para conocerla. Día tras día puebla sus páginas de consignas y gritos de guerra. Con cada una de sus letras está dibujado el país al que quiere volver, están escritas cuáles son sus intenciones. En todas sus páginas presenta el plan de gobierno que nunca será sometido a elecciones pero pugna por ser aplicado. Sus tapas son amenazas; sus titulares, pedidos de renuncia.
Nadie que comprenda todo esto puede permanecer neutral. Jamás hemos estado ante una decisión tan crucial. Jamás hemos tenido un escenario tan claro. Nunca antes habíamos estado tan cerca de la plena ciudadanía. Por primera vez, es inadmisible ser neutral. La neutralidad puede resultar como un elegante disfraz para la cobardía. O como un audaz simulacro de equidistancia. O armonía en el pensamiento. Si es por indiferencia, cuánto dolor causaría. Tantas cosas han pasado en nuestro país cuando abundaron los indiferentes. Si es por desconocimiento, basta recordar que en 2001 fue el modelo de país defendido por sus plumas el que estalló. Y mientras la mayoría de nosotros estábamos al borde de la pobreza y la desesperación, ellos, los que se escudan detrás de Clarín, contaban los millones que habían ganado en la movida. Sacaron partido de nuestra desintegración. Y el que no pueda recordar, que sólo observe lo que está pasando en Grecia y España, que es casi la repetición de lo que ocurrió en nuestras tierras en aquellos tiempos no tan lejanos.
La neutralidad también puede ser la manera en que se mimetizan los especuladores, que nunca faltan. Aquéllos que alientan la contienda para sacar provecho de ella y que esperan a último momento para ponerse del lado del triunfador. Ni asco dan. De tan obvios, se los puede distinguir hasta en plena oscuridad. La mendacidad brota por sus poros pestilentes y el hedor los delata. No es posible la neutralidad al ver quiénes son los personajes que asoman sus cabezas detrás del parapeto de papel antes inexpugnable y ahora cada vez menos dañino.
Todas las empresas del Grupo incumplen con las leyes vigentes de manera alevosa y provocativa. Leyes surgidas de los mecanismos democráticos, por si quedan dudas. Sus directivos niegan al poder político toda autoridad. La Justicia es justa sólo cuando está a su servicio. No escatiman esfuerzos para evadir impuestos y fugar divisas y para extender sus tentáculos hacia toda actividad económica que les dé dinero fácil. Con sus instrumentos mediáticos tratan de imponer un sistema de creencias a costa de alertar a los ciudadanos sobre peligros inexistentes, aunque para ello tengan que aniquilar el sistema democrático.
Pero Clarín es mucho más que un grupo económico: es la usina de un pensamiento político que se presenta como objetividad periodística. Pensamiento que se expresa en sus principales exponentes. Pensamiento es un decir, pero la actitud de Macri al frente de la Ciudad de Buenos Aires es una clara muestra del modelo que defienden. Nada de acción, mucho de gestos. Cuando habla de diálogo es porque quiere dictar órdenes; cuando pide consenso es porque espera obediencia. Antes de asumir la administración del subterráneo que tanto ha reclamado y que ya había aceptado, quiere hablar con La Presidenta. Seguramente, querrá dejar en claro cuáles son las condiciones para hacerse cargo de lo que ya debería haberse hecho cargo, con la única condición de administrar. Hasta hay una Ley del Congreso que lo obliga a ello. No se puede ser neutral ante alguien así. Macri pertenece a una oligarquía perezosa que vive con holgura a costa del trabajo ajeno. No es el único.
Pero donde más queda en evidencia el modelo de país que impulsa Clarín es en los estancieros. Durante la rebelión de 2008, las patronales agropecuarias lograron un inexplicable apoyo de individuos colonizados por el sentido común hegemónico generado desde el sistema mediático del Grupo Clarín y otros medios satélites. También se sumaron a la contienda las fuerzas políticas opositoras que, abandonando todos sus principios, se enfilaron detrás de los triunfadores a costa de prepotencia, con el fin de sacar ventaja una vez aniquilado el fenómeno K. Nada resultó como esperaban y después de la contundente derrota electoral de octubre, lamen sus heridas y tratan de rearmarse.
