Páginas vistas en total

lunes, 31 de diciembre de 2012

Un año inolvidable y otro que promete serlo



Si uno buscara una palabra para definir el año que se termina, como los juegos que a veces proponen las revistas del corazón, el Autor de Estos Apuntes piensa en consolidación. De un proyecto, de una alianza, de una puja, de un deseo, de una convicción. De todo eso y mucho más. Otros –ya sabemos quiénes- pensarán en confrontación, que, en realidad, no es más que todo lo anterior, pero visto desde el otro lado. Claro, algunos no quieren que este nuevo país que, con tropiezos, dificultades, contradicciones y obstáculos, estamos construyendo desde hace nueve años se convierta en realidad. Esos pensarán que fue un año pésimo porque tuvieron que apelar a todos los recursos para defender sus privilegios que, merced a algunas medidas del Gobierno Nacional, comenzaron a verse apenas limados. Lo bueno que el próximo, que es electoral, promete mucho más. Desde que comenzó el modelo K, cada año que comienza resulta mejor que el anterior, algo a lo no estábamos acostumbrados, debido a las torpezas y agachadas de los gobiernos anteriores. Entrañable es otra palabra con la que uno puede sintetizar el 2012. O Emocionante. La épica de estos tiempos nos hace parecer a Indiana Jones saliendo victoriosos de cada celada que tienden quienes quieren impedir que concretemos nuestra misión. Como siempre a lo largo de toda nuestra historia, con la única diferencia –y esto es auspicioso- de que ahora están tan expuestos, que son pocos los que no advierten sus pestilencias.
Además, han perdido el control, al menos, en dos de los sentidos que presenta este término. Ahora gobiernan menos, porque es el Estado el que está tomando las riendas. De la economía, sobre todo. Que el Gobierno Nacional haya decidido expropiar el 51 por ciento de las acciones de YPF es una muestra de esto. O las restricciones a la compra de divisas, que ha contenido la fuga y permitido que las reservas en moneda extranjera crezcan como nunca. O la Nueva Carta Orgánica del Banco Central, que plantea la posibilidad de pensar el sistema financiero en función del crecimiento y no de la especulación. O el comprometido rol de la AFIP, que busca detectar los focos de evasión impositiva que perjudican la recaudación.
Pero, además del mando, han perdido la mesura. Y están tan desesperados que ya no resultan efectivos ni sutiles. Ni tampoco tienen límites. Tergiversaciones, insultos, confabulaciones, trampas, traiciones, mentiras, agravios, fábulas. Las movilizaciones cacharreras del 13S y el 8N, pensadas como acciones definitivas para desterrar a la yegua y sus secuaces, se han orquestado en base a falsas demandas, como quedó en evidencia. Una protesta que jamás podrá ser transformada en propuesta. A las que se suman el corte de accesos a la CABA del 20N y la gran concentración gran de los sindicalistas opositores que, desde lo numérico, resultó escueta y desde lo conceptual, ridícula. También macabra, si agregamos los intentos de desestabilización con los saqueos organizados en distintos puntos del país, como una forma obscena de remedar los dramáticos momentos vividos a finales de 2001. Con cuatro muertos, muchos heridos y cuantiosos daños materiales, entre otras cosas. Jamás han tenido límites, pero ahora están perdiendo energía.
Y algunos aliados, además. Los genocidas están siendo juzgados y muchos han sido condenados, lo que demuestra que con la democracia no se juega. Y con la vida, tampoco. Desde que se anularon los indultos y se derogaron las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, se concretaron 24 juicios por delitos de Lesa Humanidad con un total de 378 penas ya dictadas. Este año se coronó con 134 condenados, muchos de ellos -111- no registraban condenas anteriores. Hay 13 juicios en curso que indagan a 232 imputados, relacionados con más de 1800 víctimas. Pero esta reparación histórica no se detiene: los civiles, cómplices y beneficiarios de las atrocidades de esos años oscuros, también están en la mira de la Justicia. Por lo tanto, ya no les queda el recurso de apelar a las FFAA para interrumpir un gobierno constitucional cuando no les resulta conveniente, como fue la constante durante gran parte del siglo pasado. Si no, ya lo hubieran hecho hace rato. Para horadar este proyecto que tanto los desconcierta y descontrola, sólo les queda apuntar con la gomera, con la monstruosa expectativa de dañar lo más posible.
