sábado, 29 de marzo de 2014

Más cacareos para este boletín


¡Ofendidos! Los diputados radicales están ofendidos porque el FPV votó en contra de la presidencia de Cobos en la Comisión de Educación de la Cámara Baja. Más allá de la traición que convirtió en historia con esa ridícula expresión –el voto no-positivo- ¿qué méritos tiene en educación el mendocino más que el haber publicado un folleto con sus propuestas electorales? Alguien dirá: Del Sel ocupa la Comisión de Cultura y nadie protesta. Pero el ex Midachi irrumpe en el segundo lugar, no en el primero, lo que ya es bastante grave. No se rasguen las vestiduras por un monigote. Un poco de seriedad, por favor. Además, no merece un lugar de prestigio quien puso en riesgo la institucionalidad del país al transformarse en un vicepresidente opositor, cuando el voto popular lo coronó por el oficialismo. Ojo por ojo, voto no-positivo por voto no-positivo. Un poco exageradas las expresiones de Mario Negri, el jefe del bloque radical, al decir que  “el oficialismo ha puesto en crisis la relación parlamentaria”. Ellos ponen en crisis al parlamento con estas patéticas escenificaciones. Como están dispuestos a adelantar la campaña, hacen cualquier cosa para inspirar un titular, aunque después terminen tan desechados como Elisa Carrió.
 Titulares que no necesitan inspiración porque, en sí, son muy creativos. Día a día, desde los diarios y programas de radio y televisión bombardean con estiércol la cabeza de sus tercos seguidores. Ahora, ante el rediseño del sistema de subsidios para los servicios públicos, no hacen más que hablar de tarifazo, cuando es una medida que, desde hace un tiempo, venían reclamando. Parece mentira tener que aclarar estas cosas, pero una tarifa aumenta cuando pasa de 50 a 100 pesos, por ejemplo, y no cuando permanece en la misma cifra. Lo que pasa es que ahora deberán pagar la factura completa aquellos que puedan hacerlo. Y si quieren pagar menos –recibir el subsidio- deberán racionalizar el consumo. Que no quiere decir que no usen energía eléctrica, gas o agua sino hacerlo con un criterio más solidario, sin desperdiciar.
A pesar de la claridad de la medida, Clarín gasta tinta en afirmar que “la presidenta Cristina Kirchner justificó esta tarde las fuertes subas en las tarifas de agua y gas, al tiempo que aseguró que no tienen nada que ver con un tarifazo". Esto es confundir, manipular, alarmar, horadar. Esto no es informar, si no mentir. Lo que hacen a diario en esos medios es un pisoteo a la libertad de expresión y una mutilación de la opinión pública. Quienes consumen sus medios quedan desencajados ante una realidad que los desmiente; ante un estado de desánimo artificial, de desconfianza permanente, de menosprecio hacia el otro. Pero además, deben padecer de un extravío mental crónico al absorber las contradicciones que difunden los hacedores mediáticos en su empecinada oposición.
La madre de todas las batallas
Hasta se escandalizaron con una de las expresiones usadas por La Presidenta en el contexto del anuncio. "Yo me siento un poco la madre del país, la madre de todos los argentinos y realmente es muy grande el esfuerzo que estamos haciendo". Ansiosos por desterrar al kirchnerismo para siempre, apelan al absurdo para instalar al candidato que mama de la Teta Imperial, el diputado Sergio Massa, un predicador de la no-política que promete un futuro edulcorado y armónico, con mieles, mieses y sin conflictos. Con esta estrategia de sobre exposición, lo único que lograrán es desgastar su artificial imagen, porque no tiene mucho más para ofrecer que los almibarados aforismos con que satura sus apariciones.
Desde un tiempo a esta parte, no hacen más que demandar medidas que, una vez aplicadas, se convierten en blanco de sus envenenados dardos. Desde los primeros días de este año, la idea del atraso cambiario y la apología del dólar blue –el de los especuladores y evasores- comenzó a poblar el contenido de estos medios. Después, cuando se produjo la brusca devaluación que frenó el intento de golpe económico, se abrazaron a la idea del ajuste encubierto. Una vez agotada la patraña, retomaron las predicciones inflacionarias que más que informativas resultan prescriptivas, como consejos de remarcación compulsiva para que todo estalle. También se acordaron de las reservas y el gasto público, de la emisión y de nuestro aislamiento del mundo. No se puede negar que sus tretas son ingeniosas, pero ya ineficaces: apenas doscientas personas lograron juntar en el último cacerolazo de mediados de mes.
Ahora están felices porque pueden hablar de un tarifazo: la excusa perfecta para despertar el encono de su desinformado público. A pesar de que los funcionarios nacionales se preocuparon por advertir que no va a afectar a los sectores de menores ingresos, igual siguen anunciando el futuro infierno para todos y todas. Aunque desde el oficialismo aclararon que la incidencia en los precios será mínima, anticipan una inflación galopante como una de sus consecuencias. Por más que se aclare, se explique, se grafique, se demuestre, seguirán apelando a su nefasta retórica para recuperar el timón del país que han fundido tantas veces en su exclusivo beneficio.
Ahora el gobierno propone el ahorro y ellos hablan de ajuste. Todos los que tenemos más de veinte años cargamos en nuestras espaldas los peores ajustes, vestidos de gala como ‘reducción del gasto’. Muchos evocarán la vocecita del ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, anunciando el nuevo sacrificio de los cada vez más excluidos. El salario y las jubilaciones se achicaban mientras las ganancias de unos pocos seguían creciendo. Eso es un ajuste. En cambio, lo que desde esta semana se aplica es un procedimiento inverso, por el que pagarán más los que más ganan y consumen. Una redistribución de los recursos y una promoción del ahorro energético.
Con esta novedad, la reducción en un 20 por ciento en los subsidios a los servicios se convertirá en un incremento de la AUH y el plan Progresar.  Los que más tienen pagarán un poco más para que los que menos tienen padezcan un poco menos. Así debe hacerse la redistribución para alcanzar mayor equidad. Una mirada solidaria que garantiza futuro. Tal vez éste sea un primer paso para profundizar el camino hacia la gran batalla: una reforma tributaria que aplaste un poco más la pirámide social.
En otros tiempos, cuando un ministro anunciaba un recorte, sabíamos que de una pequeña crisis pasaríamos a una crisis mayor. De estar mal a estar peor. “Estamos mal, pero vamos bien”, una de las cínicas frases del Infame Riojano. ¿Quiénes estaban mal en los noventa? ¿Para quiénes iban bien las cosas? El re direccionamiento de los subsidios de hoy no es una muestra de que estemos mal, sino todo lo contrario.
El último informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) indica que los planes sociales aplicados en nuestro país lograron “prácticamente erradicar” la extrema pobreza y la desnutrición. Así, los índices de subalimentación se ubican por debajo del 5 por ciento, lo cual sigue siendo mucho en un país que tiene una enorme capacidad productiva. Eso sí, estamos muy lejos de aquel 50 por ciento por debajo de la línea de pobreza con que inauguramos el nuevo siglo.
A pesar de lo que vomiten desde los medios opositores, la distancia que nos separa de diciembre de 2001 supera los 13 años. Aunque los economistas del establishment y los políticos que aspiran a la banda presidencial intenten convencernos de que estamos en el peor de los mundos, los hechos los desmienten día tras día. Tanto unos como otros intentan destruir lo que jamás podrían construir. Pero no pueden hacer otra cosa, porque están empantanados en el barro que ellos mismos fabrican. Mientras tanto, el resto, seguiremos transitando por esta sólida vereda que nos conduce al país con el que, desde siempre, hemos soñado. Y, muy de a poquito, el sueño se está haciendo realidad.

