sábado, 29 de junio de 2013

Un gallinero alborotado



¿Vacas sagradas o pavos reales?
Algunos consideran que las reacciones respecto del tan mentado fallo de la CSJ ubican al oficialismo y sus aliados al borde de la sedición. Embarrados en la oposición patológica, confunden disconformidad con desacato. Más aún cuando en su dictamen, los Supremos no logran justificar la inconstitucionalidad que sentencian. Simplemente, expresan su rechazo, pero no fundamentan ninguna contradicción con la letra de la Carta Magna. Un sabor amargo deja este episodio porque da la razón a los apologistas del statu quo. Y más amargo todavía por la imposibilidad de apelar tan caprichosa decisión. La institución que debe velar por el equilibrio del sistema, amañó el fiel de la balanza para inmovilizar la inclinación de los platillos. Contra todo lo que afirman, abandonaron el disfraz independiente y se zambulleron en las torrentosas aguas de la oposición. Provocativos, tensaron la escena política en medio de un proceso electoral. Pacatos, se perdieron la ocasión de protagonizar el camino hacia un nuevo sistema judicial. Conspiradores, se suman a operaciones mediáticas para desgastar al Gobierno Nacional. Ingenuos, creen que todo terminó, cuando en realidad, esta Historia recién comienza.
Aunque no lo tuvieron en cuenta, con la negativa dejaron una puerta abierta. Con la ostentación de ese poder absoluto, señalaron los próximos pasos. En cierta forma, nos dejaron con las ganas de transformar el único poder intocado desde el retorno a la democracia. Por más que los voceros del establishment hablen de hordas K que pretenden atropellar al Poder Judicial, muchos entienden lo que está en juego. Y los que no, es porque no quieren. O no les conviene. “Democracia o corporación judicial” significa mucho más que un lema. Este adversativo se convierte en condición necesaria para abandonar definitivamente el pasado que tanto daño nos ha hecho y que amenaza volver.  “No hemos venido a quejarnos de un fallo, eso es un episodio anecdótico –aclaró el fiscal Jorge Auat en el acto frente al Palacio de Tribunales- Hemos venido a sostener nuestras convicciones. Estamos planteando un cambio de paradigma, un cambio cultural para los tiempos que vienen”.
La dirigente de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Taty Almeida valoró la figura del juez de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni “y a todos los jueces y fiscales que están llevando adelante los juicios de lesa humanidad”. La presidenta de “Justicia legítima”, la jueza María Laura Garrigós de Rébori señaló que se va acatar el fallo, pero “como el agua nos vamos a ir metiendo, no vamos a dejar de reflexionar”. Porque el movimiento que nació hace unos meses que incluye jueces, fiscales, abogados e integrantes de otras organizaciones sociales realiza reuniones periódicas en donde se discute qué es democratizar la Justicia, qué es una corporación y cuáles son los peligros que acarrea. “Hablamos de la práctica consuetudinaria armada alrededor de un poder de características aristocráticas”, explica Garrigós de Rébori. Sin escudarse detrás de nada, los miembros de Justicia Legítima ponen los temas sobre la mesa para una discusión frontal, con la firme decisión de delinear un nuevo sistema judicial para el país que se viene.
Pero no todos actúan a la luz del día. El presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti denunció ante sus pares una supuesta investigación de la AFIP que, desde el ente recaudador se esmeraron en negar. Después, los medios agregaron lo suyo para transformar la picardía en una enorme bola de estiércol. Ahora, algunos miembros del Máximo Tribunal encomendaron a algunos funcionarios que se reúnan para aclarar la situación con representantes de la AFIP. Aunque no haya habido ningún intento de indagación fiscal, este no-episodio quedará en la memoria colectiva como una presión del Poder Ejecutivo a la Corte. El viejo truco del Gobierno autoritario ataca de nuevo.