Los intentos de Clarín y sus aliados son los más evidentes. Lo que antes permanecía en las sombras, ahora está expuesto a plena luz del día. La síntesis de esta transformación se presenta con claridad en la resistencia del  multimedios a cumplir con una ley aprobada en democracia. Escudados en esa protección, los demás exponentes del Poder Económico se mantienen expectantes al resultado de las escaramuzas de esta puja. Del destino de ese grupo depende el de cada uno de ellos. Pero no son los únicos. La anulación del traspaso del predio ferial de Palermo es otra muestra de una decisión insólita: ya no quedan vacas sagradas. Hasta la administración de justicia ha perdido su sacra invulnerabilidad. Con algunos magistrados, la balanza está arreglada, la venda permite espiar y la espada es de cartón. Y siempre están dispuestos a emprender un viajecito a expensas de una de las partes, la que se beneficia con cautelares que estiran los plazos a la espera de vientos más favorables.
Pero ya no soplarán más de esos vientos; ya no habrá más tapas que volteen gobiernos ni botas que marquen el ritmo. Por el contrario, el viento seguirá soplando desde el sur, disipando oscuros nubarrones y renovando el aire viciado, cargado de pestilencias. Un nuevo oxígeno nos recorre desde hace nueve años y cada vez cobra más fuerzas. Una novedosa manera de considerar las cosas, de contemplar la escena, de escribir la Historia. Una forma diferente de pensar al otro, de establecer prioridades, de distribuir los bienes, de asumir responsabilidades. Con la certeza de avanzar, paso a paso, hacia ese país soñado durante tanto tiempo. Está el otro, que acecha desde el fondo,  el que sólo garantizaba angustias y humillaciones para la mayoría. El que nadie nombra, pero muchos sugieren, adornado con pomposas vaguedades. El que se desea desde los titulares, el que se exige con las cacerolas, el que esbozan los economistas ortodoxos. El que amenaza desde los rincones con una nueva dentellada. Ese país doloroso en el que sólo gozan unos pocos.
Que no es el que estamos construyendo, sin lugar a dudas. Porque termina un año de mucha actividad, en el que consolidamos cimientos y aseguramos el rumbo. Los adversarios se constituyeron por sí solos, por incomprensión o resistencia. En ambos casos, los espera la Soledad. En un año electoral como el que pronto empezará, habrá mucho para debatir, pero en serio, no con consignas huecas o augurios siniestros que sólo traen confusión, sino con propuestas elaboradas y comprometidas. Si se discute sobre una reforma tributaria más progresiva, que no vengan con la tontería de que meten la mano en el bolsillo de los trabajadores y los jubilados, con el mezquino afán de defender a los que más tienen. Que fundamenten el porqué del privilegio, si se atreven, pero que no argumenten con patrañas. Que digan que el país que quieren es el del goteo gradual, garante de inequidad. Que digan que quieren un país con gobiernos serviles y pobladores sometidos. Que se atrevan a ser sinceros de una buena vez, a ver quién los sigue. Nunca lo harán porque su veneno necesita permanecer oculto para inocularse en el momento oportuno.
