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viernes, 28 de noviembre de 2014

Denunciantes denunciados y viceversa



El caso Bonadío puede ser que haga historia. A su prepotencia patricia para desgastar la imagen de La Presidenta, el Estado responde con el aval de la legitimidad democrática. Si algo caracteriza este período es la contundente decisión de enfrentar el enquistado poder corporativo que impide la profunda transformación de Argentina. Grandes empresarios y pequeños jueces, que también son empresarios, confabulados para poner fin a este proyecto que tantos logros acumula. Y de paso, cumplir con el sueño perdido de tener el país a su disposición para los más oscuros negocios. Para eso, deben demostrar que el gobierno kirchnerista es el más malo de todos. Aunque no les está saliendo muy bien, siguen apelando a las apolilladas tretas de siempre: paro de trabajadores con altos ingresos, cortes de energía eléctrica, denuncias rimbombantes y quizá se incluya en el cronograma algunos dramáticos saqueos de fin de año. Como estamos tan acostumbrados a estas escenas de fin de año, sólo aparecerán ante nuestros ojos como fotogramas averiados de una película muchas veces vista y sin el encanto de los mejores clásicos.
Por ahora, el juez federal Claudio Bonadío alcanza con honores los méritos para el premio a la mejor actuación. Por una insignificancia, protagonizó todos los títulos. La diputada Margarita Stolbizer, aunque haya errado en el recitado de sus parlamentos, califica para actriz secundaria. Como siempre el guión apunta a presentar a la familia Kirchner como la más corrupta de la historia. Cuando la política está ausente, cuando las ideas que defienden son nefastas por restauradoras, viene bien sumergirse en las oscuras aguas del denuncismo. Porque la escena parece ser ésta: sólo los funcionarios del Gobierno Nacional están enredados en delitos de corrupción y los demás, los denunciantes, son purísimos ángeles tocados con la varita de la transparencia divina.
Pero, como es previsible, detrás del decorado la cosa es diferente. Como Bonadío acumula causas graves en el Consejo de la Magistratura, apela a la extorsión ante cada paso que dan sus miembros para llevarlas a buen puerto. Pero le salió mal: porque la contravención de Hotesur que denuncia la comete una empresa de la que forma parte. Apenas un trámite administrativo incumplido por parte de ambas sociedades que será sancionada con una multa de unos pocos miles de pesos. Pero, de acuerdo al reglamento de la Justicia Nacional, un magistrado no puede ejercer el comercio o cualquier otra actividad lucrativa, salvo autorización de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal. Mansue SA está dedicada a la venta de combustibles y el juez tiene un 20 por ciento del paquete accionario. Margarita quizá no sabía esto, pero quedó enredada en esta trama.
Pero la denunciante también fue denunciada. El abogado Santiago Mansilla tiene la sospecha de que Stolbizer está ensuciada por enriquecimiento ilícito. El referente del GEN, Gerardo Milman, olfatea una operación gubernamental, aunque el nuevo actor es un particular. Sin embargo, los más embarrados son los que siempre quedan impunes. Por lo menos hasta ahora. La AFIP denunció al banco HSBC por facilitar la evasión fiscal y fuga de divisas de importantes empresarios que operan en el país. El titular del órgano estatal, Ricardo Echegaray, calcula que los impuestos evadidos, las multas y los intereses adeudados suman más de 60 mil millones de pesos. Estos son los guionistas y directores de esta horripilante película que quieren re-estrenar.  
Ángeles, demonios y mestizos
Hasta los más fervorosos opositores reconocen los logros de esta década, al menos en la soledad del retrete. Sin embargo, ante los micrófonos se convierten en apologistas de los que nos han saqueado siempre. Y amenazan con convertir el latrocinio en programa de gobierno, aunque no lo digan con todas las letras. O con ninguna, porque de eso no hablan. El guión les exige que con sus circunloquios angelicales hagan sus aportes a la confusión de los votantes y que obstaculicen con los más absurdos gags toda iniciativa oficial. Cualquier tontería que se les ocurra será amplificada por los medios hegemónicos como si fuera la mayor de las genialidades. El resultado: un culebrón insostenible que sólo apunta a cautivar a un público cada vez más reducido.
