viernes, 22 de febrero de 2013

Cuando los primeros son los últimos


De seguir la agenda de los medios, Apuntes Discontinuos debería abordar el primer aniversario del accidente ferroviario de Once o los conflictos que habitualmente se generan en todo inicio del ciclo lectivo. También, la media sanción que obtuvo en el Senado el acuerdo con Irán para indagar a los sospechados de cometer el atentado a la sede de la AMIA y las perlitas del debate. Quizá sea atractivo y hasta divertido hablar de los documentos que revelan los escándalos amatorios que ocurrían en el Vaticano y que involucran al recién renunciado Papa. Pero este espacio no es informativo y no corre detrás de una lectura improvisada de los hechos del día. A veces puede haber coincidencia, pero no es la intención de su autor. Por eso, los temas abordados, serán otros.

Lincoln, la peli de Spielberg no sólo contribuye a conciliar el sueño sin demasiado esfuerzo, sino que permitió descubrir un error administrativo: un profesor universitario detectó la ausencia de notificación oficial sobre la abolición de la esclavitud en el estado de Mississipi. El Primer Mundo también presenta fallas en el sistema que tantos idolatran. En algunos países europeos, la carne de caballo se filtra en las góndolas de los supermercados para beneficiar a algunos turistas habituales de los paraísos fiscales. Mientras tanto, Mariano Rajoy justificó su accionar destructivo con impudicia y promete estrangular un poco más a los españoles ante los desconcertados Diputados. Lejos del mundanal ruido, algunos países latinoamericanos emprenden un camino soberano en pos de la dignidad de sus pueblos. Rafael Correa, desde Ecuador, tiende su mano a la distancia para transformar en serio el desquicio heredado, aunque algunos aconsejen tomar un tenebroso atajo hacia el pasado.
En estos días se hizo público un mensaje que sus propaladores, en vano, trataron de ocultar. Un afiliado al partido Unión por Todos, el abogado Carlos Maslatón, incluyó en la página oficial un texto en el que aconseja a los productores agropecuarios derrotar a la Dictadura K apelando a la desobediencia civil. Tal vez el leguleyo no entienda muy bien el nombre de esa agrupación política o lo que sea que hagan. O quizá lo entienda demasiado bien. El término ‘unión’ sugiere un pegote de cosas diferentes –y hasta opuestas-, que nunca llegarán a conformarse como un todo. ‘Unidad’, en cambio es la búsqueda de la totalidad a partir de las diferencias. En una unidad, no se notan las partes porque hay armonía entre ellas en pos de objetivos compartidos. ‘Unión por todos’ induce a pensar que hay un amasijo de mentes iluminadas –y resentidas- para beneficio de todos, aunque ese ‘todos’ no abarca a la totalidad de los ciudadanos.
Lo preocupante del escrito de Maslatón no es sólo la propuesta de desobediencia a la autoridad por parte de los productores agropecuarios, sino la categorización que hace del Gobierno Nacional. Tiranía, dictadura, régimen, hitleriana, confiscatoria son los términos insultantes y antidemocráticos que utiliza el abogado para justificar su incitación para desfinanciar al Estado. “Mensaje para todos los productores de granos de la República Argentina. Hoy, como nunca antes en la historia nacional, es legítima la evasión tributaria, aunque el gobierno la repute como criminal. Cada peso que se le pague a la dictadura kirchnerista será malversado y puesto al servicio de la consolidación del régimen”. El texto exhorta a contrabandear para no tributar a la “confiscatoria Aduana Argentina”, sub-facturar exportaciones, retener las divisas en paraísos fiscales –fuga y evasión- para esquivar a la “hitleriana AFIP”. Volviendo al nombre de ese grupete, es claro que el ‘Todos’ no es el que todos pensamos, sino un grupo más reducido que no incluye a la mayoría de los ciudadanos.
Algo parecido al éxito del que se ufana el presidente español, Mariano Rajoy. Ante el parlamento, defendió con uñas y dientes su primer año de gestión y afirmó que se evitó “el naufragio” del país. Eso sí, a costa de ahogar a los ciudadanos con ajustes, despidos y desahucios. Algo que los argentinos conocemos muy bien. Con una congoja mal actuada, Rajoy comenzó el debate con una cifra escalofriante: 5965400 desempleados. “La frialdad de la cifra no puede ocultarnos el drama que en ella subyace, seres humanos que sufren”, simuló conmoverse. El diputado socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, advirtió que la situación de España es actualmente “explosiva”, pues consideró que la gestión de Rajoy trajo recesión, desempleo y desigualdad. Pero evitó referirse a la herencia dejada por Rodríguez Zapatero, también socialista, que nada hizo para impedir que la voracidad del mercado arrasara con el Estado de Bienestar que tanto costó construir.
“La incertidumbre de entonces es desesperación”, sintetizó Rubalcaba pues, según él, después de quince meses “España está empobrecida, indefensa y entristecida y el país que saldrá de la crisis será más injusto, más pobre y más inhumano”. Lo curioso de la intervención del líder opositor es que, sobre el final, le recrimina que su actuación fue guiada por “pura ideología”. Que un socialista acuse a un neoliberal de algo así, resulta incomprensible. Claro que actúa por pura ideología, aquélla que sólo busca satisfacer la infinita avaricia de una minoría insaciable. Y el socialismo, en todo caso, no supo defender los intereses de la mayoría por abandonar sus principios. No hay manera de llevar adelante un programa de gobierno por fuera de la ideología. Quien diga que puede hacerlo, intenta ocultar sus peores intenciones.
Pero la difícil situación que atraviesa España y otros países europeos no es producto de un fenómeno meteorológico ni una catástrofe telúrica. La crisis económica es el resultado de una ausencia moral por parte de dirigentes, bancarios y empresarios que han abrazado la más despiadada acumulación en detrimento del bienestar de los ciudadanos. La venta de carne de caballo en productos que afirman ser otra cosa llega a relacionarse con grandes fortunas en paraísos fiscales y hasta blanqueo de fondos ligados al narcotráfico y la venta ilegal de armas. Desde que las autoridades irlandesas descubrieron rastros equinos en hamburguesas, los cascos resuenan en toda Europa y permite vislumbrar una cadena globalizada de producción de alimentos con muchos intermediarios que comienza en Rumania. Draap, registrada en un paraíso fiscal de las Islas Vírgenes, admitió la compra en frigoríficos de Rumania y su director, Jan Fasen, fue condenado el año pasado por vender carne equina de Sudamérica como carne vacuna alemana y holandesa. Además, esta empresa utiliza la misma red de distribución que el traficante de armas ruso Víctor Bout. El Primer Mundo se está desmoronando y hay que protegerse de sus fragmentos. Tan serios que parecen sus dirigentes, con sus expresiones estreñidas y los ostentosos trajes.
“¿Estoy bien sin corbata?”, preguntó el presidente re-electo Rafael Correa, antes de comenzar una entrevista. Por supuesto, que esto fue una broma, porque la corbata ya no debe ser vista como un símbolo de seriedad. Casi todo lo contrario. En muchos, parece la máscara que oculta sus más pestilentes intenciones. Los tratados bilaterales de inversión fueron vendidos por crápulas trajeados y resultaron muy perjudiciales para los países más vulnerables. Estos tratados “fueron una entrega total de nuestros países en manos de las transnacionales. ¿Ahora las transnacionales tienen más derechos que los seres humanos?”, se preguntó Correa. Eso es lo que la región intenta revertir, la supremacía del mercado sobre la vida de los ciudadanos. Y parece que tenemos mucho a nuestro favor.

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