Pero basta de hablar de detractores, pesimistas, agoreros y conspiradores. Un brindis por el año que termina y que jamás olvidaremos y por el que viene, que promete ser movidito. Y va a necesitar de todas nuestras fuerzas para ser, como éste, inolvidable.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Las mil y una dilaciones



La situación de la ex ministra de Economía, Felisa Miceli, condenada a cuatro años de prisión y algunas cosas más por delitos no definidos ni demostrados, deja un sabor amargo. Peor aún: fue condenada por sospechas. Los jueces la consideraron partícipe de un delito que no especificaron. Estas líneas no tienen como objetivo esbozar una defensa de la ex funcionaria, sino señalar un desequilibrio, de verbalizar la sensación de que la Justicia apresura y endurece su accionar en algunos casos y abusa de la suavidad y la dilación hasta el infinito en otros. Después de once años, De la Rúa resultó sobreseído por los asesinatos de 2001; la banda de los Ale inocentes y mientras Marita Verón continúa ausente; Macri sigue impoluto por lo que hizo y todo lo que piensa hacer; Magneto disfruta de una libertad inmerecida por la expropiación de Papel Prensa, gracias a su participación en delitos de Lesa Humanidad; Menem, gestor de los estropicios económicos, institucionales y políticos más graves de la historia reciente, está impunemente integrado a la vida democrática. La Justicia no entiende que su función es proteger a los ciudadanos y castigar a quienes los agreden. Hasta parece que lo hiciera al revés. Y la Corte: nadie sabe lo que hacen Los Supremos. Un “sí pero no” permanente. La resolución definitiva sobre la constitucionalidad de la LSCA está enredada en una vorágine incomprensible. Todos se pasan la pelota pero nadie se atreve a marcar el tanto.
Como sea, una de las corporaciones más importantes del país –y la más nociva- ostenta un escudo infalible. Aunque parezca que no, todavía gobierna y sus aliados y apologistas brotan por todos los poros, plagando de pestilencias a la Democracia. A cada paso, miles de obstáculos reiterativos y absurdos. Demasiada provocación para la paciencia de los ciudadanos. Casi una burla.
En las últimas elecciones presidenciales, los ciudadanos optamos por un proyecto basado en la supremacía de la política sobre la economía, en la devolución de los bienes expropiados por un gobierno cómplice en beneficio del poder fáctico, en la redistribución del ingreso para lograr una mayor equidad, en una soberanía irrenunciable que prioriza los intereses del país sobre cualquier otro, en un colectivo solidario identificado con sus gobernantes y en una Justicia que se atreva a convalidar su razón de ser. Por todo esto votó la mayoría, pero una minoría parece empeñada en arruinar esta película, que no los perjudica, pero les molesta. En los noventa, todo era más fácil porque los cuatreros permanecían en las sombras. Ahora están expuestos en toda su monstruosidad y fiereza; exhiben armas y blasones, guardianes y voceros, panegiristas y lacayos. No les bastó llevarnos a la ruina, no les alcanza con que estemos pagando sus deudas, no se satisface su avidez con todo lo que nos han extirpado, que es gran parte de lo que tienen. Ante este cuadro, muchos de los encargados de administrar justicia parece que siguen mirando con simpatía a las fieras que persisten en vivir a costa de nuestras miserias.
Los Supremos mostraron algo de eso. El Máximo Tribunal se negó a convalidar una ley que hace más de tres años fue aprobada por los Representantes del Pueblo, en sus distintas expresiones partidarias. Una norma elogiada no sólo por sus promotores sino por intelectuales, académicos, periodistas, presidentes extranjeros, funcionarios de organizaciones internacionales y otros muchos que la consideran imprescindible para democratizar la sociedad. Un ordenamiento que reemplaza el ilegítimo y vetusto reglamento impuesto por la Dictadura y las desprolijidades y contubernios del Infame Riojano. Algo debe haber pasado entre mayo y diciembre para que los Ministros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación se enreden en semejante contradicción. Un impulso repentino los debe haber conducido a desoír las recomendaciones presentadas por la Procuradora General de la Nación, Alejandra Gils Carbó.
Primero plantearon un límite y cuando ese límite fue burlado por el Monopolio y los jueces aliados, después del contundente dictamen del fiscal Uriarte y del fallo del juez Alfonso sobre la constitucionalidad de la LSCA, vuelve a dejar en manos de la Cámara Civil y Comercial la decisión definitiva. Un tribunal integrado por jueces que rechazaron recusaciones hechas en su contra, algo inusual y hasta fugado de toda lógica y que han demostrado en su accionar una nunca disimulada afinidad hacia el Grupo Clarín. Uno de sus integrantes, Francisco de las Carreras, beneficiado con un viaje de 15 días a Miami con todas las estrellas incluidas para cuestionar la LSCA en un Congreso pagado por los organizadores, uno de los tentáculos del Monopolio. Jamás fallará en contra del benefactor. Por el contrario, con el destino de Clarín en sus manos, dilatará lo más posible toda decisión, abusará de su poder para dificultar la decisión del Poder Ejecutivo, que es ni más ni menos que aplicar una Ley.  