Como sea, siempre actúan como barrera de protección de los personajes más dañinos. La fuga denunciada por la AFIP sólo se circunscribe al período que comienza en 2007 y culmina el año pasado. ¿Cuántos millones acumulados habrá en esas oscuras cuentas suizas desde 1976? ¿Qué porcentaje de la deuda descansará en esos angurrientos bolsillos? ¿Cómo sería nuestro país sin ese descomunal drenaje? A pesar de esto, hemos sobrevivido. Pero a partir de ahora, hay que frenar la sangría. Porque el dinero que estos pillos consideran propiedad privada lo hemos generado entre todos y es buen momento de exigir la devolución de lo indebidamente sustraído.
Mientras los integrantes del Círculo Rojo evaden y fugan y los sindicatos con altos ingresos se resisten al mal llamado impuesto a las ganancias, la ANSES distribuye para facilitar el bienestar de los que menos tienen. El director ejecutivo, Diego Bossio, anunció que jubilados, pensionados y beneficiarios de la AUH recibirán más de 49 mil millones de pesos, un 30 por ciento más que el año pasado. Esta suma ayudará a reactivar la economía con el incremento habitual del consumo para las fiestas de fin de año. Pero ojo, que esto sirva para que los receptores consuman más y no para engrosar las arcas empresariales vía incremento abusivo de los precios. La Secretaría de Comercio ya está preparando los mecanismos para impedir que los más grandotes conviertan el paseo por las góndolas en un laberinto del terror.
Tanto farfullar sobre la ruta del dinero K, pero pocos mencionan los tenebrosos senderos del dinero privado. La ruta del dinero K recorre inclusión previsional, cobertura en vacunación, construcción de escuelas y viviendas, ayudas estudiantiles, valoración de la investigación científica, un satélite geoestacionario y dos más en camino, fortalecimiento de pymes y cooperativas, cientos de películas y programas televisivos y muchas cosas más que será necesario recordar en estos meses que nos quedan hasta las elecciones presidenciales. En cambio, los privados utilizan caminos sinuosos y oscuras cuevas cuyo egoísta destino es el beneficio individual. El primero es el camino colectivo que nos llevará al país que siempre hemos soñado y el otro, es el tortuoso atajo hacia el país de las pesadillas del que estamos escapando. No es tan difícil elegir el sendero que guiará nuestros pasos, salvo que queramos tropezar con esos peñascos hartamente conocidos.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Ineludibles consejos para PRO-tegerse de Macri



Una frase común afirma que una imagen vale más que mil palabras. Más allá del tono mercantil aportado por los fotógrafos -que son quienes más la repiten-, muchas veces una palabra dice más que mil imágenes. O que un afiche. Los jóvenes del PRO cordobés retrocedieron unas cuantas décadas con su movida para prevenir el SIDA. Encima, descontextualizados como siempre, hurtaron la foto de una campaña de Indonesia contra el abuso infantil. Lo mejor que se les ocurrió fue la abstinencia y lo peor, colocar a la mujer, una vez más, como el foco del pecado, en este caso, la enfermedad. Y todo por jugar a los creativos con el nombre de la agrupación no-política que los adoctrina de esa manera tan nefasta. No una palabra, sino apenas una sigla con forma de prefijo –PRO- aporta las imágenes más oscuras que podemos evocar de nuestro peor pasado.
Después se disculparon, aunque no explicitaron por qué, si por pensar lo que piensan o por ser tan sinceros. Porque eso es algo que muchos valoran de las huestes amarillas: esa transparencia que parece mostrarlos tal como son, cualidad que ostenta, sobre todo, su jefe político –es un decir- Mauricio Macri. Pero el Alcalde de la CABA no es tan sincero y menos en los últimos tiempos. Si diez años atrás se manifestaba como un apologista del ajuste, ahora parece un alucinado con sobredosis de libros de autoayuda, con su prédica del diálogo y el consenso, de bajar el nivel de agresión y el ring-raje para solucionar los problemas de la gente. A pesar de todo esto, su expresión golosa contradice todo intento de esconder esa sinceridad involuntaria que exuda por todos sus poros.