jueves, 27 de marzo de 2014

Bailarines de la oscuridad


Mamarracho, pavote, sinvergüenza. Algunos de los muchos calificativos que recibió el dirigente gremial Luis Barrionuevo después de los improperios dirigidos al ex presidente Néstor Kirchner. Y resulta insuficiente. Porque es cobarde referirse de esa manera hacia alguien que no puede defenderse. Aunque si éste fuese el único elemento de crítica, no podríamos hablar de muchos personajes de la historia. Los dichos de Barrionuevo son repudiables no sólo por la manera, sino por su contenido. Acusar a Kirchner de robar “seis o siete mil millones de dólares” supera el absurdo. Una cifra tan imprecisa como insostenible. Una fortuna que convertiría a sus descendientes en los más ricos del país. Y no lo son, aunque recursos no falten. También, las declaraciones de Barrionuevo son inoportunas. En el contexto de la conmemoración por el Día de la Memoria, suena a pisoteo a la democracia su comparación con la dictadura. “Los milicos chorearon, robaron, mataron –explicó el gastronómico- pero en nombre de los derechos humanos este Gobierno fue el que más robó”. Una frase que sintetiza su nula catadura republicana y su falta de respeto a las víctimas de la dictadura. Y con respecto a su personalísimo ranking, vale aclarar que gran parte de la deuda que estamos pagando se generó durante el sangriento proceso cívico-militar y se acrecentó en los sucesivos gobiernos democráticos. Cifra destinada más a engrosar cuentas particulares que al beneficio colectivo.
Más allá de estas burradas, es indudable que Barrionuevo es un personaje pintoresco, además de despreciable. Y, aunque no sean ésos sus fines, hasta resulta divertido. Sus brutales expresiones, como la ya famosa “se cagó muriendo”, indican un desprejuicio, una incorrección, una impunidad que rozan lo paródico. Como un adolescente envejecido, siempre transgrede los límites de la peor manera. Pero, como si fuera Minguito –el inolvidable personaje de Juan Carlos Altavista-, aunque sin su ternura, ostenta una insuperable enemistad con el lenguaje. ¿Por qué dijo “ávaro” y no avaro? Tal vez un sutil juego verbal entre avaro y ácaro, esos diminutos parásitos que pululan por todos lados. ¿O lo habrá pronunciado en algún idioma desconocido?
Una vez analizadas las partes principales de sus recientes declaraciones, cabe una pregunta –entre muchas- fundamental: ¿quién se sentirá representado por alguien así? Y después de ésta, pueden aparecer otras, porque, como todo dirigente, debe orientar a sus dirigidos. Entonces, ¿hacia dónde los dirige? Empecinado en brindar su apoyo al Frente Renovador, destinó unos provocativos piropos hacia su líder. “Massa es la frescura, la inteligencia, la capacidad, la fuerza –explicó- Creo que está en condiciones de ser presidente”. Una última pregunta, para no saturar: ¿por qué un dirigente gremial o un legislador puede estar atornillado a su cargo de por vida y se hace tanto escándalo con la re re-elección presidencial? Más aún cuando los primeros defienden intereses muy lejanos a los de sus representados y la sabiduría brilla por su ausencia.
Paro y a la bolsa
Si Barrionuevo sale a la escena es para exhibir un protagonismo que no tiene. Tal vez esté exigiendo un papel trascendente en el nuevo gobierno con el que sueña para el año que viene o esté mostrando su capacidad de daño, por si pretenden dejarlo afuera. En realidad, no es el único que sueña con un nuevo escenario en el que el establishment vuelva a gobernar al antojo de sus intereses. Y personajes como éste resultan funcionales a una puesta en escena que parezca un caos, a falta de una crisis real. No es el único. Hugo Moyano es otro dirigente gremial que encarna el simulacro en defensa de los intereses de los trabajadores, cuando lo único que quiere es que el Gobierno Nacional desbarranque. Juntos le pusieron fecha a un paro, más para tender una alfombra roja al diputado Sergio Massa que para conquistar la equidad. Una protesta ante “los oídos sordos del Gobierno”, Barrionuevo dixit. Un día en que “no se va a mover una mosca”, agregó. Aunque es en contra del ajuste del Gobierno, no se atreven a convocar a acto o marcha alguna, por temor a quedar una vez más en ridículo.
El Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich consideró que “los actores sindicales también juegan un rol político, que pretenden establecer una estrategia de oposición al Gobierno promoviendo un paro”. En cierta manera, todos los actores de una sociedad juegan un rol político y eso no tiene nada de malo. Lo nefasto es que disfracen sus ambiciones de preocupación por los que menos tienen. Lo incomprensible es que no dirijan sus dardos hacia los que verdaderamente están expropiando el salario de los trabajadores: los empresarios que ganan fortunas poniendo los precios más desencajados en los productos que nos ofrecen.
El éxito del programa Precios Cuidados no pasa tanto por abaratar nuestra mesa, sino por dejar al descubierto las gigantescas ganancias que obtienen los actores de la cadena de comercialización. También pone en evidencia que esos exponentes del Poder Económico no son confiables, porque son incapaces de cumplir con un acuerdo por ellos firmado. Y esto lo hacen no por imposibilidad, sino por impunidad. En cierta forma, al esconder mercadería, al remarcar de manera atroz sus precios, al maltratar a sus clientes no hacen otra cosa más que provocar una reacción por parte de la Secretaría de Comercio. Lo que están esperando es una clausura, aunque sea de una hora, para convertirla en la piedra del escándalo, en un ultraje a la libertad de mercado, en la evidencia del gobierno autoritario que han denunciado siempre. Si no cumplen con lo firmado es para inspirar el titular agorero que tanto alarmará a la parte más timorata de la clase media. Y, de paso, incrementar sus ya desbordadas arcas.
En los últimos tiempos, una seguidilla de sucesos artificiales parece sugerir un movimiento de pinzas multisectorial que tiene como objetivo desestabilizar la institucionalidad y forzar una salida anticipada de CFK. Quizá por eso las distintas fuerzas de la oposición ya están practicando sus habituales danzas aliancistas, buscando los más atractivos nombres para sus pegotes no-políticos.
Una vez más, deberemos apelar a la paciencia, sin dejar de observar con atención sus patéticas escaramuzas. En estos años, hemos aprendido muchas cosas y esta vez no nos podrán tomar por sorpresa. Ese sentido común que defienden aporta explicaciones que ya pierden sentido en este camino de logros que hemos emprendido. Y encima, disputan un electorado reducido que sólo basa sus decisiones en prejuicios y chimentos que muy lejos están de ser información. Con este panorama, debemos estar tranquilos. Las máscaras siguen cayendo y permiten ver los rostros de los que nada saben de construcciones. Esos que, desde cómodas oficinas, acumulan fortunas cuando todo se incendia. Final del f