Tanto en la provincia de Santa Fe como en la de Buenos Aires se intenta diseñar una reforma tributaria que actualice el valor fiscal de las propiedades para el cálculo del impuesto inmobiliario rural. Las lágrimas de los estancieros conmovieron a algunas fuerzas políticas que, sin demasiado énfasis, niegan dar quórum para las correspondientes sesiones parlamentarias. Vaya paradoja: en Santa Fe, el FAP es oficialismo y propone una reforma tributaria que en Buenos Aires, el FAP, como oposición, se niega a tratar. Si esos son los principios, difícil imaginar cómo serán los finales.
El argumento de los terratenientes es siempre el mismo. La imagen que muestran a la sociedad es la del pobre campesino que trabaja la tierra con sus propias uñas para lograr unos mendrugos que apenas le permiten sobrevivir. La realidad, por supuesto, es otra. Sobre todo en aquellas zonas sumamente productivas y concentradas en pocas manos. Pasaron cuatro años y pretenden jugar con el mismo melodrama para lograr la adhesión de los desprevenidos caceroleros, en notoria disminución. Pasaron cuatro años y, a pesar de incrementar la producción, superar los récords de exportaciones y precios, se siguen negando a tributar. Sólo quieren compartir las pérdidas, pero nunca sus ganancias.
Que en 2008 haya tenido éxito la construcción simbólica del “campo” se debe a una cuestión coyuntural que ya ha sido superada. Todo está dado para que la resistencia al juego de la democracia se quiebre y estos grupos de presión, que no fueron votados por las mayorías, acepten compartir lo que juntan con pala mecánica. Impuestazo es la palabra que se difunde desde la usina mediática. Revalúo fiscal es el mecanismo legal. En la resistencia al régimen estos exponentes de las minorías patricias están solos. Sólo falta un dato para frenar la rebelión: la difusión de cuánto ganan por hectárea para que sus llantos y exabruptos queden expuestos para el absurdo. Además de esto, la Corte Suprema de Justicia debe resolver cuanto antes las cautelares que frenan el artículo de desinversión de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que, como minoría golpista a la que representa, el Grupo Clarín se niega a cumplir. Es lo que falta para que la libertad de expresión tenga plena vigencia y que la neutralidad sea la execrable posición de un escaso número de cobardes y especuladores.

jueves, 17 de mayo de 2012

Nueve años de respuestas

Mientras Macri inaugura una baldosa en homenaje a Ricardo Arjona, el mundo real continúa girando. Tanto que ahora elevarán la causa por las escuchas ilegales a juicio oral. Durante la campaña por la reelección a Jefe de Gobierno estaba procesado y pocas voces se alzaron para pedir que dé un paso al costado. Asumió su cargo en la misma situación procesal y desgobernó la ciudad durante unos meses sin recibir una sola crítica de los medios más importantes. Ahora que tendrá que dar cuenta de su participación en el espionaje telefónico, podrá seguir jugando a gobernar la ciudad más importante del país, con sus baldosas de la fama y los globitos amarillos. En cambio, nadie dudó en exigir un paso al costado al vicepresidente por unas denuncias periodísticas que se reciclan en nuevas denuncias ad infinitum. Después muchos periodistas reclaman en las cámaras que quieren preguntar, cuando en realidad deberían comenzar a informar en serio a su audiencia. Pero esta semana ha dado para todo. Mucho judicial. El juez Norberto Oyarbide dejó detenidos a los hermanos Shocklender por la mega estafa perpetrada contra la Fundación Sueños Compartidos, que permitió salpicar a la incuestionable organización de las Madres. En esta causa son más de ochenta los implicados que se han llevado cerca de 300 millones de pesos destinados a cumplir el sueño de la casa propia, entre otras cosas.