Y no es el único. Tanto pregonar sobre la pluralidad de ese espacio pero el Jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, no dudó a la hora de cerrar las puertas en la nariz de la diputada Elisa Carrió, que está ahora en una especie de tierra de nadie. En un limbo político no, porque ése es su hábitat. Desterrada, tampoco porque todo lo hecho ha sido por su propia voluntad. Auto exiliada sí, no sólo de FAUNEN, sino de la política y de la vida en su conjunto. Rechazada por todos, menos por TN, que hasta le ofrece un delivery periodístico con desayuno incluido. Ella dio un paso que nadie le había pedido. Ella ofreció un apoyo que nadie había solicitado y los destinatarios del gesto sólo ofrecen su espalda.
En el PRO no necesitan a Carrió porque para destruirse se bastan a sí mismos. Aún cuesta comprender qué encuentran los que adhieren a las no-propuestas amarillas, a la gestión para el caos, al discurso publicitario para cada circunstancia, al incumplimiento compulsivo de promesas y a la marcada tendencia hacia la desigualdad. Sólo el prejuicio más repelente puede convertir ese horizonte minoritario en un camino de mayorías. O la buena propaganda, aquélla que resulta muy complejo de-construir. La de unos años atrás, la que rezaba el ya famoso “vos sos bienvenido”. Como si se creyeran los dueños de la ciudad que tienen la potestad de decidir quién entra y quién no. Como si pidieran la contraseña para levantar las barreras. Como si exigieran la presentación de un carné para acceder a un exclusivo club. Ahora, después de tantos años de gerencia PRO, sabemos que ese ‘vos’ no apela a una totalidad, sino a un grupo de privilegiados, sus acólitos y algunos buenos sirvientes. A la gente, como les gusta decir. Lo del afiche contra el SIDA es lo último, como también los nuevos conflictos con la inscripción en los colegios, el demoledor Metrobús, el desparejo presupuesto y el mal uso de los terrenos públicos. Claro, no necesitan a Carrió: con esa sinceridad más parecida al cinismo, se destruyen solos.
Dos caminos en un mismo escenario
¿Para qué quieren a Carrió, si para la superficialidad tienen a Macri? En la 62ª Convención de la Cámara de la Construcción, el Alcalde de la CABA explicó que “más allá de que en estos últimos años se ha hecho más obra, hay muchísimo más por hacer y somos capaces de encarar planes más ambiciosos que los encarados hasta ahora, dándoles prioridad correcta a lo que es urgente y a lo que puede esperar”. Lo primero no es una idea muy original. Hasta la propia CFK lo afirma en cada uno de sus discursos. El “vamos por más” significa precisamente eso, aunque asuste a los agoreros. Pero lo segundo, da miedo, sobre todo por la expresión “planes más ambiciosos” y más aún cuando quien lo dice es hijo de uno de los empresarios más importantes del país. Empresa que, nunca está de más decir, ha crecido en poco tiempo gracias a los guiños de la dictadura y el coqueteo con el menemismo. Pero cuando mete eso de dar “la prioridad correcta a lo que es urgente y lo que puede esperar”, estremece a cualquiera. Para facilitar las cuentas: ‘planes ambiciosos’ + ‘prioridad correcta’ = ‘muchos negocios’ X ‘mayor desigualdad’.
Por eso las estaciones de Metrobús se transforman con cada cambio de temporada y los vagones de subte siguen sin caber en los túneles, mientras las viviendas sociales brillan por su ausencia y la educación pública se boicotea con un presupuesto cada vez más disminuido. Esto, sin incluir las obras de drenaje que evitarían que la Capital se convierta en un natatorio con cada lluvia más o menos fuerte. Si de prioridades se trata, el Ingeniero anda flojo de papeles; otra vez esa sinceridad que no les permite mentir.