¿No conocen los Miembros de la Corte estos vericuetos? ¿O acaso están deseando alguna reacción por parte del oficialismo? ¿No advierten que de esta manera siguen alimentando los falsos argumentos de los carroñeros? ¿No sospechan que de esta manera puede resentirse la estabilidad institucional? ¿O están sembrando dudas sobre la legitimidad política de las decisiones presidenciales y de sus funcionarios? ¿O querrán poner en jaque a la Cámara y dejar en evidencia su complicidad? ¿En qué estaban pensando el jueves? Demasiadas preguntas para este culebrón intragable.
La Presidenta ironizó sobre los intentos de los que quieren retornar al referirse a la posibilidad –en broma, por supuesto- de que “llenen la costa atlántica con pirañas y tiburones”. Por supuesto, nada de esto va a pasar. En el predio de la Rural, apenas lograron juntar bagres, moncholos y algunas viejas del agua. “A pesar de las agresiones y las cadenas nacionales, no le tenemos miedo, señora Presidenta”, se envalentonó el presidente de la Sociedad Rural, Luis Etchevehere ante unos quinientos solidarios con la causa de los estancieros. “Esta Navidad no se pudo hablar en familia –se lamentó Alfredo de Angeli- Tuvieron la habilidad de dividir al pueblo. Tenemos que empezar a luchar para unir a la familia”. Tal vez exaltado por el fervor contagioso de los paquetes asistentes, bramó: “Señora Presidenta, no hable de paz si no la practica”. Todo sea por defender a los patricios, que además de no saldar el precio vil por el que se apropiaron del inmueble, lo explotaron económicamente, incumpliendo todas las pautas establecidas en el traspaso.
“A los que quieren fabricar incendios, acá tienen a una presidenta brigadista”, desafió Cristina desde la Casa de Gobierno, en un acto multipropósito que, entre otras cosas, se destinó a la entrega de camiones autobomba para el Plan de Manejo del Fuego de la Secretaría de Medio Ambiente. En referencia a los incidentes de la semana pasada, La Presidenta afirmó que “se quiso parodiar lo que había sido el 19 y 20 de diciembre cuando el país realmente se incendiaba”. “Los saqueos y la articulación de sectores políticos y sindicales con sectores de marginalidad para provocar este tipo de cosas –destacó- esto no tiene nada que ver con la política y mucho menos con el peronismo, sino que esto tiene que ver con una suerte de impotencia”.
