miércoles, 29 de enero de 2014

Davos y CELAC: el cotejo del siglo


Hugo Moyano ya no sabe dónde estacionar, ya no encuentra espacio que romper, ya ha perdido toda orientación. Pero lo peor es que ya no defiende lo que antes defendía. Ahora coquetea otra vez con Macri, el dirigente más alejado del interés de los trabajadores. Una foto que ya ni risa provoca. Sus declaraciones, en cambio, significan una renuncia a cualquier principio. “El Jefe de Gobierno fue a Davos y La Presidenta fue a ver a Fidel Castro y eso confunde”, recitó, sin rubor y esquivando todas las señales de advertencia. En primer lugar, Cristina no fue a visitar a Fidel Castro, que no tiene nada de malo, sino que viajó a Cuba para participar de la segunda Cumbre de la CELAC. En segundo lugar, eso no confunde, sino que aclara de qué lado está cada uno. El Alcalde Amarillo estuvo codo a codo con los más poderosos del mundo, con los forjadores de crisis y miserias, con los que se quieren quedar con todo, con los que gobiernan sin que nadie los vote. CFK, en cambio, se reunió de igual a igual con los mandatarios democráticos de la región para combatir la desigualdad que los divos de Davos tratan de incrementar. No es casualidad que el líder del PRO haya sido el único en abrevar en esas aguas tan envenenadas.
En verdad, uno se siente más liviano sin el camionero. Porque, al contrario del rey Midas que con su toque convertía todo en oro, Moyano desluce lo que cae en su mira. De acá al 2015 dejará fuera de carrera a muchos de los presidenciables, él mismo incluido, con sus apoyos piantavotos. Tal vez se esté sacrificando para garantizar la continuidad del camino iniciado en 2003. Porque que alguien que dice representar el interés de los trabajadores pondere a los inventores y beneficiarios del neoliberalismo es una incoherencia más grande que una familia de elefantes o una estrategia K de la más enredada y perversa que pueda concebirse. Más aún cuando en los noventa combatió con energía ese modelo. O por lo menos, simuló hacerlo.
Como sea, Mauricio Macri fue el único dirigente nacional que demostró un enorme orgullo por asistir a Davos y se enojó con el resto por no compartir su entusiasmo. Claro, con su miope mirada patricia, todos están equivocados menos él, que afirma que el mundo está arrancando mientras nosotros nos quedamos estancados. Nunca aclara qué mundo está arrancando ni con qué destino. No se puede exigir demasiado a sus balbuceos. Sí es posible discernir el país que promete: uno abierto a la avidez global, pero cerrado a los derechos de la mayoría. Y aquí no hay confusión posible: de tanta sinceridad, ya resulta cínico. Después de tanto tiempo de gestión en la CABA, sólo puede engañarse quien quiera estar engañado. Alguien como él no gobierna para todos, sino para una minoría selecta y algunos invitados más que no exijan demasiado del festín.
Comparaciones odiosas, pero necesarias
 “Parece que algunos quieren hacernos comer otra vez sopa, pero además con tenedor”, comentó CFK desde La Habana, respecto a las maniobras especulativas de la semana pasada, que tenían como objetivo forzar una devaluación del peso. Juan José Aranguren, presidente de Shell en nuestro país, y el banco HSBC fueron los que pergeñaron la embestida contra la moneda nacional. Para los que no recuerden o no hayan entendido, una breve explicación. La entidad bancaria publicó en pantalla la intención de un cliente de comprar más de tres millones de dólares a $8,70 cuando su cotización estaba a menos de $7,20. El banco tenía stock y podía haber concretado ese jugoso negocio, más aún cuando la petrolera anglo-holandesa siempre opera en esa institución. Si bien no parece ser ilegal, es un intento desestabilizador.
Sólo algunos desvergonzados periodistas salieron a defender a Aranguren de las críticas de los funcionarios nacionales. Y, más desvergonzados, aún, los diputados del PRO, que presentaron en Mesa de Entrada del Congreso un proyecto de resolución para “expresar su solidaridad con el presidente de Shell”. Representantes de los ciudadanos que salen en defensa de una empresa multinacional que quiere sacar ventajas de la tensa situación cambiaria. No es la primera vez ni será la última, pero cada vez que lo hacen, duele un poco más. Porque, aunque cueste creerlo, también son argentinos y deberían defender los intereses nacionales. Tanta obsecuencia hacia los carroñeros no despierta más que asco.