Unas horas después, en el mismo escenario, apareció CFK, retornada después del cuadro intestinal que la confinó al reposo. A diferencia de Macri, habló como Presidenta y no como candidata. Claro, no fue a buscar votos, sino a sintetizar el proyecto de país que nos sacó del pantano. A explicar, una vez más, la necesidad de la inversión pública para seguir distribuyendo equidad. Y lanzó una frase contundente, casi un desafío: “la infraestructura social y económica debe ser una política de Estado. Pero definir claramente, de cara a la sociedad, quién financia y cómo se financia esa infraestructura es una obligación de todos los que pretenden conducir la Argentina”. Esto, por supuesto, desalienta a los endeudadores seriales, a los que prometen bajar las cargas impositivas de los que más tienen, a los que seguramente apelarían al ajuste de los sectores medios y bajos ante la más insignificante lágrima de los grandotes.
En estos días, los carroñeros de siempre comenzaron a comparar nuestro crecimiento con el de los vecinos, con la idea de reinstalar el erradicado complejo de inferioridad. Pero si no crecemos como debiéramos es porque el empresariado vernáculo es altamente mezquino. Los que claman por inversión son los mismos que no han cesado de fugar divisas hacia cuevas inhallables. Parece que los integrantes del Círculo Rojo quieren seguir jugando con la perinola adulterada y sus opciones se reducen a “el Estado pone” y “nosotros sacamos”. Pero esta vez no nos podrán engañar porque ya hemos padecido las consecuencias de su angurria y, en estos años, aprendimos a conocer el horror de su verdadero rostro. La historia nos ha preparado un palco con vista panorámica para disfrutar de una obra apasionante. Y lo novedoso es que esta vez no seremos sólo los espectadores, sino los activos participantes que garantizarán un enérgico y glorioso final.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Los petardos de cada año



Cuando se acerca diciembre, comienzan los preparativos para los festejos de fin de año. Algunos pensarán en despedidas con amigos y compañeros de trabajo o en las ineludibles reuniones familiares. Unos con entusiasmo y otros con cierto disgusto. También están los que desdeñan estas fiestas, los que se deprimen y hasta los infaltables antis. Pero si de tradiciones se trata, los más creativos son los que deciden celebrar con saqueos, disturbios y bombardeos mediáticos. No brindan con sidra pero nos brindan unas gotitas de caos, cada vez más predecibles y menos efectivas. El año pasado, una protesta policial se transformó en una rebelión destituyente y en algunos puntos del país ocasionó situaciones dramáticas. Este año, de tan prevenidos que estamos, cualquier cosa que prueben se convertirá en una deslucida parodia o en una travesura pueril. Siempre y cuando los actores del elenco estable sólo rompan unos vidrios y tiren algunas piedritas para las cámaras. Si en sus planes incluyen atentados contra la vida para emporcar el escenario, que ni lo intenten porque esta vez no nos vamos a dejar intimidar.
El clima se está armando desde hace rato. Ni bien empieza el año, los guionistas planifican los pasos del “Operativo Desgaste”. Después, distribuyen los roles entre los peleles del staff, tanto periodistas como políticos de la oposición. El organigrama incluye, por supuesto, una amplia cobertura mediática hasta en el incidente más minúsculo. El objetivo es convencer a los argentinos de que estamos padeciendo la crisis más grave de nuestra historia, que estamos gobernados por los más corruptos y que somos los peores porque no hacemos lo que hacen los mejores, que, aunque en crisis, deben seguir siendo un modelo. No nos dicen que esos países están en crisis porque hacen lo que los consejeros quieren que hagamos. Como este argumento resulta incongruente son cada vez menos los que se dejan engañar por estas patrañas.
