miércoles, 20 de noviembre de 2013

Cuando las plantas vienen marchando



Y un día volvió. Ni una planta ni la mujer maravilla, sino la de siempre. No tiene síndrome de hibris, de moria ni de pick. No volvió en partes sino entera, tan entera como antes. Tampoco tiene medio rostro paralizado ni dificultades expresivas. Menos aún apareció abatida ni dispuesta a renunciar y anticipar las elecciones presidenciales. Un desafío recopilar todas las sandeces que se han dicho a lo largo de estos 40 días, más expresión de los peores deseos que preocupación por los destinos del país. Después de las lucubraciones que expelieron desde las pantallas, los micrófonos y las páginas de los medios carroñeros, en lugar de pedir disculpas y comprometerse a trabajar en serio en el periodismo, se muestran enfadados, como víctimas de una estafa. ¿Y cuál es la estafa?, se preguntará el buen lector. Que La Presidenta está bien. Comprometidos con el arduo trabajo de crear desánimo, esperaban una mujer enflaquecida, ojerosa, moribunda. Al menos un poco calva. Pero no, es la de siempre, quizá más jovial, más relajada y lo peor –para ellos, por supuesto- más optimista. Y encima, se dio el lujo de jugar con Simón, el can venezolano que le obsequió Adán Chávez, el hermano del Presidente Bolivariano.
Un pingüino gigante y un ramo de rosas completan la escena, más hogareña que presidencial. Y una blusa blanca, que parece anticipar el abandono de tanto negro en su vestimenta. El fin de ciclo que tanto ansían los nostálgicos de la oscuridad parece más un renacimiento y los cambios ministeriales sugieren más profundización que claudicación. La sorpresa se completó con la manera en que se difundió el video, sin aspavientos ni grandilocuencia. Un video casero tomado por una profesional, Florencia, que se difundió por las redes sociales y no por cadena nacional, como se esperaba. Pero no está hecho al descuido: hay mucho símbolo en esos minutos que ocupa la reaparición de CFK.
Tanta sorpresa causó el retorno de Cristina que dejó sin habla a muchos exponentes de la oposición. Algunos, por supuesto, farfullaron incoherencias para no perder protagonismo en los estudios que le dan legitimidad virtual. Por unos días, tal vez tengamos una tregua. Pero pronto recrudecerán en sus esfuerzos para torcer el rumbo de este insólito proyecto que nos conducirá a construir un país para todos. Por más que Guillermo Moreno no esté más en la escena política, ya encontrarán a algún personaje adecuado para demonizar. Con esta salida en el equipo local, pensarán que ganaron la pulseada, porque suponen que arribará un Secretario de Comercio más amigable para las angurrias del Poder Económico. Todos esperamos que se equivoquen.
Elisa Carrió ya ha comenzado con su venenoso empeño. Capitanich y Kicillof fueron los primeros blancos de su embestida. Sin fundamentos, por supuesto, pero con dicterios cargados de odio, envidia y mucho afán destructivo. Menos mal que los repudios por sus recurrentes comparaciones con el nazismo ahora tienen un poco más de prensa. Mauricio Macri, en cambio, fue un poco más errático y destinó sus principales dardos hacia el, desde ahora, ministro de Economía. Lo del diputado Federico Pinedo, de tan penoso, da vergüenza citarlo. El ex vicepresidente y dentro de poco diputado, Julio Cobos, manifestó su esperanza de que CFK le dé al flamante Jefe de Gabinete “el poder que necesita ese cargo para que pueda trabajar con los ministros en forma integrada y no desarticulada como ocurre hoy”. Un anhelo cargado de desinformación, como acostumbra un personaje de su altura intelectual. Y con respecto a Juan Carlos Fábrega, consideró que el Banco Central “va a recuperar su independencia y la función de estabilizar la moneda y controlar la emisión monetaria”. Si el nuevo presidente intenta hacer eso, no servirá para el cargo, algo que nunca entenderá el radical mendocino. Porque profundizar este recorrido es continuar con la idea de un Estado-escudo ante la voracidad del mercado y dinamizador de la economía en función de la equidad.
Simón, Simón, qué grande sos
Si algo hemos aprendido en estos años es que el kirchnerismo es un movimiento cargado de símbolos. Símbolos en el sentido estricto del término, con significados profundos y no cáscaras vacías. En los días previos a la reaparición de Cristina, se celebró el día de la militancia, recuperada como valor, como motor de la inclusión y no como un ascensor del acomodo. Más allá del hecho que da origen a semejante festejo, todo sirve para inyectar entusiasmo. La ajustada victoria de las elecciones legislativas necesitaba un acto de multitudes para recuperar energía. Rosario y la CABA fueron los principales escenarios, pero en muchos puntos del país los dirigentes buscaron contagiarse de los dirigidos. Y viceversa.
La Corriente Nacional de la Militancia –una expresión transversal de muchas agrupaciones de base- se prepara para emprender el camino hacia el 2015, no con el apuro de los exponentes del establishment, sino para garantizar la continuidad de esta década de transformaciones. El Secretario Legal y Técnico de la Presidencia, Carlos Zannini, aseguró que el “compromiso es no ceder a las corporaciones, pues con este rumbo tenemos futuro”. Una frase recorrió ambos encuentros: "más predicadores y menos candidatos". Y aquí debemos detenernos con la crónica. Esta simple oración dice mucho más de lo que parece, porque señala el lugar que debe seguir ocupando la política: no es un asunto para expertos sino patrimonio de todos los ciudadanos. La política pensada como construcción colectiva y no como un accidente cíclico. Esto es lo nuevo que trajo el kirchnerismo y es lo que hay que preservar y profundizar. Esto es lo que temen los nostálgicos de los noventa; por eso tratan de convencernos de que el kirchnerismo es lo viejo, porque impide la restauración de lo que es verdaderamente viejo y tanto daño ha hecho.
Que pensar desde la derecha es más fácil, nadie lo duda. El statu quo es más tentador que la aventura transformadora. Ese sentido común todavía está muy arraigado pero, a pesar de los esfuerzos por permanecer, está perdiendo terreno. Que con todo lo que han dicho, Cristina mantenga una imagen positiva del 53 por ciento significa que un nuevo pensar está creciendo. Por eso, en su primera aparición, juega con Simón, sin dejar de ser Una Presidenta.

3 comentarios:

  1. Un análisis objetivo de los que hacen falta sin tanta interpretación ni busqueda de intrigas.aahhh ¿ Quien era Insaurralde??

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    1. Algo hay para decir de Insaurralde, pero todavía puede ser apresurado. Una foto es una foto. Veremos cómo sigue la película

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  2. ¿Quien es Capitanich? Un leal a seres invisibles que algunos llaman dios..

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