lunes, 2 de febrero de 2015

El burlador burlado



La polvareda levantada por la inconsistente denuncia de Nisman contra CFK y algunos funcionarios y su posterior –extraño, oportuno, funcional- suicidio ya se está aplacando. Sólo quedan algunos conciudadanos y políticos caceroleros que vociferan que los K matan a todos los que se oponen. Como un tontuelo ejemplo, en algunos portales pusieron entre comillas el accidente que costó la vida del periodista económico Tomás Bulat, pero sólo por unos minutos, porque las canalladas tienen patas cortas. Quizá buscaban sembrar una nueva sospecha para cosechar algún sepelio con cacerolazo incluido, donde un insignificante grupo de indignados porten carteles que recen Yo soy Bulat. Pero no lo lograron. No se atrevieron a abusar más de la ingenuidad de “la gente”. O tal vez los prejuicios no alcancen para tanto. Hasta ahora, las investigaciones llevadas adelante por la fiscal Viviana Fein inducen a pensar que ha sido un suicidio. Sólo falta que la jueza opositora Fabiana Palmaghini cierre pronto este no-caso y no lo estire hasta después de las elecciones.
Porque de todo este episodio que alteró nuestro enero y trató de opacar el éxito turístico se pueden sacar algunas conclusiones, más allá del hecho policial que coronó la operación. Si bien la llegada del fiscal estuvo teñida de una incomprensible urgencia, todo estaba planeado desde fines de diciembre, de acuerdo a la información de Iberia. En este punto, hay una contradicción: ¿miente el fiscal en sus mensajes de whatsapp o lo hace la empresa con la fecha de la compra de los pasajes? Resolver esto no aclara demasiado los motivos del suicidio, pero casi confirma la presencia de un siniestro plan. La urgencia es incompatible con el contenido de su denuncia y más aún en el contexto de la feria judicial. O mejor, esa simulada urgencia y la dolorosa imagen de la suspensión del viaje con su hija aportan un condimento que le dan sabor al mamotreto. Sabor que per se no tiene, salvo el de la tinta y el papel desperdiciado.
Las desmentidas comenzaron apenas el fiscal apareció en escena: nunca se solicitó la baja de las alertas rojas, no hay compra de petróleo a Irán, sólo los privados venden sus cereales y no se buscaba el encubrimiento, sino todo lo contrario. El encubrimiento lo llevaba adelante Nisman congelando las investigaciones, obedeciendo las órdenes de la embajada norteamericana y presentando una cautelar contra el memorándum de entendimiento, impidiendo así indagar a los sospechosos. El encubridor denunciaba como encubridor al gobierno que había intentado por todos los medios esclarecer el atentado a la sede de la AMIA. En su escrito, el fiscal denuncia a La Presidenta y al canciller de ordenar la baja de las alertas rojas, sabiendo que eso sólo puede solicitarlo el juez de la causa. Desde mediados de enero, Nisman comenzó a mentir en público. Después, con su suicidio, trataron de convertirlo en héroe.
La operación no termina porque los flojos papeles que estaban en manos del juez Ariel Lijo, pasaron a Daniel Rafecas y después a Sergio Ramos. Un peloteo siempre funcional a los intereses agoreros. Tanto cualquiera de ellos como Palmaghini pueden actuar con seriedad para calmar las aguas destituyentes o seguir alimentando titulares para que esta farsa forme parte de la campaña opositora. Pueril intento de emporcar la escena para acelerar los tiempos electorales. Desde sus oscuras madrigueras, los carroñeros planeaban el final de esta década y otra vez fracasaron: su mortal puñetazo, resultó un coscorrón que apenas provocó un dolorcito.
¿Qué significa hablar de Nisman?
En su Cadena Nacional del viernes, La Presidenta esbozó una metáfora: “en pleno ejercicio de mis funciones, un poco averiada como en la batalla naval, pero jamás hundida”. Hay de todo en esta frase, desde su reafirmación como mandataria hasta el reconocimiento de que estamos protagonizando una feroz batalla. Disyunciones en todas sus variantes: democracia vs corporaciones, patria o buitres, semi-izquierda y casi ultra-derecha, mayoría popular contra minoría patricia. Aunque desde los medios hegemónicos resaltaron que Cristina “no habló de Nisman”, durante todo el discurso estuvo hablando de ello. Las premoniciones agoreras, las mentiras, el ocultamiento de los logros, la exacerbación de algunos tropiezos como si fueran dramáticas caídas al abismo, las conspiraciones del Poder Económico… Todo eso forma parte de “Nisman”. Pero Ellos no se quedarán tranquilos hasta que CFK confiese que dio la orden para asesinar al fiscal. Que esperen sentados porque eso no pasó y, en todo caso, son Ellos los que deberían dar explicaciones sobre esta enredada trama.
Como si nada pudiera opacar el brillo de esta década, La Presidenta anunció un nuevo aumento de los haberes jubilatorios. No para distraernos de la opereta que armaron, como recitan algunos peleles, sino en cumplimiento de la ley, cuestionada en su momento por los opositores con énfasis. Desde que entró en vigencia la Movilidad a comienzos de 2009, el haber mínimo pasó de 690 pesos a 3821 por mes. En seis años hubo 13 aumentos que representan un 454 por ciento, por encima del índice inflacionario más descabellado. Y para los que les gusta jugar con los números, el haber mínimo está a un punto de pisar el famoso 82 por ciento móvil que tanto se reclama desde el sindicalismo opositor. Un datito más para aportar: Argentina ostenta la mayor cobertura previsional con casi el 94 por ciento de las personas en edad de jubilarse.
También fracasaron en su intento de minimizar los records batidos en los centros turísticos. Durante el fin de semana tantearon con una foto que terminó pateándoles en contra. Muy sueltos de cuerpo, afirmaron que la mitad de los argentinos “no pueden ir ni a la esquina”. A pesar de tanta pulsión al desánimo, pensar que casi veinte millones de ciudadanos pudieron tomarse vacaciones es un dato alentador que nos invita a seguir por este rumbo. Sobre todo, si se tiene en cuenta que apenas trece años atrás esa misma proporción estaba por debajo de la línea de pobreza y la otra mitad, en serio, no podía llegar ni a la esquina. El verano 2001-2002 mostraba las playas de Mar del Plata absolutamente vacías. La estrategia de mostrar fotos para ocultar la película completa ya no resulta tan efectiva.
Con una mano en el corazón, a los agoreros no les sale una bien. Desde el 19 de enero, acusan al Gobierno de tratar de desviar la atención del caso Nisman con cada nueva medida que se toma. Pero la realidad es otra: ellos son los que pretenden tapar con el caso Nisman –primero con la denuncia y después con su muerte- los logros de este proyecto. Como si los candidatos del establishment pudieran garantizar tanta felicidad compartida con sus amenazas de restaurar el modelo importado que nos condujo a la peor de nuestras ruinas.
Por eso molesta la Voz de La Presidenta, por eso los descontrola que no nos mostremos derrotados, por eso los desorienta que los números no les sean favorables. Porque no tienen argumentos, sino vocinglería; porque no pueden revelar sus propuestas, sólo recitan consignas vacías; porque saben que sus máscaras están cayendo. Por eso piden el silencio de La Presidenta y ésa es una muestra de impotencia. Cada palabra los debilita más, los pone al descubierto, revela la oscuridad de sus intenciones. Cada logro en la búsqueda de nuestra felicidad es una estocada mortal para estas bestias en vías de extinción.

3 comentarios:

  1. Una clara descripción que no necesita análisis complicados ni ser un genio para descubrir en el sensillo lenguaje el no caso del inexistente fiscal especial

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