Moncholos, mojarritas y bagres muerden el anzuelo y agitan sus colas para defender lo que de ninguna manera está en peligro. El diputado por el PRO, Federico Pinedo –un patricio siempre a disposición de las causas patricias- denunció a Ricardo Etchegaray por “abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de funcionario público”. El Código Penal, en el capítulo 4, artículo 248, advierte que este delito será “reprimido con prisión de un mes a dos años e inhabilitación especial por doble tiempo” al funcionario que dicte resoluciones “contrarias a las constituciones o leyes nacionales o provinciales”. Si la AFIP hubiera iniciado una investigación no podría considerarse como un delito encuadrado en esos artículos. A pesar de esto, la denuncia de Pinedo puso en movimiento las ruedas de la Justicia y el juez federal Sergio Torres y el fiscal Carlos Stornelli destinarán su valioso tiempo para estas tonterías.
Como en un partido de Wimbledon, los pelotazos pasan de un campo a otro con notoria rapidez. La Corte saca con el fallo de inconstitucionalidad y supuestamente, el Gobierno responde con la investigación de la AFIP, que no existió. Pero el rumor sirve para ensuciar el ambiente. De revés, los Supremos disponen la reapertura de una causa en la que el ministro de Planificación, Julio De Vido y su esposa, Alessandra Minicelli habían sido acusados por enriquecimiento ilícito. Cabe aclarar que los sospechados fueron sobreseídos en tres oportunidades por la Cámara Federal y la de Casación, pero la firma de cinco de los Jueces vuelve a activar una causa, más para alimentar titulares que para buscar justicia. Porque los bienes denunciados eran anteriores a la llegada a la función pública de De Vido y su esposa y el resto estaba de acuerdo con los ingresos declarados. En definitiva, en tres fallos diferentes se sentenció que no había enriquecimiento ilícito. Pero todo vale cuando algunos jugadores son también árbitros.
Y el oficialismo responde con un proyecto de ley que pondrá en manos del Consejo de la Magistratura el manejo del presupuesto del Poder Judicial, la política salarial y la facultad de crear cargos y asignar personal a los tribunales. Esta iniciativa con forma de remate busca quitar a la Corte Suprema el manejo de los fondos, tal como dispone la Constitución en el inciso 3 del artículo 114. Allí afirma que le corresponde al Consejo “administrar los recursos y ejecutar el presupuesto que la ley asigne a la administración de justicia”. Aunque el texto de la constitución es muy claro, una acordada de la Corte del año 2000 dispuso apropiarse de los fondos y atribuirse su administración. Como en varias ocasiones se ha mencionado en estos Apuntes, es la propia Corte la que no cumple con muchos puntos de la Constitución con sus arbitrarias acordadas. Y ellos son los guardianes absolutos de la constitucionalidad, los que no dudan en amoldarla a los intereses del poder siempre invisible.
Si en los noventa, Menem tenía una Corte adicta, CFK tiene hoy una Corte opositora. Esto no sería tan grave, pues el kirchnerismo está acostumbrado a lidiar con opositores que brotan de los rincones más oscuros. Pero cuando el antagonismo no surge del voto, sino de un poder que se cree venerable, el asunto es más grave. Y lo peor es que apelan a las espurias estrategias de los opositores en serio. No sea cosa que detrás de todas estas simulaciones escondan el objetivo de mancillar la constitucionalidad de la Ley de medios, que toda resolución referida a ella pretendan presentarla como producto de una presión o amenaza. Como sea, ya están manchados. Y poco podrán hacer para limpiarse. El prestigio que los condujo hasta el trono agoniza. Las vacas sagradas se están transformando en gallinas revoltosas. El país que estamos construyendo no admite ni unas ni otras. Y pronto serán parte del pasado que debemos abandonar. Un tropiezo más en este luminoso y apasionante camino.

