miércoles, 27 de marzo de 2013

Los ricos también lloran… mientras los demás festejan



Quien intente negar las transformaciones que se han producido en nuestro país durante estos diez años deberá apelar a la malversación informativa. En realidad, es lo que hacen algunos todos los días desde sus espacios mediáticos. Y, por supuesto, nunca faltan los repetidores urbanos que potencian esos mensajes con el tono cacerolero que bien supieron conseguir. Cosa de todos los días, como un comentario dicho al pasar. Enumerar una parte de esos lemas que se emiten sin pensar en el escenario cotidiano ocuparía más espacio que el destinado al presente apunte. Pero la desbocada carrera del verde blue, las embestidas de Moreno a los supermercadistas, la violencia hitleriana de las huestes de La Cámpora, el marxismo patológico de Axel Kicillof y el autoritarismo omnipresente del Gobierno Nacional, que impide pensar distinto pueden, sin lugar a dudas, ubicarse en los primeros puestos del ranking. Después, cuando uno trata de indagar en los argumentos que justifican esos dichos, se enojan, denuncian ser víctimas de la intolerancia, apelan a la libertad de expresión –que nadie pone en riesgo- o acusan de comprado al indagador. Un simple ¿por…? los saca de quicio. De locos. El modelo K ha puesto patas arriba el país, podrán decir. Aunque, con sinceridad, durante estos diez años lo hemos puesto de pie, con las patas en el suelo, como corresponde y la cabeza bien en alto, como pocas veces en la historia.
Por eso hay tanto revuelo, porque algunos nos quieren nuevamente con la cabeza en la tierra, sometidos a sus angurrias y sólo al servicio de sus más mezquinos intereses. Y esto no es paranoia. Si lo demuestran a diario con las exigencias que tratan de imponer al Gobierno: una retirada del Estado para desplegar su accionar predatorio. Mientras el poder fáctico irradia su ideario avariciento desde esa altura que todavía conservan, los serviles del medio mordisquean lo que tengan a mano. Los bloqueos a supermercados concretados por el gremio de los camioneros buscan el fracaso de una medida muy eficaz como el congelamiento de precios, que engloba mucho más que eso. Las demandas de los productores agropecuarios para ganar más de lo que ganan y la amenaza de un cese de comercialización tienen la intención de desfinanciar al Estado. Todo esto y mucho más deja en evidencia lo que se conoce como cambio de paradigma: cuando asumió Néstor Kirchner una década atrás, las calles estaban pobladas de multitudes que clamaban por trabajo y comida; hoy, los manifestantes –no los mismos, en muchos casos- claman por dólares, eliminación del impuesto a las ganancias y otras demandas propias de los que más tienen.
A pesar de los intentos de provocar desabastecimiento en la cadena de comercialización, los supermercadistas comprendieron que con precios bajos todos los días recaudan más que con las ofertas semanales. Y, además, se ahorran las descomunales tarifas de publicidad en los grandes medios. El congelamiento de precios acordado con la Secretaría de Comercio no sólo llevó alivio a los consumidores, sino que reveló los vicios de una conducta fuertemente arraigada por parte de los comerciantes. Ahora no sólo seguirá el congelamiento por otros 60 días, sino que se agregará la tarjeta Supercard, que tiene como objetivo reducir las comisiones cobradas por los bancos y los elevados gastos de financiación de los usuarios. Un dedo que se introduce en uno de los sectores que ha hecho más daño en la economía doméstica. Si todo sale bien, tanto los comercios como sus clientes, optarán por esta nueva tarjeta y dejarán de usar las convencionales, hasta que las entidades emisoras comprendan que para competir tienen que renunciar a un mínima porción de sus jugosas ganancias.
