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lunes, 30 de diciembre de 2013

Un verano revoltoso


Malhumorado por tener que interrumpir otra vez sus vacaciones, el procesado con juicio oral en eterna espera, Mauricio Macri, brindó una apresurada conferencia de prensa para simular preocupación por las complicaciones que generan sus amigotes. Como ya se piensa presidente y cree que la CABA es Todo el país, anunció la convocatoria a un comité de crisis, más para echar leña al fuego que para solucionar nada. Y de paso para exhibirse como un buen piloto de tormentas, aunque el problema sea la distribución de la energía y no las lluvias que desbordaron la ciudad en varios momentos de su gestión, mientras también vacacionaba. Pero, más que nada, para culpar de todo al Gobierno Nacional, que es, en su visión pueril y demagógica de las cosas, el malo de todas las películas habidas y por haber. Mientras sus laderos observaban incrédulos y tratando de contener la risa, el Ingeniero dictaba cátedra sobre lo que sería el país en sus manos. Después de cumplir con el guionado rol, volvió a su descanso en Villa La Angostura.
Si todo lo que ha ocurrido desde mediados de noviembre forma parte de un libreto destinado a crear la ilusión del final de un año horrendo, sólo el tiempo lo dirá. Por el momento, la sincronía de estos hechos dispersos induce a suponer que es así. Pero lo que más convence es que cada uno de los actores de este sainete direcciona sus dardos verbales a CFK y su equipo, sea cual sea el tema. Algunos lo creen y otros no tanto. Muchas de las protestas de los vecinos de la CABA se situaron en las puertas de las empresas, señalándolas como las principales culpables de los cortes de electricidad, por más que el Alcalde Amarillo y sus jefes mediáticos traten de deslindarlas de toda responsabilidad.
Cuando un periodista le preguntó sobre el papel de las empresas en esta crisis, Macri respondió que “acá el único responsable es el gobierno nacional, que no tiene capacidad de respuesta”. Sin embargo, no es la primera vez que ocurren estos episodios y el Estado aplicó las multas correspondientes ante la falta de inversión, muchas de ellas frenadas por medidas cautelares de jueces cómplices. De eso no habla el líder del PRO, ni tampoco de su amigo de la infancia, Nicolás Caputo, el siempre beneficiado empresario que creció gracias a la obra pública en la CABA. Como si fuera la primera vez que esto ocurre, recitó “esto vino para quedarse. Va a tardar varios años en resolverse. Esto puede pasar varias veces en el verano”. Lo que no dice el manipulador ingeniero es que el problema no es de oferta, como era muchos años atrás, sino de ineficiencia en la distribución. De cualquier modo, siempre es bueno culpar de todo a Cristina.
Y después, como para resaltar su rol clasista de dueño del país, reclamó: “espero escuchar anuncios del gobierno nacional en breve sobre cómo va a establecer un programa de inversión”. ¿Y las empresas no tienen nada que ver en todo esto?  Para él, por supuesto que no: son casi víctimas. Respecto a la propuesta de los funcionarios federales de dejar la distribución en manos de los gobiernos locales, Macri explicó que “no podemos dar subsidios, tendríamos que subir las tarifas”. Aquí viene lo interesante: mientras la Ciudad aumenta las partidas para la educación privada, la propaganda y los negocios, niega subsidios a los servicios. En fin, un nuevo episodio para ir anotando y reflotar cuando el tiempo lo requiera. El que avisa no traiciona.
Argumentos para un brindis
Algunos medios presentarán minuciosos recorridos por los hechos más sobresalientes de este año que nos abandona, con la intención de presentar un balance positivo o negativo de acuerdo al lado de la vida en que se ubique el autor. Por supuesto, serán ineludibles las elecciones legislativas y el surgimiento de Sergio Massa como la esperanza restauradora del establishment, las inundaciones en Capital Federal y en La Plata, la explosión del edificio en Rosario o la operación de Cristina. En el listado podrá incluirse el fallo por la constitucionalidad de la LSCA y la sentencia adversa a la reforma del Consejo de la Magistratura. También los sospechosos accidentes ferroviarios y las diferentes reformas propuestas por el ministerio del Interior y Transporte. La muerte del Presidente Hugo Chávez se presentará como un alivio en los medios carroñeros o como un doloroso hito en aquellos que están comprometidos con la construcción de la Patria Grande.
Los diferentes récords de consumo y turismo también deberían figurar en cualquier recorrido honesto. Los malintencionados harán hincapié en las insostenibles denuncias que inflaron desde ciertos programas domingueros y sus ecos hegemónicos, pero silenciarán las contundentes desmentidas tanto oficiales como judiciales, verificando la ausencia de vergüenza. Más allá de todo esto, cualquier recorrido será incompleto. Como diría el Borges de Funes, el memorioso, el relato completo de lo que ocurre en un día debería ocupar un día. Y el de un año, 365.
En líneas generales –y a pesar de sus dos últimos dígitos- 2013 no ha sido tan malo, dicho esto con total modestia. Ninguna de las catástrofes vaticinadas se ha producido, salvo las orquestadas desde las sombras y ejecutadas con magistral sincronía en estas últimas semanas. No hay dudas de que los habitantes del círculo rojo quieren sacudirse al kirchnerismo para retornar a las andadas noventosas. Por eso ven todo fatal. Lo que más les molesta es que una parte de lo que el Estado recauda vaya a parar a manos de los plebeyos, cuando en sus arcas podría multiplicarse al infinito. Aunque lagrimeen un poco cuando algún cura habla de los pobres, tratan de boicotear la redistribución del ingreso. No les va ni le viene la construcción de nuevas escuelas ni la distribución de netbooks, aunque siempre declaren que les interesa la educación. No ven con buenos ojos la construcción de viviendas sociales porque resulta más rentable una torre en algún lugar paquete. Para estos tipejos, este año ha sido pésimo, aunque les ha ido mejor que nunca. Hasta tienen margen para especular con una brusca devaluación del peso.
Los dueños del Poder Económico siempre van a quejarse cuando no pueden gobernar a los gobernantes, cuando deben pagar tributos por sus descomunales ganancias, cuando encuentran límites a la cacería desaforada con la que serían tan felices. Este será un año pésimo porque no pueden dar rienda suelta a su voracidad. Y los subsiguientes también, mientras no puedan acomodar una marioneta en la Casa Rosada, un dócil camarero que disponga un suculento festín.
Este es el último texto del tercer año de este espacio. Más de 400 apuntes cuyo objetivo principal es delinear este camino que nos ha sacado de una ciénaga para conducirnos a un fértil valle, al que todavía no hemos llegado, pero estamos cada vez más cerca. Conquistar derechos y expandir la inclusión han sido las principales banderas de la tercera década de la democracia. Apuntes Discontinuos tiene también el propósito de advertir cuando las dentelladas de las pirañas insaciables se aproximan, a veces con forma de titulares mediáticos. Pero, fundamentalmente, este Ignoto Profesor de Provincias que encontró su lugar en el mundo entre las líneas de un modesto blog disfruta muchísimo destacando los logros que estamos alcanzando. Que cada año los índices de desigualdad disminuyan es algo que todos debemos celebrar. Todos no: para algunos es más importante acumular dólares hasta en su corazón. Si el índice de Gini que da cuenta de la desigualdad descendió de 0,550 a 0,396 desde 2003 a la fecha es muestra de que hemos mejorado muchísimo.
