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viernes, 10 de mayo de 2013

El partido del año



Proyectos que enloquecen a los que no saben qué defender
Ya no quedan dudas: la única manera que tienen de llegar a algo es apostando al fracaso. Por eso dicen lo que dicen y proponen lo que proponen. Si eso puede considerarse proponer, por supuesto. En realidad, más que propuestas, revolean absurdos, sin temor al ridículo. Sin pensar, siquiera, en las consecuencias que pueden tener las estrategias poco políticas a las que apelan para atraer las siniestras simpatías del establishment. De no ser una situación cercana al drama, parecería que estamos presenciando un apasionante partido de tenis. Los carroñeros tiran bolas explosivas y el Gobierno Nacional las rechaza con gracia y elegancia. La metáfora podría resultar risueña, pero la historia nos enseña que, ante ciertos riesgos, el humor no es la mejor opción. Nadie puede considerar como una travesura que algunos presionen para conseguir una mega devaluación que llene un poco más bolsillos ya saturados. Nadie puede apreciar el chiste del senador Morales, obsesionado hasta el absurdo con la “parábola de los ladrillos”, mientras se trataba en comisiones el proyecto de exteriorización de divisas no declaradas. Nadie puede tomar a la ligera las intenciones destructivas de algunos personajes, mientras la mayoría –que ya padeció otrora las acciones destructivas de esos mismos personajes- apuesta a un proyecto que promete la construcción de un país en serio.
Aún no convencidos de la ineficacia de las consignas que esgrimen, tratan de ganar protagonismo mediático con la insípida esperanza de conquistar voluntades electorales. Para eso insisten con dibujar escenarios catastróficos ante cada paso que da el Gobierno Nacional. Emperrados en su fracaso, no atinan a proponer una alternativa creíble para disputar gobernabilidad al kirchnerismo. Como malísimos opositores, sólo saben oponerse a todo, ante la duda. No sea cosa que los personeros del Poder Fáctico les echen una mala mirada y los borren de la escena. Por eso los argumentos que creen irrebatibles, resultan absurdos hasta para una marmota. Hace semanas que vienen alimentando la hoguera del dólar, con la malsana intención de trastocar la economía doméstica. Si ya todos sabemos que cuando el dólar aumenta se desbarata todo. ¿A quién se le puede ocurrir que una devaluación de la moneda va a frenar la inflación? Vamos, que no nacimos ayer. Al contrario, la inflación se va a disparar al infinito. Y entonces sí van a tener excusas para sostener sus desconcertantes y desorientadas campañas. “Nos preocupa que el Senado ponga el foco en un mercado ilegal insignificante, que ni siquiera podemos medir”, expresó Mercedes Marcó del Pont en pleno debate del proyecto.
Como autómatas impresentables, sólo brindan la repetición de lemas cuyos autores nunca dan la cara. Los temas son los mismos de siempre: la inflación y el tipo de cambio. Las excusas, también: la libertad, el republicanismo y la independencia de los poderes. Pero las intenciones están ocultas, aunque son por todos conocidas: retomar el control de la economía para saturar sus arcas a costa de la miseria de la mayoría. Que los especuladores de siempre jueguen a la rayuela con el dólar ilegal no es representativo de lo que vive nuestro país. Sin embargo, tratan de amplificar ese accionar destructivo como si fuera usual en todos los habitantes. Mentira: sólo unos 200 mil individuos se entretienen en las cuevas. Eso sí, el dólar sigue siendo el vicio adictivo de un número más importante, aunque tampoco para alarmarse. Pero todos los que aprietan para que la moneda verde suba, saben que “una devaluación impactaría en el PBI, habría una menor capacidad de importación –explicó el viceministro Axel Kicillof- Aquellos que están preocupados por ese verso de la estanflación, ¿qué piden? Directamente una devaluación. Esta no es la solución de nada”. Y ya lo aclaró La Presidenta: no habrá devaluación porque significaría una transferencia de recursos de los sectores mayoritarios hacia una minoría angurrienta e insaciable.
En sintonía con esto –o tal vez no tanto- el Equipo Económico propuso esta semana un proyecto de ley para atraer divisas en moneda extranjera sin declarar. Muchos rasgaron sus trajes cotidianos y se calzaron el sayo de la moralidad. Primero, empezaron a instalar la idea de que esta medida es la antesala de una precipitosa caída. Como si la estrategia del dólar ilegal hubiera vaciado las reservas del Banco Central, algo muy lejos de la realidad. Otra de esas oscuras ideas apunta a afirmar que como no somos un país confiable y estamos aislados del mundo, nadie nos presta un centavo. En realidad, nadie nos presta porque no pedimos. Este proyecto de exteriorización de divisas tiene como objetivo recuperar sumas que estaban ociosas, fuera del sistema. Nadie lo va a aplaudir gustoso, pero tampoco es para denostarlo. Si no es la primera vez que se hace ni será la última. Tampoco da para que la senadora Laura Montero, del peronismo disidente, afirme que “esta es la ley del perdón y el premio para los evasores: es gravísimo”. Como si ella junto sus pares denunciara a los cuatro vientos a todos los evasores del país.  
Además, el proyecto expresa claramente que quedará excluido todo el que pretenda “despenalizar sumas de dinero producto de lavado de activos y financiamiento del terrorismo, querellados o imputados por lavado, trata de personas o narcotráfico; los que se encuentran en proceso de quiebra; los funcionarios públicos de todos los estamentos y poderes y sus familiares”. Quizá sea demasiado ingenuo pensar que los beneficiarios serán quienes hayan cometido una pequeña picardía, pero tampoco pretende perdonar a grandes delincuentes. Eso sí, puede tener tan auspiciosos resultados como el blanqueo realizado en 2009, que conquistó a más de 32 mil voluntades que volcaron al sistema más de 4000 millones de dólares. Para el diputado nacional Roberto Feletti, esta ley permitirá atraer más de 5000 millones para financiar proyectos inmobiliarios y energéticos. Además, explicó que esta norma está destinada a evitar que “al que no apostó a la Argentina le vaya bien sobre la base de quebrar el país” y agregó que ésta es una “batalla histórica por impedir un golpe de mercado a partir de una debilidad del sector externo”.
Pero hay otro proyecto de ley que va a invitar a las debilitadas fuerzas opositoras a que desplieguen toda su capacidad histriónica. Un grupo de diputados del Frente para la Victoria, con Carlos Kunkel a la cabeza, presentó una iniciativa para “declarar de utilidad pública y expropiar el 24 por ciento del patrimonio de la empresa mixta Papel Prensa”. Si esta propuesta se convierte en ley, el Estado Nacional pasará a controlar la principal papelera del país con un 52 por ciento de las acciones. Antes de que los opositores pongan el grito en el cielo en pos de defender la libertad de expresión y otras estupideces por el estilo, los accionistas mayoritarios, los propietarios de Clarín y La Nación, son los autores de un vaciamiento de la empresa y venden a los demás diarios el papel a un precio mayor al que corresponde. Además, hay delitos de lesa humanidad de por medio al apropiarse de la fábrica en complicidad con la dictadura en 1977. Para ser sinceros, merecen esto y mucho más. Pero la protección judicial que obtienen niega la independencia de poderes que algunos opositores declaman.
Este partido continúa y es apasionante. Aunque el premio no es una copa, sino un país que debe ser para todos y no para una minoría que siempre ha querido dominarlo para satisfacer sus más mezquinos intereses.

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