miércoles, 26 de junio de 2013

La pasta y los pastiches



Propuestas electorales con sabor a nada
Que un taxista afirme con convicción que la saturación en la cobertura mediática del caso Ángeles constituye una estrategia del Gobierno Nacional lleva a niveles paranoicos toda hipótesis conspirativa. Y se desploma ante el menor intento analítico. Lo que sí confirma es que algunos han quedado enganchados en esa apolillada lógica de echar la culpa de todo a La Presidenta. Tantos mensajes destinados a sembrar la desconfianza hacia los políticos todavía germinan en algunos prejuiciosos que se niegan a adoptar una mirada colectiva sobre los hechos. Claro, resulta más sencillo vestir el ropaje criticón que practicar la lectura crítica; es más fácil memorizar una infundada sospecha de corrupción que comprender el desarrollo de una construcción política; es más cómodo vociferar que todo está mal en lugar de reconocer que algunas cosas funcionan mejor. La vida cotidiana parece más confortable cuando uno la transita con el ceño fruncido, aunque nada grave conspire en el horizonte. Ostentar felicidad puede ocasionar algunas incomodidades, como acusaciones de insania, por citar un caso.
Esta pose de disconformidad perpetua no puede pensarse como una epidemia pero tampoco como un virus en vías de extinción. Todavía quedan algunos infectados que se niegan a recibir el antídoto y a cada paso manifiestan sus síntomas. Ya no hay peligro de contagio porque el clima reinante no es propicio para su proliferación, pero deja huellas inconfundibles en los afectados. Como repetir las tonterías que dice algún trajeado de la tele con tono indignado o recitar de corrido la tapa de un matutino más astrológico que informativo. También suelen rescatar del arcón del olvido algún prejuicio transmitido por algún ancestro, con llamativos aditamentos contemporáneos donados gentilmente por un sucesor. Con frecuencia, la enfermedad los conduce a aplicar conceptos incomprendidos en situaciones equivocadas y a identificarse sin admitirlo con personajes inaccesibles. En tiempos electorales, los achaques recrudecen y dejan al individuo a merced de las consignas más inconsistentes.
Nada de esto sería demasiado preocupante si no fuera por algún convaleciente que prueba saltar a la escena política. Entonces, dejan de ser pacientes para transformarse en activos propaladores de la dolencia y autores de los más indefendibles absurdos disfrazados de propuestas. En estos días, pudo verse en las calles rosarinas el afiche de campaña del ansioso candidato a diputado del Frente Progresista, el ex gobernador Hermes Binner. Con fondo naranja y la foto del dirigente socialista, se destaca una leyenda: “Un país normal”. ¿Qué será un país normal para el ex anestesista? ¿Cuál es el país que promete con esa escueta frase? ¿O más que una promesa, es un reclamo? ¿Cuál es el país que entra en sus parámetros de normalidad, el de la dictadura, el de Alfonsín cercado por las corporaciones, el de los noventa o el del 2001? ¿O será alguno de los países europeos que, si no estallaron están a punto de hacerlo? Menos mal que existe la picardía, siempre dispuesta a dibujar una sonrisa en la monotonía cotidiana. Y a anteponer una “A” en el adjetivo ‘normal’.
Pero a algunos, no les hace falta la picardía callejera para quedar en ridículo. Durante una entrevista en el programa “Yo te avisé” de CN23, el candidato a diputado Martín Lousteau se mostró más como un chef que como un economista. “Vamos a elegir no los legisladores sino el postre para 40 millones de argentinos en una cena que vamos a hacer –afirmó, en referencia a las PASO- Hay algunos lugares que te dicen yo ya lo decidí, es mousse de chocolate, viene otro y te dice flan. Nosotros lo que te decimos es vení a la cocina, hay helado de todos los gustos, que querés, helado de dulce de leche, de chocolate, de frutilla, de crema”. Las conductoras del programa se mostraron molestas porque interpretaron la metáfora culinaria como machista y discriminadora. Lo más grave no es eso, sino que presenta la participación ciudadana en su concepción más superficial. Como si elegir un candidato pasara por los gustos y no por las convicciones, como si las diferencias fueran más de sabor que de contenido, como si intentara disfrazar con un lenguaje cotidiano la ausencia de propuestas. Y por último, más que un postre parece obsequiar un vomitivo.