El 13N, la última manifestación cacharrera de los odiadores, resultó tan escueto que avergonzó a sus organizadores. Las expresiones que los participantes vertieron ante los pocos micrófonos que se acercaron a los focos de la protesta revelaron ausencia de argumentos, abundancia de prejuicios y muchísimo desprecio por la convivencia democrática. El establishment esperaba dar un golpe letal copando las calles con la indignación de la ciudadanía en su conjunto y apenas lograron que un manojo de individuos vestidos de gala sacaran la lengua para hacer catarsis.
Pero eso no es nada: las encuestas son cada vez más adversas para los intereses patricios. Si hace unos meses anunciaban que gracias al fin de ciclo los opositores ganaban las elecciones de taquito, ahora están desesperados porque parece que no van a pasar ni la primera vuelta. Si estaban convencidos de que gran parte del país odiaba a los Kirchner, ahora se dan cuenta de que los únicos que odian son Ellos, esos pocos que se creen los dueños y nos quieren manejar a su antojo. Lo único que lograron con la manipulación informativa, las especulaciones múltiples y el latrocinio de los precios fue despojarse de las últimas máscaras que cubrían la bestial inmundicia de sus rostros.
Una margarita cada vez más deshojada     
Los opositores proponen cambiar, pero gran parte de la población no quiere el cambio que ellos proponen. Que CFK mantenga una imagen positiva de más del 49 por ciento después de siete años de mandato no es indicio de una expandida disconformidad, sino todo lo contrario. Pero lo que más debería preocuparlos no es la potencia del kirchnerismo y su 35 por ciento de intención de voto, sino que el electorado al que pretenden conquistar no se siente representado por su impronta opositora. Un estudio de Ibarómetro publicado en Página/12 el domingo 23 revela que la mitad de los no-K no cree en nada y apenas un seis por ciento confía en los exponentes de la oposición. Y contra todo lo que está intentando el Círculo Rojo, el 60 por ciento no quiere que se junten todos los partidos para derrotar al candidato de Cristina.
Lo que no comprenden los actores de la oposición es que detrás del oficialismo tan denostado hay un número considerable de argentinos que aprueba gran parte de sus medidas. Y que esta aceptación no se basa en un especulador intercambio de beneficios por apoyo, sino que hay un sentimiento que se aproxima a la pasión. Pasión que ninguno de los opositores podría despertar siquiera con un hechizo pero califican con el despectivo mote de populismo o, con más repudio, clientelismo. Cada insulto que recibe Cristina, cada mentira que enloda a cualquiera de los funcionarios K, es recibido por los adherentes como una afrenta personal. Como si se injuriara a una hermana o se agrediera a un primo.
A medida que abandonan la política, más deben recurrir a las mentiras y los agravios. Como el territorio de las ideas les resulta esquivo, deben apelar a los ataques personales. Y si no obtienen buenos resultados, siempre habrá algún juez que atienda sus impulsos denuncistas. Todo es válido para llevar adelante esta campaña electoral que, de tan extensa, los está dejando exhaustos. Todo sirve si se trata de ocultar el programa de gobierno que, en el hipotético caso de acceder a la presidencia, piensan aplicar. El Presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, desafió a los eternos candidatos a que, en lugar de imaginar problemas, expliquen cómo los solucionarán. “Muchos piensan que hay que aplicar políticas de ajuste, despedir gente, achicar el Estado, subir la tasa de interés, aumentar impuestos” –especuló el funcionario- aunque “no lo van a decir tan abiertamente en campaña electoral, pero si se analiza lo que hicieron en el pasado, la receta es ésta”.
Mientras los postulantes pregonan sandeces en los medios, otros actores entran en la escena para ejecutar esta divertida obra. Carrió defecó lo suyo y se largó a Punta del Este a desparramar su humanidad en alguna playa. Un grupo de senadores firmó un compromiso de rechazo a cualquier propuesta del Ejecutivo para reemplazar la vacante que deja Zaffaroni en la Corte Suprema de Justicia. Y después se enojan porque el abogado Eduardo Barcesat presenta una denuncia por sedición. Para Barcesat, “ha tomado estado público la iniciativa, ya concretada, de senadores nacionales, para operar una connivencia delictiva a fin de impedir que el Poder Ejecutivo Nacional cumplimente la manda constitucional”. No es por pensar distinto, como recitan los involucrados, sino por atentar contra el correcto funcionamiento institucional.
