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viernes, 1 de noviembre de 2013

Los chiflados del batallón

Guardianes y falderos de las corporaciones
Una vez más, sería bueno insistir en la trascendencia del histórico fallo de Los Supremos. Algunos denuncian que la ley de Servicios de Comunicación audiovisual está pensada para perjudicar al Grupo Clarín. En realidad, ordena el desorden que dejó el infame riojano durante su paso por estas tierras. Y en esos tiempos, quien más se benefició fue ese grupo. Si resulta el más perjudicado, en cierta forma, lo merece. Durante años ha machacado el coco de los argentinos sólo para incrementar sus ganancias y las de sus aliados. Ya han ganado mucho y es hora de que comiencen a reprimir sus angurrias. Pero no sólo es una cuestión económica, sino también simbólica. Desde sus propaladoras contribuyen a la construcción de un sentido común disgregado y protestón. Y una cuestión política, porque desde sus titulares arteros y amañados han gobernado a los encargados de gobernar… y así quedamos. Mientras más nos hundíamos, más ganaban. Encima, después del estallido, culparon a la clase política por no proteger los derechos ciudadanos. Demasiado cínicos para merecer piedad.
Piedad y ayuda. Porque ahora van los laderos a apuntalar al emporio des-informativo. Una competencia de obsecuentes es lo que estamos presenciando. Unos peleles que bailan al ritmo de los patricios, que deambulan como hormigas enloquecidas para buscar al que pateó el hormiguero. Graciosos, patéticos, lastimosos, disparatados. Serviles, contribuyen a la subestimación del público con argumentos inconsistentes. Sediciosos, apuntan a desestabilizar disparando alocadas denuncias. Ignorantes, afirman cualquier cosa con tal de recibir la tierna sonrisa del amo. Cómplices, alimentan los prejuicios del manipulado público de los medios hegemónicos.
Seguramente, no ha ocupado un lugar de privilegio el informe de una encuesta realizada por Unicef, la organización Techo y la consultora Analogías sobre los adolescentes que habitan en villas y asentamientos en el área metropolitana. En contra de la demonización que habitualmente se dibuja –el famoso “ni, ni”- sólo el 6,4 por ciento de los consultados no estudia ni trabaja. Además, más del 60 por ciento de los encuestados valora mucho la escuela y considera como principal problema la inseguridad, la droga y el alcohol. Andrés Franco, representante de Unicef Argentina destacó que “los resultados de la encuesta nos alejan de la estigmatización y el lugar común que se cae cuando tendemos a ver a los adolescentes de villas y asentamientos como casos especiales”.
Pero claro, muchos consumidores de esos medios jamás se enterarán de esto. En cambio, estarán devorando con avidez las creativas demonizaciones sobre el presidente del AFSCA, Martín Sabbatella. Algo positivo: durante un tiempo, Boudou, Moreno y Kicillof no serán los protagonistas de sus productos periodísticos. No es poca cosa que el diminuto funcionario se enfrente con valor a este gigante para aplicar de oficio esta ley pisoteada durante cuatro años. Y los soldados del Grupo –tanto periodistas como políticos- salen a mostrar los colmillos para impedir que el Estado desmantele su poderío. Como siempre, el más absurdo es el Jefe de Gobierno porteño quien no sólo escribió mal su apellido –confundiéndolo con el DT de la selección- sino que consideró al ex intendente de Morón como poco idóneo para su función. Hasta elaboró un decreto –convertido en Ley- para impedir que se apliquen las disposiciones del AFSCA en el territorio de la CABA, como si fuera un principado. Y claro, con el aliento de su capitán, todos los amarillos se pusieron en línea para impedir el golazo. Federico Pinedo especificó que “la ley de medios no se puede aplicar ya que Sabbatella es un partisano del gobierno en su combate contra la prensa crítica”. Infantil considerar como crítica esa prensa panfletaria y maliciosa. Y la guitarra se templó en los dedos del diputado, pues evaluó el fallo de la Corte como “muy confuso, ya que sostiene que la ley no tendría sustento si la autoridad que la debe aplicar no fuera independiente del poder político”.
