miércoles, 25 de febrero de 2015

Cuando flota la escoria



Este agitado año electoral promete ser inolvidable. “A río revuelto, ganancia de pescadores”, dice un conocido refrán. Pero es bueno recordar que cuando el agua se remueve, la suciedad del fondo sale a la superficie. Por eso, reaparece Carlos Reutemann desde las sombras de una banca de senador que, en los últimos años, no ha aportado nada a la sociedad. Nada de nada. Porque por lo menos, en 2008 se sumó a los intentos destituyentes de los estancieros y rompió con el kirchnerismo que lo había llevado al Congreso. Traidor es poco. Desde entonces, se mostró esquivo para los micrófonos, aunque reaparecía cada tanto para exponer los dientes y salpicar un poco de su venenosa saliva. Ahora parece que quiere morder, aunque no le dé la dentadura. Después de algunos coqueteos con el massismo, decidió sumarse a la restauración más cruel: el PRO será la fuerza no-política que, además de incorporar cómicos, deportistas y modelos, resucita a uno de los exponentes de nuestro peor pasado.
En verdad, cuesta explicar el porqué de la trascendencia política del siempre segundo corredor de F1. No se entiende por qué su presencia parece tan importante. Hace unas semanas, la codiciada María Eugenia Bielsa desechó la candidatura a gobernadora de Santa Fe porque el peronismo local se negaba a incluir a Reutemann, con la superficial idea de la unión, que termina siendo un amasijo de posiciones inconciliables. La diputada más votada en 2013 sacrificó una victoria segura a la gobernación para defender a este nefasto sobreviviente de los noventa. ¿Alguien puede aclarar qué le ven a un individuo tan insulso? Que Macri lo valore es coherente, pero que quien se identifique con el FPV intente sumarlo -sabiendo que optará por la traición- no tiene ni pies ni cabeza.
Como acostumbra, el ex gobernador santafesino destiló críticas inconsistentes hacia el Gobierno Nacional. Aquí es pertinente abrir un paréntesis. Ya estamos acostumbrados a las infundadas denostaciones de políticos, periodistas y extras de la oposición, a la vez que exigen una autocrítica por parte de las autoridades nacionales y sus simpatizantes. ¿Por qué tenemos que rasgarnos las vestiduras por unos pocos errores si ellos no son capaces de reconocer algunos logros, más allá de la AUH y un par de cosas indiscutibles? ¿Por qué tenemos que autocriticarnos si ellos nunca abandonan la postura criticona?
Reutemann se convierte en un personaje que decidió en qué letrina acomodarse. En declaraciones radiales, expulsó sus peores producciones intestinales: “se está armando una ingeniería para que al que venga le resulten las cosas muy complejas”. Un galimatías cargado de estiércol, muy propio del que debe estar en contra sin saber bien por qué. La expresión inconfundible de un cacerolero más o paragüero, de acuerdo a las características de la última marcha opositora. Para explicar su salto político, confesó sumarse “al proyecto de alguien que tiene ganas”. ¿De qué tiene ganas Macri? ¿De cuadruplicar la deuda en dólares, como ha hecho en la CABA? ¿De eliminar de un plumazo los diferentes programas que suavizan la desigualdad? ¿De privatizar todo lo que el Estado ha recuperado en estos años? ¿De congelar salarios y jubilaciones para que crezca la riqueza de los que más tienen? ¿De facilitar los más suculentos negocios a sus oscuros amigotes?  
Sin lugar para la tibieza
Quien salió a criticar esta jugada poco sutil fue Daniel Scioli. Sin dudas, sorprendió bastante, pues estamos acostumbrados a la ausencia de énfasis, a sus sonrisas en Clarín pero expresión de incomodidad en los actos de Cristina. Pero esta vez, mostró la camiseta. “En la Argentina están dadas inmejorables condiciones para seguir creciendo”, reconoció, contra todo lo que afirman los agoreros, porque es un país desendeudado, reindustrializado, con una matriz productiva basada en los alimentos, con la posibilidad de alcanzar la soberanía energética. Y, envalentonado como nunca, desafió a “los que hablan todo el tiempo de cambio” a que expliquen qué quieren cambiar porque “entre los cambios está la marcha atrás y los argentinos no necesitamos ni retroceder ni empezar siempre de nuevo, necesitamos avanzar”.
Este, por supuesto no es un mensaje destinado sólo a Macri y su reciente incorporación. Todos los candidatos opositores afirman que la situación es desastrosa y lo que se necesita es hacer todo de nuevo. Ni todo es un desastre ni hace falta empezar de cero. En Berazategui, CFK aseguró que “los próximos gobiernos van a tener que seguir haciendo cosas porque les vamos a dejar un país mucho mejor” que el que recibió Néstor Kirchner. Sinceramente, sería una pena que alguno de los paracaidistas de la oposición aterrice en la Rosada para desplegar los estragos que ya hemos conocido en otras décadas.
Si no hemos podido avanzar como nos merecemos es por la resistencia del Poder Económico, que desatiende las iniciativas del Poder Político, el único que podemos elegir con nuestro voto. Si no fuera por la complicidad de algunos jueces con esa minoría, estaríamos mucho mejor. Sólo para refrescar la memoria: un abanico de cautelares protege al Grupo Clarín para cumplir la ley de SCA; otra cautelar frena la expropiación del predio que usurpa la Sociedad Rural; el juez Ercolini tiene embalsamada la causa Papel Prensa; el fiscal en miniatura no revisó una línea de la causa del lavado de dinero; la reforma del Consejo de la Magistratura fue vetada por la Corte Suprema de Justicia, algo que no puede hacer; además, los jueces contribuyen a que las grandes empresas no paguen las multas que la Secretaría de Comercio impone a los abusos y contravenciones. Los jueces deben estar para garantizar el cumplimento de las leyes, no para ser cómplices de estos delincuentes.
Después, estos jueces se enojan cuando La Presidenta habla del Partido Judicial. La Asociación de Magistrados respondió a la carta de CFK asegurando que “el Judicial no es un partido, sino un Poder del Estado”. El único con miembros a perpetuidad, exentos de impuestos y control patrimonial y que no se someten a elección popular, ni siquiera de manera indirecta. Encima, con un puñado de hipócritas que ya están quedando en evidencia. Esos que integran casi una logia mafiosa con los grandes empresarios, advierten que estamos ante “un vulgar –no por eso menos peligroso- intento de presión y condicionamiento”. Si serán caraduras estos muchachos. Como si las presiones no vinieran de Comodoro Py, el brazo ejecutor de los condicionamientos del Círculo Rojo al Gobierno Nacional. Y para coronar esta muestra de hipocresía,  agregan que “no cabe sino repudiar el discurso maniqueo que, bajo la apariencia de denunciar divisiones, en realidad pretende generarlas”.
No, señores. Ya no nos engañan. La división ha existido desde siempre y es imposible de superar. De un lado están los que quieren gobernar en su propio beneficio dejando desamparada a la mayoría, como han hecho tantas veces. Y del otro lado estamos nosotros, los que queremos que nuestro país nos incluya a todos. Como expresó CFK en Berazategui: “lo más importante, más allá de los logros de este gobierno, es haber recuperado la esperanza y la ilusión de que millones de jóvenes creen que es posible desarrollarse, crecer, trabajar, estudiar y progresar en su patria”. Pero ellos, los que hablan de la grieta, se han convertido en un estorbo y mientras más se amontonan, más fácil será apartarlos de nuestro camino.

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