miércoles, 26 de febrero de 2014

La inmoralidad de los poderosos


A veces parece que estuviéramos pidiendo favores. Y no es así. Por ahora, la mayoría de los argentinos quiere construir un país equitativo y para eso hay que profundizar la inclusión. En esto, deberíamos estar de acuerdo todos, salvo las malas personas. Porque –y en esto tampoco puede haber desacuerdo- quienes pugnan por la inequidad y la exclusión tienen méritos suficientes para ser considerados como escorias. Más que ideológica, ésta es una cuestión moral. Entonces, la ruindad debe ser desechada de la vida en sociedad. Ahora sí, definir cuáles son las acciones viles que se cometen a diario constituye un problema ideológico.
En principio, con vileza no estamos hablando de cualquier incumplimiento de la ley. Los ruines no son solamente delincuentes, sino mucho más. Tanto, que a veces no parecen tales. Por eso duele que estemos negociando con los empresarios para que no nos cobren tanto, que achiquen sus tasas de rentabilidad, que no remarquen con un 1000 por ciento sus productos, que no evadan ni exploten a los trabajadores. En plena democracia, les estamos suplicando que dejen de estafarnos, que concedan una tregua al saqueo, que pongan precios razonables. Lejos de aceptar las nuevas condiciones de un capitalismo amigable, con la más tierna expresión de cordero, se burlan en nuestras barbas y cobran lo que se les antoja. Y encima se lamentan como si estuviesen al borde de la pobreza. Eso no es todo: envían a sus emisarios para emporcar las paritarias, para que la opinión pública comprenda que la inflación es culpa de los altos salarios. Mentirosos. No tienen vergüenza. Por eso son viles y no merecen tan buenos modales.
Las negociaciones con Repsol han terminado bien, en apariencia. Pero, ¿no es demasiado que se alcen con 5 mil millones de dólares después del vaciamiento que han producido en YPF? Si esa empresa era apenas una distribuidora de combustible al recibir como regalo la petrolera nacional y ahora es una de las más importantes productoras. Y su crecimiento lo hemos pagado entre todos. No es el único caso. Cuando compramos cualquier cosa, estamos contribuyendo al crecimiento no sólo de la empresa a la que le compramos, sino a de muchas otras que están encadenadas. Nadie se desarrolla en soledad. Por eso, si alguno quiere cobrarnos de más, todos deberíamos sentirnos ultrajados.
En estos días se difundió el ranking 2013 de los argentinos más ricos: la suma del patrimonio de los primeros quince casi alcanza las reservas del Banco Central. Y que nadie venga a hablar de trabajo esforzado y ahorro porque en estos casos no hay nada de eso. Los hermanos Bulgheroni son los que encabezan la lista con unos 5800 millones de dólares y a eso no se llega poniendo monedas en un chanchito. Detrás de esa cifra hay años de evasión, explotación y corrupción, además de gobiernos cómplices que facilitaron las palas para llenar esas arcas. Por eso no hay que suplicarles nada, sino exigirles que contengan su avidez.
Para garantizar la continuidad
El presidente de Fiat, Cristiano Rattazzi, reconoció en estos días que “los empresarios a veces somos nocivos y a veces somos necesarios”. Extraño. Si hubiera dicho “necesarios pero nocivos”, no sería preciso analizar esta frase. O “nocivos pero necesarios”. Lo que llama la atención es esa alternancia entre la nocividad y la necesidad, no sólo como si estuviera reconociendo su peligrosidad, sino como si se ufanara de ella. Casi suena a amenaza, como si estuviera gruñendo antes de morder. El autor de estos apuntes está tentado de proponer un vacío hacia los coches que fabrica esta empresa. Pero en sus fábricas hay trabajadores que no tienen la culpa de las ruindades de su dueño y que serían los primeros en pagar las consecuencias de una caída en las ventas. Ese es el juego que explotan: necesarios y nocivos. O a la inversa.