Tan hablador como es, Sergio Shocklender se mantuvo en absoluto silencio ante el juez. Los 175 folios de imputaciones actuaron como un eficaz silenciador. Ahora está acusado de asociación ilícita y de cometer un doble fraude: contra la administración pública y la fundación que preside Hebe de Bonafini, de la que era apoderado. El perro que muerde la mano que lo alimenta. También están presos su hermano, Pablo y el ex contador de la entidad, Alejando Gotkin.  Los fondos públicos que la Fundación Sueños Compartidos recibía para la construcción de viviendas, escuelas y hospitales eran transferidos por los apoderados a sus propias cuentas bancarias o a empresas vinculadas con los hermanos que no daban ninguna contraprestación. Los retiros en efectivo y el blanqueo de fondos en financieras servían para la evasión impositiva. Las imputaciones exceden las que el fiscal Jorge Di Lello había realizado al comienzo de las investigaciones; ahora ha crecido el listado de irregularidades con el hallazgo de facturas falsas, balances contables adulterados y otro tipo de maniobras en obras y compra de terrenos.
Si las primeras investigaciones sugerían cifras cercanas a los 50 millones de pesos, ahora las maniobras de desvío descubiertas superan los 260 millones de pesos. El Ministerio de Planificación otorgó a la Misión Sueños Compartidos una suma cercana a los 765 millones para la construcción de barrios enteros de casas con paneles móviles. Si la tercera parte de esta cifra fue desviada para fines personales, habla muy mal de los controles oficiales para la materialización de las obras. Por ahora, el juez considera que al menos dieciséis personas están involucradas en esta maniobra de desvío de fondos. 
Esta causa en manos de la justicia por supuesto que se convertirá en mediática, siempre y cuando pueda salpicar lo más posible a funcionarios o allegados al Gobierno Nacional. De lo contrario, sólo merecerá espacios marginales en los medios de mayor audiencia. La otra causa judicial –o no-causa, en realidad- es la que involucra al vicepresidente Amado Boudou. No-causa porque todavía no se ha llamado a declarar a los involucrados. Pero la condena mediática sigue su curso desde hace unos meses. Cambio de juez: Rafecas por Lijo. Trueque de fiscal: Rívolo por Di llelo, el mismo que investiga a los siniestros hermanos. Ahora que hay dos investigaciones unificadas, todo cobra más sentido y tendrá un curso más coherente en los pasillos de la Justicia y no en los estudios de TV. Enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias. Nada de testaferros ni amigos invisibles. Una investigación llevada adelante por un juez y un fiscal y no por conductores televisivos o editorialistas gráficos.
Mientras Macri piensa que su futuro de enjuiciado es una maniobra de los Kirchner que quieren destruir la ciudad de Buenos Aires, periodistas de imponderable trayectoria en la defensa de los valores nacionales y democráticos se reúnen en el canal más comprometido con la causa nacional para reclamar por sus libertades civiles amenazadas por un gobierno autoritario y corrupto. Como valerosos guerreros, exponen su vida para entonar ante las cámaras un canto de justicia y exhibir carteles que pretenden poner un límite a los atropellos gubernamentales. “Queremos preguntar” es el grito sagrado que brota de sus patrióticas gargantas. Como no encuentran manera de socavar el proceso de transformación iniciado en 2003, intentan instalar un clima de permanente sospecha. También ven que, en cierta forma, el agua les llega al cuello. Más temprano que tarde, la Corte Suprema de Justicia se expedirá sobre la aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en todo su articulado y pronto dejarán de ser un monopolio para transformarse en un modesto multimedios. La Justicia también caerá sobre los directivos del grupo en causas de maniobras ilícitas para fugar divisas y evadir impuestos, además de los delitos de Lesa Humanidad cometidos para hacerse con las acciones de Papel Prensa.  Sobre todas estas cosas nada preguntarán, de más está decir.
Y los espadachines del Trece no dudan en poner la cara todos los días y a todas horas para defender a capa y espada los oscuros intereses de los amos. Dicen que quieren preguntar cuando en realidad lo que quieren es interrogar. Magdalena, con toda inocencia, aseguró que preguntaría a La Presidenta por qué los que piensan distinto son considerados como enemigos. El pensamiento es algo tan íntimo e inasible que ni los propios usuarios saben lo que es. Pero se manifiesta en acciones y dichos. Quien piensa distinto no es enemigo. Un enemigo es quien atenta contra los intereses del país, el que se pone de parte de los intereses ajenos con tal de volver a gobernar desde las sombras, el que no duda en alarmar a la población con informaciones falsas, el que defiende los intereses de una minoría angurrienta y golpista. Un enemigo es el que busca voltear un gobierno con las tapas de su diario. Esos son los enemigos, pero no por su pensamiento, sino por sus acciones.