La Primera Mandataria aprovechó la ocasión para enumerar cada uno de los logros de la gestión kirchnerista y destacó la disminución del coeficiente de Gini, el índice sobre la desigualdad, que en 2003 era de 0,475 y ocho años después descendió a 0,394. Pero también habló de los jueces, de sus sueldos, jubilaciones y exenciones impositivas. Y de sus funciones. “Les pido que se encarguen de defender a los ciudadanos, aunque no pido milagros”, bromeó en relación a las corporaciones. Porque de eso se trata todo esto, no de milagros sino de justicia. Una justicia que también debe cambiar sus paradigmas; que entienda que en una democracia el poder debe estar en el Pueblo y no en las corporaciones; que debe abandonar sus prácticas decimonónicas para adaptarse al ritmo del siglo XXI; que debe emprender una batalla cultural en sus entrañas. Y sobre todo, que debe frenar –y no proteger- a los salvajes que pretenden llevarse todo por delante. Hasta a la propia Justicia.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Tentaciones de fin de año



Con sinceridad, cuesta mucho resistir la tentación de realizar un balance de lo que ha sido este poderoso año. No es la pretensión de Este Ignoto Profesor de Provincias pergeñar un anuario que resultaría tedioso, insuficiente y, por supuesto, arbitrario. Quien quiera, podrá revisar el nutrido archivo de este blog para revivir los momentos más significativos de este año que ya se desvanece. Además, a lo largo de esta semana los profesionales de los medios ofrecerán síntesis un poco más rigurosas que las que puede ofrecer este modesto aficionado. Sin embargo, algo de eso habrá: hechos destacados, pinceladas incompletas, impresiones y recuerdos que se desarrollarán en los textos subsiguientes. Eso, por supuesto, sin omitir lo nuevo, que nunca se toma descanso. Porque los estancieros están en pie de guerra, dispuestos a resistir la venganza de Cristina. Porque aparecen nuevos datos y opiniones sobre los intentos de desestabilización del 19 y 20 de diciembre. Porque habrá nuevos condenados por crímenes de Lesa Humanidad. Y porque, de una vez por todas, la aplicación de la LSCA necesita una definición de Los Supremos. Con todo esto, no queda mucho tiempo para los balances, aunque son imprescindibles para valorar lo recorrido y afianzar el sendero. Y también para distinguir entre los que acompañan, los que proponen un atajo hacia las sombras, los que arrojan piedras desde sus escondites y los que, acurrucados en sus madrigueras, aguardan la oportunidad de dar un zarpazo para rapiñar un poco del poder perdido.
“Si un gobierno en cuatro años hubiera hecho la mitad de lo que hizo Cristina Fernández en un año podría darse por hecho”, afirmó el Senador Daniel Filmus, durante la presentación del nuevo número de la revista “Desafíos”. “Este material –agregó Filmus en referencia a la publicación- es para la militancia, para la discusión, para el debate, para poder profundizar en cada una de las transformaciones realizadas en nuestro país”. El Salón Arturo Illia del Senado se convirtió en el escenario donde representantes y funcionarios oficialistas exhibieron su compromiso con el proyecto en curso. El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, recordó la salvaje represión de diciembre de 2001 y señaló que el kirchnerismo es hijo de aquellos dolorosos hechos. “En aquel momento el pueblo argentino dijo basta –destacó Tomada- Y también hoy estamos acá por ese 19 y 20 de diciembre, por quienes interpretaron y fueron capaces de llevar a la práctica las respuestas que nuestro pueblo reclamaba”. Pero el ministro también sugirió lo que se viene: “las corporaciones hoy tienen nombre y apellido y están arriba de la mesa”.
Un balance que promete futuro. Diferente del panorama que borronea el Jefe de Gobierno porteño, que recicla sus sandeces para disimular sus perniciosas intenciones. Para Mauricio Macri, el próximo año será “duro y tenso”, porque considera que La Presidenta manejará “una agenda de enorme confrontación”. Como resulta evidente, para el empresario devenido político, la única posibilidad de tener un futuro en paz es la permanencia del statu quo. Más aún, para evitar todo tipo de confrontación, agresividad y conflicto, nuestro país debería retornar al neoliberalismo en estado puro, esos tiempos añorados por las minorías patricias. Con la profundidad y precisión que caracteriza siempre sus palabras, Macri explicó que “nuestra presidenta cambió la agenda del año pasado por la cual recibió tanto apoyo, que era de conciliación, de diálogo, de mayor tranquilidad, por una agenda de enorme confrontación". Que el líder del PRO haya aprobado pre-escolar es un hecho tan sorprendente como que alguien tome con seriedad cada una de sus deposiciones verbales.
Tamaña subestimación de sus destinatarios ya resulta insultante. Afirmar que Cristina prometió “eso que él dice” es una sobredosis de amnesia. De ninguna manera puede interpretarse el “vamos por más, vamos por todo” como esa concepción Heidi de la vida que el Cínico Ingeniero despliega ante los micrófonos. El 54 por ciento no votó por conciliación, diálogo y todas las hipocresías que repite a diario El Detractor de Freddy Mercuri, sino por contener a las bestias y recuperar algo de lo que nos expropiaron en los noventa. Lo que la gente como él considera ‘confrontación’ no es más que la intención política de gobernar La Economía. Eso es lo que provoca el insomnio de los poderosos. Para la gente como él no es confrontación rebajar salarios, aumentar tarifas, sancionar o despedir trabajadores sin motivo, especular, evadir, explotar, insultar, mentir, complotar.