Y para los que dicen que todo terminó en 2011, cuando Cristina asumió por segunda vez, vaya este dato: en el último año, en los hogares más ricos los ingresos aumentaron un 24,1 por ciento, mientras que en los más pobres el incremento fue del 31 por ciento. Y esta diferencia se tiene que ampliar aún más, para que nos devuelvan lo que nos escamotearon durante décadas de saqueo. Por lo tanto, no nos tenemos que asustar porque las bestias chillen. Por el contrario, debemos brindar porque así sea hasta que se convenzan de que sólo entre todos podremos construir un país en serio.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Escueto análisis meteorológico de la realidad política


Que los adoradores del verano no se quejen por las altas temperaturas. Adorar algo es valorarlo en todas sus expresiones. Los entusiastas del frío jamás nos quejamos por las migajas de bajo cero que recibimos algunos días del año. Al contrario, las disfrutamos, tanto encerrados en nuestro living con la calefacción a media máquina, una taza de café y alguna copita de bebida espirituosa como cuando debemos salir. Con el frío, una helada satisfacción nos recorre al sentir su caricia. Entonces, los que tanto añoran el verano durante la timidez del invierno, ahora deberían reprimir cualquier gimoteo y además, pedir disculpas por arruinarnos nuestro efímero gozo polar. Porque convengamos que nos están escamoteando el invierno: los acaparadores seriales no saben qué más acaparar. Si junio, julio y agosto no estuvieran tan interrumpidos por el invasor calenturiento, los meses de calor serían más esperados. Pero no, las temperaturas altas nos acompañan todo el año y en ninguna plataforma política de las que compitieron en octubre prometían revertir tanto abuso veraniego, salvo algunas generalidades de tinte ecologista. ¿No sería el momento adecuado para re estatizar el clima antes de que todo se descalabre aún más? Alguno dirá que en verano hace calor. Que se lo diga a los de Ushuaia, que están disfrutando de seis grados bajo cero. Pero además de estar padeciendo una de las olas de calor más cruentas de la historia, los perdedores de nuestro presente no paran de acosar al proyecto más transformador de las últimas décadas. Y eso recalienta el ambiente, aunque sus tretas están perdiendo eficacia.
Como buenos carroñeros, comienzan a excitarse en primavera y por eso desde fines de noviembre suceden los hechos más extraños. Tanto que la aparición del verdadero Papá Noel en su trineo volador pasaría desapercibida. Las rebeliones policiales, la coreografía de los saqueos, los cortes de luz en el ombligo del país y los conflictos educativos en el Principado de la CABA son episodios de la misma historieta y tienen un mismo objetivo: convencernos de que estamos en el peor de los mundos y hacernos desear el final de un año atroz. Año atroz inexistente, por cierto. Para los memoriosos con edad suficiente no será difícil evocar aquellos tiempos en que no veíamos la hora de despojarnos del Año Viejo y suplicar que el venidero no sea bueno, sino apenas menos cruel. Y, sin exageraciones ni fanatismos, desde 2003, cada año que nos espera es mejor.
Y no es producto de la magia, sino de cierto compromiso con la construcción de un país que incluya a todos. Los que protestan y conspiran son los que no quieren eso, porque consideran que el país les pertenece y, por tanto, deciden quiénes son los que están adentro y quiénes no (recordar, por favor, el lema de la campaña para la reelección de Macri: “vos sos bienvenido”). Entonces, ¿quieren que al país le vaya mal? No, al contrario: quieren que al país le vaya muy bien, pero que la mayor tajada de las ganancias sea para ellos. Y la mayor en serio, por eso el 50/50 ya les resulta una sangría. Que el nuevo año los encuentre en un refugio de cartón y que el invierno sea muy riguroso. Sólo entonces comprenderán lo miserables que son.
Los mordedores preparan sus dientes
Si las palometas en Rosario causaron conmoción no es por falta de costumbre a esas dentelladas voraces. En los últimos años hemos visto dentaduras más intimidantes y en décadas anteriores, ni hablar. Aunque esos bichos estén llenos, siempre quieren más, y no estamos hablando de las palometas, solamente. Cada vez está más claro que el incremento en el precio de las cosas no es producto de una falla sistémica ni de un designio divino, sino de la pura angurria de los más grandotes. Aunque les haya ido muy bien en estos años, prefieren los tiempos en que ganaban fortunas con apenas mover un dedo. Y añoran el servilismo de los gobiernos de entonces, que les permitía fugar sus ganancias sin contribuir en nada al destino del país. Y extrañan explotar a los trabajadores y presionarlos con el despido. La nostálgica lista es interminable y se puede resumir en una frase: no toleran haber perdido las riendas del gobierno para conducirlo al antojo de su avidez.
El equipo económico del Gobierno Nacional ha tomado la decisión –una vez más- de poner freno a la alocada carrera de los precios. Héctor Méndez, titular de la UIA, no recibió con entusiasmo el nuevo acuerdo. “Si estamos hablando de control de precios yo tengo dudas. Ha fracasado históricamente –manifestó- El fracaso del anterior control de precios no ayuda a imaginar el éxito del actual”. Confesión de parte, como se dice habitualmente. Si fracasa es porque algunos no están dispuestos a cumplirlo, como lo han demostrado algunas empresas líderes con sus estafas disfrazadas de mejoras. En todo caso, sería interesante que el dirigente industrial tome el compromiso de denunciar a los que intentan birlar mucho más de lo que les corresponde.
En estos días se conocerá el listado de productos con sus respectivos precios ya establecidos por la Secretaría de Comercio. Mientras tanto, los diferentes actores de la cadena de comercialización se están distribuyendo los porcentajes de ganancia. Un mecanismo interesante, vale aclarar, porque los mordiscones serán entre ellos, sin que nuestras billeteras se vean afectadas. Una medida interesante y complementaria sería la difusión de los precios junto con las publicidades, como era en otros tiempos, sin promociones confusas ni ofertas tramposas. Y también, impedir esos agregados medicamentosos que encarecen los productos sin beneficio alguno para la salud del consumidor 
Pero el Gobierno Nacional ha decidido intervenir aún más en la economía. Uno de los focos está puesto en reducir el empleo informal que involucra, sobre todo, al servicio doméstico, indumentaria, agro, construcción, comercio y la diversidad del cuentapropista. Los incentivos y controles apuntarán a incluir a un universo conformado por casi 4,9 millones de argentinos que ocupan puestos de trabajo precario y no registrado. Además, destinará 137 mil millones de pesos para financiar proyectos de inversión de pequeñas y medianas empresas, para que puedan hacer un poco de sombra en el dominio de las grandes empresas y competir, al menos por regiones, con su nocivo saqueo. 
Por eso los apologistas de la ortodoxia económica cuestionan todo lo que se hace, porque el Poder Fáctico está perdiendo terreno. Un poco, a no entusiasmarse. Todavía falta mucho para que deje de ser el poder destructivo y voraz que siempre ha sido. Por eso sacan a relucir temas como la emisión monetaria, el tipo de cambio y la presión impositiva. Porque miran este nuevo escenario con las lentes del egoísmo, porque quieren un ajuste que afecte a la mayoría, porque quieren volver al modelo del derrame, que nos dejaba sedientos. Por eso hablan del gasto público y el déficit fiscal, porque quieren excluirnos del reparto de la torta, porque ellos ganan más cuando nosotros sufrimos. Menos mal que el ministro de Economía, Axel Kicillof puede explicar todo esto con mayor contundencia: “el incremento del gasto público conlleva a una dinámica virtuosa que multiplica el crecimiento de los ingresos de los argentinos y así contribuye al crecimiento del mercado interno. Un elevado nivel de consumo e inversión implica a su vez una mejora en la recaudación del Estado nacional, por lo que no hay mejor indicador de solvencia y robustez de las finanzas públicas que el mismo crecimiento económico”. Entonces, una vuelta más en esta tuerca: cuando nosotros estamos bien, ellos también estarán bien. De lo contrario, volverán a ser una minoría enriquecida cercada por una mayoría casi sumergida en el fango. ¿Cuál es la mejor película para disfrutar de acá en más?

