miércoles, 28 de mayo de 2014

La palabra del Poder Fáctico

    Las declaraciones emitidas por Adrián Suar la semana pasada prometen ir más allá de Adrián Suar. O, mejor dicho, provienen del Más Allá. La voz de Suar es la Voz de los que quieren recuperar la voz. En realidad, quieren volver a ser la Única Voz. Un detalle que ha pasado desapercibido es el uso de la expresión ‘para mí’, muy común en cualquier conversación. Un ciudadano de a pie expresa de esa manera su calidad de ‘don Nadie’, su afirmación de ser uno más que aporta su opinión, expresa su humildad y evita imponer una posición como algo absoluto. En cambio, cuando la utiliza un personaje con poder ocurre todo lo contrario. El ‘para mí’ de Suar es la imposición de la manera en que las cosas deben ser. De esta forma, sus dichos disfrazados de consejos bienintencionados se transforman en una sentencia, en una advertencia, en una amenaza. El ‘para mí’ de Suar es una primerísima primera persona, una palabra hegemónica que podría traducirse como “ojo que esto lo digo Yo, que Soy Suar”. Entonces, cuando dice que “el actor tiene que agradar a todos”, está advirtiendo que todo actor tiene que complacer al Poder, personificado en él.
Ya está claro, para no aburrir con tantas traducciones, que cuando Suar y otros personajes similares cuestionan los posicionamientos políticos y los análisis ideológicos están confesando, lisa y llanamente, que les molesta que alguien con cierto renombre hable bien del kirchnerismo. Y esto es así porque la letra K ha llegado a desesperarles. Hay muchos porqués de esto que se pueden resumir en esta idea: el kirchnerismo ha venido a disputarles la hegemonía y no a complacer sus antojos.
Antes, el posicionamiento ideológico del establishment se transformaba en sentido común y por eso resultaba natural la difusión de ideas como la libertad de mercado, la baja de impuestos, la reducción de salarios, el achique presupuestario, entre otras delicias que angustiaron nuestra vida. El ideario kirchnerista busca reducir ese sentido común, esa doxa, a lo que verdaderamente es: el posicionamiento ideológico de una minoría que se pretende patricia. Una minoría que procura sostener sus privilegios a costa de pisotear derechos. Una banda de angurrientos disfrazados de correctos republicanos. Una manada de carroñeros que se enriquece a costa de la miseria de la mayoría. Un coro de hipócritas que aconsejan enseñar a pescar, en lugar de regalar pescados, pero agitan el río con sus flotas pesqueras para apoderarse de las mejores piezas. Así son, ya no quedan dudas. Y no buscan el bien del país sino el propio beneficio.
Por eso, los medios que apuntalan esas creencias niegan la realidad y mienten todos los días. Por eso, sus contenidos son desalentadores y sólo buscan generar desconfianza y angustia. Desde los primeros meses de la asunción de Néstor Kirchner anuncian un fin de ciclo que nunca llega. Y les revienta en serio que nunca llegue, que esto quede bien claro. Una plaza como la del domingo es la negación de eso que tanto auguran. Por eso la tapan con sus desinformadoras tapas y difieren el núcleo de la información a su aspecto más banal: si bailó, si se emocionó en serio, si sintonizó con el mensaje eclesiástico, si estaba crispada, sola o angustiada. Hacia cualquier lado disparan el foco de atención para desviar la mirada de esa plaza poblada de emocionados, expectantes y entusiastas ciudadanos.
La voz de Suar es la voz del Poder que aconseja a los actores que se han atrevido a expresar sus simpatías hacia el Gobierno Nacional que sean más críticos. Algo que muchos no hacen respecto a la gestión del Jefe de Gobierno porteño, vale destacar. Todos los Suar están exigiendo, no una posición crítica, sino una pose criticona, como bien enseñan los popes de los medios hegemónicos: todo lo malo que sucede es culpa de Cristina y lo bueno, resultado de la pura casualidad. Y esto es porque anhelan como nunca la llegada del fin de ciclo que tanto pronostican.
Un ciclo que los enloquece porque han tenido que esforzarse como nunca para mantener sus privilegios; un ciclo que les ha permitido enriquecerse pero los ha dejado expuestos y también exhaustos; un ciclo que se reformula a cada paso, que se les escapa de las manos, que se puede convertir en algo más que una anomalía. Pero lo que más les desespera es que este ciclo no parezca en agonía. Por el contrario, se muestra tan vital, dinámico y vigoroso como siempre. La revancha con la que tanto sueñan parece está cada vez más lejos. Y sus siervos, de tan desorientados, ya no saben qué hacer.

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