Más que preguntar, ellos quieren condicionar. Estos periodistas que no informan se convierten en los paladines del control de la calidad democrática, cuando está al servicio de las mayorías y no de los privilegiados. A medida que crece su resentimiento y su odio, más crece su enemistad con el país entero. Cuando hacen correr rumores con la intención de despertar la zozobra de la población, ¿de qué manera se los puede considerar si no como enemigos? Apuestan al fracaso de este proyecto de país que, con sus desprolijidades y contradicciones, está funcionando mejor que las recetas aplicadas en períodos anteriores. Con sus pestilentes intervenciones diarias, demonizan funcionarios, minimizan logros; tratan de despertar el enojo de sus oyentes, de negar representatividad, de destruir la unidad. Estos preguntadores frustrados detestan haber perdido la centralidad de antaño, la impunidad que les permitía gobernar a su antojo la opinión pública. Sus gritos destemplados son apenas suspiros agónicos. Nada de lo que hacen les resulta efectivo. A pesar de los esfuerzos desplegados desde el 2008, un 54 por ciento de los votantes les dio la espalda. Aunque expongan su credibilidad para ocultar su inoperancia, saben que el ingeniero malcriado ya no es presidenciable. No entienden que no es cuestión de nombres, sino de un modelo que triunfa y un pueblo que acompaña porque entiende quién es el que está de su lado. Mientras brotan las preguntas como hongos, hay un Gobierno Nacional que da respuestas a las necesidades de las mayorías. Y con eso basta.  

lunes, 14 de mayo de 2012

Terremotos del pasado sin presente

Los que siempre apuntan a destruir no construyen nada, por supuesto. Destruyen, por si quedan dudas. Jorge Lanata, Hugo Biolcatti y sus secuaces demostraron eso a lo largo de esta semana. Con su ciclo dominical de canal 13, el primero marca una agenda cargada de estiércol. El segundo, en cambio, dirige sus misiles a la democracia misma con el fin de defender intereses corporativos, que incluyen los propios, por supuesto. Uno aparece ante las cámaras disfrazado de periodista esclarecido y comprometido con la ética y el futuro. El otro se muestra como un pobre campesino ultrajado en sus derechos, empobrecido por el saqueo permanente de un modelo empecinado en distribuir. Uno, siempre enojado con la vida; el otro, se enoja sólo cuando pretenden sacarle una moneda. Ambos son destructivos, pero de diferentes maneras. El afán demoledor del primero, en cierta forma, duele; el del segundo, indigna.
Algunos dicen que Lanata cambió; que en los noventa estaba comprometido con ciertas ideas y que ahora defiende ideas opuestas; que hace apenas unos años se mostraba enemigo del monopolio con el que ahora está aliado; que antes pensaba que esa corporación era un pulpo que controlaba la vida de todos los argentinos aunque ahora, es el más débil; que antes defendía los intereses nacionales y ahora todo lo contrario. Este ignoto profesor de provincias puede llenar párrafos de antes y ahora, pero la idea central está planteada y para muestra basta un botón, o unos cuantos, pero nunca todos. Apuntes Discontinuos, en cambio, piensa que Lanata no se ha transformado tanto y el creador de Periodismo para todos se diferencia del fundador de Página/12, Veintitrés, Día D, Crítica de la Argentina sólo por algunos retoques insignificantes.
Hay una constante en todos los Lanatas posibles y es estar en contra del gobierno nacional de turno. Y ese “estar en contra” requiere estar en ningún lugar, que es precisamente donde se ha posicionado siempre para su labor periodística. Muchas veces se ha hablado en este espacio del denuncismo como una actitud permanente de denostar un sistema desde una moralidad impoluta. El objetivo de esta forma de hacer periodismo es sembrar la desconfianza hacia la política y despertar la indignación del público, que vive engañado por la ilusión que construyen los políticos. Lanata nunca habla de política, en el sentido de una acción originada por un plexo de ideas. Ni lo ha hecho antes. Cuando en los noventa criticaba al infame riojano y sus cómplices, lo hacía desde la no-política, pues los cuestionamientos no pasaban por la conveniencia de ciertas medidas ni la defensa del patrimonio nacional, sino por la corrupción, la inoperancia, la ineptitud de los funcionarios, el acomodo, el enriquecimiento ilícito. En aquel entonces, era posible establecer una relación de causalidad entre la corrupción y el malestar de la mayoría. Hoy es necesario forzar mucho el relato construido para lograr algo así. El tipo de periodismo característico de los noventa se repite en el que hace ahora con la diferencia de que el escenario es distinto. Y también su público es otro. Quienes lo admiran hoy, tal vez en aquellos tiempos lo despreciaban por ser muy zurdo.