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Breves reflexiones navideñas para disimular la resaca


Por lo general, estos Apuntes no incorporan las denuncias de corrupción, salvo que exista algún proceso judicial en curso próximo a su resolución. Porque hacer una denuncia es más fácil que rascarse la oreja: lo difícil es fundamentarla. Para los suspicaces, este criterio abarca a todos los casos, autores, blancos, colores y demás variantes. Además de los actos de corrupción, el Autor tampoco es afecto a los mensajes navideños por la conjunción de múltiples motivos, entre los cuales, la ausencia de fe es el menos relevante. La Navidad y su celebración es un coctel con tantos ingredientes que lo que menos se nota es el sabor religioso. Una profunda aversión al consumismo podría ser el punto de partida. Consumismo que no sólo incluye la compulsión regalera, sino las delicias que pueblan las mesas familiares, que contribuyen con sus calorías al horneado que estamos padeciendo. Pero de eso se habla mucho en estos días y de a poco se van abandonando los hábitos implantados desde Europa. Muy de a poco. Porque todavía persisten el chocolate, los frutos secos y los que sudan a mares dentro de los disfraces de Papá Noel. A pesar de esto, este Ignoto Profesor de Provincias no es de los que declaman dicterios anti navideños. Después de todo, siempre es bienvenida cualquier excusa para desear felicidades y brindar un cálido abrazo a quien lo requiera.
Pero ya está dicho: la fecha elegida para conmemorar el nacimiento de Cristo tiene que ver con el solsticio de invierno en el hemisferio Norte, cuando el día más corto del año anuncia el lento camino hacia el verano. Muchas culturas antiguas celebraban ese momento en el que interpretaban que la luz vencía a la oscuridad del invierno. Pero en el Sur es al revés: después del 21 de diciembre, que es el solsticio de verano, el día más largo del año, la oscuridad comienza a vencer a la luz hasta el inicio del invierno. O trasladamos la Navidad al 25 de junio o adoptamos costumbres más acordes a nuestro clima, como un Papá Noel en bermudas y ojotas, por ejemplo.
Pero con ropa invernal en medio de estos calores, el famoso personaje nórdico ha dejado su huella con un notable crecimiento de las ventas navideñas. Las altas temperaturas, los cortes de luz, los saqueos imaginarios y los malos augurios mediáticos no desalentaron las compras. Y casi todos habrán encontrado su regalo en el arbolito, aunque sea un llaverito con el escudo del club estampado. Otros recibieron mucho más que eso, como el famoso grupo de sobornados que porta el nombre de una tarjeta. Y lo que más sorprende a los analistas es que la influencia de San Nicolás fue tan grande que los miembros del Tribunal no sólo absolvieron a los procesados sino que sentenciaron la inexistencia del delito. Que se entienda: no sólo no se demostró la culpabilidad sino que no había nada para culparlos. Por si esto fuera poco, los jueces Guillermo Pons, Guillermo Gordo y Fernando Ramírez calificaron como irresponsable y sin fundamentos toda la investigación llevada a cabo desde la denuncia del arrepentido Mario Pontacuarto. El regalo con moño ha caído muy mal tanto en el ambiente judicial como en el político y promete permanecer en la agenda informativa durante algún tiempo.
Lo que no puede considerarse como un regalo muy agradable fue la decisión de despedir a Claudio Espector de la coordinación general de las Orquestas Infantiles y Juveniles de la CABA. No importaron los 16 años en ese cargo ni los premios y menciones recibidos por el trabajo realizado para la inclusión de menores a través de la música. Los Amarillos son así, brutales y despiadados que rompen lo que no comprenden, porque quien tomó la decisión, Soledad Acuña, está al frente de la Subsecretaría de Equidad Educativa. ¿Entenderán qué significa eso? “Las orquestas y Claudio Espector son de toda la Ciudad –cuestionó Eduardo López, secretario general de la Unión de Trabajadores de la Educación- ¿qué hace de malo este docente para que Macri lo eche? ¿Llevar educación de calidad y música a los barrios humildes de la Ciudad?”. Y sí, para Ellos eso es muy malo y de ahí que su jefe político deteste tanto al kirchnerismo.
Estas decisiones arbitrarias y resoluciones judiciales a la carta no deben desalentar las importantes transformaciones que tenemos por delante. Por el contrario, es indicio de un desafío mayor. Las mentiras mediáticas ya no hacen tanto daño porque se desarman apenas difundidas, como las fabulaciones sobre el inexistente viaje de Mariano Recalde a Colombia o las serviles denuncias de algunos legisladores hacia el recién ascendido César Milani. Y todo para no hablar de la cantidad de pasajeros que ha sumado Aerolíneas Argentinas ni de las medidas que se tomarán para reducir el trabajo no registrado. Por más cartas que escribamos, Papá Noel no nos regalará el país que soñamos. Para eso, no hace falta magia, sino mucho compromiso, solidaridad y convicción. Y de eso hay mucho, tanto en Navidad como en cualquier época del año.

lunes, 23 de diciembre de 2013

La inflación como herramienta extorsiva


Bien por Rosario. El Concejo Deliberante puso freno a la adicción a los fuegos artificiales que padece la Intendencia y prohibió esas prácticas en los actos oficiales. Una iniciativa del nuevo edil, el veterinario Carlos Cossia, como una forma de contribuir al silencio urbano y la tranquilidad de las mascotas. Y de paso, ahorrar unos pesos, porque esos ruidosos espectáculos estilo Disney deben costar una fortuna. El Gobierno Nacional también debería dejar de lado esos modos estruendosos de conmemorar las fechas importantes. Y en todos los niveles gubernamentales del país debería plantearse esta cuestión. Por supuesto, no es lo más importante que tenemos que resolver. Antes que eso –o quizá en simultáneo- el abuso en los precios está pidiendo pista. Allí también hay otra adicción que habría que combatir: la de los que no pueden evitar apropiarse de las ganancias ajenas. El nuevo equipo económico ha decidido actuar de una manera más directa en la conformación del precio de las cosas, aunque, a criterio del Autor de Estos Apuntes, de manera bastante amable. No merecen tan buen trato los que multiplican sus ganancias con accesorios improbables en los productos de consumo masivo.
Tampoco los que extorsionan a las autoridades para obtener unas monedas más. Y esto no se refiere sólo a los policías que se amotinaron en la mayoría de las provincias, permitiendo –y promoviendo, también- los saqueos que conmocionaron los primeros días del mes. Los cortes en la distribución de electricidad que acaloró a los vecinos de la CABA también significa una presión a las Autoridades Nacionales para forzar un aumento tarifario. En ambos casos, el ciudadano se convirtió en rehén de estas maniobras corporativas. Y no serán las únicas que veremos en los tiempos que se vienen. Por eso, es conveniente estar preparados para no ceder con tanta facilidad.
En una entrevista radial, la vocera de la empresa Edesur, Alejandra Martínez, consideró que el congelamiento de las tarifas impide la inversión para garantizar un buen servicio. “A confesión de parte, relevo de pruebas –respondió el ministro de Planificación, Julio De Vido- si no pueden prestar el servicio, el camino es el que indicó el jefe de Gabinete de Ministros”. Esto es, ni más ni menos, que la estatización del servicio. Ya estamos acostumbrados a que las empresas de servicios pidan incrementos o subsidios para poder brindar una mejor prestación. Después de recibir la plata, todo sigue igual hasta la llegada de otro momento crítico. En el caso de Edenor y Edesur, hay algo que llama la atención. Ambas son monopólicas en la zona que les toca, pues los usuarios no tienen opción por estar geográficamente ligados a una o a otra. Entonces, ¿por qué gastan fortunas en publicidad televisiva? ¿Si no es para conquistar clientes, no será para sobornar voceros? Esta debe ser la sugerencia del Gobierno: si no dan las cuentas para invertir, suspendan la publicidad, que no significa más que un gasto. Y uno usa la palabra ‘sugerencia’, cuando en realidad, debería ser intimación.
Un paseo por las góndolas
A pesar de los esfuerzos del Gobierno K para hacer más sencillo llenar la mesa, el precio de las cosas ha tomado la costumbre de crecer sin motivos. Eso sin hablar de las estafas que las grandes empresas pergeñan para apropiarse de nuestros billetes, como convertir un producto cotidiano en un medicamento o presentar ofertas que en realidad no son más que aumentos encubiertos. Los controles y congelamientos han fallado por muchos motivos. Tal vez si todos los Estados se comprometieran a defender el bolsillo de los argentinos, los diferentes actores de la cadena de comercialización se cuidarían de apoderarse de una tajada mayor. Pero no, intendentes y gobernadores evitan incomodar a los vecinos, sobre todo a los más grandotes.