Algo que no entienden los dirigentes de la Mesa de Enlace-para-voltear-a-la-viuda, que recrudecen con sus llantos hasta cuando nada amenaza su cuantioso botín. El presidente de la Sociedad Rural Argentina, Luis Etchevehere, fiel a sus principios, reclamó: “sáquennos las retenciones para devolver competitividad al campo”. Y aportó más lágrimas, por supuesto: "estamos seguros de que este año los productores van a dosificar las ventas para poder mantener su poder adquisitivo hasta la próxima cosecha". En cambio, Eduardo Buzzi, de Federación Agraria, abandonó el tono suplicante de su cófrade circunstancial para esgrimir una amenaza: "si no aparecen las soluciones que estamos reclamando hace tiempo, no quedará más alternativa que ir a una gran protesta agropecuaria nacional". El combativo acaudalado adelantó que en los primeros días de abril se resolverá si el sector llevará adelante medidas de fuerza como la no comercialización de granos y hacienda.
Pero el fundamento de tantos gruñidos lo brindó Etchevehere en algunas entrevistas radiales. “En vez de pedir que vendamos la cosecha –explicó el estanciero-, el Gobierno debería explicar qué hizo con los 60 mil millones de dólares en retenciones que aportó el campo”. Esa fortuna estaría mejor en manos de estos acumuladores seriales que en las del Gobierno, que lo malgasta en obras públicas y redistribución del ingreso. Porque las Autoridades Nacionales dan cuenta todos los días de las inversiones que realizan para garantizar el crecimiento y la dignidad de los ciudadanos. En cambio, ellos jamás dicen en qué invierten los cuantiosos subsidios y ayudas que reciben cuando el clima no es benévolo. Y lo que declaró el diputado pampeano y productor agropecuario Ulises Forte deja en evidencia los intereses que representa: “nadie tiene obligación de vender y el productor que pudo quedarse con algunas miles de toneladas es para afrontar el precio de la siguiente campaña”. Quienes más lloran son los que más tienen.
Porque los que menos tienen notan una sustancial mejoría en su situación cotidiana, aunque todavía falta mucho. Precisamente son estas actitudes sectarias y egoístas las que obstaculizan el camino hacia el país inclusivo con el que la mayoría soñamos. Sin embargo, la distribución del ingreso registró el año pasado un nuevo avance que la coloca en los mejores niveles desde 2003. El índice de Gini –que mide la desigualdad- quedó en el cuarto trimestre de 2012 en 0,364 puntos, una cifra que mejora la alcanzada en 2011 de 0,391. De acuerdo a los estándares internacionales, el índice de Gini en un país desarrollado debe estar cercano a 0,25, mientras que de 0,55 en adelante la situación debe ser considerada de alta asimetría. Todavía estamos lejos de los niveles deseables, pero bajar ese índice insume mucho esfuerzo de transformación. Y mucho más cuando las hienas angurrientas están desesperadas en busca de sus presas. Además, la diferencia entre el 10% de las familias con mayores ingresos y el 10% con los ingresos más bajos alcanzó su menor diferencia en los últimos 20 años, hasta las 12,6 veces, un nivel cuatro puntos por debajo del registro de 2011.
“Hemos mejorado la muy buena performance que teníamos en octubre de 1974 y significa una mejor distribución del ingreso -explicó La Presidenta la semana pasada- y que fue en realidad una de las causas del golpe de 1976”. Recordar lo que nos pasó significa también indagar en los porqués. Y en eso estamos, descubriendo los intereses que movieron los hilos para desplegar sobre el país la más atroz de las dictaduras. Intereses que, sin dudas, intentan sacudir la escena para retomar el mando, para inundarnos de desigualdad y de ser posible, llevarnos a la ruina. Cada vez están más expuestos y sólo provocan risa. Por eso lloran, mientras los demás celebramos lo conseguido. Y seguimos yendo por más.

2 comentarios:

  1. Mira,leyéndote quisiera a veces poder discutir y argumentar a esos elementos que como cotorras(pido perdón a las cotorras) te sueltan esas consignas quejosas sin fuste ni muste...ayer casi me dá un "lerele" cuando al argumentarle a alguien una de esas frasecitas ,me respondió esto:
    Si, pero lo que pasa es que no se nota pero estamos muy mal,aunque no se nota....pero estamos muy mal.

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  2. Siempre un adelantado Gustavo. Sos de la escuela de un Verbitky. Quisiera que pases por Doc9 para mejorar la idea del "contragobierno" que está desde hace años en nuestro país instalado.

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