lunes, 24 de marzo de 2014

Una memoria que no es sólo pasado


En un día así, imposible evitar las lágrimas. Las que sean. Por dolor, por nostalgia, por emoción. De alegría, ¿por qué no? La felicidad de un día como éste, un nuevo Día de la Memoria, en libertad, en democracia, en colectivo. Nuestra sonrisa es la mejor arma para desarmar a esos personajes oscuros que intentaron someternos. Y que todavía lo intentan, vale advertir. Todos en la calle celebrando este día sin luto, sino con colores, saltos, bailes, cantos es lo único que los puede desalentar. No es un velorio de 38 años, sino una fiesta para siempre. No nos deben quitar esto, aunque las historias detrás de esta fecha sean dramas demoledores. Detrás de la muerte que ellos intentaron sembrar, ahora hay más vida que nunca. Si en la tapa de La Nación no aparece nada sobre esta fecha, mejor, así sabemos a quiénes debemos dejar en el camino. Y si Clarín plantea los actos como una disputa entre oposición y Gobierno, será porque insisten en desunirnos. La memoria de un pueblo no es la imposición de unos pocos sino una construcción entre todos. Los que no saben nada de esto, esta vez sí deberán quedar afuera, porque han hecho mucho daño en el pasado. El futuro no puede estar amenazado por esos carroñeros empecinados en apropiarse de lo que es nuestro.
Por si alguno está confundido, no celebramos el Golpe como una reivindicación de ese quiebre institucional ni sus consecuencias. Esta fecha es la reafirmación de lo que estamos viviendo. Algunos pueden recitar un rosario de quejas infundadas para denostar este camino, como el famoso cartelito de la Juventud Radical. O reciclarán viejos métodos de desestabilización, como el incremento desaforado de los precios o el ocultamiento de la mercadería. O apelarán a viejas fórmulas para reforzar sus simulacros de lucha, como las inadmisibles amenazas de Roberto Baradel. Otros, guiados por la corrección política, apelarán a frases convenientes para salir del paso, hablarán de la guerra y de los dos demonios, que algo así no se debe repetir pero hay que mirar hacia adelante sin revanchismos. En fin, todas las sandeces inspiradas por la hipocresía o por el miedo. Discursos de ocasión para engañar a los incautos.
La historia no es un adorno de los programas de estudio sino que debe convertirse en la sangre que corre por nuestras venas. Nuestro presente exige el pasado para que el futuro tenga sentido. Sentido como significado, pero también como dirección, para que no fracasemos otra vez por culpa del extravío. Si este Día de la Memoria se celebra como una Fiesta, es porque se ha convertido en la brújula de nuestros pasos 
El desafío de gobernar el futuro
A pesar de todo lo que se ha batallado para la construcción de la memoria colectiva, sólo 6 de cada 10 argentinos consideran que el golpe de estado de 1976 era injustificable. Deberían ser más, por supuesto. Algo ha fallado o algo ha tenido éxito. Y más preocupante, todavía. Un 54 por ciento acuerda con la frase “la peor democracia es mejor que una dictadura”. El estudio de CEOP, dirigido por Roberto Bacman, revela que el esfuerzo realizado para transmitir nuestra historia reciente no ha dado los resultados esperados. ¿O será quizá que tanta prédica agorera ha logrado horadar la comprensión histórica? ¿O que sea más importante el desprecio al kirchnerismo que el repudio a la dictadura cívico-militar?
También puede ser que a ese porcentual de argentinos no les parezca tan importante la distinción entre dictadura o democracia mientras puedan vivir en paz. Quizá consideran las angustias que hemos padecido como un castigo divino o una inclemencia climática y no como el resultado de un plan para apoderarse de nuestras riquezas. Entre los documentos hallados en el Edificio Cóndor en noviembre pasado, hay elementos que permiten reconstruir el proceso de elaboración de dos leyes esenciales para el modelo económico que pensaban aplicar. La Ley de Inversiones Extranjeras y la de Entidades Financieras permitieron la concentración y extranjerización económica que todavía estamos padeciendo. Este hallazgo es la prueba de que empresarios y banqueros no han sido sólo colaboradores o beneficiarios de la dictadura, sino sus mentores.  
Contra ésos que afirman que se debe dejar atrás el pasado, muchos de esos instigadores todavía siguen disfrutando de sus fortunas conquistadas a costa de tanto dolor. Mientras sigan en libertad, el Día de la Memoria se convierte en una lucha por el presente, no por el pasado. Mientras conserven todo su capital mal habido, tendremos condicionado nuestro futuro, porque parte de lo que ellos ostentan en sus arcas es la deuda que todavía estamos pagando.  
Esto es lo que muchos argentinos todavía no comprenden: que la disyunción no es democracia o dictadura ni pasado o presente. El desafío de estos tiempos es consolidar una democracia donde las corporaciones no tengan espacio. Porque son los grandes grupos económicos los que impiden la gobernabilidad en gran parte de los países del planeta. Esos personajes que nadan en sus riquezas son los que mueven las piezas de un mundo convulsionado, con sus guerras y golpes que no buscan la paz sino una garantía para incrementar sus ganancias.
Nadie los vota, pero son ellos los que gobiernan. Y los que siempre triunfan. O triunfaban, porque ya los hemos descubierto. Con estas marchas y festejos los nombramos, los aborrecemos, los acusamos. Esos que se escudaban en las sombras, detrás de las botas, hoy diseñan un universo a su medida desde los medios de comunicación, un sentido común cerrado donde algunos se sienten cómodos. Un sentido común que puede triunfar otra vez si dejamos de insistir con la construcción colectiva de la memoria histórica. Y ya sabemos que cuando ellos triunfan, los demás nos hundimos. Esta vez no será así. Porque ahora sí sabemos quiénes son, lo que quieren y cuáles son sus estrategias. Por eso vivimos la memoria como la mejor de las fiestas.

