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viernes, 5 de septiembre de 2014

La soledad de los conjurados



La última sesión del Senado estuvo atravesada por los intentos de la oposición para deslegitimarla. La excusa fue la presencia de Amado Boudou que, por ley, debe presidir cada encuentro, a pesar de las embestidas periodísticas. Pero los monigotes que ocupan las bancas en sintonía con los medios hegemónicos, respetuosos de las instituciones, pisotean todo principio de inocencia y quieren contribuir al linchamiento. El verdadero motivo es que ya han renunciado a la función de gobernar, lo que significa un avasallamiento de la Constitución; quieren que todo se desmadre, porque sólo una crisis permitirá el retorno de los modelos importados que tanto pregonan; y porque no tienen nada para proponer, por más que se aborden temas cruciales. Lo que no advierten es que están generando una crisis de representatividad: lejos de ser la voz de los ciudadanos, son los voceros del establishment. En lugar de actuar en defensa de los intereses de la mayoría, protegen los privilegios de una perniciosa minoría. Con todo esto, están dejando solo al oficialismo como un ardid más en su estrategia de desgaste y de manera irresponsable contribuyen a los sueños destituyentes de los patricios.
Ya está dictaminado por el establishment y sus operadores están instalando la idea: CFK no debe terminar su mandato. Grandes empresarios y medianos especuladores están haciendo lo que siempre han hecho cuando se quieren sacar de encima un gobierno: juegan con el dólar, esconden la mercancía, multiplican los precios, suspenden o despiden trabajadores, lagrimean y amenazan frente a las cámaras, pronostican la debacle, asustan al público. Los que provocaron la crisis de 2001, en los primeros tiempos del kirchnerismo se mostraban solícitos para no ser blanco de dedos acusadores. Ahora que han crecido y fugado divisas como nunca gracias a este proyecto que ha sacado las papas que ellos arrojaron al fuego, se transforman en fieras voraces con las fauces apuntadas al modesto bienestar que estamos logrando. Sin dudas, los ricos son muy ingratos.
Esta vez no nos pueden ganar, por más que gran parte de la oposición les haga el juego. Parece mentira que, en nombre de la República, contribuyan a socavar la legitimidad de un gobierno elegido por el voto popular. La escenita que montaron el miércoles en el Senado para exigir el paso al costado del Vicepresidente -más víctima de una venganza corporativa que de un proceso judicial- buscaba colocar en segundo plano los dos trascendentes proyectos que se estaban por debatir. Según amenazan, repetirán los mismos gags durante el resto del año. El radical Gerardo Morales consideró que la presencia de Boudou “entorpece el funcionamiento de esta Cámara”. Para ser honestos, lo que entorpece el funcionamiento parlamentario es la renuncia al debate y a la representación de la ciudadanía.
De opositores seriales a traidores compulsivos
Con buena voluntad, se puede entender que algunas fuerzas políticas planteen reparos a la Ley de Abastecimiento y defensa de los consumidores. En este caso, la discusión pondrá en juego los posicionamientos ideológicos: los que repudian la intromisión del Estado en la economía y los apologistas del intervencionismo. Los primeros nunca se han quejado de los créditos, exenciones impositivas, subsidios, infraestructura para facilitar el crecimiento de grandes, medianos y pequeños emprendimientos. Por si no se han enterado, eso también es intromisión del Estado en la economía. Claro, lo que pasa es esos senadores representan a los que quieren compartir las pérdidas, pero no las ganancias. El Estado tiene que garantizar la acumulación de estos individuos y de ninguna manera poner límites. Los segundos, por el contrario, consideran que el Estado debe defender a los más vulnerables del abuso de los poderosos y eso es lo que plantea el proyecto oficial que se ha aprobado en el Senado.
A diferencia de lo ocurrido con la LSCA o con la expropiación de YPF, en la oposición no hubo fisuras: todos votaron en contra, no sea cosa de desatar la furia del amo. En esto no hay simulación posible porque la iniciativa está apuntada a regular la tasa de rentabilidad de las grandes empresas, las que son formadoras de precio. Unas pocas, apenas un uno por ciento que altera nuestras compras y saquea nuestras billeteras. Así que los que argumenten en defensa de los pequeños y medianos emprendimientos estarán mintiendo con descaro. Quien ponga como ejemplo el caso del kiosco de la esquina, peca de ignorancia o abusa de su cinismo.
La oposición al otro proyecto resulta más sorprendente. La Ley de Pago Soberano tiene como objetivo eludir el caprichoso fallo del juez Griesa para cumplir con los bonistas del canje que deseen cobrar sin amenazas coloniales. No soluciona el conflicto con los buitres, aunque ofrezca la posibilidad de que se sumen al 92,4 por ciento que aceptó la re-estructuración de la deuda. Con los buitres, no hay negociación posible, porque aceptar sus demandas nos convertiría en víctimas de una extorsión, además de desbarrancar nuestra economía por muchas décadas. Si la justicia yanqui nos puso entre la espada y la pared, en lugar de contribuir a derrumbar el muro, estos senadores ayudan a empujar la espada. Eso es lo que han hecho al oponerse a esta ley: no es una cuestión de ideología, sino de patriotismo. Y estas cosas no deben olvidarse.
La palabra fracaso circuló entre los discursos opositores. ¿Acaso es un fracaso propio la interpretación capciosa de la cláusula pari pasu? ¿O para ellos la víctima es culpable del ataque padecido? Y muchos de los que usaron ese término fueron funcionarios de los gobiernos que provocaron la gran crisis de principios de siglo. Si estamos en este conflicto es gracias al fracaso del modelo noventoso que quieren restaurar. Entonces, además de traidores a la patria, son unos tremendos hipócritas. Y algo caraduras, también, porque pretenden dar cátedra sobre aquello que no supieron solucionar. Por el contrario, han desencadenado una catástrofe histórica y ahora se lavan las manos.
Las situaciones límite siempre contribuyen a conocer mejor a las personas. En este caso, a los representantes. Tal vez los senadores que tantos dicterios destinaron a los oficialistas estén especulando con la amnesia de los argentinos y piensen que esta traición les arrimará algunos votos. Ya no debe haber desmemoria entre nosotros, porque eso nos conduciría a una nueva derrota. Y de esas malas experiencias nos cuesta mucho recuperarnos. Por eso, lo mejor será que estos cancerberos queden cada vez más solos, amontonados en las madrigueras pestilentes de los carroñeros que quieren recuperar el poder.

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