Si hay algo más grave que esto es la candidatura de Domingo Cavallo en Córdoba de la mano de Rodríguez Saa. Que algo tan dañino esté suelto habla muy mal de nuestra Justicia. El ex ministro de economía confesó que se siente “como un león enjaulado” cuando no está “luchando” por sus ideas. Entonces, cuando está suelto se convierte en un depredador y es por eso que debe estar enjaulado. Por haber hundido el país en las tres ocasiones que se le presentaron: en la dictadura, en el latrocinio menemista y en los tiempos de la Alianza para el fracaso. Cavallo merece estar en una jaula no sólo por destruir nuestra economía en tres momentos de nuestra historia, sino también por volver a intentarlo ahora que nos estamos recuperando de su destructivo accionar.
En realidad, no parece que estos candidatos –y muchos más- tengan en claro el país que quieren construir. Por eso sus propuestas –por llamarlas de alguna manera- transitan entre generalidades y absurdos.  Lo único que tienen en claro es que desean con fervor ocupar un lugar sin saber para qué. Y si lo saben, no tiene nada que ver con fines colectivos. Tal vez quieran garantizar un ingreso económico porque no saben trabajar de otra cosa más que de opositores o pretendan conquistar impunidad con la inmunidad parlamentaria. Pero en serio, otra cosa no demuestran.
El candidato a diputado por CABA, el filósofo de Carta Abierta, Ricardo Forster, lamenta que “la oposición política no tenga una agenda propia sino que venga definida y escrita por una corporación. Y en este caso, una corporación que maneja una parte significativa de los medios de comunicación”. Con la lucidez que lo caracteriza, sostiene que la actitud de la oposición “es un problema para la vida democrática de la sociedad”. “A mí me encantaría una oposición que tenga una lectura propia, que tenga originalidad, que sepa plantear un proyecto de país y lo plantee directamente a la sociedad y no una oposición que cabalga sobre una agenda prestada y una interpretación de país como un estado de catástrofe. Muy lejos de los paracaidistas mediáticos que pululan en otras listas, Forster se muestra conocedor del papel que va a ocupar y afirma que la campaña del FPV "está sostenida en los logros de estos años y sobre lo que se sigue proyectando en términos de conformación de la sociedad argentina bajo una perspectiva de más igualdad, mayor distribución de la riqueza, mejor democracia y más derechos, que es lo que se ha construido en estos años".
Porque, como afirmó el Secretario General de la Presidencia, Oscar Parrilli, “en esta elección no se definen solamente candidatos, no son nombres lindos o feos, o figuras carismáticas o no carismáticas las que vamos a elegir; estamos definiendo un proyecto de país, un modelo de país”. Para el ministro de Planificación, Julio de Vido “esta gran batalla democrática que se inicia no es una elección más, es fundamental para el proceso de profundización de políticas de inclusión que lidera y garantiza la presidenta Cristina Fernández de Kirchner”.
Claro, indudablemente será CFK quien asuma el protagonismo de esta campaña, porque sigue siendo la figura central de la política argentina. “Cuando se es legislador se acompaña un proyecto –definió en la conmemoración del bicentenario de Paraná-  Ser un legislador no es solamente integrar un rejunte de gente para ganar una elección. Porque las elecciones son un día, pero para gobernar hay que gestionar los 365 días del año”. Y para comprender por qué los demás quedan tan desdibujados, sería bueno memorizar estas ideas: nosotros estamos hechos de otra pasta –se diferenció–, estamos hechos para encarar los problemas, para zambullirnos en ellos y resolverlos. Eso es la política, cuando lográs llegar al corazón de la gente. Gobernar para el pueblo, gobernar para los intereses de la Nación, no es una gracia que tiene el gobernante, es una obligación que nos impone la Constitución y nuestras propias convicciones”. Esta es la diferencia entre los que tienen pasta y los que se han convertido en pastiche.

