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miércoles, 24 de julio de 2013

Los spots caceroleros



Nuevos enredos de los serviles opositores
Con la campaña electoral en marcha, los santafesinos quedamos un poco al margen del bombardeo político audiovisual. Gracias a una no suficientemente reprochada pereza del gobernador Bonfatti, los medios locales no difunden los spots de los candidatos a concejales y diputados provinciales. Por un descuido –involuntario o no- el Ejecutivo no reglamentó la distribución de los espacios gratuitos que dispone una ley aprobada hace dos años por ellos mismos y queda vigente la norma que prohíbe toda publicidad audiovisual. Entonces, para empaparnos de cómo van las cosas camino a las PASO, debemos recurrir al muy nutritivo material que aportan los especímenes bonaerenses. Un enredo publicitario carente de ideas es todo lo que ofrecen. Una cáscara decorada con incongruentes –aunque edulcoradas- consignas. Promesas incumplibles basadas en la nada. Un territorio casi celestial donde reine el amor y la concordia, con una anchísima avenida sin veredas, con campos coloridos de ternura y amistad, con miradas sinceras y sonrisas francas. Un país normal es lo que brindan, en síntesis. Nada explican sobre la normalidad que los inspira. Claro, eso sería pedirles demasiado.
Si los chorizos de Binner deleitaron a la concurrencia por su limitada concepción de la política –y de la vida en su conjunto-, sus socios del Frente Progresista Cívico y Social superaron los límites del absurdo. Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín presentaron los cortos televisivos que tratarán de seducir a los votantes bonaerenses. Con una coherencia desacertada, todos apuntan a reforzar la necesidad de revertir la división que azota nuestro país. División que, según esta mirada, nunca antes había existido entre los argentinos. Como esta lectura niega la historia, inventa el presente y escatima todo futuro. El país que diseñan no es más que un cuento de hadas.
Con las historias didácticas elaboradas por los creativos publicitarios, cualquier espectador debería sentirse subestimado. Con ese relato pensado, no para un público infantil, como muchos sostienen, sino para mascotas entrenadas con poca dedicación, no hacen más que pisotear cualquier indicio de ciudadanía, de responsabilidad en el cuarto oscuro. Un insulto a la inteligencia. Argen y Tina –la audaz alegoría utilizada para ilustrar la desmembración de nuestro país- deja al desnudo el modelo que defienden. Porque ellos se ofrecen como los reparadores, los unidores de nuestra nación; ellos proponen pegotearnos detrás del discurso único que, en otros tiempos, nos condujo al desastre.
La división que dramatizan para espantar al público no es otra cosa que el conflicto que se genera cuando se quiere transformar en serio el estado de las cosas. Si los que más tienen no tuvieran ningún inconveniente en compartir sus cuantiosas ganancias con los que menos tienen –y no con limosnas humillantes sino con redistribución hacia la dignidad- la vida sería más parecida al paraíso que los no-políticos pregonan. Para ellos, la culpa de esta división es del kirchnerismo y no de la mezquindad, de la desmedida angurria de los personeros del Poder Económico. Cuando los candidatos dicen estas tonterías no hacen más que omitir el origen de todo conflicto: la resistencia de los que, a pesar de haber llenado sus arcas a costa del esfuerzo de todos, mantienen el privilegio de gozar del botín. Y encima quieren más.
La armonía que ellos prometen no es otra cosa que la aceptación del modelo del derrame, la sumisión a los caprichos de una minoría patricia que pretende reinar a su antojo. Tener siempre presente: cuando ellos hablan de diálogo y consenso, están impulsando la sumisión. Para que Argen y Tina vuelvan a formar una sola palabra sólo hay que obedecer a los que quieren que nada cambie. Para unirnos como ellos proponen, debemos renunciar a nuestros derechos.  En los noventa, cuando el país era presa del saqueo financiero, el trabajador era explotado con los contratos “basura” y las luces del otrora Primer Mundo enceguecían a millones de individuos, nadie hablaba de estas cosas. Nadie pensaba en la desocupación, la pobreza, la exclusión, la desidia hospitalaria y educativa en clave de conflicto, sino como sacrificios necesarios para arribar a un país pujante, aunque gravemente desigual.
En todo caso, si hay una división es entre los que quieren un país para todos y los que no. Y los que hablan de división, de enemistad, de hartazgo o de necesidad de límites son los que –conscientes o no- hacen el juego a las minorías que quieren recuperar el poder perdido. ¿O no es una impúdica muestra de división que el presidente de la Sociedad Rural, Luis Etchevere, afirme que “el campo no da para más”? ¿Qué posibilidad de armonía brinda alguien que miente de manera tan descarada?
Pero el campo da para mucho más y la decisión de comenzar a controlarlo desespera a sus propietarios. “Tenemos que saber dónde y cómo estamos parados frente a este recurso estratégico como es la tierra” anunció CFK por Cadena Nacional. Después de aprobada la ley 26737 en diciembre de 2011, pocos auspiciaban buenos resultados del relevamiento que proponía. Sin embargo, La Presidenta difundió datos que sorprendieron: del total de las hectáreas de tierras rurales del país, menos del 6 por ciento está en manos de extranjeros, cuando la nueva norma fija un límite del 15. Esa ley, muchas veces reclamada por los productores rurales y políticos de la oposición, recibió el voto negativo de los agro-diputados y el bloque radical, mientras los del PJ disidente, el PRO y Proyecto Sur estuvieron ausentes. “Por eso es importante saber elegir”, destacó Cristina.
Pero para elegir hay que mirar bien. Y prestar atención a las diferencias que, como nunca, están expuestas con mucha claridad. Diferencias que no deben asustar a nadie. “Estemos atentos a lo que dicen, pero más a lo que hacen”, advirtió la Primera Mandataria. Y también, a quién pretenden representar. En estos días, resurgió el interés por los delitos de Lesa Humanidad en los que más intentaron ocultar lo ocurrido durante la dictadura. Si antes denunciaron que la política sobre DDHH era un simulacro, ahora tratan de inventar contradicciones. Quienes más alientan estas diatribas son los que se beneficiaron en aquellos tiempos oscuros, los que apelaron a las Fuerzas Armadas para someter al pueblo, los que se enriquecieron a costa de nuestra ruina. Y que todavía gozan de inmunidad garantizada por un sistema judicial que está al servicio de las minorías.
Mientras el país recupera todo lo escamoteado en los últimos cuarenta años, los impunes refunfuñan en sus reductos y envían a sus esbirros para emponzoñar el ambiente, para sabotear el sendero, para confundir a los caminantes. Mientras La Presidenta y su equipo se enfrenta a estas presiones, muchos aplaudimos y sólo unos pocos cacerolean.

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