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miércoles, 28 de agosto de 2013

Divagaciones de miércoles



Las piezas en el tablero
Enojados por el uso de armas químicas en Siria, los Guardianes de la Paz arrojarán misiles con cargas ¿orgánicas, vegetarianas, vitamínicas? ¿O las bombas son menos nocivas porque las arrojan Ellos? Tal vez, en unos meses, después de haber destruido gran parte del país, reconocerán el reiterado error y pedirán las respectivas disculpas. En realidad, el Imperio considera armas químicas a todas aquéllas no fabricadas en su territorio. Alguna vez habrá que ponerles un freno. Ya está un poco gastada la jugada de bombardear un país para salvar a su población. Las bombas de los buenos son tan mortíferas como las de los malos. Ya nadie puede ocultar que una guerra no busca la paz, sino la ejecución de negocios multimillonarios. Las empresas que se encargan de la reconstrucción de los países son las mismas que se dedican a impulsar los conflictos. La periodista canadiense Naomí Klein lo denuncia claramente en su libro “La doctrina del shock” y en el documental homónimo, con una síntesis bien lograda. Para alcanzar la armonía en el planeta, debería abandonarse la fabricación de armas y reservar sólo un efectivo arsenal por si somos víctimas de una invasión extraterrestre.
Pero no son los únicos atentados que provienen del País del Norte. El viernes pasado, el fallo de la Cámara de apelaciones de Nueva York nos ofreció el mal trago de otorgar la razón al reclamo de los buitres. Una minoría carroñera que pretende obtener una ganancia de algo más del 1300 por ciento de lo invertido a costa de nuestro esfuerzo. Aunque algunos locales han justificado tan destructiva demanda, como el economista Carlos Melconián, la mayoría de los integrantes de la oposición ha manifestado su rechazo a la resolución de los jueces neoyorkinos. Casi sin fisuras, desde los bloques parlamentarios apoyarán la reapertura del canje para ofrecer una última carta de conciliación. Lo que duele es que los jueces yanquis digan que somos deudores recalcitrantes cuando nuestro país, en realidad, ha sido víctima del más desaforado saqueo. Desde 2003, hemos regalado más de 173 mil millones de dólares por una deuda contraída en un pasado comprometido con el beneficio de unos pocos. Unos pocos que todavía disfrutan de esa fortuna y claman por más endeudamiento para multiplicarla. Por eso dicen que estamos aislados del mundo, no podemos comprar dólares, nadie viene a invertir o no tenemos acceso al crédito. Una deuda que comienza a crecer después del Golpe y cuyas cifras fueron a parar a las arcas de particulares gracias a la bicicleta financiera y las posteriores estatizaciones de obligaciones privadas. Esas monstruosas cifras que pagamos entre todos favorecieron a unos pocos. Y todavía quieren más.
Si los exponentes de la oposición han asumido con responsabilidad todo lo relacionado con la deuda, no ha sido de la misma manera en otros temas que involucran la defensa de los intereses nacionales. Con recordar los dichos respecto a la soberanía en Malvinas o las reacciones sobre el secuestro de La Fragata, alcanza. Pero sobra con YPF y Aerolíneas Argentinas. Dos cosas que duelen a la oposición mediática y política: la petrolera nacional en manos del Estado y la recuperación de la línea aérea de bandera. No saben cómo arremeter contra esas conquistas. Lo de las AFJP duele mucho más, pero no pueden manifestarlo abiertamente. Algún candidato del establishment realiza veladas menciones al tema, pero sin demasiado énfasis. Como para conformar a los patrocinadores, nada más.
Cuando leemos algún titular relacionado con energía, detectamos en el fondo un feroz ataque a la petrolera recuperada. Cualquier noticia que mencione viajes aéreos, conflictos gremiales, retrasos, turistas varados, vómitos o cualquier episodio menor que tenga como escenario un aeropuerto apuntará a denunciar a los acomodados de La Cámpora que juegan con avioncitos. Cuando hay plata de por medio, no hay bandera que valga y se posicionan al lado del privado. Y si es grandote y extranjero, mejor. Parecen botineras cuando el conflicto involucra a una empresa transnacional. Con el episodio de LAN, apelaron al más elaborado maquillaje y hasta lograron movilizar a las tropas sindicales. Y los jueces, por supuesto, que siempre están dispuestos a gobernar desde sus sacrosantos estrados. Aunque no se hayan enterado, el Poder Judicial también forma parte del Estado y debe protegerlo de la feroz rapiña de los particulares.
Lo contrario sería casi todo lo que han hecho algunos jueces para resguardar al Grupo Clarín de la aplicación de la LSCA. En el aniversario del diario que le ha dado el nombre a tan monstruosa corporación, la Corte Suprema de Justicia comienza el último capítulo de esta incongruente trama. Con una puesta en escena propia de una superproducción, los jueces quieren escuchar argumentos, como si no hubieran bastado estos cuatro años de pisoteo a una norma democrática. Como si no alcanzara el debate parlamentario ni los proyectos y discusiones que comenzaron una vez retirada la dictadura. Como si esta historia empezara recién hoy. Como si los Supremos viviesen en un frasco de mayonesa, sin enterarse de los perjuicios que provoca la desencajada posición dominante del Grupo más que mediático. Como si no conocieran el accionar de la corporación para obtener concesiones de presidentes debilitados por media docena de tapas. Como si no supieran que a los directivos de esta mega empresa les importa medio pepino la justicia, la democracia o el país mientras puedan multiplicar sus fortunas. Como si no sospecharan que, de no someterse a los antojos de estos carroñeros, también pueden ser descartables. De estas siete personas depende que la balanza se equilibre o que se malogre para siempre.
Tanto suspenso dificulta la lectura. Demasiado drama para arribar a un final. Que suenen las fanfarrias porque La Presidenta ha aniquilado uno de los principales argumentos de la campaña opositora. Con las modificaciones aplicadas al impuesto a las ganancias dejó a muchos con la boca abierta… o cerrada, depende de cómo se utilice la metáfora. Un tributo nacido en 1933 como impuesto al rédito que alcanzaba a pocos, porque la mayoría estaba en el último escalón antes del subsuelo. Ochenta años después, son muchos más los que están en condiciones de aportar. Un logro, pero también un conflicto. Ahora, los trabajadores que cobren menos de 15 mil pesos tendrán más dinero en su bolsillo. Una cifra considerable que se volcará al mercado interno para favorecer el crecimiento o para engrosar los bolsillos de los vivos que ansían apropiarse de esas sumas con un incremento de los precios. Hay que estar atentos a cualquier avivada y sancionar a los que siempre especulan.
Como era de esperarse, CFK reaccionó ante los magros números de agosto con más acción. Lejos de lo que muchos deseaban, la convocatoria al diálogo no fue un signo de debilidad, sino todo lo contrario. Para seguir adelante y conquistar otra década los números de octubre no deben dejar dudas de cuál es el modelo que apoya la mayoría de los argentinos. Ahora vendrán nuevas reformas tributarias y hasta es posible que el IVA sea desterrado de algunos productos. No habrá ajuste, como auspiciaban los agoreros. El proyecto sigue en marcha con el nuevo desafío de conquistar aquellas voluntades confundidas por las falsas promesas de unión y armonía, de choricitos amigables y ondas de amor y paz. Dos meses nos separan de la contienda definitiva. Los opuestos siguen en pie: o gobiernan las corporaciones desde sus siniestras oficinas o el pueblo a través de sus representantes.

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