Quizá el Gobierno Nacional confió demasiado en los acuerdos de palabra que había conseguido con los empresarios. Por eso ahora se concretó la firma de un acta acuerdo con las grandes cadenas de supermercados y algunos representantes de la industria para mantener los precios en niveles no tan bestiales. La Secretaría de Comercio y las empresas realizarán un monitoreo trimestral para corroborar el funcionamiento de esta nueva estrategia en unos 200 productos de consumo masivo. Desde el 1 de enero se permitirán aumentos sólo ante “causas bien justificadas”. Un punto interesante antes de la firma de este documento: los grandes supermercados deberían explicar cómo obtuvieron sus descomunales ganancias a lo largo de todo el año. Y ya que estamos, las empresas que producen nuestros alimentos también deberían dar cuenta de cuáles son sus tasas de ganancia. Esto es esencial para exigirles que comiencen a ceder un poco en la desigual puja distributiva.
En estos días se descubrió una trampita con el precio de la yerba Rosamonte, que en su formato regular se vendía a algo más de 9 pesos pero la versión plus duplicaba ese valor. El Secretario de Comercio, Augusto Costa, debería verificar qué tiene de más esa yerba para justificar la duplicación. Y si no tiene nada, habría que sancionar a la empresa e intimarla a que devuelva lo esquilmado con la sola presentación del envoltorio. Algo similar podría hacerse con leches y yogures que prometen maravillas con una sola cucharada. Ya de por sí, la libertad de mercado es perjudicial para los consumidores. Y lo que estamos atravesando ya es libertinaje pirateril. Consolidar este proyecto significa domesticar a las bestias para disminuir su fiereza y reducirlas para que no traguen tanto.
En los próximos dos años el desafío será incorporar más actores en la producción y venta de alimentos. Inundar el país con mercados comunitarios solventados y administrados por el Estado Nacional, Provincial y Municipal puede significar una verdadera competencia para los angurrientos. No es lo deseable destruirlos, pero sí que compitan como corresponde. También incentivar la creación de cooperativas que se dediquen a la manufactura de alimentos que también se ofrezcan en los supermercados. Ahora, las grandes empresas practican novedosas formas de extorsión y sobornos para beneficiar la exhibición y venta de sus carísimos productos. Para estos empresarios, la mejor manera de competir es anulando toda competencia. De alguna manera, los Estados deberán mediar en esta relación entre productores y comerciantes. Alguien dirá que la ganancia es lo más importante. Pero hay límites. Y el comercio, también debe considerarse como un servicio a la comunidad.
Entonces, habrá que educarlos. Después de la crisis, muchas empresas fueron recuperadas por sus trabajadores, algunas con éxito, otras con tropiezos. El Gobierno Nacional ha contribuido a su crecimiento con aportes y exenciones impositivas. Los diferentes planes del Ministerio de Desarrollo Social han tenido notorios éxitos al incorporar personas y grupos al mundo laboral. Y de ahí han salido micro emprendimientos prometedores. Si estas experiencias proliferan y crecen, se podrá conformar la competencia necesaria para que las góndolas luzcan más coloridas. Si la inflación es un problema no es por la cifra que alcanza, sino por las intenciones de los infladores. ¿Y qué es lo que quieren? Volver a los tiempos en que ganaban mucho más invirtiendo mucho menos. Como en este proyecto hay que trabajar, quieren boicotearlo. Defender este camino que estamos transitando es comenzar a abandonar a los grandotes y apoyar a los pequeños. Esto no significa sólo comprar un frasco de mermelada en la feria del barrio, sino poblar heladera y alacenas con los productos más cooperativos que encontremos. No pensar tanto en la marca, sino en lo que hay adentro. Así, la inflación no será un problema porque Los Muchos habremos encontrado la solución.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Privados que nos privan de todo


Las comparaciones resultan odiosas cuando tienen intenciones odiosas. Desde los primeros días de diciembre, cuando la rebelión policial en las provincias facilitó los saqueos, algunas plumas poco ilustradas anticiparon la proximidad de un estallido similar al de 2001. Infames y nocivos, además de poco sutiles. Acostumbrados a manipular a individuos prejuiciosos, cada vez se preocupan menos por buscar mejores argumentos para denostar al Gobierno de CFK. Sólo unos pocos se engancharon con estas patrañas y la generalización del fenómeno se redujo a infundados rumores, más destinados a la expansión de la paranoia que a la prevención. Con los cortes de energía eléctrica intentaron algo similar, a pesar de que en estos diez años la generación se incrementó en 10 mil megavatios. Pero igual jugaron con las maliciosas comparaciones. En 1988, gran parte del país padeció una alarmante crisis energética que transformó en serio nuestra vida. Y entonces, no era un problema de distribución sino de producción y ni se soñaba con los niveles de consumo de la actualidad. Quienes siguen creyendo en esos libelos cargados de mentiras son responsables de convertirse en un público altamente desinformado y sumamente quejoso. Además de confundido, porque dirigen sus lamentos exclusivamente a La Presidenta, desde el bache que adorna la esquina hasta el ladrón que les robó la cartera, pasando por las altas temperaturas que ya están mitigando el buen juicio. No es que Cristina no tenga responsabilidad sobre parte de las cosas que ocurren, pero el jurado de los caceroleros ya la ha encontrado culpable.
Al igual que el Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, que aprovechó los inconvenientes eléctricos para disparar un dardo a su odiado kirchnerismo y, de paso, facilitar un negocio para algunos de sus amigos. El proyecto de ley que obligaría a cada edificio de más de seis pisos a tener generadores para el funcionamiento de bombas y ascensores no sólo es una muestra más de su don de la oportunidad, sino de la inexistencia de conocimientos técnicos, a pesar de que es ingeniero. El ruido y la combustión del motor haría más insoportable la falta de energía y el almacenamiento de los bidones de nafta necesarios convertirían cada edificio en un potencial peligro. Además, apenas solucionaría una parte del problema y a un costo altísimo. Pero lo importante del absurdo episodio es que apareció en medio de la crisis como el salvador ante el descalabro provocado por el Gobierno Nacional.
 Comparar la situación energética actual con la de fines de los ochenta es jugar con la desmemoria. En aquellos tiempos, para impulsar el ahorro energético no recomendaban la temperatura del acondicionador, sino que reducían el horario de los canales de  TV, que transmitían desde las 17 hasta la medianoche. También se restringía la iluminación de la vía pública, vidrieras y marquesinas; los bancos cerraban a las 13 y la administración pública tomaba asueto viernes y lunes; los cortes programados eran de tres horas diarias o más y nuestra vida se ordenaba a partir de eso; trenes y subterráneos funcionaban todos los días con horarios de fin de semana. Y los aparatos domésticos de esos días se reducían al televisor, la videocasetera, ventiladores y no mucho más; algún privilegiado podría tener aire acondicionado y las computadoras hogareñas comenzaban a aparecer con timidez. La producción energética no sólo era insuficiente por inacción del Estado, sino también por la sequía, que convertía a las represas en pequeños charquitos.  
Más Estado a la vista
El Gobierno Nacional está lidiando con una mochila demasiado pesada: prestadoras de servicios con mañas noventosas, que quieren recaudar sin invertir, acostumbradas a un Estado dócil que autorizaba incrementos tarifarios con la única excusa de la avidez. El kirchnerismo ha dado muestras de mucha paciencia pero, cuando se agota, las medidas han sido contundentes. Aguas, Correo, Aerolíneas Argentinas, YPF y las AFJP son muestras de ese hartazgo y los cambios han sido más que beneficiosos. “Esta situación no tiene que ver con lo ocurrido en la década del ’80 –explicó el ministro de Planificación, Julio De Vido- sino con la preservación y reparación de la infraestructura del sistema de distribución eléctrica en los menores plazos”. 