Que los que se creen dueños del país piensen de esa manera, resulta repugnante pero no llamativo. Ahora, que alguien que se dice progresista sea más conservador que un abuelito decimonónico, sorprende hasta a un adivino. Cada vez que el referente máximo del FAP, Hermes Binner, intenta balbucear alguna crítica hacia el Gobierno Nacional, desconcierta a sus seguidores. Eso sí: jamás se sabe desde dónde habla ni hacia dónde apunta, de tan desorientado –y desesperado- que está. “Las políticas populistas no evitan la fragmentación social ­–afirmó sin aclarar, como siempre- y sólo puede superarse promoviendo el trabajo y el estudio”. Por supuesto, en sus dubitaciones no existe reconocimiento alguno de los logros alcanzados, como el número de escuelas inauguradas desde 2003, la recuperación del empleo o las medidas de inclusión. Tampoco sugiere una lectura progresista de esa fragmentación, que no fue ocasionada por la gestión presente, sino por la despiadada complicidad de los gobiernos anteriores con los expoliadores de siempre. Menos aún menciona el foco de resistencia angurriento de los grandes grupos económicos. En su limitado pensamiento político –por denominarlo de alguna manera- no hay historia: sólo quejosas consignas superficiales y confusas.
Con una precisión sospechosa, el ex gobernador de Santa Fe aseguró que "hay un millón de jóvenes que en la Argentina no estudia ni trabaja. Lo primero que surge es 'de qué viven estos jóvenes': viven siempre de prebendas, de ayudas". Preocupado hasta la obsesión por la fragmentación, advirtió que “si no la paramos a tiempo, no vamos a tener posibilidades de revertirla. El populismo no ayuda, al contrario: el populismo, a través de subsidios, regalos, prebendas, genera actos que verdaderamente no son los que necesita hoy la población". Tampoco necesita carroñeros que tiren tarascones desde los rincones más oscuros para defender sus privilegios, pero de eso nunca habla el ex candidato presidencial del progresismo.
En una muestra de su sabiduría ancestral, el ex Todo, concluyó que los incidentes de la semana pasada fueron el resultado de “una división muy profunda entre aquellos que tienen acceso a comprar todo lo que tienen por delante y aquellos que se dedican a delinquir en forma directa". Una traducción auxiliar: resentimiento por la disparidad del acceso al consumo. Sin embargo, al referirse a los saqueos en Rosario, entró en una contradicción enorme con lo que había declarado antes: “en Rosario tuvieron muy poco que ver con la necesidad de la gente. Tenemos relevados supermercados que fueron saqueados exclusivamente donde están las bebidas alcohólicas y donde estaban los electrodomésticos. No coincide con lo que pasó en 2001 y 2002: ahí, fundamentalmente, la gente iba a buscar alimentos". Si los saqueos no fueron producto de la necesidad como once años atrás, quiere decir que la situación mejoró y que lo del populismo, la fragmentación, las prebendas, el resentimiento consumidor y todo lo demás es sólo un cóctel indigesto cuyo único fin es molestar. Eso sí, por las dudas, evitó las hipótesis conspirativas para no enemistarse con cualquier posible aliado.