sábado, 22 de marzo de 2014

Un cartelito para el olvido


Los jóvenes del radicalismo pegotearon un afiche que indigna. Indigna y avergüenza. Una chicana barata, innecesaria, irrespetuosa. Aunque convocan a través de él a marchar por el Día de la Memoria, el mensaje suena muy desmemoriado. Un fondo de Presidenta con una leyenda superpuesta: "¿qué hiciste por los derechos humanos últimamente?" y debajo, como una lista de súper, "51 muertos en Once, persecución a los Qom, apoyo a la represión venezolana, Milani". Difícil responder a tanta bajeza sin caer más bajo. Las pericias sobre la tragedia de Once indican que todo funcionaba bien menos el conductor, por lo que los 51 muertos no formaron parte de la voluntad del Estado. En cambio, en 2001, 39 personas murieron por decisión de Fernando De la Rúa, un histórico radical, vale aclarar. Si hay algún problema con algún grupo perteneciente a los Qom, la responsabilidad es de la policía de Formosa o de Chaco y no del Gobierno Nacional; basta recordar que en esas comunidades, el oficialismo recibió más del 60 por ciento de los votos. En su discurso inaugural de este año, CFK aclaró que no apoyaba al presidente Nicolás Maduro sino a la convivencia democrática en Venezuela, algo muy diferente de apuntalar una represión. Represión extraña, que ha causado más muertes en las filas del chavismo en manos de los golpistas. Y el nombramiento de Milani está en suspenso, a la espera de la decisión de la Justicia. Además de amnésicos, los autores de la pegatina están desinformados.
Entonces, ¿de qué están hablando los muchachos radicales? ¿Qué clase de crítica –es un decir- están practicando con esos afiches? Si bien los Derechos Humanos no son patrimonio exclusivo del kirchnerismo, en estos once años tomaron una dimensión diferente, tanto los relacionados con delitos de Lesa Humanidad como los más elementales. Apenas asumió Néstor Kirchner, se derogaron las llamadas leyes del perdón, aprobadas durante el gobierno de Alfonsín y se anularon los indultos impuestos por el Infame Riojano. Pero también dejó un símbolo para la posteridad: los cuadros descolgados. Y como nunca se impulsaron los juicios para que los genocidas terminen sus vidas en una cárcel común. Si la justicia no fuera tan lenta –o timorata- muchos civiles estarían compartiendo celda con sus servidores de uniforme.
Respecto de los otros derechos, los básicos -el alimento, la vivienda, la educación, la salud- en estos años ha habido un avance enorme para que muchos argentinos puedan vivir con dignidad. ¿O acaso son tan chiquitos los purretes radicales que no recuerdan que De la Rúa dejó a más de la mitad de la población por debajo de la línea de pobreza? ¿O no les contaron que ese mandatario se escapó en helicóptero después de haber dejado a nuestro país en una situación económica y social catastrófica, la peor crisis de la historia?
Más Memoria en construcción
En noviembre del año pasado, el Ministro de Defensa, Agustín Rossi anunció el hallazgo de más de 11 mil actas de la dictadura en un sótano del Edificio Cóndor, sede de la Fuerza Aérea. Esa documentación servirá como prueba irrefutable para demostrar la complicidad civil en esos nefastos hechos que todavía necesitamos construir. O, con mayor precisión, más que la complicidad, la instigación. Porque el Golpe de Estado de 1976 no fue la decisión de un grupete de alocados militares inspirados por una alucinada visión para salvar a la Patria, sino el primer paso de un plan para instalar un modelo económico para beneficiar a unos pocos. Los excluidos debían ser sometidos o exterminados.
Después de tan importante anuncio, Rossi encargó a un equipo técnico la sistematización, clasificación, restauración y digitalización de ese material. Aunque el trabajo tenía un plazo de seis meses, cuatro meses después ya está listo para ser consultado por quien lo necesite. Para el que no sepa hacer números, lo que estaba pensado para concretar en seis meses, se hizo en cuatro. Para los autores del afiche de la desmemoria, en un tiempo menor al que se había prometido. ¿No es eso un compromiso con la recuperación de la Memoria y, por tanto, con los Derechos Humanos? ¿No debería estar esto incluido en ese ‘últimamente’ que reza el cartelito de los jóvenes radicales?  
Por si estos muchachos tan desorientados como sus dirigentes no recuerdan, el 24 de marzo se ha convertido en feriado por sugerencia de los Organismos de DDHH y por iniciativa del kirchnerismo. Gracias a esta decisión, el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia permanece en rojo en el calendario para que ningún personaje sombrío lo quiera condenar al olvido. Porque todavía hay muchos que insisten en echar tierra sobre este asunto, por más que sorprenda. Esos hipócritas y criticones quieren que viudas, madres, hijos, abuelas permanezcan llorando en el rincón más olvidado de una casa y no marchando en la Plaza, con la enorme alegría de construir futuro. Esos adoradores del pasado quieren que la ESMA sea un cementerio y no un espacio en el que se construye Vida. Mientras sigan existiendo personajes así, el Día de la Memoria debe permanecer como feriado, no sólo como un espacio de reflexión, que necesita soledad y silencio, sino como una jornada de lucha colectiva. Y si hay lágrimas, que sean de emoción y no de tristeza. Emoción y alegría por la convicción de que ese golpe ha sido el último.
¿Qué buscan con ese afiche, más que dar por tierra con una construcción de años? ¿Qué plan tienen para construir el país si eso es lo único que pueden aportar? ¿Qué idea de unidad quieren sugerir con los nombres de fantasía que buscan para sus alianzas si lo único que proponen es la disolución? ¿Son realmente jóvenes los que elaboraron ese cartelito o son los vejetes de siempre con maquillaje que, más que radicales, son sumamente conservadores?
Aunque vayan a la Plaza, con esas ideas quedarán en soledad, mascullando la impotencia de no poder dirigir a un colectivo porque no comprenden lo que es eso. Podrán ser muchedumbre, pero no pueblo, mientras no vislumbren que –con esas tonterías- forman parte de ese Círculo Rojo que tanto daño nos ha hecho. Y si no forman parte, al menos son funcionales a sus intenciones de volver a apoderarse del destino del país. Más allá de la libertad de expresión, ese afiche no debería siquiera haberse pensado. Cada vez están más lejos del futuro porque a cada paso retroceden.

