miércoles, 26 de junio de 2013

La pasta y los pastiches



Propuestas electorales con sabor a nada
Que un taxista afirme con convicción que la saturación en la cobertura mediática del caso Ángeles constituye una estrategia del Gobierno Nacional lleva a niveles paranoicos toda hipótesis conspirativa. Y se desploma ante el menor intento analítico. Lo que sí confirma es que algunos han quedado enganchados en esa apolillada lógica de echar la culpa de todo a La Presidenta. Tantos mensajes destinados a sembrar la desconfianza hacia los políticos todavía germinan en algunos prejuiciosos que se niegan a adoptar una mirada colectiva sobre los hechos. Claro, resulta más sencillo vestir el ropaje criticón que practicar la lectura crítica; es más fácil memorizar una infundada sospecha de corrupción que comprender el desarrollo de una construcción política; es más cómodo vociferar que todo está mal en lugar de reconocer que algunas cosas funcionan mejor. La vida cotidiana parece más confortable cuando uno la transita con el ceño fruncido, aunque nada grave conspire en el horizonte. Ostentar felicidad puede ocasionar algunas incomodidades, como acusaciones de insania, por citar un caso.
Esta pose de disconformidad perpetua no puede pensarse como una epidemia pero tampoco como un virus en vías de extinción. Todavía quedan algunos infectados que se niegan a recibir el antídoto y a cada paso manifiestan sus síntomas. Ya no hay peligro de contagio porque el clima reinante no es propicio para su proliferación, pero deja huellas inconfundibles en los afectados. Como repetir las tonterías que dice algún trajeado de la tele con tono indignado o recitar de corrido la tapa de un matutino más astrológico que informativo. También suelen rescatar del arcón del olvido algún prejuicio transmitido por algún ancestro, con llamativos aditamentos contemporáneos donados gentilmente por un sucesor. Con frecuencia, la enfermedad los conduce a aplicar conceptos incomprendidos en situaciones equivocadas y a identificarse sin admitirlo con personajes inaccesibles. En tiempos electorales, los achaques recrudecen y dejan al individuo a merced de las consignas más inconsistentes.
Nada de esto sería demasiado preocupante si no fuera por algún convaleciente que prueba saltar a la escena política. Entonces, dejan de ser pacientes para transformarse en activos propaladores de la dolencia y autores de los más indefendibles absurdos disfrazados de propuestas. En estos días, pudo verse en las calles rosarinas el afiche de campaña del ansioso candidato a diputado del Frente Progresista, el ex gobernador Hermes Binner. Con fondo naranja y la foto del dirigente socialista, se destaca una leyenda: “Un país normal”. ¿Qué será un país normal para el ex anestesista? ¿Cuál es el país que promete con esa escueta frase? ¿O más que una promesa, es un reclamo? ¿Cuál es el país que entra en sus parámetros de normalidad, el de la dictadura, el de Alfonsín cercado por las corporaciones, el de los noventa o el del 2001? ¿O será alguno de los países europeos que, si no estallaron están a punto de hacerlo? Menos mal que existe la picardía, siempre dispuesta a dibujar una sonrisa en la monotonía cotidiana. Y a anteponer una “A” en el adjetivo ‘normal’.
Pero a algunos, no les hace falta la picardía callejera para quedar en ridículo. Durante una entrevista en el programa “Yo te avisé” de CN23, el candidato a diputado Martín Lousteau se mostró más como un chef que como un economista. “Vamos a elegir no los legisladores sino el postre para 40 millones de argentinos en una cena que vamos a hacer –afirmó, en referencia a las PASO- Hay algunos lugares que te dicen yo ya lo decidí, es mousse de chocolate, viene otro y te dice flan. Nosotros lo que te decimos es vení a la cocina, hay helado de todos los gustos, que querés, helado de dulce de leche, de chocolate, de frutilla, de crema”. Las conductoras del programa se mostraron molestas porque interpretaron la metáfora culinaria como machista y discriminadora. Lo más grave no es eso, sino que presenta la participación ciudadana en su concepción más superficial. Como si elegir un candidato pasara por los gustos y no por las convicciones, como si las diferencias fueran más de sabor que de contenido, como si intentara disfrazar con un lenguaje cotidiano la ausencia de propuestas. Y por último, más que un postre parece obsequiar un vomitivo.