Y si la situación cambiaria está tensa es porque los productores agropecuarios y las empresas exportadoras de cereales –extranjeras, especuladoras y evasoras- retienen los productos de nuestra tierra a la espera de una cotización mayor de la moneda verde. Los silos-bolsa están rebosantes. Cualquiera que haya viajado en estos tiempos habrá visto esos enormes gusanos plásticos y blanquecinos que parecen carcomer la argentinidad de los campos. Eso es individualismo, egoísmo, extorsión. Como buenos patriotas, son liberales con las ganancias pero socialistas con las pérdidas, porque, cuando hay sequía, granizo, inundaciones o cualquier cosa que amenace sus cuantiosas ganancias, lloran para obtener una compensación estatal. Y lloran cuando no reciben el combustible subsidiado. Pero, a la vez, también lloran por las retenciones y por cualquier tributo que deban rendir al Estado. Ahora, que tienen la oportunidad de devolver los favores recibidos, como bestias cebadas por la proximidad de la sangre, sonríen y babean porque creen estar cercando al Gobierno Nacional.
También las empresas formadoras de precios -tanto productoras como expendedoras- embisten contra nuestros intereses, adornando las góndolas con cifras escandalosas. Ellos, que han crecido como nunca en estos años gracias a la intervención del Estado, que inyecta recursos para fortalecer el mercado interno. Ellos, que se han beneficiado esquivando cualquier ley anti-monopólica, ante el incomprensible descuido de las autoridades correspondientes. Ellos, que también se ven favorecidos por los subsidios estatales a la energía, créditos y otras ventajas que sería largo explicar. Ellos también se quieren apropiar de nuestros ingresos.
Porque de eso estamos hablando, queridos lectores. De nuestros ingresos y de los que nos meten las manos en el bolsillo, para utilizar la metáfora de los avarientos. Combatir la desigualdad es un objetivo al que nadie se puede oponer. Para que se haga realidad, los que más tienen deben renunciar a una porción de sus ganancias. Una porción mínima, como una devolución de lo que nos han saqueado en décadas anteriores. Así de simple: que ganen un poco menos, que contengan su angurria, que piensen en el conjunto. Ya no pretenden usar una pala manual, sino una mecánica para llenar sus arcas rebosantes. Al ver que el país sigue creciendo, su avaricia se potencia hasta índices inmorales: evaden, fugan, esconden, aumentan, conspiran y explotan.
Con este recorrido se puede comprender la diferencia entre la reunión de Davos y la cumbre de la CELAC, “un proceso de integración sin precedentes”, como lo calificó La Presidenta. La primera, una orgía de ricachones que pergeñan estrategias para incrementar su vampirismo. La segunda, la conformación de un bloque político para luchar contra todas las desigualdades. Perdón, Moyano, pero no hay confusión posible, sino la diferencia entre sostener privilegios minoritarios y ampliar derechos para la mayoría.

3 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo Gustavo lo que tendría que ir implementando el gobierno es ir sacando los subsidios a algún sector que hoy se ve que no lo precisa y subsidiar a los que mas invierten en maquinarias y bienes de capital para la producción alimenticia nacional, para darle mayor valor agregados a nuestro productos. esa es mi idea para subsidiar al sector agro exportador. a los especuladores ni justicia.

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  2. Además, premiar con subsidios a los que diversifican los cultivos. Subsidiar sólo a los pequeños que cultivan soja y la mitad o nada a los grandotes. Y después, cobrar como corresponde el impuesto a las ganancias y a la riqueza.

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  3. No esperemos que sienten cabeza y entiendan que deben dejar las obscenidades que hacen como forma de especulación. Es hora que CONTROLEMOS.

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