jueves, 20 de marzo de 2014

Como bestias desaforadas


Mientras Mauricio Macri y Sergio Massa guardan un bochornoso silencio respecto al tema de Malvinas, Lanata y sus columnistas analizan -por telepatía, una vez más- la psiquis de La Presidenta. Un esguince de tobillo es más crucial que las preferencias del ministro británico para negociar la devolución de las Islas. Seguramente, los primeros enmarcarán las declaraciones de Hugo Swire para decorar sendos despachos. En cambio, Cristina se reirá mucho al leer que el psicólogo Eduardo Chaktoura considera que “las torceduras hablan sobre personas que resisten; hablan de rigidez, de falta de flexibilidad”. En un colectivo, dos hombres de más de sesenta hablan de política. Uno dice: “hace unos días le echaban tierra y ahora le chupan las medias”, en referencia a la reunión del Papa con CFK. ¿Cómo no van a llegar a semejante conclusión con la información que reciben desde los medios hegemónicos? Pronósticos apocalípticos, análisis alarmantes, mentiras disfrazadas de noticias y delirios presentados como opiniones. Ya no quedan dudas: esos medios y su público se retroalimentan con prejuicios para malograr el universo de lo cotidiano. A esta altura de la vida, si las tapas no estuvieran pobladas de titulares agoreros, los lectores dejarían de apoyarlos. Un círculo vicioso que cada vez es más cerrado, más pequeño, más nocivo, más agónico.
Una minoría que se siente satisfecha con el sentido común que les han construido. Y creen que son portadores de un pensamiento crítico, cuando en realidad, sólo arrastran un amasijo criticón. Porque ese sentido común al que se abrazan los conduce sólo a desconfiar, a despreciar, a despotricar. Claro, si los autores de los libelos que consumen se esfuerzan para convertir cualquier hecho en una mala noticia y de culpabilizar a La Presidenta con las tramas más descabelladas. Descolocados por la relación entre Francisco y Cristina, hacen hincapié en el esguince. Desmentidos por la convocatoria al acuerdo con el Club de París y el apoyo del presidente francés, François Hollande, sólo se preocupan por el hotel en el que se alojó y las inconsistentes quejas de Ricardo Piglia. No saben cómo disimular la bronca, la envidia que les da la atención que prestaron los dos Franciscos a Nuestra Presidenta.
Medios y público gozarían como en vacaciones si el IPC de febrero hubiese rasguñado el 4 por ciento, pero, como no llegó al 3,5, mascullan todo el estiércol que, desde hace unos años, acumulan en sus entrañas. Y vuelta a poblar tapas y pantallas con los peores deseos con formato periodístico. Entonces, exhiben índices alucinantes sacados de la galera de operadores financieros disfrazados de objetivos analistas económicos. En un extremo del absurdo, se enojan con los hechos porque no suceden como ellos quieren. En lugar de la republiqueta decadente que ellos dibujan, se encuentran con un país soberano que se levanta de a poco para avanzar hacia un horizonte de equidad.
La batalla por los precios
Lejos de contar las cosas que ocurren desde su punto de vista, van más allá de cualquier teoría de la comunicación y esquivan toda coherencia para pintar un escenario caótico. Como ya no soportan al Gobierno Nacional, intentan adelantar su salida. Esas intenciones se les escapan cada vez que abren la boca, como al presidente de la Sociedad Rural, Luis Etchevehere, quien, en el programa de Grondona, solicitó al próximo Gobierno que elimine las retenciones en junio del año que viene. El pez por la boca muere: para ese entonces, recién nos estaremos preparando para las primarias. El nuevo mandatario estará en condiciones de tomar alguna medida recién después del 10 de diciembre de 2015. ¿O será que los miembros del círculo rojo están pergeñando algún plan para acelerar los tiempos?
Después de las elecciones legislativas, intentaron convencernos de que el oficialismo había sido derrotado, a pesar de haber resultado la fuerza política más votada en todo el territorio nacional y obtener una mayoría cómoda en las dos cámaras del Congreso. Como eso no les resultó, instalaron la idea de la transición, aunque falte un año y medio para las PASO. Ansiosos como a la espera de un parto, alientan los licuados de la oposición para que los equipos estén preparados. Anhelantes ante una agonía que nunca llega, aprovechan cualquier resquicio para profundizar una grieta que les permita desestabilizar al Gobierno y hundirlo para siempre, sin importar el daño que puedan ocasionarnos.
Si se quejan por el nuevo número del INDEC no es porque estén preocupados por nuestro bienestar sino porque la inflación es el tema preferido para golpear. Y no hablan de eso para buscar una solución, sino para acrecentarla con sus pronósticos y rumores; para sembrar de malhumor a los pobladores que todavía confían en sus dicterios; para convocar a la tropa empresarial a nuevos incrementos injustificados de precios. Si recorren supermercados no es para denunciar los abusos sino para escenificar un fracaso.
Los supermercadistas también tienen lo suyo. Ellos contribuyen con su avidez a generar el clima de desconcierto que tanto los beneficia. Ellos buscan la manera de eludir el acuerdo firmado, esconden mercadería, inventan normas caprichosas, estafan a sus clientes. Pero la lógica de antaño ya no hace tanta mella en el pensamiento de muchos ciudadanos. Muchos hemos comprendido que los precios no los pone Cristina, sino los empresarios que quieren apropiarse de parte de nuestro salario para incrementar sus ganancias. En los primeros dos meses del año aumentaron los precios a cuenta de las devaluaciones futuras. No sólo en los supermercados, sino en toda la cadena de producción y comercialización. Aunque pueda sonar paranoico, están generando el caos. O peor, están provocando la reacción.
A pesar de los subsidios, de las advertencias, de los consejos, algunos quieren ganar mucho con poco esfuerzo. Para ésos, conviene más un mercado interno pequeño, reducido, privilegiado, antes que uno ampliado y creciente. Algunos prefieren vender diez productos a veinte que veinte a diez. Por eso no invierten, no amplían su producción.
El Equipo Económico deberá tomar medidas más enérgicas para frenar estas dentelladas. Las sanciones sólo parecen cosquillas y siempre hay jueces dispuestos a salir en defensa de los intereses corporativos. Las clausuras que dispone la Ley de Abastecimiento pueden beneficiar el clima belicoso que proponen, además de perjudicar a los empleados. La difusión de los Precios Cuidados está concientizando a los compradores, pero no es suficiente. La Secretaría de Comercio está sumando a nuevos actores en esta cruzada, como los negocios de proximidad y las empresas familiares y cooperativas. Para consolidar este modelo de distribución de bienes, el desafío de este año es expandir los beneficios del Mercado Central y llegar a todas las ciudades del país. Y nosotros, los compradores, también tenemos un desafío: empezar a dar la espalda a los grandotes que quieren apropiarse del contenido de nuestras billeteras.

