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miércoles, 8 de mayo de 2013

Memorias de un accidente



El establishment se muestra un poco desesperado. Con un poder de presión cada vez más debilitado, sus exponentes ponen toda la carne en la parrilla de los medios con hegemonía en decadencia. Y desde allí revolean recetas apolilladas, denuncias con amplificación garantizada y un dólar blue cada vez más desteñido. Desorientados, salen en defensa de un sistema judicial indefendible para tutelar un republicanismo que ya no está a la medida de sus intereses. Como los políticos que les son fieles no logran juntar ni un puñado de porotos, tratan de sembrar la desconfianza hacia todos los representantes. Otra vez, el viejo truco de que todos los políticos son iguales. Y todo para que quede como salvador del universo un exponente indiscutible de la no-política: el Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, quien no ve la hora de lucir la banda presidencial sobre su pecho. El Alcalde Amarillo podría evitar frustraciones futuras si, en lugar de destinar energía en una carrera que le es esquiva desde el arranque, encargara una bonita banda a su medida y del color que quiera para jugar con su tierna hijita. Una íntima satisfacción que significaría un enorme alivio para los cuarenta millones. O al menos, para la más considerable de sus porciones.
Y ahí radica la causa del futuro fracaso del nunca candidato a presidente: niega que el kirchnerismo tenga una aceptación mayoritaria. O si la tiene, esa mayoría es merecedora de todo su desprecio. Encerrado en su pequeño castillo, en cada una de sus declaraciones sostiene la idea de que el proyecto oficial es rechazado por gran parte de la población. Lo cual, por supuesto, no es cierto. Pero él no lo sabe… o no lo quiere saber. Con la mira puesta a reforzar su reducido potencial electoral, no cesa de menospreciar a la voluntad popular que destina su predilección por la figura de CFK y su equipo. Uno de los últimos hallazgos del Ingeniero fueron las declaraciones emitidas desde la mundana ciudad de Nueva York. Una creativa lectura de la realidad que destinó al mundo. Y lo dijo así, sin anestesia de ningún tipo, revelando lo más oscuro de su pensamiento: “el kirchnerismo es un accidente en la vida de la Argentina".
Extraño vocablo para un movimiento que ha transformado en serio las condiciones de nuestro país. Y para bien, vale la aclaración. Si uno revisa las diferentes acepciones de esta palabra, podrá acceder a la gravedad de tal definición. Un accidente es un suceso eventual que altera el orden regular de las cosas; un suceso o acción involuntaria que produce un daño en las personas o cosas; indisposición o enfermedad que sobreviene de manera repentina y priva de sentido o movimiento; una irregularidad geográfica; un tropiezo inevitable. ¿Quiso decir alguna de estas cosas el Ingeniero? Si el kirchnerismo es un accidente, ¿qué fue para él la explosión de 2001? ¿Acaso un accidente puede mejorar la vida de millones? ¿Desde qué punto de vista ha provocado un daño irreparable el modelo K en la historia de nuestro vapuleado país? ¿O tal vez para el clasista empresario devenido a político la voluntad popular es un accidente cuando no opta por las recetas destructivas que benefician a las minorías?
Pero de su negativa deposición verbal, algo positivo se puede sacar, aunque no ha sido ésa su intención inicial. Un accidente es un suceso eventual que altera el orden regular de las cosas. Esta frase de diccionario parece ser una síntesis apropiada de lo que han significado estos diez años para la Argentina. En aquellos tiempos en que estábamos en el fango, pocos sospechaban que podía existir una vida mejor en estas latitudes. En esas elecciones de abril de 2003 casi nadie votó siquiera con la leve sospecha de que algo podía cambiar para mejor. El Autor de Estos Apuntes –como muchos- no esperaba demasiado del nuevo presidente, sea el que sea. Sin embargo, el discurso de asunción de Néstor Kirchner parecía más propio de una ficción que de una escena de la vida real. Este Ignoto Profesor de Provincias, después de escuchar esa arenga fundacional, repetía esta frase a sus colegas: “espero arrepentirme por no haberlo votado”. Tal fue el impacto que provocó ese inusual político. Y así fue: al poco tiempo, el arrepentimiento se hizo evidente. Como en muchos, por supuesto. Porque los gestos que comenzó a desplegar ese desconocido personaje del Sur auspiciaban un camino verdaderamente distinto.
Y la consternación de los agoreros confirma lo lejos que estamos de aquel 2001, cuando eran ellos los que gobernaban nuestro destino a su antojo y, vale reiterar, en su entero beneficio. Que para Macri –y, seguramente, algunos más- el kirchnerismo sea un accidente, una anomalía, una alteración pasajera, significa una invitación para seguir por este camino. Lo que para ellos es un obstáculo, para el resto, debe convertirse en un faro, en una invitación para construir el futuro. Porque lo que ellos pregonan como lo no accidental ha sido la constante que nos ha llevado a la ruina, a la desigualdad más atroz. Lo que ellos llaman accidente, para el resto es un cambio de paradigma que está logrando una transformación inusitada. Por eso el desconcierto que los obliga a mostrarse sin máscaras, con su despiadado rostro expuesto. Ya no saben cómo maquillar sus conceptos carroñeros, ya no pueden disfrazar sus mezquinos intereses, ya ni aciertan cómo aliarse para adornar el estiércol que prometen.
Por culpa de este accidente, los especuladores no pueden satisfacer sus voraces instintos, su angurria desmedida. El simulacro destructivo del dólar ilegal ya no alcanza para calmarlos y tratan de proyectar su adicción al resto de los ciudadanos. Pero CFK –la Madre de Todos los Accidentes- marcó los límites, con formato de advertencia: “los que pretendan ganar plata a costa de la devaluación y del pueblo van a tener que esperar otro gobierno, no con nosotros”. Y el accidente con figura de mujer destinó una explicación, para ver si, de una vez por todas, comprenden: “el corazón mismo del modelo rechaza todo lo que signifique transferencias de ingresos compulsivas de los sectores mayoritarios, de la mayoría del pueblo” a las minorías que presionan para ganar mucho más. No conforme con eso, La Presidenta destacó que este proyecto que algunos consideran accidente tiene como objetivo el crecimiento de “los 40 millones de argentinos y que ya no puede haber más una separación donde unos poquitos vivan bien y el resto viva como la mona, eso no puede ser en la Argentina”.
Esta idea que es tan simple parece confundir a algunos que creen estar sumergidos en un autoritarismo comunista o alguna pesadilla parecida. Si esto que estamos viviendo parece izquierda, es en comparación con la derecha retrógrada que quiere retomar el poder.  Porque en estos diez años no se despojó de sus bienes a los acaudalados, ni siquiera a los que llenaron sus arcas merced a corrupción, especulación, evasión o explotación. Cuanto mucho, es un modelo de acumulación con derrame un poco más generoso y garantizado. Hasta podríamos decir que la redistribución del ingreso se está realizando con demasiada lentitud para el potencial que tenemos. Por eso, los que hablan de zurdaje mienten o no entienden nada. Mientras tanto, los consustanciados con este accidente, deseosos de que dure mucho más, quedamos a la espera de una de las más misteriosas promesas presidenciales. “Es bueno contar –confesó Cristina esta semana- un día voy a escribir mis memorias… tengo que escribirlas, tengo que contar porque, la verdad que ha pasado cada cosa”. Memorias que revelarán los entretelones de la construcción artesanal de este accidente que, sin dudas, quedará como uno de los virajes más trascendentes de nuestra historia.