Y como frutilla de este postre de fin de año, el juez Claudio Bonadío ordenó un innecesario allanamiento en las oficinas porteñas de Hotesur SA, la empresa que administra un hotel que La Presidenta tiene en El Calafate. La denunciante, Margarita Stolbizer, sostuvo que “la actividad hotelera es una de las actividades que se utilizan para el lavado de dinero, el delito a través del cual se encubren los dineros mal habidos”. Como si fuera el único hotel del país. Además, el poli-denunciado juez ordenó allanar un departamento vacío por una insignificancia administrativa que sólo busca alimentar titulares agoreros.
Pero no hay que bajar los brazos: no sólo en diciembre, sino hasta las elecciones presenciaremos estas intentonas de los que ya podríamos considerar enemigos. Una pena que algunos candidatos con representación parlamentaria se sumen a estas pantomimas. Pero resultaría dramático que, cuando lleguen a la Rosada después de tantos esfuerzos, se conviertan en marionetas que bailen al ritmo que imponen en los hilos los siniestros del Círculo Rojo. Pero nada de esto pasará porque ya conocemos el resto del guión y, en verdad, no nos gusta nada.

viernes, 21 de noviembre de 2014

El divino don de destruir



Una vez más, las dotes actorales de la diputada Elisa Carrió intentan distraernos de la discusión política. Pero no puede, porque para lograr un mayor impacto debe recurrir a acciones y declaraciones cada vez más descabelladas y por tanto, inatendibles. Que abandone UNEN para sumarse al PRO puede ser perjudicial para esa fuerza no-política. Y que agite como bandera la necesidad de armar una gran fuerza opositora para derrotar al kirchnerismo evoca los peores momentos de nuestra historia. Para Carrió –y no sólo ella- los K son los peores enemigos de la Patria, por encima de corporaciones, especuladores, evasores, explotadores y demás fieras carroñeras. ¿A quién defienden estos dirigentes cuando hablan de la República? ¿Al pueblo o a la gente? ¿A la mayoría o a una minoría desesperada por recuperar el control del país para conducirlo a su antojo?
A esta altura de los acontecimientos, las preguntas se responden solas. Los políticos de la oposición hace mucho que abandonaron a sus representados y sólo buscan complacer al Círculo Rojo. La nueva peripecia de la cada vez menos tierna Lilita busca forzar la polarización absoluta para las elecciones que se vienen. Después se quejan de grietas, divisiones y crispación. Ya escucharemos a los analistas mediáticos advertir sobre los peligros del bipartidismo, como si ellos no tuvieran nada que ver en ello, como si no estuvieran exigiendo la formación de un Frankenstein electoral para erradicar al kirchnerismo. Pero Carrió va más allá, porque es el peronismo en su conjunto lo que ella quiere eliminar de raíz, sin tener en cuenta que gran parte de la sociedad adhiere a ese movimiento. Si estuviera en sus manos, impulsaría la proscripción, como en aquellos tiempos de la democracia tutelada. Una democracia a medias que comenzó en 1955 y terminó en 1983.
A principios de este siglo, Elisa Carrió parecía expresar ideas de centro izquierda porque en aquellos convulsionados tiempos, tener como objetivo un nuevo pacto republicano ya era revolucionario. Pero ahora que sabemos qué es el progresismo, sólo podemos ubicarla cerca de la más extrema derecha. Por eso trata de arrastrar a toda la oposición hacia el macrismo, coronando a Macri como el líder de la restauración neoliberal. De tanto arrastrar, terminarán “revolcaos en un merengue y en un mismo lodo, todos manoseaos”.