martes, 18 de marzo de 2014

Jugar con los miedos

    A veces, parece una batalla perdida. Más aún cuando un oficialista se suma a los argumentos opositores. El diputado nacional Martín Insaurralde afirmó que su novia, Jésica Cirio, se mudó a Puerto Madero como consecuencia de la inseguridad. No sólo por los vericuetos que dispone el amor, pero el muchacho cayó en la trampa. Tanto su novia como él –y cualquier ciudadano que disponga de recursos- puede vivir en donde quiera, en un barrio cerrado, en un búnker o en una maqueta de cemento y vidrio. Pero la justificación que dio para el traslado a esa capital dentro de la Capital, huele a traición. O a torpeza política, cuanto mucho. Imprudencia, por lo menos. Porque de esta manera, se suma al manejo superficial y marketinero de un tema que la oposición está usando como ariete para desgastar toda legitimidad. ¿O será que las siliconas también afectan el cerebro del acompañante? Podría haber dicho algo más astuto: por la proximidad del poder, por la posibilidad de negocios, por la calidad visual o por simple careteada. Pero entregar este suculento bocado a las hordas opositoras puede provocar la decepción de muchos de sus votantes.
La inseguridad es un tema al que todavía no le encontramos la vuelta. No pensado como los hechos delictivos que ocurren, sino como tópico, como consigna fácil para conmover a las multitudes. Además, un solo hecho la confirma porque es un término absoluto. Un episodio se multiplica con forma de titulares a tal punto que el espectador teme por el delito ocurrido a muchos kilómetros de su casa. El kirchnerismo intentó contrarrestar el efecto de los medios instalando la idea de la sensación de inseguridad, una estrategia habitual de los medios de comunicación. Pero la eficacia de los comunicadores agoreros, el prejuicio timorato y presentación con forma de sentencia de la palabra de las víctimas construyen un clima difícil de contrarrestar. Quizá por eso lo de sensación de inseguridad sólo recibió la burla, la mofa, el escarnio.
Expresiones como “con todo lo que está pasando” o “no se puede salir a la calle” conmueven por su ingenuidad, pero parecen indestructibles. Ante el mero intento de argumentar, comienza la enumeración de casos aislados, distantes y disímiles, aunque sabiamente mezclados y dosificados por las cadenas del desaliento. La idea de la sensación no niega los hechos, sino que intenta romper con la seguidilla, la amplificación, la epidemia incontrolable. La sensación trata de diferenciar el clima catastrófico que se construye desde las pantallas con la experiencia cotidiana que se vive en cada territorio. Una víctima padece un hecho real, indiscutible, lamentable. El espectador vive un drama mediatizado, reiterado, universalizado. Y sobre todo, presentado de tal manera que la única solución es el linchamiento exprés, el ajusticiamiento inmediato, la aniquilación perpetua del vector inadaptable. Y lo que exigen los vulnerables a tan malsanos mensajes es que La Presidenta y su equipo garanticen que no nos pase absolutamente nada, lo cual es imposible. Por eso parece que están ganando esta batalla.
El desafío de la inclusión
Con el escandaloso nivel –bajo, por supuesto- que adoptaron los opositores respecto al proyecto de código penal, el horizonte de un debate serio y responsable parece muy lejano, tanto para afrontar el problema en sí como para estructurar el espectro de lo punitivo. Pensar que un equipo de expertos elabore un proyecto de código para empeorar la situación resulta no menos que canallesco. Nadie quiere premiar, perdonar o liberar al que delinque. Afirmar esto es hacer trampas. Si durante noventa años el castigo ha acrecentado –de manera no tan alarmante como parece- la comisión de delitos, hay que considerar otra solución.
Ante los individuos que deciden incumplir la ley para perjudicar a otros, el Estado puede optar por dos caminos: aislarlo de la sociedad para que no moleste o reeducarlo para su inserción. La dimensión más humana está en la segunda opción porque contiene la posibilidad de comprender el porqué de tal extravío. Sin dudas, en un país que ha construido durante décadas un sistema de exclusión de una parte importante de la población, no es extraño encontrarnos con situaciones de extrema violencia. Claro que no hay que estigmatizar a las personas sumidas en la pobreza, pero la situación en que se encuentran puede ser adecuada como caldo de cultivo. Sin embargo, también existen delitos cometidos por sujetos que no han tenido esas condiciones de vida, sino otras muy distintas. ¿O acaso la especulación y la evasión –delitos millonarios- son acciones cometidas por los menos beneficiados?
¿No indigna que lo único que se considere delito grave sea el robo cometido por un villero y no las trampas a las que apelan los ricachones para enriquecerse más? ¿O que despierte más piedad un agrogarca que se lamenta porque debe pagar retenciones o cualquier otro tributo que un muchacho que tiene que recurrir al delito para sobrevivir? ¿O que se pida cárcel de por vida para un adolescente que roba un maxi kiosco y un pack de privilegios exclusivo para una exportadora multinacional que triangula los granos para pagar menos impuestos? Y esto no apunta al melodrama, sino a la búsqueda de un equilibrio. O, en todo caso, a la exploración de un camino que no pase sólo por poblar de policías nuestras vidas, convertirnos en partícipes de un reality cotidiano y recrudecer los castigos, pues sólo empeoraría el problema.
Lo punitivo –códigos de fondo y de forma- es posterior al hecho. Lo previo es la inclusión del que está en la base de la pirámide social. El de la punta, debe contribuir a través de su responsabilidad tributaria. El que más tiene es quien más debe entregar, el que está más obligado a ofrecer posibilidades, aquéllas que el otro no ha tenido. Porque, además, pensar en la relación causal entre ambos extremos puede clarificar la mirada. Unos tienen de menos porque los otros tienen de más. Las grandes fortunas son el resultado de una apropiación indebida de parte de la riqueza social, por explotación, especulación, evasión y corrupción. Delitos que merecen una condena más enérgica por parte de la sociedad, porque esos delincuentes no tienen motivos contundentes para delinquir más que la más repugnante angurria.
“No hay duda de que la inseguridad es un problema, pero no se supera con más policías, con más patrulleros o con más cámaras”, explicó el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, sino “con equidad distributiva y con más inclusión social”. Contra todo lo que se supone desde el sentido común más enceguecido, cuanto más cruento es el castigo, mayor será el resentimiento. Tampoco hay que premiarlos, pero sí ofrecerles la posibilidad de una vida mejor. Y para eso debemos buscar alternativas, no cerrar la mente, negar el diálogo o responder a la violencia con una violencia mayor. La prevención es el mejor camino y no con la amenaza de más uniformados armados hasta los dientes. El trabajo, la vivienda, la educación, la salud son las mejores herramientas para evitar la delincuencia ocasional. Esto para quienes quebrantan la ley por la marginalidad en la que viven. Para los otros, los que sólo buscan engrosar sus arcas en busca de un lugar destacado en la lista de Forbes, merecen estar un tiempo tras las rejas y devolver con creces lo escamoteado.