lunes, 24 de junio de 2013

Romper mitos y murallas



De las tierras tenebrosas a las praderas soleadas
En la escena local, las protestas en Brasil sorprendieron a propios y extraños. Como indiscutible potencia en la región, inspira símbolos contrapuestos en estas tierras. Tanto los seguidores del kirchnerismo como sus detractores, destacaban hasta no hace mucho las delicias de la nueva situación del vecino país. Unos por la inclusión de los sectores más postergados; otros, por los números que siempre excitan a la ortodoxia económica. Ahora, casi todos están desorientados y todavía no encuentran la vuelta para analizar tan inusitada serie de acontecimientos. En un primer impulso, los kirchneristas interpretaron las movilizaciones callejeras como intentos destituyentes organizados por las grandes corporaciones en connivencia con la CIA y todas las nefastas fuerzas del Imperio, Dar Vader incluido. Los no-K, por la dudas, se espantaron, como siempre ocurre cuando las muchedumbres salen a la calle sin cacerolas ni consignas pro linchamiento de presidentes y funcionarios. Después, cuando los medios opositores cariocas se apropiaron de la movida y algunos actores reaccionarios condimentaron las protestas con su habitual toque de violencia, comenzaron a mirar el espectáculo con mayor simpatía.  
Ni lo uno ni lo otro. No son caceroleros ni extraterrestres, sino excluidos en ascenso que exigen que las transformaciones se profundicen. Y la presidenta Dilma Rouseff, lejos de rechazar de plano las demandas, las transforma en potencia. Cuidado con los opositores vernáculos que pretendan tomar como ejemplo la respuesta de la mandataria brasilera, porque se verán en un brete. Si CFK no incorporó las demandas caceroleras no es por sordera o soberbia, sino porque ninguna de ellas correspondía con el programa de gobierno. Por el contrario, hubiera significado traicionar el mandato recibido en 2011. En cambio, el motivo de las protestas cariocas se encuadra en las propuestas con que el PT accedió por tres veces a la presidencia, cuya realización se ha demorado merced a una prudencia incomprensible.
Así y todo, las contundentes movilizaciones en las ciudades brasileras derrumban dos mitos que, de manera paradójica, alimentan fantasías contrapuestas: que el país vecino es el paradigma de una revolución pujante o la aplicación exitosa del modelo de la ortodoxia económica. En todo caso, la crisis de Brasil demuestra que la convivencia de ambas cosas, a mediano plazo, desemboca en un inevitable conflicto. Y, también indica que ningún país puede ser modelo de nada porque la realidad –siempre convulsionada, cambiante, asechada, vulnerada- exige un proyecto y no un molde. Eso sí: si el objetivo de un gobierno es transformar en serio las cosas, las acciones no pueden conformar a todos. Y ese ‘todos’ nombra a los pocos que siempre han querido gobernar desde las sombras para saciar sus siempre insatisfechas apetencias.
Cuando son Ellos los disconformes, hay que darle para adelante porque eso indica que la meta es el beneficio de las mayorías. En cambio, cuando se muestran complacidos ante una decisión gubernamental, hay que desconfiar. Y mucho. Porque el disgusto de esos pocos redunda en bienestar para los demás. Sus refunfuños deben servir para la confirmación de un rumbo y no para lo contrario. Por eso, las pullas que recibió la respuesta de CFK al fallo de la Corte sugieren que debe insistirse en ese sentido. Que el representante de los abogados en el Consejo de la Magistratura, Alejandro Fargosi, haya acusado a La Presidenta de “estar sembrando una especie de golpe de Estado contra la Justicia”, es más una invitación que una imputación.