En estos años se han sumado más de 10 mil megavatios en el suministro y transporte de energía pero el problema son los cables de media y alta tensión, donde las empresas privadas tienen que invertir, así como en estaciones y subestaciones transformadoras para atomizar el riesgo", aclaró el Jefe de Gabinete Jorge Capitanich. Y después vino la advertencia casi con forma de decisión tomada: “ante nuevos incumplimientos en el contrato de concesión, el Estado Nacional está dispuesto a prestar el servicio en forma directa”. Quizá estemos ante un nuevo paradigma: son los privados los que están forzando una estatización; casi la están suplicando, como si el nuevo negocio fuera la expropiación.
Y no sólo en las empresas de servicios, sino en otros ámbitos de la economía. Esta semana se conocieron las maniobras de las grandes formadoras de precios para gambetear los acuerdos de precios. Llamamos maniobras a lo que en realidad, son estafas. Habría que controlar qué tiene de plus un paquete de yerba para que justifique duplicar su precio. O los aditamentos que fortifican un yogur o la leche para engrosar su costo. Una paradoja: los privados que detestan la intervención estatal actúan como si la exigieran. Después, que no se quejen. No se los puede dejar solos porque apelan a sus más viles trampas para birlar billetes. Entonces, se hace imprescindible reforzar los controles sobre estos angurrientos que malogran nuestra vida cotidiana. Y reducir su tamaño, porque ya estamos hartos de estos grandotes que simulan competir cuando en realidad sólo se reparten el mercado 
Una primera medida para evitar que nos sigan robando es impedir que los productos que pueblan nuestras alacenas se disfracen de medicamentos. Esa estrategia de marketing que comenzó en los noventa y que recrudece cada vez más, habría que desterrarla. Si alguien necesita vitaminas, hierro, aumentar las defensas, bajar el colesterol, incrementar la energía y todas las mentiras que nos venden desde las góndolas, que vaya a un médico y no a un supermercado. Los remedios que las grandes empresas nos ofrecen están enfermando nuestra economía. Restringir las opciones facilitaría cualquier control.
Otra posibilidad de regular la producción y distribución de alimentos sería desmonopolizar el sistema. La diversidad de marcas y mercancías que ofrece una misma empresa la convierte en un pulpo que extiende sus tentáculos para absorber lo más posible. Otra medida puede ser la regionalización de la influencia de las marcas. Si, por ejemplo, un compañía tiene su planta productora en la provincia de Buenos Aires, que su alcance abarque sólo la región central. Para distribuir sus mercancías en otra región, deberá instalar una planta productora en ese territorio. Así, no sólo se incrementará la oferta laboral sino que se ahorrará en transporte. Además, facilitará el ingreso de nuevos actores algo más pequeños.
Pero el problema también está en las bocas de expendio. Las grandes cadenas de supermercados obtienen ganancias cercanas al 100 por ciento y en las ofertas que promocionan hay tantas trampas como en las variantes en los productos. Para revertir esta situación no sólo son necesarios los controles, sino un cambio cultural profundo para valorizar los negocios de proximidad. Y fomentar los mercados comunitarios, administrados por los Estados para forzar los precios a la baja. Algunos podrán decir que estas propuestas pueden vulnerar la libertad de mercado. Sí ¿y qué? Aunque esa expresión contenga la palabra ‘libertad’ no hace referencia a ningún derecho, sino a una mirada ideológica de la economía, ese discurso único que ya hace aguas en la economía mundial y que ha traído dramáticas consecuencias para los pueblos. El fin del capitalismo salvaje está próximo y sería saludable no prolongar su agonía. En este caso, la eutanasia sería más que bienvenida.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Los recalentadores de la Primavera


Muchos celebran que Michel Bachelet haya conquistado la presidencia en Chile, sobre todo los estudiantes, que esperan que por fin lleguen las reformas que conviertan a la educación en un derecho. Derecho que algunos boicotean de este lado de la cordillera, como el Jefe de Gobierno porteño y su innovador –e ineficiente- sistema de inscripción on line. O como ese colegio cristiano de la localidad misionera de Oberá, que desalienta a los chicos con padres homosexuales. Aunque todavía no alcanzamos el país con el que soñamos, algunos tienen la desfachatez de hablar de fin de fiesta, precisamente ellos, que disfrutaron de las festicholas noventosas destinadas a unos pocos. Si esos personajes oscuros y miserables consideran que la AUH, las netbooks, la ampliación en la cobertura jubilatoria, las mejoras en el PAMI, el descenso de los índices de desempleo, pobreza e indigencia y muchas cosas más constituyen una fiesta que debe terminar, que vuelvan a sus madrigueras a mascullar su veneno. Si estos diez años de recuperación de derechos y de inclusión insólita en los últimos cincuenta años pueden pensarse como una fiesta, que se vayan acostumbrando porque esto recién empieza.
Claro, algunos consideran que su bienestar es un privilegio que deben solventar los que se ubican más abajo. También creen poseer El Derecho de acumular sus ganancias descomunales, sin tener en cuenta que no son ellos solos quienes las generan. Y que tienen la potestad de especular, acaparar, fugar, evadir sin que nadie los moleste. Menos aún el Estado, que tiene la mala costumbre de recaudar para redistribuir con el objetivo de lograr la equidad. Aunque parezca increíble, son los que más se quejan, los que más critican, los que conspiran para que todo se desmadre.
Como un muestrario de lo que haría de llegar a ser presidente, el Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, agrega más calor a los últimos días de esta ardiente primavera. Que el sistema ideado por los amarillos de la CABA para la inscripción en las escuelas se haya convertido en un dolor de cabeza para los padres que prefieren la educación pública es, en cierta forma, un castigo por elegir la gratuidad. En lugar de abrir más cursos para cubrir las vacantes, prefiere seguir aumentando los subsidios a las instituciones privadas para que se conviertan en la mejor opción educativa. Precisamente es esto lo que los chilenos decidieron abandonar: la educación concebida no como un derecho, sino como una mercancía.   
Dejar la educación en manos de los privados puede ser una comodidad, pero tiene sus riesgos. Una escuela con orientación cristiana de Oberá, Misiones, busca la manera de dejar fuera de las aulas a los hijos de familias homoparentales. Primero, empezaron a instruir a profesores y administrativos para que informen que a reuniones y actos sólo participe uno de los padres. Para los directivos, los padres del mismo sexo no son una buena imagen de enseñanza cristiana. El objetivo es provocar la incomodidad del niño y su familia para que, más temprano que tarde, abandone el establecimiento. Condenable, porque recibe subsidios del Estado. Una fotografía que atrasa mucho, pero no debe ser un caso aislado. Quizá sea necesaria una resolución del Ministerio de Educación, para evitar estas iniciativas discriminatorias.   
Nostálgicos de fiestas exclusivas
La palabra ‘fiesta’ mantiene una connotación un tanto negativa. Basta recordar que uno de los spots de campaña de Fernando De la Rúa utilizaba esa expresión para indicar la finalización de un nefasto período signado por la corrupción sistémica del menemismo. Pero la diversión recién comenzaba… para los que volvieron a beneficiarse con la peor crisis de nuestra historia. Para el resto, todo fue drama. Por eso resulta demasiado cínico que hablen de fiesta cuando lo que estamos presenciando no es otra cosa más que la recuperación de derechos para los siempre postergados. “Si a esto los argentinos lo consideran una fiesta, entonces estamos en un país equivocado", respondió el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich a los apologistas del ajuste.
Porque eso es lo que buscan los agoreros, dibujar un ambiente de despilfarro para poner límites a un Gobierno que está decidido a alcanzar la equidad. Lo que rechazan es un Estado que transfiere recursos hacia los sectores más vulnerables. Lo que prefieren es un Estado cómplice que contribuya a llenar sus ilimitadas arcas. Lo que repudian es un Estado que controle la economía doméstica, aunque eso haya dado buenos resultados en los últimos diez años.