viernes, 14 de marzo de 2014

La obediencia de los opositores


Arrojar a una persona desde un puente no debe formar parte de ninguna protesta. Tampoco impedir que una embarazada con pérdidas llegue a un hospital. Así no es. Una protesta debe llamar la atención de las autoridades encargadas de resolver el problema y no perjudicar a los que nada tienen que ver en el asunto. En todo caso, hay que ganar la adhesión, el apoyo, la solidaridad. De esta manera, sólo logran despertar sentimientos adversos. Tampoco este bestial episodio debe usarse para demonizar las manifestaciones futuras. Sí para aportar un poco más de racionalidad, que de eso se trata la construcción de un país. En todo caso, buscar formas más creativas para incluir al otro, para que, en caso de coincidir, pueda hasta sumarse a la protesta. Lo ideal sería que los conflictos se resuelvan mediante el diálogo inmediato para no exasperar a los afectados. Pero, a veces no se puede. Por mezquindad, capricho, oportunismo no siempre funciona. El diálogo no es un sortilegio, sino una voluntad y un compromiso. Si una de las partes se encierra en su posición, por más absurda que sea, no habrá acuerdo posible.
Y los más cerrados son los que más declaman la necesidad del diálogo y su sucedáneo, el consenso. Claro, interpretan la primera como el espacio adecuado para dictar órdenes y la segunda como la obediencia. Tal vez por eso, el ministro británico para América Latina, Hugo Swire preferiría tratar con Sergio Massa o Mauricio Macri la soberanía de Malvinas, porque serían más obedientes. Y más entreguistas también. De tan cipayos que son, seguro que ya las llaman Falklands. Lo más probable es que se sientan orgullosos por semejante halago y ya lo hayan incluido en sendas cartas de presentación.
Pero, aunque parezca mentira, no es eso lo más importante. En cierta forma, en el funcionario inglés prevalece la actitud colonialista, a tal punto que anticipa con qué presidente se resolvería el conflicto. Como si pusiera una zanahoria delante del burro destinado a los votantes que creen en esas cosas. Para no confundir, Swire redobló su apuesta verbal: “nosotros deseamos mucho que el próximo gobierno en Buenos Aires tenga una mirada distinta a la del actual".
¿Qué habrán prometido los postulantes para recibir este espaldarazo? Si el Imperio desoye las resoluciones de la ONU que, desde hace casi cincuenta años instauran el diálogo para poner fin a la usurpación, menos va a atender las súplicas obsecuentes de los candidatos del establishment. De las relaciones carnales a la violación hay un solo paso, aunque sea en inglés.
Radiografía de los candidatos
Esta historia ya es conocida. Después de la inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso con el discurso de la Presidenta, el diputado Sergio Massa empezó su accionar para frenar el proyecto del nuevo Código Penal. Una extraña manera de valorar la República, menospreciando el escrito elaborado por expertos durante un año y medio y presionando al Poder Ejecutivo para que no cumpla con sus funciones. Y lo peor, tentando a las demás fuerzas políticas para que se sumen a la movida deslegitimadora. Y se sumaron, nomás, con mucho énfasis, hasta llegar al absurdo de impedir el debate parlamentario. No sólo al absurdo, sino al abordaje de contradicciones extraordinarias. Porque en eso, los exponentes de la oposición a la carta ya no tienen límites.
 Como si pensaran sus ridiculeces para los libros de historia del futuro, los diputados del socialismo, el radicalismo, la Coalición Cívica y el Proyecto Sur firmaron una declaración conjunta. Con su nada sana costumbre del estrabismo, reconocen la necesidad de un nuevo código, pero desaconsejan hacerlo en el actual contexto, por “el estado de criminalidad en Argentina”. Esto quiere decir que primero habría que combatir la delincuencia y después pensar en un nuevo código, cuando ya no sea necesario. En una audaz competencia para lograr la mirada amigable del establishment, reconocen que Final del formular"hace falta una reforma integral de las políticas de seguridad, entre las que se encuentren una nueva redacción del Código Penal que contenga como prioridad la lucha contra el narcotráfico, la trata de personas y la corrupción". Y, como si intentasen extremar la auto-parodia, piden que esos cambios sean “el resultado de un debate abierto, en el que participen todos los sectores políticos y sociales, al margen de cualquier oportunismo político”.
Incomprensible, porque eso es lo que están impidiendo con este gesto marketinero. Porque el borrador de proyecto que todavía no fue presentado, deberá discutirse en las comisiones de Senadores y Diputados, con la participación de expertos, organizaciones sociales, instituciones y todos los que quieran aportar su mirada, como ha ocurrido siempre con todas las leyes. Y ridículo, porque los que denuncian oportunismo son los que están adoptando gestos oportunistas. Los que se están negando al debate son los que gritan a los cuatro vientos la necesidad del debate. Para que quede claro, cualquier contrapropuesta, crítica o sugerencia que quieran hacer, tendrán oportunidad de hacerlo en todas las instancias de discusión a la que se están negando. ¿Son tontos, necios o inescrupulosos? O todo eso junto.
¿O será que disfrazan con estos gestos el verdadero motivo del rechazo? Además de antidemocráticos, ¿también son mentirosos? Desde hace unas semanas, vienen declamando que el proyecto rebaja las penas, libera presos, alienta la delincuencia y demás sandeces inexistentes, pero nada dicen sobre la inclusión de nuevos delitos destinados a castigar el accionar nocivo de las grandes empresas. ¿Será eso lo que están defendiendo en realidad? ¿Buscarán la caricia de los exponentes del Poder Fáctico con esta incongruente puesta en escena?
En enero de este año se creó el Foro de Convergencia Empresarial, FCE, que amontona a los más grandotes y angurrientos de la economía criolla. En Expoagro, la fiesta de los ‘agrogarcas’ –versión moderna de los oligarcas- organizada por Clarín y La Nación, sus exponentes reclamaron “la plena vigencia de las garantías, derechos y libertades constitucionales”, lo que desde hace tiempo no está en riesgo. Pero lo más importante que piden es el respeto al derecho de propiedad y al ámbito propio de las empresas privadas y a la independencia de la Justicia”. Como es imposible subtitular este texto, es necesaria una traducción: quieren retornar a una economía mucho más libre para dar rienda suelta a sus impulsos vampíricos, porque la propiedad les interesa un pepino a la hora de adornar sus productos con precios exorbitantes y el salario es la propiedad del trabajador; las empresas deben estar privadas de las injerencias del Estado; y la justicia debe estar al servicio de sus intereses. Esto es lo que quieren decir los integrantes del FCE con tan florida frase.
Las cámaras de las patronales agropecuarias, la UIA, AEA, las asociaciones de bancos y la Bolsa de Comercio, entre otros sectores, presentaron un documento en el que afirman que “hay que alcanzar un acuerdo programático para que Argentina ingrese en un ciclo de profunda distensión y pacificación”. Hipócritas, caraduras, cínicos, porque son ellos los que tensan las relaciones y rompen toda paz con sus acciones evasoras, especuladoras y conspirativas. Y mientras gruñen y muestran los dientes desde la exposición de los destituyentes, los políticos de la oposición buscan la sonrisa de estos personajes para convertirse en sus más fieles servidores. Como los caceroleros ya dejaron de apoyarlos en esta cruzada, buscan la mano de los poderosos para conquistar La Rosada. Como sea, hasta a fuerza de papelones.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Había una vez un circo