Claro, el letrado advierte que las críticas de Cristina implican una desobediencia originada en su “vocación de poder absoluto”, a pesar de que las voces oficiales aseguraron hasta el hartazgo la aceptación de la resolución de inconstitucionalidad. Pero acatar no significa estar de acuerdo. En la advertencia de Fargosi subyace un contenido oculto: sólo un gobierno puede ser víctima de un golpe de Estado. Por lo tanto, en el imaginario del magistrado –y seguramente de algunos más- la Justicia, más que un poder del Estado, es El Gobierno que puede ser acosado por intrusos, en este caso, El Ejecutivo. Además, el consejero advirtió que la sentencia de la Corte debe preocupar a “quienes votaron esa ley porque quizá cometieron un delito”. En esta concepción de la realidad, los representantes del Pueblo –Ejecutivo y Congreso- no sólo pretenden ser destituyentes, sino que pueden ser considerados delincuentes. La lógica de esta visión está fundamentada en una mirada patricia, aristocrática de lo que debe ser una República. Los asuntos públicos no deben estar en manos del pueblo ni de sus representantes. En síntesis, la Democracia debe reinar, pero no gobernar.
Cuando la Democracia pretende gobernar, se la acusa de atropellar la República, de pisotear la Constitución, de ningunear la independencia de los poderes, de manifestar rasgos autoritarios. Sólo se calman las aguas cuando el Poder Fáctico, en todas sus dimensiones, retoma el control de todo. Decir ‘se calman’ es un exabrupto, porque quienes padecen las tormentas son las mayorías, como la Historia puede demostrar en muchos de sus capítulos. Por eso celebran el fallo de la Corte, porque pone un límite al avance de la Democracia. Con un aristocrático gesto, Los Supremos señalaron lo que debe permanecer inalterable. Ahí funcionan los controles que accionan las defensas del statu quo, los anticuerpos que protegen el equilibrio del sistema, un equilibrio siempre inclinado hacia los personeros del establishment.
A pesar de tan invulnerable poderío, esa fortaleza exhibe grietas cada vez más pronunciadas y por esos resquicios fluye La Política. Una Política tan en construcción como todo el país. Una cayó con el otro. Ambos sucumbieron a la vez y juntos se deben poner en pie y conquistar derechos usurpados en otros tiempos. En estos años se ha avanzado bastante, aunque no lo suficiente, pero no tan poco como vociferan los agoreros. A contramano de lo publicado en los medios opositores, la política de empleo evidencia sus avances. En un documento presentado por el Ministerio de Trabajo de la Nación se destaca la mejora en la cantidad y calidad del trabajo. "Sólo para dar un ejemplo –indica el escrito titulado “El empleo que supimos conseguir entre todos”- podemos decir que los niveles de Trabajo Registrado hoy son casi el doble que en 2002, cerca un 80% más, el mejor registro de los últimos 38 años". Y como un dato que rompe con algunos mitos, el salario medio real de 2012 es “el más elevado de los últimos 27 años y supera las mediciones de precios más afiebradas”.
Otra conquista que está dando buenos resultados es el incremento de los feriados en el calendario. De once que teníamos en 2007 pasamos a tener 19 días festivos. Y no es de vagos ponderar esto. Más allá del lobby que desplegó la patronal desde los medios, el ordenamiento de los días no laborables dispuesto por el Gobierno Nacional recibe una amplia adhesión por parte de la población. El descanso también es un derecho y la posibilidad de profundizar los lazos sociales que brinda el tiempo libre es invaluable. Que sigan los guardianes protegiendo el portal de la Cueva del Tesoro, que la crean impenetrable, que sigan gruñendo ante nuestra proximidad. Por ahora, jugamos a la Democracia. En breve, la practicaremos en serio.