3 comentarios:

  1. Respecto a los dichos de Macri, hay una comparación que omití por resultar demasiado obvia. Si el kirchnerismo es un accidente para Argentina, ¿qué es Macri para la CABA?¿Una catástrofe?¿Qué puede ser para el país?¿Una hecatombe? No puse esto en el texto, pero está bueno como subtexto.

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  2. Excelente Gustavo!
    Pusiste mis palabras (y asumo las de muchos más) en tu escrito.

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  3. Macri como a De la Rúa, los medios hegemónicos, contragobierno, voceros del enemigo estratégico mundial que no quiere que otros países alcancen el umbral de poder como si ya lo hizo China, Japón y en su momento las potencias en decadencia EEUU y su madre Inglaterra, nos lo vendieron a ambos ex intendentes de la ciudad /puerto, la de Mitre, probritánica, de las vaquitas, para unos pocos, sin industria ni soberanía, pesando en momendas extranjeras en los culos de Tinello ahora o los Lanata, que eran estadistas. De la Rúa¡¡ ese asesino hdp, responsables de las muertes del 20/12/2001. Y Gustavo, este kirchernismo que nació de ese año nefasto, que también es la política corrupta, me tiene que aclarar si es verdad ese reparto de puestos en el Estado, a chicos, que solo piensan en guita, cojer, la Tablet y el blakberry, porque de ser así, no podemos defender a un Gobierno que no se defiende por si solo. Los que nos hermana con este proyecto iniciado hace una década, son los enemigos que tiene, ese contragobierno que existió siempre. abrazo

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