Páginas vistas en total

lunes, 23 de diciembre de 2013

La inflación como herramienta extorsiva


Bien por Rosario. El Concejo Deliberante puso freno a la adicción a los fuegos artificiales que padece la Intendencia y prohibió esas prácticas en los actos oficiales. Una iniciativa del nuevo edil, el veterinario Carlos Cossia, como una forma de contribuir al silencio urbano y la tranquilidad de las mascotas. Y de paso, ahorrar unos pesos, porque esos ruidosos espectáculos estilo Disney deben costar una fortuna. El Gobierno Nacional también debería dejar de lado esos modos estruendosos de conmemorar las fechas importantes. Y en todos los niveles gubernamentales del país debería plantearse esta cuestión. Por supuesto, no es lo más importante que tenemos que resolver. Antes que eso –o quizá en simultáneo- el abuso en los precios está pidiendo pista. Allí también hay otra adicción que habría que combatir: la de los que no pueden evitar apropiarse de las ganancias ajenas. El nuevo equipo económico ha decidido actuar de una manera más directa en la conformación del precio de las cosas, aunque, a criterio del Autor de Estos Apuntes, de manera bastante amable. No merecen tan buen trato los que multiplican sus ganancias con accesorios improbables en los productos de consumo masivo.
Tampoco los que extorsionan a las autoridades para obtener unas monedas más. Y esto no se refiere sólo a los policías que se amotinaron en la mayoría de las provincias, permitiendo –y promoviendo, también- los saqueos que conmocionaron los primeros días del mes. Los cortes en la distribución de electricidad que acaloró a los vecinos de la CABA también significa una presión a las Autoridades Nacionales para forzar un aumento tarifario. En ambos casos, el ciudadano se convirtió en rehén de estas maniobras corporativas. Y no serán las únicas que veremos en los tiempos que se vienen. Por eso, es conveniente estar preparados para no ceder con tanta facilidad.
En una entrevista radial, la vocera de la empresa Edesur, Alejandra Martínez, consideró que el congelamiento de las tarifas impide la inversión para garantizar un buen servicio. “A confesión de parte, relevo de pruebas –respondió el ministro de Planificación, Julio De Vido- si no pueden prestar el servicio, el camino es el que indicó el jefe de Gabinete de Ministros”. Esto es, ni más ni menos, que la estatización del servicio. Ya estamos acostumbrados a que las empresas de servicios pidan incrementos o subsidios para poder brindar una mejor prestación. Después de recibir la plata, todo sigue igual hasta la llegada de otro momento crítico. En el caso de Edenor y Edesur, hay algo que llama la atención. Ambas son monopólicas en la zona que les toca, pues los usuarios no tienen opción por estar geográficamente ligados a una o a otra. Entonces, ¿por qué gastan fortunas en publicidad televisiva? ¿Si no es para conquistar clientes, no será para sobornar voceros? Esta debe ser la sugerencia del Gobierno: si no dan las cuentas para invertir, suspendan la publicidad, que no significa más que un gasto. Y uno usa la palabra ‘sugerencia’, cuando en realidad, debería ser intimación.
Un paseo por las góndolas
A pesar de los esfuerzos del Gobierno K para hacer más sencillo llenar la mesa, el precio de las cosas ha tomado la costumbre de crecer sin motivos. Eso sin hablar de las estafas que las grandes empresas pergeñan para apropiarse de nuestros billetes, como convertir un producto cotidiano en un medicamento o presentar ofertas que en realidad no son más que aumentos encubiertos. Los controles y congelamientos han fallado por muchos motivos. Tal vez si todos los Estados se comprometieran a defender el bolsillo de los argentinos, los diferentes actores de la cadena de comercialización se cuidarían de apoderarse de una tajada mayor. Pero no, intendentes y gobernadores evitan incomodar a los vecinos, sobre todo a los más grandotes.
Quizá el Gobierno Nacional confió demasiado en los acuerdos de palabra que había conseguido con los empresarios. Por eso ahora se concretó la firma de un acta acuerdo con las grandes cadenas de supermercados y algunos representantes de la industria para mantener los precios en niveles no tan bestiales. La Secretaría de Comercio y las empresas realizarán un monitoreo trimestral para corroborar el funcionamiento de esta nueva estrategia en unos 200 productos de consumo masivo. Desde el 1 de enero se permitirán aumentos sólo ante “causas bien justificadas”. Un punto interesante antes de la firma de este documento: los grandes supermercados deberían explicar cómo obtuvieron sus descomunales ganancias a lo largo de todo el año. Y ya que estamos, las empresas que producen nuestros alimentos también deberían dar cuenta de cuáles son sus tasas de ganancia. Esto es esencial para exigirles que comiencen a ceder un poco en la desigual puja distributiva.
En estos días se descubrió una trampita con el precio de la yerba Rosamonte, que en su formato regular se vendía a algo más de 9 pesos pero la versión plus duplicaba ese valor. El Secretario de Comercio, Augusto Costa, debería verificar qué tiene de más esa yerba para justificar la duplicación. Y si no tiene nada, habría que sancionar a la empresa e intimarla a que devuelva lo esquilmado con la sola presentación del envoltorio. Algo similar podría hacerse con leches y yogures que prometen maravillas con una sola cucharada. Ya de por sí, la libertad de mercado es perjudicial para los consumidores. Y lo que estamos atravesando ya es libertinaje pirateril. Consolidar este proyecto significa domesticar a las bestias para disminuir su fiereza y reducirlas para que no traguen tanto.
En los próximos dos años el desafío será incorporar más actores en la producción y venta de alimentos. Inundar el país con mercados comunitarios solventados y administrados por el Estado Nacional, Provincial y Municipal puede significar una verdadera competencia para los angurrientos. No es lo deseable destruirlos, pero sí que compitan como corresponde. También incentivar la creación de cooperativas que se dediquen a la manufactura de alimentos que también se ofrezcan en los supermercados. Ahora, las grandes empresas practican novedosas formas de extorsión y sobornos para beneficiar la exhibición y venta de sus carísimos productos. Para estos empresarios, la mejor manera de competir es anulando toda competencia. De alguna manera, los Estados deberán mediar en esta relación entre productores y comerciantes. Alguien dirá que la ganancia es lo más importante. Pero hay límites. Y el comercio, también debe considerarse como un servicio a la comunidad.
Entonces, habrá que educarlos. Después de la crisis, muchas empresas fueron recuperadas por sus trabajadores, algunas con éxito, otras con tropiezos. El Gobierno Nacional ha contribuido a su crecimiento con aportes y exenciones impositivas. Los diferentes planes del Ministerio de Desarrollo Social han tenido notorios éxitos al incorporar personas y grupos al mundo laboral. Y de ahí han salido micro emprendimientos prometedores. Si estas experiencias proliferan y crecen, se podrá conformar la competencia necesaria para que las góndolas luzcan más coloridas. Si la inflación es un problema no es por la cifra que alcanza, sino por las intenciones de los infladores. ¿Y qué es lo que quieren? Volver a los tiempos en que ganaban mucho más invirtiendo mucho menos. Como en este proyecto hay que trabajar, quieren boicotearlo. Defender este camino que estamos transitando es comenzar a abandonar a los grandotes y apoyar a los pequeños. Esto no significa sólo comprar un frasco de mermelada en la feria del barrio, sino poblar heladera y alacenas con los productos más cooperativos que encontremos. No pensar tanto en la marca, sino en lo que hay adentro. Así, la inflación no será un problema porque Los Muchos habremos encontrado la solución.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada