Páginas vistas en total

viernes, 31 de mayo de 2013

Los bailarines en la oscuridad



Los desafíos para resguardar lo conquistado
Ver para creer, dice un conocido y escéptico refrán de indiscutible origen bíblico y, por consiguiente, ficcional. Sin embargo, a veces la vista no alcanza para creer en algunos despropósitos. La agrupación no-política que se abroquela en la CABA siempre guarda alguna sorpresa. Mientras el editorial que La Nación publicó el lunes acumula críticas cada vez más duras y numerosas, desde la agrupación amarilla apareció un defensor que ocupa un lugar que no debería generar esas incompatibles posiciones. El subsecretario de Derechos Humanos de Buenos Aires, Claudio Avruj, fue uno de los pocos que manifestó su coincidencia con la comparación entre el régimen nazi de la Alemania de 1933 y el kirchnerismo. A pesar de ser también el titular del Museo del Holocausto, afirmó que la nota “pone negro sobre blanco, con absoluta claridad”. Pero, para confirmar que no comprende muy bien su función, sostuvo que “se trata de lecciones que fundamentalmente nos enseñan sobre los riesgos que implican el avasallamiento de las instituciones democráticas y la falta de libertad”. Más allá de la incongruencia que significa quejarse de la falta de libertad desde la más absoluta libertad, nadie exige que todos piensen lo mismo de los hechos sobre los que se construye eso que acordamos llamar ‘Realidad’. Pero hay límites en el espectro semántico que proponen los conceptos, algo que muchos simulan no tener en cuenta.
Ante la falta de argumentos y, sobre todo, de la impericia para elaborar un proyecto de gobierno alternativo que pueda seducir a los disconformes, revolean denuncias y manipulan consignas con el solo fin de agitar el ambiente. Por eso, interpretan la democratización de la Justicia como un avasallamiento a las instituciones, la LSCA como limitación a la libertad de los medios, el control cambiario como autoritarismo, la vigilancia sobre los precios como el ataque de jóvenes descontrolados y aniquiladores, una denuncia antojadiza como una sentencia firme, entre otras creaciones a las que apelan como producto de la desesperación que los desvela. Ya estamos acostumbrados a semejantes baratijas del universo pergeñado por los grandes medios y los políticos falderos. Pero tarde advertirán que esas tretas ya no dan tan buen resultado.
Calificar como ‘nazi’ a un representante democrático, cualquiera sea el lugar que ocupa y su procedencia partidaria, no apunta a otra cosa más que generar temor y desconfianza hacia las autoridades. Con las denuncias a la carta  diseñan un clima de permanente recelo hacia quienes deben cuidar los intereses de todos. Construir como monstruo a un funcionario es promover su destitución. Señalar como peligroso a un gobierno legítimo parece un convite para la sedición generalizada. La naturalización de ciertos conceptos y la distorsión de sus significados desorientan a los ciudadanos y alimentan los prejuicios de los individuos. Cuando un calificativo como ‘nazi’ se utiliza fuera del espacio que le da sentido, el símbolo pierde gran parte de su contundencia. Y si se convierte en chiste, tal vez sea porque tales naturalizaciones penetraron en los espíritus y entonces, será difícil extirparlas y re-significar el término descafeinado. La responsabilidad de los medios por los mensajes de poco rigor intelectual que difunden y la ausencia de anclaje con los hechos de la realidad convierten la mentira, el engaño, la tergiversación y la manipulación en una nefasta posibilidad periodística. De esta manera, el saber compartido por los integrantes de una sociedad se malogra hasta niveles no deseados, donde todo decir se extravía por los laberintos de la inconsistencia y el agravio.
Eso es lo que quieren y mucho más. La mejor manera de retomar el poder que están perdiendo es con la construcción de un presente de descontrol y un futuro caótico; anunciar un drama cuya única salida sea el sacrifico de los más vulnerables; convencer de la necesidad de tener un Estado austero y sordo a las necesidades de la mayoría; reclamar el autogobierno del Mercado para ejercer un efectivo factor de presión y de acumulación descontrolada y destructiva. Si logran embutir estas ideas y convertirlas en rebelión, podrán instalar un presidente cómplice o al menos obediente a los carroñeros del poder fáctico para convertir nuestro país en un coto de caza y, una vez más producir el naufragio de los ciudadanos de a pie. Para alcanzar ese sueño –pesadilla para todos los demás- lo importante es desgastar lo más posible al oficialismo para acorralarlo, domesticarlo o, en una suposición extrema, desplazarlo para poder infiltrar alguno de sus sicarios.
Estos esbirros son los candidatos que ejecutan la danza más torpe y alocada que pueda concebirse. En la pista de baile se les puede ver tropezar, trastabillar, equivocar el ritmo y hasta chocar entre ellos. Forman pareja, acuerdan, coquetean, copulan, pelean, se separan y abortan el engendro antes de que aparezca en público. Más que seducir, causan repulsión con sus pasos serviles y oscilantes. En lugar de proponer, apuestan al despropósito adoptando una oposición cerrada, iracunda y desenfocada. Con la mirada vacía, recitan una salmodia demencial, que se desmorona antes de que el primer sonido sea expulsado. Desorientados, afirman defender los derechos de la mayoría cuando en realidad protegen los privilegios de la minoría. Hundidos en la indignidad, abandonan todo principio para modelar su propio final.
No todos, por supuesto. Estos son los que ya se empantanaron en la carroña y como consecuencia del hedor que destilan están condenados a la más ignominiosa soledad. Pero algunos, apenas un puñado, son cómplices, operadores y apologistas de esos personeros que quieren imponer al país una melodía desagraciada al ritmo de su avidez. Aunque intentan disimular, todas sus decisiones delatan el lado en que se ubican. Con cinismo, firman decretos y aprueban leyes a la medida de las necesidades corporativas, conceden lo público a cambio de poco, piensan más en las ganancias que en la gestión. Con satisfacción, sonríen con amplitud cuando reciben palabras de elogio por parte de los carroñeros. Con orgullo, se sienten integrados a los círculos selectos que –lejos de premiar tamaña sumisión- miran con desprecio a quienes cumplen semejante rol utilitario y funcional a los proyectos de saqueo de los bienes que generamos entre todos.
Selección para el triunfo
Y están los peores. Los camuflados, los traidores, los indecisos, los cobardes, los hipócritas, los especuladores electorales que confiesan estar consustanciados con el kirchnerismo y aseguran adhesión al proyecto de país que conduce CFK, pero con sus acciones demuestran casi lo contrario. Afirman coincidir con la construcción de un país equitativo, pero siempre prescinden de incomodar a los acaudalados. Prometen la redistribución del ingreso pero no dan un solo paso para conseguir los recursos y esquivan medidas que la conviertan en realidad. Coquetean con los enemigos y dialogan con los adversarios, simulando una convivencia armónica imposible de asimilar. El principal objetivo que tienen no es mejorar la realidad de sus votantes, sino encantar a los que se empecinan en multiplicar sus fortunas. Sobre todo, evaden conflictos, enojos y críticas adversas con una frecuencia que ya resulta sospechosa. Permanecen inmaculados y nada los salpica porque sus palabras de ocasión apaciguan cualquier amenaza tormentosa.
La Presidenta manifestó su impaciencia ante estos exponentes que navegan en la indefinición para conquistar “un millón de amigos”. “Cuando vos no hacés nada o cuando no tocás los intereses de esas corporaciones, no hablan de vos –destacó CFK- A mí me llama mucho la atención que siempre haya dirigentes intocados. Tal vez porque tengan intereses”. Y, con el énfasis que condimenta siempre sus intervenciones, graficó: “siempre es más cómodo quedar bien con todos y no decir nada. Imagínense a este tipo de dirigentes frente a corporaciones como las que ya sabemos, el Fondo Monetario, la reestructuración de la deuda, trabajando por los trabajadores o los jubilados. Olvídense”. Con  formato de pedido pero con intenciones de orden, La Primera Mandataria solicitó a sus seguidores un mayor apoyo y decisión para defender este camino iniciado en 2003 con la asunción de Néstor Kirchner. “Me voy a seguir haciendo cargo de los problemas del país pese a que no me defiendan algunos dirigentes –prometió- Por eso valoro tanto a esos compañeros que defienden un proyecto político”. El nuevo país hacia el que vamos no se conduce solo. La construcción de un colectivo invencible se fortalece con representantes comprometidos con ese objetivo, dispuestos a poner el cuerpo para repeler los ataques de los que nos quieren ver sufrientes. El desafío que propuso el matrimonio Kirchner apunta a convertir en realidad el sueño que nos dio origen: el de un país soberano, fértil, equitativo, justo y dinámico. Un país para todos y no para unos pocos. Esta batalla otorga sentido a esta década ganada y la victoria sobre los angurrientos asegurará muchas décadas más.