Esto no quiere decir que un periodista no deba señalar aquellas cosas que funcionan mal ni tampoco ignorar los actos de corrupción que pueda cometer un funcionario. Pero el Gobierno Nacional no es el único gobierno del país. Hay también gobiernos provinciales y municipales. Y las cosas no deben funcionar mal sólo en los gobiernos, sino también en muchas otras instituciones. Si el objetivo de un periodista es señalar aquellas cosas que funcionan mal en nuestro país, hay material de sobra. Pero la intención es lo que hace ruido. Uno puede denunciar para corregir o para destituir. Por eso llama la atención que en tres emisiones de su programa no haya hablado ni una sola vez de Macri, cuya inoperancia en la gestión de gobierno resulta ya provocativa. Lanata no ha cambiado. El haría lo mismo gobierne quien gobierne a nivel nacional, aunque desde diferentes medios. Su público será el indignado de turno dispuesto a sacudir las cacerolas en contra de los políticos.
Quien ya tiene sus cacerolas dispuestas es don Hugo Biolcati. Desde las columnas de la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires intentó re-estrenar la rebelión de los estancieros en su versión 2012. Y no es una interpretación de este autor. El titular de la Sociedad Rural afirmó el jueves pasado que “esto es peor que la 125” y pronosticó que “si se sanciona la ley las consecuencias para los productores van a ser terribles”. La legislatura bonaerense estuvo a punto de convertir en ley una reforma del impuesto inmobiliario rural, que ya tiene la media sanción de los senadores. Pero la sesión debió postergarse. Como tropilla desbocada, productores y peones intentaron ingresar al recinto para impedir que se aprobara la reforma. Gritos, empujones y daños materiales es la manera como ellos entienden el diálogo y el consenso. El primero significa escuchar y el segundo obedecer.
Lo que los dirigentes rurales rechazan es la actualización del valor fiscal de la tierra, cuyas valuaciones están congeladas desde hace quince años, a costa de presiones y alianzas con los distintos gobiernos provinciales. Entre el valor fiscal y el precio de mercado existe una diferencia enorme. En distritos donde el precio de la hectárea supera los 45 mil pesos (10 mil dólares), el valor que se toma en cuenta para determinar el impuesto inmobiliario rural no supera los 1200 pesos (270 dólares). Por esta distorsión, es más cara la patente automotor que el inmobiliario de un campo.
En la provincia de Santa Fe ocurre algo parecido. La reforma está trabada por presiones agro-corporativas y el apoyo del reutemismo y el PRO. En la Invencible, los valores también están alterados. Una hectárea en El Trébol, del departamento San Martín, tiene un valor fiscal máximo de 1.411 pesos, mientras que el valor de mercado sería de 56.000 pesos, según el análisis realizado por el Servicio de Catastro e Información Territorial de la provincia. Las menores diferencias -23 veces- se registran en los departamentos de San Lorenzo y Rosario, donde, en este último caso, el valor fiscal máximo de una hectárea en Funes es de 2.800 pesos, mientras que el valor de mercado ronda los 64.000 pesos. La reforma santafesina prevé que los grandes propietarios rurales tengan una mayor participación tributaria, actualizando valores que datan de 1974.
Pero cuando se trata de poner, corcovean como pingos furiosos. También lo hacen cuando hay una leve amenaza de ganar menos; no de perder, que no es lo mismo, sino de ganar menos. Las ganancias son de ellos, mientras las pérdidas son de todos. Mejor ejemplo el de la sequía del verano, que no fue tan cruenta como se esperaba. Con sus lágrimas hubieran inundado las miles y miles de hectáreas que explotan hasta el límite, pero las desperdiciaron en los estudios de TV.