Con un respeto del que no es merecedor,  Pinedo no entiende nada, porque la ley dispone que la conducción y administración del AFSCA debe estar encabezada por un presidente y un director designado por el Poder Ejecutivo. Y después, cinco miembros con representación académica, profesional y parlamentaria. La senadora electa por la CABA, Gabriela Michetti, demostró la misma mala intención que sus colegas amarillos. “Lo que nosotros estamos pidiendo –sin aclarar demasiado quiénes componen ese ‘nosotros’- es que el fallo no se aplique hasta tanto exista una autoridad de aplicación realmente independiente”. Para comprender lo inconsistente de la demanda de Michetti, avancemos paso a paso. La Corte falló a favor de la constitucionalidad de la Ley en todos sus artículos. Eso incluye, por supuesto, todo lo relacionado con la conformación del AFSCA. Por lo tanto, el Poder Ejecutivo designó a Martín Sabbatella como su presidente, de acuerdo a lo que dispone la ley. ¿A quién iba a nombrar? ¿A Carrió?
Después, la obsecuente representante de no se sabe qué, continuó con sus habituales trabalenguas. Las condiciones que plantea el fallo para que la ley se considere constitucional no están. Si las condiciones estuvieran dadas como la misma Corte lo dice en el fallo, entonces estamos de acuerdo, la ley puede ser constitucional. Pero la verdad es que las condiciones no están”. En esto demuestra que afirma cualquier cosa con tal de oponerse, con absoluta irresponsabilidad para un funcionario con representación. Sin pudor, manipula a los destinatarios de su desinformador mensaje. Una ley no necesita condiciones coyunturales para ser declarada constitucional. Por el contrario, toda ley actúa sobre la coyuntura, la modifica, de acuerdo al espíritu de la Constitución. Claro, cabe preguntarse cuáles son las condiciones necesarias para que esta ley se aplique. La respuesta: que no gobierne el kirchnerismo. Esa es la condición necesaria para que los patricios puedan vivir en paz.
Pero eso no es todo. Además de Carrió, que considera más importante la preservación del monopolio antes que el respeto institucional, algunos exponentes de la oposición salieron al ruedo para proteger al círculo rojo. Los amarillos presentaron un recurso inexistente para solicitar a la Corte que no se aplique el fallo. Binner, por su parte, demostró su extremo desconocimiento sobre el tema. Como cada vez que habla. “Hay que cumplir con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual –explicó- pero lo tienen que hacer todos los grupos económicos, también el Estado nacional”. Un recitado de las mismas sandeces que se dicen desde los titulares mediáticos. El 7 de diciembre todos los grupos presentaron su plan de adecuación, menos el Grupo Clarín, pero todo fue congelado hasta la resolución de la Corte, para no agravar la desproporción. Y esa declamación de que el Gobierno quiere construir un monopolio estatal resulta una mentira grande como una mansión. Todos se alborotan en nombre de la libertad de expresión –que no está en riesgo, de acuerdo al fallo- para proteger a la corporación que ha pisoteado todos los derechos.
Nada será rápido. Con suerte, en unos meses los cambios comenzarán a apreciarse. Negociaciones y resistencias, operaciones, mentiras, grandilocuencias. Todo eso tendremos en los próximos tiempos. Eso sí: que no se atrevan a reclamar un centavo al Estado. Por el contrario, nos deben un montón. Desde Papel Prensa a Canal 13, con estatizaciones de deudas incluidas, el Grupo obtuvo descomunales cifras, que engrosaron nuestra deuda externa. Lo ideal sería que agachen la cabeza, acaten las normas, cobren lo que tengan que cobrar y que traten de transformar sus usinas de estiércol en un servicio para la sociedad. Y en beneficio del país.

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