En verdad, el Gobierno Nacional tiene mucha paciencia con estos actores de nuestra vida política. No con los que pregonan tonterías por los medios de comunicación. A estas tonterías que en el pasado constituían el dogma de la ortodoxia económica, se las desarticula con buenos argumentos y exhibiendo resultados. Y resaltando los fracasos a los que esas recetas han conducido. Fracasos y angustias, aunque extraordinarias ganancias para esas minorías que ahora protestan. El Gobierno Nacional tiene mucha paciencia con los que, no sólo desde las sombras, sino a plena luz del día hacen lo imposible para construir el malestar de los argentinos.
El año comenzó con las medidas que el entonces Secretario de Comercio Guillermo Moreno tomó para controlar los precios de la canasta familiar. Al principio, todo bien, mucho acuerdo y compromiso por parte de las grandes empresas. Después, las trampas. Los precios de los productos esenciales se mantuvieron, pero después comenzaron a poblar las góndolas con productos similares con ínfimas variantes para poder coronarlos con cifras abusivas. Engaños viles en productos de consumo masivo como yogur, leche, yerba o lavandina, con agregados decorativos que justifican un incremento de más del 100 por ciento. En estas arteras tretas se encontró a La Serenísima, SanCor, Nobleza Gaucha, Rosamonte, Magistral y Ayudín, entre otras marcas de primera línea. De una vez por todas, estos especuladores que pretenden apropiarse de nuestros ingresos merecen un castigo que les enseñe lo que es vivir en democracia.
Como ocurrió con algunas firmas dedicadas a la comercialización de granos, que operaban con empresas fantasmas, direcciones inexistentes o facturas falsas para triangular las exportaciones y así, evadir sus obligaciones fiscales. Jovicer Sertigran, Intagro, Ducarevich, Granar y un par más quedarán fuera del registro y no podrán operar por un tiempo. Poco castigo para semejantes canallas.   
Esta es la fiesta que se tiene que terminar: la de los que, con su avaricia, tratan de interrumpir este camino hacia la reconstrucción de nuestro país. Los grandotes que tienen en sus manos la posibilidad de malograrnos nuestra vida con los incrementos desmedidos en los precios, los que ganan a costa de pequeñas estafas, los que nos hacen viajar incómodos, los que nos brindan servicios de manera insuficiente, los que especulan y evaden. Ellos son los que quieren volver a las fiestas exclusivas para que después los demás, paguemos los platos rotos.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Los saqueadores de siempre

    En medio de los abusos en los precios, la evasión impositiva y la especulación en todas sus variantes por parte de los que más tienen, sorprende que un empresario actúe de manera diferente. Claudio del Valle, de la localidad bonaerense de Puán ya obsequió dos casas a sendas familias desalojadas. De película edificante. Pero asistió a los remates, las compró y se las devolvió a sus antiguos habitantes. Esto es lo que debería propagarse, en lugar de las rebeliones policiales. Si bien lo deseable sería que la generosidad se contagie entre los que viven en la abundancia, lo que uno suplica, al menos, es que dejen de pugnar para absorber cada vez más. Si eso es lo que atraviesa toda nuestra historia: los embates de los que quieren quedarse con todo pasándonos por encima. Con la complicidad servil de jueces y políticos, son los que siempre se quejan, enfurruñan, conspiran y mienten a través de todos los medios que tienen a su alcance. Sin reparos, son los que expanden las estrecheces y acaparan la abundancia y después, en misa, lagrimean un poquito cuando el cura habla de los pobres, sin sospechar siquiera que son ellos quienes los fabrican. Propaladores de un sentido común demoledor, apuestan a que el país estalle porque en las crisis es cuando más ganan. Protegidos, adulados, idolatrados cuando en realidad, deberían ser repudiados por su incontrolable avaricia. 
Pero tener esto en claro significa comprender muchas cosas. En primer lugar, que el Poder ya no es uno solo, como en otros tiempos. En los comienzos de nuestra treintañera democracia, Raúl Alfonsín intentó educar a las bestias para que acaten las instituciones y se comprometan a pensar en el país. Pero no, para los patricios es más importante llenar sus arcas que vivir rodeados de equidad. Y el entonces presidente tuvo que optar entre sus principios o la estabilidad constitucional, aunque sabía que formaban parte de lo mismo. A pesar de sus lúcidos y encendidos discursos, Alfonsín no pudo cumplir con todos los sueños. Sí con el más trascendente: entregar la banda a otro presidente elegido por voto popular. Eso sí, seis meses antes de terminar su mandato, porque la ansiedad de los carroñeros era descomunal y la crisis híper inflacionaria, angustiante.
Durante la década de los noventa, la identificación entre el Poder Político y el Económico llegó hasta el romance; una luna de miel que resultó demasiado amarga para los ciudadanos de a pie. La transferencia de recursos de los menos favorecidos hacia las minorías enriquecidas fue la constante y el vaciamiento del país, un nefasto ideario que vulneró nuestra soberanía. Y la corrupción política –real y desfachatada- nos hizo creer que sólo allí estaba el problema. El nuevo siglo nos esperaba con la peor crisis de nuestra historia y los que más se beneficiaron observaban, conmovidos, la miseria en la que nos había hundido tamaña avaricia. Por unos años se portaron bien. Hasta parecían acompañar el camino hacia la recuperación de nuestra malograda economía. Pero no: sólo estaban esperando que las arcas públicas vuelvan a llenarse para comenzar a saquearlas otra vez.
Sin embargo, esta vez no les resulta tan sencillo. El Estado versión K no está dispuesto a ceder tan fácilmente. Con sus errores y contradicciones, desde 2003 el Gobierno Nacional está decidido a controlar a las corporaciones, como intentó Raúl Alfonsín treinta años atrás. Con este breve recorrido por la historia reciente se podrá comprender el escenario actual. Los argentinos estamos ante una lucha trascendental: por primera vez en mucho tiempo el Poder Político trata de encuadrar al Poder Económico en objetivos que nos beneficien a todos. La tan mentada redistribución del ingreso, que no es la revolución bolchevique, que no busca que los ricos se vuelvan pobres –aunque dan ganas- ni que sean confinados a una isla desierta con apenas algunas pertenencias. La propuesta del kirchnerismo es el crecimiento de todos y lo único que les pide a los que más tienen es que ganen un poco menos y que cumplan con sus obligaciones impositivas. Aunque parezca mentira, por esto están como locos.
Estocadas, resistencia y complicidades
Después de derrocar a Rosas, el país se construyó a la medida de la oligarquía terrateniente, en detrimento de la mayoría empobrecida y explotada hasta la llegada del radicalismo, que logró algo de dignidad para la clase media y no demasiado para los menos favorecidos. En 1930, los patricios estrenan el primer golpe de estado militar que desde entonces comienza a ser el recurso para limitar a los gobiernos democráticos. Aunque suene un poco ridículo –y también perverso-, ellos mismos provocaban las crisis que después tenían que solucionar los gobiernos de facto. Sin exagerar, las crisis institucionales son resultado de un exceso de angurria, una gula desmedida que enceguece a los afectados. Aunque nadie pueda negar nada de esto, a pesar de que ya sabemos quiénes son los responsables de provocar tanto dolor, jamás han sido castigados por su accionar. Recién ahora –con mucha modorra, eso sí- comienza a juzgarse a los instigadores y beneficiarios de la última dictadura. Sin embargo, quienes pergeñaron la híper inflación de finales de los ochenta y el vaciamiento que desencadenó el estallido de 2001 siguen gozando de sus bienes mal habidos. Al contrario, el presidente de prepo Eduardo Duhalde los premió con la pesificación asimétrica, que cargó sobre las espaldas de todos la deuda de unos pocos. Alguna vez tienen que pagar tantos desmanes.