Ahora, cuando se trata de actualizar el valor fiscal de sus enormes y ricas propiedades, reaparecen con su actitud destituyente de otrora, de siempre. No hay democracia que valga cuando se trata de defender sus bolsillos. No dudan en alterar las instituciones cuando no sirven para multiplicar sus ganancias. De esto no habló Lanata el domingo. Porque los estancieros no son gobierno, aunque sueñen con eso. El enojo de Lanata es con Cristina y su equipo. Pocos son los enojados en estos tiempos de cambios trascendentes. Pero contagian su enojo a los que menos deberían estarlo. El estiércol que arroja Lanata sobre los individuos que lo siguen debe provenir de las estancias aliadas al monopolio que le dio un espacio, si no, no tendría tan mal olor.

sábado, 12 de mayo de 2012

Con todo y con todos

La Presidenta se equivocó al usar la metáfora de los cantos de sirena. Detrás del encanto irresistible de la bellísima voz de las sirenas de Homero se escondía la monstruosidad voraz de esos bichos horribles. Encanto y monstruosidad forman un conjunto en el episodio homérico. Ulises enloquece porque puede escuchar la melodía pero permanece atado y no puede acudir al encuentro con la ferocidad de las bestias. Por eso se compara la salmodia neoliberal con los cantos de sirena, aunque ya las voces están tan cascadas y son tan insistentes que no hacen falta ataduras ni tapones de cera para resistirse a las cantinelas de los agoreros. En lo que no se equivocó CFK es en todo lo demás. Esos cantos siempre anuncian catástrofes ante cada medida del Gobierno Nacional, generalmente, en defensa de capitales transnacionales especulativos. Y sin embargo, nada catastrófico está pasando. Todo lo contrario. “Nunca nos caímos del mundo –dijo Cristina- pero el mundo se nos está cayendo encima”. No todo el mundo, sino aquél que aplica a rajatabla las recetas que benefician más al sistema financiero que a la economía real. “Que afortunados al no haberles dado bolilla” afirmó, distendida. Todo esto en el contexto de la entrega de los últimos créditos del Programa de Financiamiento del Bicentenario, que ya supera la cifra prevista de 8000 millones de pesos. Para fortalecer esta alianza productiva con el empresariado local, en breve se anunciará una segunda etapa de este programa por una suma similar. Compromiso, inversión y responsabilidad es lo que se le pide a los destinatarios de este esfuerzo que el Estado Nacional está haciendo para que el país continúe con la curva de crecimiento sostenido de los últimos años.
Sin embargo, algunos no lo entienden, a pesar de que los resultados del modelo en curso saltan a la vista. O no lo quieren entender y en lugar de invertir parte de sus ganancias para sintonizar la producción con el crecimiento de la demanda, fugan capitales, evaden, circulan dividendos en el circuito de la especulación financiera. O tal vez no pase por el entendimiento, sino por la ética. Muchos siguen con el piloto automático de la lógica expoliadora de la convertibilidad. Una sistemática acción que conduce a aumentar precios para obtener mayores ganancias en lugar de incrementar la producción. Especulación, lisa y llanamente. Una actitud que no se condice con estos tiempos.
Primero, hay advertencias. La Presidenta, desde la asunción del segundo mandato, ha sido clara en su mensaje. Todos deben acompañar el crecimiento y reinvertir las ganancias en el país para ampliar los puestos de trabajo e incentivar el consumo. Por eso CFK advierte, en cada una de sus exposiciones, que los empresarios argentinos “deberán saber que también tendrán que ajustar muy bien sus costos, porque tampoco se van a pagar precios ridículos, que pueden ser mucho más baratos en otra parte, por el solo hecho de que sean industria nacional”. También resaltó que no le asusta una buena rentabilidad empresarial, con la que colaboran los subsidios oficiales, siempre y cuando esté acompañada con la correspondiente reinversión en el país. Por si no se entendió el mensaje, lo dejó aún más claro: “En estos últimos nueve años se la llevaron con pala”.