Si hay algo más grave que esto es la candidatura de Domingo Cavallo en Córdoba de la mano de Rodríguez Saa. Que algo tan dañino esté suelto habla muy mal de nuestra Justicia. El ex ministro de economía confesó que se siente “como un león enjaulado” cuando no está “luchando” por sus ideas. Entonces, cuando está suelto se convierte en un depredador y es por eso que debe estar enjaulado. Por haber hundido el país en las tres ocasiones que se le presentaron: en la dictadura, en el latrocinio menemista y en los tiempos de la Alianza para el fracaso. Cavallo merece estar en una jaula no sólo por destruir nuestra economía en tres momentos de nuestra historia, sino también por volver a intentarlo ahora que nos estamos recuperando de su destructivo accionar.
En realidad, no parece que estos candidatos –y muchos más- tengan en claro el país que quieren construir. Por eso sus propuestas –por llamarlas de alguna manera- transitan entre generalidades y absurdos.  Lo único que tienen en claro es que desean con fervor ocupar un lugar sin saber para qué. Y si lo saben, no tiene nada que ver con fines colectivos. Tal vez quieran garantizar un ingreso económico porque no saben trabajar de otra cosa más que de opositores o pretendan conquistar impunidad con la inmunidad parlamentaria. Pero en serio, otra cosa no demuestran.
El candidato a diputado por CABA, el filósofo de Carta Abierta, Ricardo Forster, lamenta que “la oposición política no tenga una agenda propia sino que venga definida y escrita por una corporación. Y en este caso, una corporación que maneja una parte significativa de los medios de comunicación”. Con la lucidez que lo caracteriza, sostiene que la actitud de la oposición “es un problema para la vida democrática de la sociedad”. “A mí me encantaría una oposición que tenga una lectura propia, que tenga originalidad, que sepa plantear un proyecto de país y lo plantee directamente a la sociedad y no una oposición que cabalga sobre una agenda prestada y una interpretación de país como un estado de catástrofe. Muy lejos de los paracaidistas mediáticos que pululan en otras listas, Forster se muestra conocedor del papel que va a ocupar y afirma que la campaña del FPV "está sostenida en los logros de estos años y sobre lo que se sigue proyectando en términos de conformación de la sociedad argentina bajo una perspectiva de más igualdad, mayor distribución de la riqueza, mejor democracia y más derechos, que es lo que se ha construido en estos años".
Porque, como afirmó el Secretario General de la Presidencia, Oscar Parrilli, “en esta elección no se definen solamente candidatos, no son nombres lindos o feos, o figuras carismáticas o no carismáticas las que vamos a elegir; estamos definiendo un proyecto de país, un modelo de país”. Para el ministro de Planificación, Julio de Vido “esta gran batalla democrática que se inicia no es una elección más, es fundamental para el proceso de profundización de políticas de inclusión que lidera y garantiza la presidenta Cristina Fernández de Kirchner”.
Claro, indudablemente será CFK quien asuma el protagonismo de esta campaña, porque sigue siendo la figura central de la política argentina. “Cuando se es legislador se acompaña un proyecto –definió en la conmemoración del bicentenario de Paraná-  Ser un legislador no es solamente integrar un rejunte de gente para ganar una elección. Porque las elecciones son un día, pero para gobernar hay que gestionar los 365 días del año”. Y para comprender por qué los demás quedan tan desdibujados, sería bueno memorizar estas ideas: nosotros estamos hechos de otra pasta –se diferenció–, estamos hechos para encarar los problemas, para zambullirnos en ellos y resolverlos. Eso es la política, cuando lográs llegar al corazón de la gente. Gobernar para el pueblo, gobernar para los intereses de la Nación, no es una gracia que tiene el gobernante, es una obligación que nos impone la Constitución y nuestras propias convicciones”. Esta es la diferencia entre los que tienen pasta y los que se han convertido en pastiche.

2 comentarios:

  1. "Lo único que tienen en claro es que desean con fervor ocupar un lugar sin saber para qué."

    Sí saben para qué: para mantener una diputación, una senaduría, sus cargos, los de sus colados, es decir, mantener el quiosquito legislativo, salir por la tele, enganchar negocios. Ni soñar con hacerse responsables del Ejecutivo.

    Como medida proselitista creo también que tenemos que redactar un diccionario Forster-castellano, castellano-Forster :-)

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    1. Aunque celebro la broma sobre Forster, les pasa el trapo a muchos de los que pululan por los medios. Es una forma de elevar el lenguaje político y tiene mucha claridad sobre lo que dice. Sobre lo demás, los mencionados en este texto, son impresentables. Y los que no entraron, también. Abrazo

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