Mientras el botín conseguido con la rapiña descansa en algún paraíso fiscal, apelan a sus más funestas tretas para doblegar al gobierno de CFK o aniquilarlo para siempre. Por lo que ha ocurrido en estos días, el año y pico que queda para que termine su mandato será más que movidito. Salvo que la Comisión Investigadora y algunos jueces se pongan a trabajar con el compromiso de encontrar la punta de este ovillo que tanto dolor ha causado. No basta con descubrir a algunos policías con bienes sustraídos durante los saqueos ni tampoco con revelar a los punteros que alentaron el vandalismo: hay unos pocos que, apoltronados en sus mullidos sillones, idearon este plan desestabilizador y, desde cómodas oficinas con aire acondicionado dieron la orden para ocasionar el primer foco del incendio que están planeando. Aunque parezca paradójico, sabemos quiénes son, pero faltan los nombres. 
Una democracia en serio no puede prosperar cuando gobiernan los que jamás son votados. Un país justo debe lograr que todos sus habitantes gocen de los bienes que se producen en todo su territorio y debe educar a los que tratan de impedir que ese objetivo se logre. Si no aprenden, las autoridades deben aislarlos para evitar un perjuicio para el resto. La inseguridad también es el hambre, la angustia, la exclusión que provocan estos individuos cuando dan rienda suelta a su egoísmo.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Fuego, humo y los que pisan la manguera

    Ahora que las aguas comienzan a calmarse, algunos tiburones insisten con agitarlas. Los sindicalistas opositores, contagiados por el clima destituyente, salieron a apoyar las revueltas y aportar su granito de arena con exigencias inadmisibles, como bonos navideños de más de 4000 pesos. Pura maldad, extremo egoísmo y exacerbado cinismo. Otros, escudados en una torpeza senil, aparecen con críticas insustanciales, pero cargadas de intenciones malsanas. Hasta unos hinchas de Boca aprovecharon un festejo inventado para practicar el vandalismo. Tanto que cuestionaron al oficialismo por la conmemoración del martes, nadie dijo nada de esta convocatoria realizada sólo para favorecer el caos. En medio de tanta violencia inadmisible, el Gobierno Nacional tomó las riendas de la agenda y las autoridades provinciales barajan propuestas numéricas para acallar a sus tropas. Mientras todo esto pasa, del otro lado del charco, los primos orientales buscan relajarse con el humo del cannabis.
A pesar del enojo de la ONU, Uruguay se convirtió en el primer país del mundo en legalizar la producción y venta de marihuana con control estatal. La nueva ley sancionada en el Congreso permite el auto cultivo hasta 480 gramos anuales y la compra en farmacias hasta 40 mensuales. El tiempo dirá si esta novedosa iniciativa logra disminuir el daño que provoca el narcotráfico. Lo seguro es que los ojos de todo el planeta están posados en esta experiencia que busca solucionar un problema por un camino distinto. Enrique Rubio, del oficialista Frente Amplio, planteó que algunos dicen que están “haciendo un experimento social como si estuviéramos tomando a los jóvenes uruguayos como conejillos de Indias, pero acá lo que hay es una política pública que puede tener éxito o no, eso lo evaluaremos después”. Martín Collazo, portavoz de la organización Regulación Responsable, consideró que “existe un derecho al consumo responsable que no perjudique a terceros” y que eso “implica un esfuerzo de información y educación para conocer los riesgos asociados al consumo de ciertas sustancias”. Ahora sólo resta ver qué dirán los opositores vernáculos sobre este tema, ellos que siempre toman como ejemplo a Uruguay para elaborar sus dicterios al Gobierno de CFK.
Porque hay algo que ya está más que claro: algunos no son opositores, sino conspiradores. Y saben que les costará muchísimo acceder a la presidencia compitiendo con algún heredero del kirchnerismo si nuestro país sigue avanzando como lo está haciendo. Por eso apelan a las tácticas más mugrientas para emporcar la escena y hacer que todo fracase. No les importa el país ni sus habitantes: sólo quieren recuperar el control para entregárselo con moño a los personeros del Poder Fáctico. No se preocupan por los muertos ni los destrozos; tampoco por las angustias vividas por muchos ciudadanos; menos aún por los prejuicios transformados en acción violenta para frenar a los peones del Gran Ajedrecista. Nada les importa más que volver a gobernar el país al ritmo de su avaricia, aunque todos nos sumerjamos en la peor de las miserias.
Lejos de cualquier distracción, el Gobierno Nacional ha tomado la decisión de buscar a los responsables máximos de este entramado perverso. Ya desde el lunes está en funcionamiento la comisión creada por la Procuraduría General de la Nación para investigar a fondo los hechos delictivos que se sucedieron desde principios de diciembre. En el marco de la Ley de Defensa de la Democracia, los fiscales que integran la comisión buscarán toda la información disponible para dejar al descubierto a los creadores de esta siniestra sinfonía. “Se debe caer con todo el rigor de la ley no sólo con los autores materiales, sino también con los intelectuales”, advirtió el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich.
Deconstruyendo el libreto
Con su personaje de opinador senil, el diputado Hermes Binner también aporta lo suyo. Distraído, desinformado, inconsistente, pero siempre dispuesto a mordisquear un poquito para consolidar su camino hacia la presidencia. Aunque su intelecto no le permite actuar como organizador de estos intentos destituyentes, su torpeza busca ser funcional a esos intereses. “Siempre va detrás del problema”, expulsó como crítica al Gobierno Nacional en referencia a los reclamos de los policías provinciales y los saqueos. Como buen cacerolero, opina sin saber y, claro está, en contra, pues calificó como “lamentable” el discurso de CFK en el Museo del Bicentenario. ¿Qué tiene de lamentable señalar las coincidencias entre el ideario de Yrigoyen, Perón, Alfonsín y Kirchner? Lo lamentable es que ni siquiera lo debe haber escuchado y lo demostró con sus declaraciones ante los cronistas parlamentarios. “La Presidenta no sólo debe denunciar que los saqueos fueron organizados por distintos sectores políticos –explicó sin rubor- sino que tiene el poder de mandar a la Justicia los elementos para que investigue el caso”. Precisamente todo lo que este individuo incalificable exige es lo que CFK ha hecho.
Pero no es el único que actúa para convertir diciembre en un infierno y no sólo por el calor que estamos padeciendo. Los Moyano están pergeñando un paro general para reclamar un incumplible bono navideño de 4500 pesos, aunque eso dificulte el abastecimiento de la mesa de los argentinos. Precisamente es lo que buscan: echar nafta al fuego para incrementar el malhumor. Como lo han hecho algunos hinchas de Boca en el extraño festejo por el “día internacional del hincha”, de lo que tendrán que dar cuenta los dirigentes de ese club. Si bien no se puede responsabilizar a la institución por la idiotez de unos cuantos desubicados, sacar a la calle una multitud para gritar y saltar sin motivo ni conducción es una enorme irresponsabilidad en medio del tenso clima que estamos atravesando.
Y la gestión de la CABA agrega lo suyo con el descontento de muchos padres que no pueden inscribir a sus hijos en las escuelas con el ineficaz método on line sacado de la galera. El ministro de Educación porteño, Esteban Bullrich admitió en una entrevista radial que “esto es de alguna manera un costo que entendíamos que estaba en el sistema, pero que creemos que valía la pena enfrentarlo”. Provocar angustia y desconcierto era el objetivo y lo lograron. Detrás de esta ineptitud institucionalizada, se oculta el fin de boicotear la educación pública para favorecer a la privada. Una foto más para interrumpir el camino del Líder Amarillo hacia la presidencia en 2015.