viernes, 21 de junio de 2013

Un desperdicio de sinrazón



Pisotear la Democracia para “defender la República”
Si esperaban lágrimas, súplicas, berrinches o alguna otra muestra de debilidad, quedaron defraudados. Si en algún momento pensaron que La Presidenta se iba a refugiar en su cucha con el rabo entre las piernas, si sospecharon siquiera que arriaría las banderas de la construcción de un nuevo país, los hechos muestran que estaban equivocados. Si consideran un triunfo borrar con un codo arbitrario y corporativo lo que se escribe con la pluma de la democracia, deberán planear el destierro de la sardónica mueca que deforma sus rostros desde que se conoció el fallo de Los Supremos. Porque las cartas están echadas y en la pista se ven los pingos. Porque ahora está más claro que quienes dicen defender la constitucionalidad de las leyes, la pisotean sin miramientos. Porque una máscara más ha caído y deja al descubierto el peor de los rostros, el de la más cruda hipocresía. Justicia ilegítima, injusticia ilegítima o injusticia legítima. Con el nombre que se elija, seis de los miembros del Máximo Tribunal sentenciaron su fecha de vencimiento.
Dos de ellos ya deberían estar presentando su renuncia, porque su permanencia contradice lo dispuesto por la Constitución, en el artículo 99, inciso 4. Sólo una de las tantas acordadas de la Corte que pone entre paréntesis las disposiciones republicanas por las que tantos se rasgan las vestiduras. Con ironía y con mucha fortaleza, CFK presentó la realidad de los jueces como un aristocrático privilegio: "si sos juez no pagás impuesto a las ganancias, no declarás nada, viajás a donde querés sin informar nada”. Como un argumento por el absurdo, La Presidenta confesó que en 2015 quiere ser jueza "para tener una lapicera y un papel para firmar una cautelar y ¡qué me importa el voto de la gente, qué me importan los senadores, los diputados y el presidente!".
Pero antes de estas palabras, Cristina bailó en Córdoba. Una danza tribal como una ceremonia de guerra. No festejó lo ocurrido, porque los miembros de la Corte “perdieron la oportunidad de protagonizar un proceso de cambio dentro del Poder Judicial”. Con ese baile, La Presidenta no buscó consuelo, sino que absorbió la energía del colectivo que la aclamaba para tomar impulso y dar los próximos pasos. “La carga es pesada y difícil y sé que me la van a querer hacer todavía más difícil –explicó en su discurso por el nuevo aniversario del fallecimiento de Manuel Belgrano- porque cuando uno toca determinadas corporaciones y poderes, enseguida viene el vuelto". “Si mi rol en la historia es haber abierto el debate por una Justicia democrática y legítima, estoy dispuesta a bancar todo lo que se me venga encima –desafió, con el Monumento a la Bandera como fondo- No tengo ni miedo ni temores, mi compromiso es con la historia, el pueblo y la memoria de quienes dieron su vida por una Argentina mejor".
Antes del arribo de La Presidenta, los medios rosarinos ya estaban construyendo una escenografía adversa. Los noteros evidenciaban su indignación ante la presencia de los militantes de La Cámpora, el Movimiento Evita, Kolina que, supuestamente, impedían el ingreso de las familias que deseaban participar de un insípido y despolitizado homenaje a la bandera. Pero las cámaras mostraban algo diferente: una convivencia armónica entre unos y otros, un cálido amontonamiento en medio de tanto frío. Al contrario, los militantes se ubicaban con sus banderas lo más lejos posible del palco, para dejar paso a los que asistían sin identificación partidaria. Como ocurrió el 25 de mayo en la Plaza. Eso no lo ven porque no quieren verlo. Para ellos, las celebraciones patrias deben ser desideologizadas, porque quieren una Historia híbrida, descafeinada, sin conflictos.