El listado de los logros de este año seguramente será extenso. Pero hay uno que resume todos: los carroñeros están cada vez más expuestos, junto a sus cómplices y voceros y, por tanto, debilitados. Y también salen a la luz los personajes que, por incomprensión y torpeza –impotencia, de paso-, terminan haciendo el juego a los que quieren volver. Esos son los más peligrosos.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Los saqueadores encubiertos



No hace falta investigar demasiado para afirmar que los desatinados incidentes del jueves y viernes fueron organizados. Nunca dejan de serlo. Hasta en 2001 lo fueron. Claro, en aquel entonces reinaba la pobreza producto de la crisis. O mejor dicho, del saqueo de los poderosos. Entonces, ni éstos ni aquéllos, nada tienen de espontáneos. En todo caso, aquéllos estaban impulsados por una carestía profunda, que creció ante la indiferencia de un Estado cómplice. Estos, en cambio, fueron inspirados por la desesperación, pero no de los que pusieron el cuerpo, sino de los que los instigaron. Aquello fue un drama; esto, una sátira; y de la peor calidad. La elección de la fecha resulta una bofetada para la memoria colectiva. En medio de ese torbellino informativo que pretendía transformar en estallido una serie de actos vandálicos, una buena noticia pasó desapercibida: la recuperación del predio ferial de Palermo. Tal vez, el recrudecimiento de los incidentes esté relacionado con la nueva situación del patricio inmueble. Como sea, no pudimos asimilar esa inesperada conquista. Si los saqueos de 2001 fueron consecuencia de un Estado cómplice del poder fáctico, los de estos últimos días pueden pensarse como una amenaza para amedrentar a este Estado inclusivo que se inauguró en 2003.
Ante estos hechos, quedaron en ridículo los apologistas de la espontaneidad. Los medios con hegemonía en bancarrota y la oposición telepolítica tomaron como un valor el apócrifo carácter espontáneo de las primeras manifestaciones cacharreras de este año. Una forma de actualizar el esquema sarmientino: la espontaneidad es el patrimonio del civilizado republicano comprometido con las instituciones y la organización es la expresión de la barbarie enamorada del populismo K. Unos, espontáneamente, marchan a la Plaza para defender valores y derechos de alta gama; los otros, seducidos por apetitosos choripanes, se amontonan, hediondos y sudorosos, para rendir culto a la Reina Autoritaria. En el caso de los recientes saqueos, la espontaneidad –en las confusas mentes de estos analistas- parecía convertir a los marginados partícipes en paladines de la democracia. La cosa puede ser así: los morochos de la barriada y demás invasores indeseables pueden mutar en ciudadanos ilustres con sólo emitir una crítica al Gobierno Nacional, como ya ocurrió con cierto extraviado camionero. Que un grupo de ellos irrumpa con violencia –y sin conducción- en un supermercado apuntala la hipótesis de que todo lo K nos arrastra al desastre. Por eso necesitaban la espontaneidad de los incidentes. Pero una vez más, la realidad se estampó en sus narizotas.
 Que la propagación de estos incidentes se agudizó con el anuncio de la recuperación del predio ferial es nada más que una sospecha del Autor de Estos Apuntes. Cuando el Jefe de Gabinete de ministros, Juan Manuel Abal Medina, dio a conocer el decreto 2552 que declaró nula la entrega de ese terreno en 1991, sólo se habían producido los asaltos en Bariloche y algunos en Rosario. Para determinar la relación en estos hechos habrá que hilar muy fino. Pero el símbolo es muy fuerte, casi tanto como la desmonopolización del mapa de medios. De Ellos, puede esperarse cualquier cosa. El Gobierno Nacional está decidido a domesticar a las bestias y ha emprendido una batalla para reparar el presente y garantizar el futuro, aunque tenga que corregir las agachadas del pasado. Porque esta fue una más entre muchas. Quizá no tan significativa desde el punto de vista económico, pero demuestra una fortaleza indiscutible.
Esto parece demostrar que ya van quedando menos intocables. En tiempos de Neoliberalismo Despiadado, cuando el riojano que de manera insultante está libre y ostenta una inmerecida banca en el Senado, no había conflictos con el poder fáctico. Una connivencia escandalosa deshojaba el patrimonio nacional, pisoteaba cualquier símbolo y se burlaba de la pobreza creciente. Mal que les pese a muchos, parte de lo que se rifó se está recuperando. Y los beneficiarios del latrocinio ahora hablan de inseguridad jurídica y propiedad privada. El predio ferial “fue sustraído del patrimonio del Estado Nacional mediante la maniobra de asignarle un menor valor”, fundamenta el decreto leído por Abal Medina. Para darle más fuerza a la medida, hay un fallo del juez federal Sergio Torres y un dictamen de la Procuración del Tesoro de la Nación emitido en 2010. Una galería de innombrables intentó en todo este tiempo explotar de diferentes formas el predio, desnaturalizando sus funciones iniciales.
