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miércoles, 16 de julio de 2014

Identikit de los que buscan aguar cualquier fiesta



Increíble. Todavía quedan algunos que piden una porción de caviar noruego en una panchería y después se quejan porque el despachante no satisfizo su antojo. Eso aporta un motivo para hacer comparaciones absurdas con lo que ocurre en otras latitudes. Claro, en Noruega, el caviar noruego se vende hasta en los kioscos. Como la pose de Beatriz Sarlo, que pretendía visitar un museo a la hora en que se disputaba la final del Mundial. Una intención malsana de una intelectual que pretende comprender la sociedad. ¿Cuántos domingos tuvo desde 1990 hasta hoy para asistir a un museo? Unos 1200, de acuerdo a un cálculo apresurado. Además, muy poco solidaria con quienes viven la pasión por el fútbol, más aún en una situación tan particular. En fin, tan desubicada como aquellos que quisieron opacar las celebraciones del domingo. Siempre hay una minoría que pretende nadar contra la corriente, no por vanguardismo, sino de puro mal llevados, nomás.
Tanto una como los otros, son de los que siempre buscan aguar cualquier fiesta. Los que van disfrazados a un casamiento y con saco y corbata al corso. En cierta forma, se esfuerzan en quedar descolocados para responsabilizar a los demás. Por supuesto, estos dos hechos son diferentes. Lo de Sarlo no es más que una travesura de quien se empecina en buscar pelos hasta en huevos depilados. Los vándalos del domingo, en cambio, aportan otro matiz. Ambos son planificados: ella decidió ir a un museo justo ese día para poder denostar nuestras costumbres; ellos asistieron al obelisco para practicar costumbres denostables.
Tanto ella como ellos buscaron cámaras para amplificar la pose. Si Sarlo no hubiera asistido a un programa de TV para narrar su tragedia dominguera, quedaría como una distracción, capricho senil o distinción cultural. Al momento de hacerlo público, deja de ser un incidente particular para convertirse en un hecho político: las masas alienadas por el fútbol le impiden gozar de un paseo intelectual. Eso le inspira pensar en las mayorías que se imponen sobre una minoría, pero no cualquier minoría, sino una de tinte aristocrático. Por eso la derecha recurre a calificativos como autoritarismo, demagogia, populismo para hacer referencia al momento que estamos viviendo. Claro, los que suscriben a esta posición están más tranquilos cuando se da el proceso inverso, el de la minoría imponiendo sus intereses –monetarios o culturales- a la mayoría. Eso es un verdadero modelo autoritario.
Los vándalos del domingo también constituyen una minoría -no aristocrática pero igualmente marginal- y también protagonizaron una puesta en escena ante la presencia de las cámaras. Según el secretario de Seguridad, Sergio Berni, sólo se organizaron para delinquir, como los bandoleros que poblaban los caminos rurales en la Francia del siglo XVIII, inspiradores de tantos personajes románticos de la literatura. La hipótesis oficial sugiere que, mientras un grupo distraía a la policía con los disturbios, los otros aprovechaban para saquear negocios y que 12 de ellos pertenezcan a las barras de Independiente y Chacarita es pura coincidencia. ¿No serán ellos los organizadores? Y de ser así, ¿no habrá ninguna relación con Luis Barrionuevo y Hugo Moyano? El primero, suspendido como socio de Chacarita después de los escándalos de su gestión y aceptado nuevamente en febrero de este año y el segundo, recién asumido como presidente del Rojo de Avellaneda.
Siempre rondan las sospechas sobre estos dos personajes de la peor política vernácula, pero nadie se anima a convertirlas en certezas. Ante cada incidente de estas características aparecen los mismos actores, barrabravas relacionados con Moyano, Barrionuevo y alguno más de esa calaña y las cámaras de TN. El guión ya se conoce, pero nunca se descubre al autor de esta tragicomedia. O sí, pero nunca encuentran pruebas o las investigaciones quedan en la nada.
Fotos que nos hacen bien
Como sea, los dos hechos ocurridos el mismo día alimentan la fascinación del colonizado. Beatriz Sarlo afirmando sin rubor que en Alemania y Brasil los museos funcionaban normalmente, a pesar de la final. Los medios hegemónicos destacando los civilizados festejos germanos, aunque hayan contenido burlas, ataques y hasta un acuchillado. No se preguntan qué recepción hubieran tenido si la selección alemana perdía el partido del domingo. No encuentran ningún valor a lo que ocurre acá porque hasta los desmanes callejeros tienen un color civilizado cuando ocurren fuera de nuestras fronteras.
Y bueno, tendremos que seguir lidiando con esa mirada que nos acompaña desde la fundación de nuestro país, la que se refuerza día a día con episodios insignificantes, la que repite sin cesar que éste es un país de mierda y que nunca podremos ser serios porque vivimos acá. No importa que el hemisferio norte se encuentre sacudido por conflictos sociales, económicos o bélicos. Mientras en nuestro país recibimos con felicidad a los subcampeones, los norteamericanos celebran la llegada de un nuevo tipo de armamento: EXACTO, una bala teledirigida de calibre .50 que siempre da en el blanco, especial para francotiradores con blancos en movimiento. Mientras Argentina es visitada por presidentes de indiscutibles potencias y participa de la Cumbre de BRICS, los agoreros de siempre afirman que vivimos en la peor cloaca del mundo.
Menos mal que son tan absurdas esas afirmaciones que ya parecen parodias de sí mismas. No somos los mejores del mundo, pero tampoco los peores. Si miramos modelos importados, seremos malos imitadores; si nos miramos el ombligo, terminaremos encorvados. Sólo observar nuestro entorno, admirar el paisaje, incorporar al otro en nuestra mirada nos puede conducir a consolidar el país que estamos construyendo. Esas son las fotos que deberían estar en nuestro álbum, el mejor de toda la historia.

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