El ex gobernador Hermes Binner es un adecuado exponente de esta concepción. Por eso dice lo que dice. El líder del explosivo FAP acusó al Gobierno Nacional de hacer una “utilización política del acto oficial por el Día de la Bandera”. Y, como el pensador sesudo que no es, advirtió que “convirtieron un acto con sentido profundo de Patria en un acto playito”. Como nunca entiende nada, acostumbra regalar insostenibles consignas. Para confirmar esto, agregó que “el blanco o negro superó al celeste y blanco”. Después, vía twiter, iluminó a sus seguidores: “suspendieron el desfile, cambiaron el himno y usaron a Manuel Belgrano para hacer política partidaria. Pobre Argentina”. Pobre Argentina si alguien como él accede a la presidencia, pues con su tibieza congelaría al más ardiente. Y dejaría las puertas abiertas para los depredadores de siempre.
Pero no es el único adicto a las incoherencias. El diputado socialista Roy Cortina consideró que CFK “pretende sembrar un manto de sospechas y degradar a la Corte”. Como si no bastara el accionar de algunos de sus miembros para lograr algo así. El diputado del GEN, Gerardo Milman, advirtió que La Presidenta “quiere ser re reelecta violando las leyes y la Constitución”. Pero el diputado fue más allá. “El mejor mecanismo de participación ciudadana –afirmó- es el juicio por jurados”. Incongruente: si –de acuerdo al fallo- el ciudadano no está capacitado para elegir consejeros, menos lo estará para dictar sentencias.
En cambio, la vicejefa de Gobierno porteño, María Eugenia Vidal, en su afán de defender el fallo, realizó casi una confesión. “La Constitución protege a las minorías y garantiza la independencia de los jueces –declaró- para que ellos, que tienen que juzgar casos de corrupción de funcionarios, no sean puestos por esos mismos funcionarios”. En su concepción de la Justicia, la delfina de Macri considera que la independencia de los jueces sólo es posible si amoldan la Constitución para proteger a las minorías, que es lo que están haciendo, precisamente. Si han sido las minorías las que han impulsado los golpes de Estado y han hundido la economía doméstica para su propio beneficio. La Constitución debe proteger a la mayoría de la angurria de la minoría.
El senador Marcelo Fuentes, integrante del Consejo de la Magistratura, destacó que en el fallo de la Corte subyace un triple desprecio: a la soberanía popular expresada por el voto universal, al Congreso de la Nación en sus facultades y a los partidos políticos en general, a los que descalifica colocándolos como condicionantes de la independencia judicial”. Pero hay otro desprecio que el senador omite: en la sentencia del Supremo Tribunal lo que se vulnera es la letra de la Constitución, pues la conformación del CM depende de una ley dictada por el Congreso.
La familia judicial ganó esta partida. Los Supremos, por ahora, están a salvo. Pero tienen en sus manos dos casos que los sitúan en una encrucijada: la LSCA y la cautelar de La Nación. Con cualquier resolución que tomen cosecharán nuevos enemigos. Y ya no pueden seguir estirando el asunto.  Porque, como afirmó Cristina en Córdoba, “la historia es indetenible. Aquellos que creen que pueden a través de alguna resolución impedir el crecimiento y el avance de la democracia, sepan que sólo lo podrán hacer por un tiempo”. Alineamientos obscenos como los presenciados en esta semana dejarán cada vez más solos a los saboteadores de este luminoso camino. Las elecciones legislativas están a la vuelta de la esquina. Las urnas esperan la Palabra del Pueblo. Por ahora, vociferan los que toman como una victoria el fallo de la Corte. Después, llorarán por los rincones la derrota. Tarde, bastante tarde, advertirán lo amarga que es la soledad que supieron construir. Los demás, celebraremos una victoria en serio. Tal vez, la definitiva.

La Inquisición Amarilla

Que la sesión vacacional del Congreso para resolver la expulsión de Julio De Vido formó parte de la campaña ya es más que evidente . ...