Algunas alianzas se arman y se desarman en un parpadeo; lo que antes era un límite, ahora es una posibilidad. El desconcierto reina en la oposición y lo que todavía no debería ser una campaña parece una alocada danza sin ritmo ni melodía. La diputada espiritual –su cuerpo casi nunca entra al recinto-, Elisa Carrió afirmó que trabaja en silencio para conformar una alianza. Si esto es el silencio, como será su vocinglería. Un cruce de piropos con Mauricio Macri puede poner en un brete al senador Fernando Solanas, que siempre consideró inadmisible trabajar junto al líder del PRO. Por ahora, por supuesto. Hace unos años aseguraba estar en las antípodas de la que hoy es su principal aliada. UNEN, el lema que encontraron para identificarse, más que una agrupación política parece el nombre de fantasía de un pegamento que, en lugar de adherir, pegotea, apelmaza, produce una alquimia absurda. Los radicales más conservadores también ven en Macri la posibilidad de perdurar. O en Massa, de acuerdo a quién mida más. Esa mirada extraviada anula toda coherencia en la elaboración programática, por lo que no proponen nada: sólo balbuceos quejosos y contradicciones descomunales.
Como sea, la candidatura presidencial de Mauricio Macri no sólo levanta polvareda en el estudio televisivo de la no-política. También puede acarrear problemas familiares. Una vez más, Franco, el padre de la creatura, aconsejó a Mauricio que se quede en su casa cuidando a sus hijos. El creador de una empresa que creció gracias a su alianza con la dictadura afirmó que su hijo puede ser un buen presidente, pero los Kirchner han sido mejores. Con su extravagante pronunciación italiana regaló a la prensa una patética exageración: “en Argentina todo crece, todos compran, todos venden”. Contra lo que recita su hijo, el Alcalde de la CABA, preguntó, con ironía, si “¿nosotros nos consideramos en crisis?”, porque él podría dar “ejemplos de países muy desarrollados que sí están en crisis”.
Esto no es todo. Como si estuviera haciendo una declaración de amor, consideró que nuestro país, “con los gobiernos de los señores Kirchner, ha tomado algunos toros por las astas y eso representa un gran esfuerzo (...) Han tratado de modernizar el país, han tratado de recrear la industria, porque habíamos perdido totalmente nuestra capacidad industrial, y sin industria no hay empleos”. Ya lo dijo Martín Fierro: “un padre que da consejos, más que un padre es un amigo”. Franco le aconseja –tal vez le suplica- que por el bien de todos no rompa esta maqueta; que una cosa es juguetear con la Capital del país, en donde viven los amigotes que lo consienten, y otra es estropear el país en su conjunto. Sabio consejo con formato de herencia. Una herencia que nos beneficiaría a todos.
Incoherencias al por mayor
Desde hace un tiempo, nos hemos acostumbrado no sólo a los constantes bombardeos de los medios opositores sino también a las incoherencias de los políticos acólitos. Juntos tratan de convencernos de que vivimos en el peor país, que estamos aislados, que nuestros vecinos están mejor que nosotros. En definitiva, tonterías sólo destinadas a los prejuiciosos. En lo posible, ni mencionan la crisis que padecen los pueblos del ex Primer Mundo. Chile y Uruguay siempre han aparecido en esos mensajes como ejemplos vergonzantes pues, con menos recursos, viven mucho mejor. Por supuesto, ésa es una mentira más con que tratan de debilitar nuestra autoestima.
Seguramente ponderarán las iniciativas de Michelle Bachelet, aunque sean muy parecidas a las que ha tomado CFK. Tal vez destinarán flores a los proyectos para mejorar la educación, la protección social y el acceso a la salud en el país trasandino. Quizá aplaudan cuando los diputados y senadores chilenos comiencen a debatir una gran reforma tributaria. Y ovacionarán a rabiar si se discute una nueva constitución. Pero acá, todo eso despierta los más crudos dicterios. Y si el gobierno uruguayo empieza a observar con atención el funcionamiento del programa Precios Cuidados, tratarán de apelar a sus mugrientos recursos para ocultar esa novedad.
Un plan para contener los precios que aparecía como uno más entre otros, destinado al fracaso o al olvido. Sin embargo, sorprendió por su repercusión pues permitió visibilizar el origen de la distorsión en los precios y dispara la posibilidad de nuevas iniciativas para contenerlos. Lo que quedó en evidencia es la tasa de ganancia que tienen las empresas productoras, distribuidoras y comercializadoras, que supera el 100 por ciento hasta alcanzar el escandaloso 1300 por ciento de los limones. Quizá por eso Precios Cuidados tiene una aceptación que ya trepa al 60 por ciento. Y lo más interesante es que casi el 70 por ciento aprueba las sanciones que puedan recibir las empresas que incumplan con el acuerdo.
En esto tampoco ayudan los políticos opositores, lo que demuestra que les interesa poco y nada el bienestar de la población. Antes de sumergirse en el ridículo por su rechazo al proyecto del nuevo Código Penal, Sergio Massa había intentado denostar el trabajo de la Secretaría de Comercio. Una foto en un almacén no sólo demuestra su desorientación, sino también su impronta malintencionada. Como Carrió, publicando en twitter esa foto en la que mira con asombro el precio de unas alcaparras en una despensa gourmet. En eso están, extraviados pero destructivos, con una brújula enloquecida que apunta a cualquier lado, sin aportar nada para garantizar un futuro.
Mientras tanto, el IPC será más bondadoso porque algunos precios están abandonando la desmadrada carrera al infinito. Para el secretario de Comercio Augusto Costa, “el programa de Precios Cuidados es un éxito. Eso es gracias a la participación de distintos actores. Estamos evitando que algunos se apropien de lo que no les corresponde y que cada uno de los argentinos defienda su bolsillo, porque es una responsabilidad de todos. Hoy tenemos una política instalada. Hay que seguir ampliándola”.
El camino, entonces, será profundizar el rol del Estado en la contención del angurria empresarial ya sea con nuevos acuerdos, con más controles y con una legislación que aporte más herramientas para la protección de nuestros bolsillos. Aunque afirmen lo contrario, son los formadores de precios los que tienen la culpa de las cifras tan descabelladas que encontramos en las góndolas. Especulación, ambición, mezquindad, conspiración. Todo eso debe ser sancionado con rigor. El borrador del nuevo código incluye estos tópicos como delitos. ¿Será por esto que los candidatos del establishment salieron con los tapones de punta y no por la baja de las penas, las puertas giratorias, la apertura de las cárceles y la eliminación de la reincidencia, como afirman ante el público?
El año y pico que queda hasta las próximas elecciones serán cruciales para la consolidación de nuestro futuro. Aunque parezca un tema menor ante los logros de esta década, el tamaño de la bolsa de las compras o el tope del carrito condicionan el humor de los votantes. Hacia ese rumbo tiene que orientarse la energía del equipo gubernamental: a facilitar el acceso a los bienes cotidianos. La expansión del Mercado Central, el incentivo a las economías regionales, el apoyo a las empresas familiares y cooperativas y, sobre todo, disminuir el poder de daño de los monopolios y oligopolios. Todo esto y mucho más deberá encararse en estos meses mientras los monigotes siguen bailoteando en los escenarios televisivos de siempre.   

Creer para reventar

A una semana del ensayo electoral conocido como PASO, la reacción de los ceócratas amarillos, acólitos y beneficiarios da más miedo q...