Igual que con los laboratorios. ¿Quién pone en duda la importancia de los que pueblan las farmacias con sus productos? Pero de ahí a que se abusen de eso, ya es otra cosa. Como los yogures, los medicamentos también se presentan con variedades de fantasía para engañar a los incautos. Forte, plus, más, premiun son algunos de los motes con que adornan los productos tradicionales. Las ganancias alcanzan porcentajes escandalosos que superan el 500 hasta casi el 1000 por ciento. Necesarios, nocivos y piratas. Por eso tampoco hay que celebrar demasiado el acuerdo de precios alcanzado con ellos. No hay que agradecerles que acepten ganar el doble de lo que deberían. Ahí también se hace imprescindible que se tomen medidas para establecer costos y ganancias. Y es lo que se viene.
Y mientras estamos discutiendo un nuevo parámetro que oriente la relación entre el precio de los productos y los usuarios, aparecen los mascarones del Frente Renovador para hablar de reducción salarial. ¿No parece una obscenidad que aparezcan para instalar como salida a la inflación una reducción del 10 por ciento de los salarios? ¿No es una vergüenza que estos diputados vengan a instalar una idea que irá en detrimento de los representados? ¿Qué estarán pensando los incautos que depositaron un voto de confianza a la lista encabezada por Sergio Massa?
No sólo los exponentes del oficialismo salieron a cuestionar esta descabellada y confusa propuesta. El presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, explicó que “al Frente Renovador le molesta una economía al servicio del hombre, que pone a los trabajadores en el centro de la decisión nacional. Prefieren una economía al servicio del mercado, donde se congele el salario y se paralice el consumo”. Aunque sorprenda un poco, el senador por la UCR, Ernesto Sanz, declaró que “la variable de ajuste no debe ser el salario”, quizá con un dejo de arrepentimiento por pertenecer al partido que redujo en un 13 por ciento el ingreso de estatales y jubilados. Y Ricardo Alfonsín, con una humorada de antología, pidió a los dirigentes del massismo que “dejen a los empresarios que se defiendan solos, que lo hacen muy bien”.
Con un poco más de profundidad, la Convocatoria Económica y Social en la Comisión Nacional de Valores reunió a referentes sindicales, empresariales, culturales, políticos para realizar una lectura muy profunda de la encrucijada en la que nos encontramos y “profundizar el compromiso y la organización en defensa del pueblo argentino”. El economista e historiador Mario Rapoport sostuvo que “el dinero que necesita el país debe salir de las ganancias de las exportadoras. Son estas transnacionales las que en realidad dominan la economía argentina. Lo que se hizo hasta acá es muchísimo. Pero debemos profundizar e ir a fondo, porque los sectores externos y los locales también están dispuestos a todo”. Contra todo lo que se dice en los medios hegemónicos, en estos años de kirchnerismo la participación extranjera en nuestra economía ha crecido muchísimo. La discusión no debe pasar por la nacionalidad de los capitales sino por quién los gobierna, si su propia avidez o las autoridades democráticas.
Quizá el eje de la discusión por venir lo señaló el historiador Norberto Galasso. “Debemos unificar el campo popular –propuso- Si hay que desechar personajes que están con los intereses antinacionales, habrá que hacerlo. El general Perón nacionalizó los depósitos y el comercio de granos y, cuando tuvo que cerrar La Prensa, no le tembló la mano. Entonces, además de unificar el campo popular, se necesita audacia”.
No sólo audacia necesita un gobierno para profundizar este camino de recuperación y defensa de nuestros intereses, sino el apoyo de sus representados. En nuestras manos está decidir si los frutos del país están para el beneficio de todos o para seguir alimentando el ranking de un puñado de individuos nocivos.

1 comentario:

  1. La oposición es el elemento primordial para que la democracia funcione. Desgraciadamente, en nuestro país se ha transformado en uno de los mayores desquicios que haya vivido en toda mi vida.
    La oposición es el punto que más desaliento en el proyecto de país que imagino, Hoy a lo escuché a Richi y pensé que si el papá se levantara, lo cagaría a patadas e iría a preguntar a los docentes que lo tuvieron de alumno, que carajo le enseñaron.
    Los argentinos en oposición son peores que las patotas barrabravas.
    Saludos y continuá tus apuntes... algunos son excelentes, pero todos son esclarecedores.
    Oscar

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