“Este no es un hecho aislado –aseguró Abal Medina- sino que se inscribe claramente en la política de recuperación del Estado, de sus capacidades, de sus propiedades y sus condiciones. Esta es la recuperación de un Estado que había sido prácticamente destruido a partir del año ’76, con las consignas del neoliberalismo”. Ahora aparecerán las voces destempladas que intentarán disfrazarse de víctimas; y desfilarán los figurones mediáticos que siempre defienden a los indefendibles; y representantes de los ciudadanos que recitarán párrafos enteros de la Constitución para denunciar atropellos que no están ocurriendo; también abogados y jueces que construirán un laberinto con este caso, a la espera de tiempos más benévolos.
Laberintos interminables como el de la aplicación de la LSCA, en donde nadie se  atreve a pronunciar la última palabra. Jueces que parecen jugar a dos puntas –o más- sembrando confusión y desconcierto. Si el fallo de Horacio Alfonso prometía una resolución definitiva, las incongruencias sobre la medida cautelar que protege al Grupo Clarín y la conformidad con la apelación presentada amenazan con un horizonte de nuevas pujas judiciales. Además, dejó abierta la puerta para que el monopolio mediático pueda reclamar un resarcimiento económico, algo que podrá parecer justo pero no es legítimo. Quizá habría que descontar los beneficios obtenidos con las diferentes estatizaciones de deuda privada que se concedieron desde 1982. Eso sí, gracias a todas las artimañas desplegadas para eludir el cumplimiento de una ley constitucional, hemos descubierto las cautelares, los per saltums y el turismo judicial.
Ahora, todo parece quedar en manos de la Corte Suprema, que se reunirá el jueves en un plenario para definir si siguen estirando el culebrón o le dan una solución definitiva. Sin intención de presionar al Máximo Tribunal, cabe esperar que dé un nuevo valor al lugar que ocupan. Los Supremos deberán decidir de qué lado están, si de la legalidad constitucional, legítima y democrática o de la ilegalidad facinerosa y nociva de las voraces corporaciones. Ya no hay más vueltas. La legalidad ha sido pisoteada durante tres años, no sólo por el monopolio, sino por los coreutas que salieron en su defensa.
Absurdo que los que siempre alteraron el orden, saquearon a mansalva, impulsaron genocidios y sacaron ventajas en nuestras peores crisis, ahora reclamen por la legalidad y los derechos. Cínicos, siempre han demostrado que no saben vivir en Democracia y les importa poco el bienestar de la mayoría. Ellos claman por la Justicia pero no titubean a la hora de enamorar jueces. Hipócritas, se lamentan por la división que reina en el país y se espantan cuando se utilizan metáforas bélicas. Ellos, los que aplaudían con cada abatido por los esbirros de la dictadura. Ellos, que son capaces de desplegar los más violentos incidentes cuando un Gobierno no satisface sus angurrias.
En un año electoral como el que viene, el sendero que conduce hacia el país soñado presenta una seductora –y siniestra- bifurcación, un convite para enfriar los frentes abiertos, una tentación para conquistar a algunos cacharreros. Grosero error sería tomar ese desvío. En este momento crucial de nuestra historia, sumará más la profundización de este proyecto que la alianza con los carroñeros. Los que tomen ese atajo se enredarán en la oscuridad de pasado, se perderán en el olvido y serán fagocitados por las Fieras. O gobiernan las instituciones democráticas o nos devoran las corporaciones; un Estado comprometido con la mayoría o uno cómplice de los intereses de la minoría; un Estado dispuesto a lograr la equidad o a facilitar el saqueo de los que siempre lo han hecho. Si gobierna la Política o nos sumerge la Economía. Soberanos o sometidos. Nada más que eso.