La intervención de YPF y la expropiación de parte de las acciones de Repsol pueden tomarse como medidas disciplinarias hacia los que pretenden boicotear el rumbo elegido por el Gobierno Nacional. “Con aquellos que se portan bien, el Gobierno se porta mejor”, aclaró, por las dudas. El caso de esta empresa petrolera reveló que una facción de la burguesía nacional se asoció con un grupo extranjero para depredar los recursos, repartir dividendos extraordinarios, fugar capitales, atentar contra el peso, disminuir la inversión, entre otras acciones nocivas. Desde hace mucho tiempo, el Estado ha tomado las riendas de la economía y nada indica que pretenda soltarlas. Una pequeña muestra de ello es que en el último fin de semana largo, los titulares de los medios con hegemonía en decadencia no se dedicaron a pronosticar la falta de combustible en las estaciones de servicio. Por el contrario, el abastecimiento incrementó en un 22 por ciento la oferta de naftas y gasoil y es por eso que no dijeron nada.
Y no sólo en este rubro se muestra la indeclinable decisión de conducir la economía con un beneficio para todos. En estos días, el Ministro de Planificación Julio De Vido anunció las sanciones que recibirá la empresa Movistar por la caída masiva de su servicio ocurrida el lunes 2 de abril, que afectó a más de 18 millones de usuarios. La Comisión Nacional de Comunicaciones fijó una multa de casi siete millones de pesos y estableció un resarcimiento económico de diez pesos por cada usuario afectado. En total, esa falla técnica en las comunicaciones significará para la compañía unos 185 millones de pesos, casi el diez por ciento de las ganancias netas que obtuvieron el año pasado. De Vido sostuvo que la sanción es “ejemplificadora y preventiva” y exigió a todas las empresas del sector que inviertan más en la calidad del servicio y en la seguridad de las redes. “Las inversiones deben ser acordes con las ganancias –manifestó- no puede haber ganancia legítima sin inversiones que la apalanquen. La falta de seguridad, continuidad y calidad es lo que estamos sancionando hoy”.
Otro caso es el de la yerba. Unas semanas atrás, las principales fraccionadoras y distribuidoras pretendieron trasladar a los precios en góndola el incremento aprobado a los productores. No todo resultó como querían. La Presidenta amenazó con abrir la importación de yerba si las empresas mantenían esa actitud especulativa. Finalmente, se aceptaron las reglas y todo volvió a la normalidad. Pero el conflicto permitió hacer visible el incumplimiento del plan de inversiones en una de las principales empresas. El Ministerio de Economía le retiró al Establecimiento Las Marías todos los beneficios del Régimen de Promoción No Industrial que mantiene desde 1998. Además, deberá pagar una multa de más de 77 mil pesos y devolver el equivalente a una serie de impuestos diferidos en el marco del incentivo fiscal.
Y el último ejemplo de amonestaciones por no cumplir las reglas es el del diario Clarín. El 5 de julio del año pasado, La Presidenta firmó el decreto 936/2011, que prohíbe “los avisos que promuevan la oferta sexual, con la explícita o implícita referencia a la solicitud de personas destinadas al comercio sexual por cualquier medio, con la finalidad de prevenir el delito de trata de personas con fines de explotación sexual y la paulatina eliminación de las formas de discriminación de las mujeres”. La Oficina de Monitoreo, que depende del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, emitió cinco apercibimientos al matutino, que fueron desoídos sistemáticamente. Por el contrario, a pesar de haber retirado de los clasificados el famoso rubro 59, en las páginas de Clarín aparecen más de 400 publicaciones diarias de oferta sexual encubierta en rubros como salud y belleza, oficios y ocupaciones varias, solos y solas. Por el incumplimiento reiterado de una prohibición tan clara, el pasquín de tirada nacional deberá pagar 362.534,40 pesos, lo que le permitirá a sus escribas sentirse perseguidos y censurados por unos días.
Especulación, desaprensión, descuido, incomprensión. En otros casos, también provocación o tanteo de los límites. Por lo que sea, el Gobierno Nacional está dispuesto a hacer cumplir las reglas del juego. El objetivo es construir una economía que esté al servicio de todos los argentinos y no de unos pocos. Si no se entiende el mensaje –o no se quiere entender- quedarán fuera de este juego. El manual de instrucciones está a la vista y la historia reciente demuestra que está dando buenos resultados.