viernes, 20 de junio de 2014

El nuevo desafío para seguir creciendo


Apunte 500
Apenas cumplidos los tres años de existencia de este espacio, llegar al apunte 500 inspira una apresurada reflexión sobre el crecimiento de su Autor. En todo este tiempo y con semejante ritmo de producción, el aprendizaje sobre los entresijos de la Política, los artilugios de la Economía y los vericuetos de la Justicia ha sido enorme. También la Historia ha hecho un importante aporte. Y todo esto contribuye a elaborar conclusiones cada vez más novedosas y bastante profundas. Pero, sobre todo, lo más importante es que estas líneas exhiben un inclaudicable compromiso para la construcción del futuro con el que siempre hemos soñado. En Apuntes Discontinuos sólo hay un modesto aporte, un intento de disipar las nieblas que se interponen en el camino, señalar algunos escollos o advertir sobre las celadas de los enemigos. Y contagiar optimismo, algo muy importante en medio de tanta vocinglería agorera. No mucho más que eso, ni nada menos. Crecer, no en soledad, sino en colectivo. Pero crecer no es envejecer, como dicen las malas lenguas, sino ser un poco mejor.
Llegar a 500 textos es todo un logro para un ignoto profesor de provincias que, a la par de escribir, debe continuar con su trabajo en la educación de adolescentes y jóvenes. Cuatro años atrás parecía impensable una colección tan nutrida de producción propia. Pero es momento de abandonar el autobombo para afrontar el desafío de aportar un poco de calma ante la encrucijada en la que está nuestro país.
El caso ya es conocido: seguimos empantanados en la deuda y parece que la única salida es la sumisión a los intereses más voraces y despiadados. Tan atados estamos que un juez menor –no por edad, por supuesto- puede desbaratar nuestra economía. Y si ahora estamos atados es porque antes estuvimos de rodillas gracias al accionar de muchos de los que hoy pontifican sobre los errores que cometió el Gobierno. La vice Jefa de Gobierno porteño sugirió que hay que abandonar “las bravuconadas”. ¿Será un consejo para Singer, Griesa y todos los que son así? Hay otra palabrita que circula en boca de estos desvergonzados: soberbia. Todo lo que nos pasa es por la soberbia de La Presidenta y su equipo. Si soberbia es defender los intereses nacionales, impulsar el crecimiento con inclusión y proponer la política como única salida de los conflictos, entonces no debe ser tan mala palabra. La humildad que ellos proponen es la actitud genuflexa que no ha evitado ninguna crisis, sino todo lo contrario. Esa es la mala palabra, porque suena a humillación. De eso, ya hemos tenido bastante.
Y si de palabras se trata, parece que al susceptible Griesa le cayó mal que Cristina haya usado el término ‘extorsión’. Por si el republicano jurista no tiene tiempo de revisar los diccionarios, Apuntes Discontinuos le aportará la definición de la RAE: “acción y efecto de usurpar y arrebatar por fuerza una cosa a uno”. Y eso es, precisamente, lo que los fondos buitres están haciendo. El juez Thomas Griesa, con su soberbia imperial –bien usada en este caso-, se ha convertido en cómplice de una extorsión. Si no está de acuerdo con esto, que escriba su propio diccionario. Porque en el nuestro, esto es una extorsión y además, una estafa.
Las cartas sobre la mesa
Algún trasnochado podrá afirmar –con inocencia fingida- que las deudas deben pagarse y, en consecuencia, no nos queda más opción que obedecer sin titubear las órdenes del juez neoyorkino, que se ha hecho famoso a fuerza de pisotear nuestra dignidad. En primer lugar, este señor que reclama, Paul Singer, no nos prestó nada sino que compró a precio de remate unos títulos de deuda después de la re-estructuración. Que quede claro: no puso su dinero para ayudarnos, sino para especular, para obtener ganancias usurarias, para incrementar de manera ilegítima su patrimonio. Este señor no es una víctima, sino un truhán.
En segundo lugar, si nuestro país paga como ordena el juez Griesa –al contado, sin quita y con intereses monstruosos- hay otros más que tienen en su poder títulos similares que pueden reclamar cifras de miedo: unos 15 mil millones de dólares. Y esto no es nada: porque todos los bonistas que se sumaron de buena fe al plan de pagos de 2005 y 2010 podrán también reclamar un trato similar. Y la sumisión al martillo del juez significará para el país más de 100 mil millones de dólares. Si obedecemos a los caprichos imperiales y autoritarios del buitre con toga, nuestro futuro estará condicionado a los dictámenes del neoliberalismo que estamos comenzando a erradicar.
Y en tercer lugar, aunque no menos importante: esto no se trata sólo de plata, sino de dignidad. Y para algunos carroñeros vernáculos, la ira de un juez vale más que nuestra soberanía. Un juez que entiende que nuestro país “no da confianza” para asumir un compromiso de pago, después de todo lo que hemos puesto en estos años para que nos dejen crecer un poco. La opinión que tiene Griesa de nosotros es producto de su más absoluta ignorancia, porque esa deuda que estamos pagando no nos ha servido más que para hundirnos. Y para llenar cuentas bancarias, también. Porque muchos de los grandes empresarios criollos han visto crecer su patrimonio gracias a las dos estatizaciones de deudas privadas, la de la dictadura y la de Duhalde. Para que quede más claro: gran parte de nuestra deuda externa no ha contribuido a mejorar nuestra vida, sino a incrementar la fortuna de unos pocos.   
Y ya que estamos hablando del tema, estos personajes podrían ayudar en algo. Demasiado sería pedirles que devuelvan una parte de lo que embolsaron. Pero, por lo menos, sería saludable que, esta vez, defiendan al país que los enriqueció, que pongan en suspenso su avidez, que no especulen con esta situación y que apelen a sus contactos para frenar este nuevo intento de saqueo.
En esto no hay confusión posible: quieren volver a saquear nuestras riquezas. Y éste es el puntapié inicial, para usar una metáfora mundialista. Acá no se trata de plata ni de buenos modales, sino de defender el porvenir. Porque eso es lo que pretende pisotear este juez al ordenar lo que debemos hacer, en medio de las más despiadadas descalificaciones. Además, este fallo tiene forma de reprimenda porque lo que ha ocurrido en nuestro país pone en jaque el ideario ortodoxo. No sólo es un castigo para Argentina, sino una advertencia para cualquier país que emprenda un camino similar.
Entonces, son ellos o nosotros. Cualquier negociación sería como acordar con un vampiro la dosis diaria de sangre que nos va a succionar. Esta vez no tenemos que ceder, porque no lo merecemos. Nuestro futuro depende de la salida airosa de este trance, pero no con pleitesía y sumisión, sino con la firme convicción de que estamos defendiendo nuestros amenazados intereses.

4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Muchas gracias. Cuando las cosas están claras, es fácil escribir. Abrazo enorme

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    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. En mi muy modesta opinión, ocurre que Argentina como reacción a estos Chantages Usureros de raigrambre Corporativa y Judicial, a puesto en total Crisis al Imperio Capitalista en el Mundo Oxidental.-

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