4 comentarios:

  1. Pensandolo, Cristina no puede irse a su casa en 2015; tendrá que terminar este camino hasta su final. Como le pasó a su marido, al propio Chavez; y ya sé que rol le toca a Cristina después de 2015...presentarse a candidata a diputada o senadora nacional por la provincia de Buenos Aires. Poner su foto en las boletas apoyando al candidato a presidente que sea, que no debería ser Scioli y que según mediciones de hoy podría ser Randazzo o quien fuere pero con la cara de Cristina que vuelve a donde surgió políticamente: El Congreso de la Nación? que opina de este Apunte a realizar? usted está preparado para hacerlo Gustavo.

    ResponderEliminar
  2. Todo un desafío el que proponés. Muchas veces he pensado sobre ese asunto: la continuidad del modelo y quién puede garantizarlo. En estos términos, sólo hay una respuesta, que es CFK. Pero detrás de esa sigla está Cristina, la persona detrás de la marca. Entonces todas las convicciones al respecto se desmoronan. Muchos queremos una CFK por siempre pero tal vez no sea el deseo de Cristina. También pienso en el destino patriótico, que desgasta hasta el cuero más rudo y lo convierte en jirones. También aparece la herencia que debe ser resguardada por los herederos. Ella -CFK y Cristina- atraviesa esos laberintos sobre el futuro y si, llegado el momento, descubre que sólo ella es la única garantía de continuidad y profundización, tomará la decisión adecuada. Ya sea nombrar a un sucesor confiable o continuar ella misma. No hago futurología, simplemente trazo perspectivas.

    ResponderEliminar
  3. Un agradecimiento enorme a todos los que se han sumado a este espacio en donde la opinión tiene el objetivo de aportar argumentos para consolidar este proyecto de país que estamos construyendo. Gracias por confiar en estos Apuntes. Abrazo para todos y todas

    ResponderEliminar
  4. Gracias a vos por adelantar otras miradas de lo que sucede en nuestro querido país.
    Como decía el maestro Arturo Jauretche;“El zonzo deja de ser zonzo, cuando no cree más en la zoncera". Cuando pueda pase por www.eldoc9.blogspot.com un análisis de la Argentina como estado periférico y el legado de Néstor Kirchner

    ResponderEliminar