miércoles, 22 de octubre de 2014

Cortocircuito en la Metrópoli



Por un lado, se hacen campañas contra la explotación y la trata, se intenta desplazar la imagen de la mujer objeto y se prohíben los avisos de oferta sexual, pero por el otro, se galardona a Tinelli como personalidad destacada de la cultura de la CABA. ¿No es retroceder demasiado? Pero la trama es más compleja: no es sólo poner del lado del PRO a un propagandista eficaz, sino validar un sistema de superficialidad mediática, eso que las Fuerzas Amarillas entienden como cultura popular. Esa trituradora de cerebros que, entre luces y estridencias, pechos y traseros, propala consignas caceroleras para adecuar el terreno al retorno neoliberal. Y así celebró Tinelli su noche de gloria, vociferando que en este país, “si pensás diferente, te crucifican”. Una tontería que no merece un mínimo análisis. Pero el Alcalde y todo su equipo elevaron a categoría de cultura un exitoso producto mediático que, con un poco de esfuerzo, pronto resultará obsoleto. Este episodio no puede entenderse fuera del contexto electoral y hasta parece un paso desesperado para mejorar los números, tanto de las encuestas como los del rating.
 Ambos están alicaídos y han decidido darse una mano. Hasta aquí llega toda concepción de cultura, por más definiciones de Wikipedia que recite Tinelli. Macri, en cambio, no se atrevió a tanto. Si la cosificación de la mujer es cultura, habrá que dejarlos cada vez más solos. Porque la cultura construye y respeta, no avasalla ni abusa. La cultura siempre es popular porque crece desde abajo, desde la raíz de los pueblos. Lo otro sólo es masivo, vertical, impuesto. Por eso Tinelli necesita que Macri le dé su aval político. Y Macri requiere que Tinelli le aporte su potencial mediático. Rating a cambio de votos. O viceversa. El creador de Showmatch supo ser buen vendedor y Macri se ha convertido en el nuevo producto a promocionar. Si antes llenaba su boca con alfajores, ahora la colmará de lemas, bravatas y generalidades para conducir el voto de un público menos entusiasta por semejante bulla televisiva.
Con cada paso que da Macri hacia la Rosada, revela lo más oscuro de su pensar. Despectivo, cínico, clasista, hipócrita y machista son algunos calificativos que inspiran sus declaraciones. Y a partir de eso devela que su proyecto de país es el que, con tanto esfuerzo, comenzamos a abandonar desde hace un tiempo; ese modelo importado que nos hundió en lo más profundo del pantano cuando reinaba el discurso único proveniente de la ortodoxia económica. Los que quieren retornar a aquellos angustiantes días denuncian a los cuatro vientos que son víctimas de la intolerancia cuando, en realidad, son ellos los intolerantes. Como nuestra democracia está encontrando su sentido –defender los derechos de los ciudadanos- hay una minoría que manifiesta su fastidio. Después de obtener la legitimación del PRO, el conductor televisivo pondrá su voz a disposición del discurso que tanto daño nos ha hecho y, como recompensa, podrá seguir pisoteando toda dignidad.
Vientos pestilentes en la popa
Pero ésta es una pieza más de una estrategia de desgaste. Quizá, la menos dañina, la menos antipática. Mientras desde los medios se disputa por el objeto simbólico, en los antros de la economía se batalla por dinero. Y los principales contendientes no son los trabajadores menos favorecidos, sino los empresarios que tienen de sobra. Unas 1200 empresas –muchas de ellas, las más grandes- enfrentan causas penales por facturas falsas en operaciones de evasión. Para evitar suspicacias, entre las investigadas, hay cuatro que pertenecen al archi-enemigo de Clarín, Lázaro Báez. Alguien debería investigar el porqué de este ensañamiento; tal vez una vendetta similar a la emprendida contra Boudou, por citar un ejemplo, para no hacer tan extenso este apunte. Como si fuera el único empresario corrupto.
Unas semanas atrás, el Estado recibió información sobre más de 4000 números de cuentas bancarias del HSBC Suiza pertenecientes a individuos y sociedades argentinas, pero sólo 125 de ellas son reconocidas en las declaraciones juradas. El listado no incluye a pobres jubilados que quieren resguardar sus ahorros, sino a individuos de altos ingresos que sólo buscan evadir para incrementar sus enormes fortunas. Esto, en otros tiempos, era visto como una travesura, como un acto de heroísmo cívico, como una peripecia apasionante y envidiable. En eso también estamos cambiando: hoy sabemos que quien evade, nos perjudica a todos. “Nos están engañando –graficó Ricardo Echegaray, el titular de la AFIP- nos hacen trampa los contribuyentes que ocultan cuentas en el exterior”.
Estas no son, por supuesto, las únicas tretas a las que apelan estos insaciables succionadores. No hay que quitarles la mirada de encima porque siempre están a la espera de un descuido para darnos el zarpazo. Y después exigen libertad de mercado y hablan de la mano invisible; llaman autoritario a cualquier funcionario que los quiera controlar; buscan nombres de fantasía para los organismos oficiales, como gesta-AFIP, por ejemplo. Lo cínico es que se presentan como tiernos corderitos cuando en realidad son lobos enceguecidos por su avidez. Lo indignante es que siempre lagrimeen, a pesar de estar cebados a punto del empacho. Lo hipócrita es que aseguran que, colmando sus arcas, nos benefician a todos.
Este accionar no sería tan preocupante si, como muchos candidatos y periodistas recitan a diario, tiráramos todos para el mismo lado por una ancha y armónica avenida. Pero para ellos, eso sólo significa facilitar los negocios y no meterse con sus chanchullos. Para nosotros, la mayoría, no. En estos primeros años del nuevo siglo hemos aprendido que este sendero necesita transitarse en colectivo. Por lo tanto, deberán abstenerse los individuos que sólo piensan en su exclusivo beneficio en detrimento de los derechos ajenos. También cómplices, apologistas y meros espectadores deberán deponer su actitud si quieren acompañarnos en esta novedosa excursión. El paisaje que nos espera es de sueño y sólo nos faltan algunas volteretas; quizá sean los tramos más difíciles del periplo, los más temibles, los más desalentadores. No importa: la multitud se transforma en fuerza, sobre todo cuando los monstruos del pasado soplan su fétido aliento y nos pisan los talones.

2 comentarios:

  1. Realmente leer tus escritos me resulta gratificante y placentero... Siento que encuentro sistematizados muchos de mis pensamientos; con un lenguaje ágil ,entendible ;certero y contundente ; que invita a la reflexión y al deseo de seguir leyendo ... MUCHÏSIMAS GRACIAS

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    1. Hey. Muchas gracias por tantos elogios. Eso demuestra que el esfuerzo en escribirlos vale la pena. Abrazo

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