Pero todas estas bombas de estiércol no interfieren en el tránsito hacia un país mejor. Por el contrario, lo alientan. Ya sabemos que los saqueos no pueden pensarse como resultado de la inequidad, aunque sugieren profundizar la redistribución para que forme parte del pasado. Para la CEPAL, Argentina es el país que más ha reducido la cantidad de pobres e indigentes en la región y su crecimiento la ubica entre los primeros. Lo otro, lo de la rebelión policial, invita a pensar un nuevo diseño para la seguridad distrital. Tal vez, como lo sugiere el  miembro de la Corte, Raúl Zaffaroni, debería quedar bajo la órbita de los municipios y no de las provincias, para volverlas más controlables. Finalmente, la única manera de desarticular las conspiraciones es castigando a los conspiradores. Muertos, heridos, daños materiales, miedo y dolor no deben quedar en el olvido. El accionar destructivo de los que escribieron este guión ha mostrado una vez más su eficacia. Pero la fuerza y la alegría de un pueblo movilizado en defensa de la democracia y la potencia de un proyecto para transformar lo que haga falta son herramientas más que suficientes para reducirlo.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Un nuevo triunfo de la democracia


Aunque traten de disimularlo, algunos están felices con estos incidentes. Un titular alarmista excita a los agoreros. Si detrás de la rebelión policial y los virulentos saqueos en algunos comercios hay varios cerebros organizadores, la Justicia deberá dejarlos al descubierto y castigarlos para que estos episodios no se repitan. Pero pronto. De nada valdrá que dentro de unos años aparezca algún condenado, cuando ya pocos se acuerden de cuál era el delito. O peor, cuando los diseñadores de estas dramáticas escaramuzas hayan adquirido más experiencia. No hay que tomar esto a la ligera porque ha habido muertos, heridos, pérdidas materiales, mucho descontrol y un accionar violento que nada tiene que ver con los tiempos que vivimos. Ya nadie pone en duda la despreocupación con que el Gobernador de Córdoba manejó este asunto, pero situar a De la Sota como el principal responsable es otorgarle demasiado mérito. De esta serie de incidentes, hay mucho para analizar, desde el control político de las fuerzas policiales hasta los focos de pobreza que todavía persisten; desde la formación de los agentes de seguridad hasta la existencia de conspiradores dispuestos a todo con tal de recuperar el poder.
Análisis serios y comprometidos, no cualquier pavada. Que el ex presidente Fernando de la Rúa vea en estas escenas algo parecido a lo que provocó su renuncia aporta muy poco, salvo material para una compasiva sonrisa. El contexto de 2001 es totalmente diferente al actual y si bien los saqueos nunca deben ser bienvenidos, en aquellos tiempos la situación parecía invitarlos. La historia no se repite: se copia. Y casi siempre, mal. Por eso los disturbios de estos días contienen tanto absurdo. Pero de la Rúa habla: “los saqueos parecen incomprensibles, pero muestran que había una tensión social que estaba silenciada y que el Gobierno debe atender”. ¿Qué gobierno, doctor? ¿Cuál de todos los que deben solucionar los conflictos que surgen en la sociedad? Porque los jefes comunales, intendentes y gobernadores son los que deben estar más en contacto con la población y conocer sus necesidades. La Presidenta –cualquier presidente- debe tener su mirada puesta en el conjunto y no en las particularidades. Para eso el Estado tiene diferentes manifestaciones y, en consecuencia, responsabilidades graduales.
Muchos datos evidencian que la necesidad alimentaria no fue la que impulsó los saqueos. Algunos pueden haber aprovechado el revoltijo para llenar de comida un carrito, pero la mayoría acarreó productos más costosos, casi suntuarios. Eso sí: todos recurrieron al robo para satisfacer lo que sea y violentaron la propiedad de la peor manera, lo que puede auspiciar cualquier cosa. Sin intenciones de moralinas, esto ayuda muy poco en la construcción del país deseado, nos distrae del camino que estamos recorriendo y, sobre todo, confunde, que es lo más peligroso.
Ahora hay que pensar en las fuerzas policiales, tanto en sus remuneraciones como en sus obligaciones. Por supuesto, lo más importante, en su control. Democratizar la policía es encuadrarlas a las decisiones del poder político y a las necesidades de la población. Su proximidad con el delito exige que no se les pierda pisada. Esto no debe quedar sólo como un reclamo salarial, sino que debe convertirse en un punto de partida para transformaciones más profundas y auspiciosas.
Una fiesta en medio del dolor
Algunos exponentes de la oposición se opusieron –como corresponde- a la realización de los recitales programados en Plaza de Mayo. Está claro que no entienden el funcionamiento de las cosas y buscan cualquier excusa para que el ciudadano no cope las calles. Aunque no lo digan con todas las letras, las fiestas populares provocan en muchos de ellos algo de urticarias y una crisis depresiva. Un poco de frustración también, porque ni en sueños tendrían semejante poder de convocatoria; ni con el genio de la lámpara recibirían la ovación que desató la aparición de Cristina en el escenario de Plaza de Mayo. Muchas cosas se mezclaron en ese momento: la continuidad democrática, estos diez años K, la respuesta a la extorsión policial pero, sobre todo, la alegría por verla recuperada. Nunca se había cantado el Himno Nacional con tanto entusiasmo, producto tal vez de los ritmos agregados por Choque Urbano mezclados con los vientos de los granaderos. No sería mala idea que esta versión se convierta en oficial, a pesar de la reprobación de los protestones de siempre 
No lo entenderán nunca: a la oscuridad no se la vence con miedo, sino con alegría. Si se hubieran suspendido los actos festivos en conmemoración de los 30 años de continuidad democrática, el triunfo de los conspiradores se habría concretado. Pero no, en medio de los disturbios, de la rebelión policial, de las muertes, la muchedumbre salió a la calle y se aglutinó en defensa de un país que quiere vivir en paz. “Tengo una sola certeza absoluta: todo lo que falta lograr, lo que nos falta hacer, sólo se puede hacer en democracia, respetando la Constitución, las leyes, las autoridades establecidas”, clamó CFK desde el Museo del Bicentenario.
Ante asistentes radicales y kirchneristas, La Presidenta señaló más las continuidades que las disidencias entre el primer gobierno constitucional después de la dictadura y la década kirchnerista. Y fue más allá, pues señaló que este presente es un camino a la concreción de los valores de Hipólito Yrigoyen y Juan Domingo Perón, creadores de los únicos movimientos populares en el siglo pasado. Una manera contundente de llamar a la reflexión a los actuales dirigentes del radicalismo, para que no se sumen a las operaciones destituyentes de los medios hegemónicos ni se hagan eco de las denuncias que propagan. La emotiva reivindicación de la figura del ex presidente Raúl Alfonsín evocó los más significativos abrazos de la historia. Y, lejos de toda crítica, encuadró las renuncias y los retrocesos de esos tiempos a los “condicionamientos de los sectores antidemocráticos”. "Aquélla era la Argentina de la libertad condicional, una democracia de libertad condicional", sentenció Cristina ante el entusiasmo de los asistentes, tanto en el Museo como en La Plaza.  
Como era inevitable, la Primera Mandataria aludió a los escabrosos incidentes ocurridos en la mayoría de las provincias por la rebelión policial y la hambruna repentina de indigentes en 4x4 y motos de alta cilindrada. "Yo no creo en las casualidades –confesó- tampoco creo que sea por contagio. Por contagio son las paperas, la varicela o la rubeola. Esto es por planificación y ejecución con precisión quirúrgica”. “Sabemos que hay instigación política de aquellos que creen que pueden ganar elecciones hablando de seguridad a través de la instalación del miedo", continuó. Y, para delinear la agenda de los próximos días, Cristina destacó el fracaso de las políticas punitivas, porque “la inclusión y el control civil y ciudadano de los organismos de seguridad es lo que garantiza la seguridad de los ciudadanos”. Por eso se la extrañó tanto en estos meses.
Una semana difícil pero no sorprendente porque nos estamos acostumbrando a estos episodios bestiales: agentes policiales en connivencia con el delito declarados en rebeldía y operadores políticos que alientan el saqueo. Pero otra vez fracasaron, lo que indica que ya no volverán a triunfar. Ahora lloverán las propuestas para encuadrar a las fuerzas de seguridad distritales en las normas democráticas. Pero la mejor policía es la que no hace falta y para eso hay que alejar a la mayor cantidad de ciudadanos de la tentación del delito. La inclusión en todas sus dimensiones es el camino. Que nadie se atreva a dudar de eso.