La mitología siempre colabora con la construcción de analogías. Midas, rey de Frigia, recibió del dios Dionisio el poder de convertir en oro todo lo que tocaba con sus manos. Su vida se transformó en un infierno dorado, al punto de no poder siquiera alimentarse, pues todo lo que intentaba llevarse a la boca se volvía aurífero. Carrió también tiene un don transformador, pero el resultado de su toque no es valioso, vale aclarar. Todo lo que toca se convierte en denuncia, escándalo, insulto, descalificación. Estiércol es lo que produce su tacto, sin dudas. Y lo seguirá haciendo, con todo el hedor que lo acompaña.
Los contagiados de lilitismo
Aunque los opositores critiquen su estilo, en cierta forma, la envidian. No importa que cada vez obtenga menos votos: mientras mantenga su rating siempre será bienvenida. Y resulta muy funcional al establishment cuando destila su veneno hacia todos los que “no son ella”. Su discurso se orienta a destruir toda formación política que no la tenga como fuente y referente. Y todo lo que denuncia y anuncia no tiene más fundamento que su fantástica imaginación ni más fin que incrementar los prejuicios de un sector diminuto de la sociedad. Si bien a algunos exponentes de la oposición no les da el cuero para tanto, consiguen una mediocre imitación.
Sin dudarlo, desde hace mucho, diputados y senadores pisotean las instituciones para defender la República y los medios hegemónicos transforman estas tretas destituyentes en acciones ejemplares. Además, elevan a categoría de sentencia cualquier denuncia, presentan como concepto cualquier disparate, amplifican los defectos y ocultan los logros. Y, al no concretar sus objetivos, en lugar de revisar sus estratagemas, recrudecen los embates.
Pero los periodistas y politólogos hegemónicos tienen una responsabilidad relativa en la convivencia democrática. En cambio, los miembros del Congreso tienen la obligación de respetar la Constitución, cumplir con las leyes y resguardar el funcionamiento institucional. Las ausencias permanentes, el abandono de sus bancas y la negativa constante a acompañar las iniciativas, a pesar de coincidir y proponer cambios, apuntan más a debilitar que a fortalecer el Estado. Desde las elecciones legislativas no han hecho más que boicotear la gobernabilidad para acortar el mandato de CFK. Y como ellos suponen que estamos en transición, el Gobierno no debería hacer nada porque se aproxima el famoso fin de ciclo. Algo nunca visto que un fin de ciclo incluya un 49 por ciento de imagen positiva para La Presidenta y un piso del 35 por ciento de los votos a la fuerza gobernante. Pavadas que se convierten en regla en esos antros de conspiradores conocidos vulgarmente como estudios televisivos.
Que una parte del público crea estas patrañas, vaya y pase, pero que políticos con representación basen sus opiniones en ellas es una enorme irresponsabilidad. Cuando el año pasado los candidatos del Frente Renovador firmaron un compromiso ante escribano para no apoyar una reforma constitucional, muchos pensaron que se traspasaba la barrera del ridículo. Pero no, cuando falta un proyecto político no hay barrera capaz de frenar el afán paródico de los eternos candidatos.
Después de que el juez Eugenio Zaffaroni anunció su renuncia a partir de enero -en cumplimiento de los límites etarios- todos enloquecieron. Los opositores a ultranza, claro está. Enceguecidos por un desprecio irrefrenable, decidieron no acompañar al oficialismo en el nombramiento de un juez que complete el número de miembros de la Corte Suprema de Justicia. La Constitución lo exige, pero ellos se niegan. Y para que nadie dude de su decisión anti constitucional, 28 senadores firmaron un escrito para documentar su compromiso. A pedido del Poder Económico, liderado por las empresas más grandes y destructivas, estos representantes conspiran para debilitar las instituciones. Con la envestidura que les otorga la Constitución y por unos minutos de TV la pisotean sin rubor. Tanto que se llenan la boca cuando hablan de la Justicia, están dificultando su correcto funcionamiento.
Tan desesperados están por proteger los privilegios de una minoría y restaurar el orden neoliberal, que no dudan en incurrir en el delito de sedición. Justo antes del Día de la Soberanía se les ocurre este sainete, para que todos sepan que su única prioridad es despertar la mirada complacida del Amo. Para ellos, lo demás no importa nada.