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viernes, 6 de febrero de 2015

Un verano con Nisman


Desde hace mucho tiempo, los veranos informativos dejaron de ser apacibles y farandulescos. Antes, el periodismo se tomaba vacaciones y las cámaras recorrían las playas en busca de un famoso que aporte alguna declaración modestamente escandalosa. Lejanos tiempos en blanco y negro o con colores estridentes, cuando los canales no sabían cómo llenar tanto espacio. Un dato memorioso: en el último verano del gobierno de Alfonsín, como la crisis energética era real y contundente, la transmisión comenzaba a las cinco de la tarde, un poco por ahorro y otro poco porque no había nada que decir. “Horario de verano”, le decían. El nuevo siglo comenzó a regalarnos eneros más intensos, plagados de operaciones y movidas especulativas para aportar más calor a una población casi derretida, al menos en el centro y norte de nuestro territorio. Por supuesto, este año -que es electoral- no ha sido la excepción.
 Como las catástrofes vaticinadas por los agoreros no se convirtieron en realidad, algo tenían que pergeñar para alimentar la campaña electoral de los deslucidos candidatos de la oposición. Entonces, a mediados de enero, el fiscal que había dejado dormir la investigación sobre el atentado a la AMIA, emergió de las sombras para convertirse en héroe. No es necesario explicar demasiado a esta altura de la vida porque hay una nueva expresión que lo sintetiza todo: lodenisman. Los que utilizan este hallazgo de la semiosis son periodistas y políticos de la oposición que tratan de condensar en este nuevo signo el despiadado accionar de CFK que manda a matar a todo el que piensa distinto, sobre todo cuando la denuncian. Tan sintético y potente es este nuevo término que ha inspirado tweets de algunos personajes internacionales, que recibieron más acogida de la que merecían.    
A pesar de la genialidad del “error involuntario” de la fiscal Viviana Fein, lodenisman está ganando terreno. Tanto uno como otro son funcionales a la operación mancomunada y ya no tan letal contra La Presidenta. Pero lodenisman tiene una mayor riqueza porque en su significación sólo entra lo que a los confabuladores les interesa: aquello que pueda emporcar la fachada de la Casa Rosada. No hay referencia al “apuro previsto” por retornar al país para presentar una denuncia payasesca ni tampoco al empleado-amigo que le prestó un arma para proteger a las hijas que estaban en Europa; no importa la escena que sugiere un suicidio, con muchos testigos incluida la propia madre del fiscal, que no mentiría para beneficiar al Gobierno, precisamente; tampoco incorpora la escabrosa historia del fiscal y su relación con la embajada de EEUU, que guiaba –o desviaba- la investigación. Lodenisman establece la culpabilidad de Cristina en la muerte del fiscal sin que exista un solo elemento que insinúe esa hipótesis. Claro, lo han planeado de esa manera y no van a permitir que la verdad desbarate su estrategia.
¿Otra vez sopa?
Para ellos, CFK hace cualquier cosa menos preocuparse por lodenisman. Hasta criticaron con una saña desproporcionada el desafortunado tweet que hablaba de la Cámpola, el aloz y el petlóleo. Ellos, tan estigmatizadores, cuestionaron la parodia que hacemos de un chino cuando habla español. Pero además, como ocurrió lodenisman, nuestra vida debe ser un reguero de lágrimas hasta ver en el cadalso a La Primera Mandataria. Tan absurdos son sus reproches que hasta parece que la Gran Muralla se construyó para ocultar lodenisman.
Tan ansiosos están para lograr contundencia con esta peligrosa opereta, que un grupo de fiscales y magistrados convoca para el 18 de febrero a una especie de “cacerolazo silencioso” al que tratan de quitar cualquier connotación política. Ni ellos se creen este propósito. Que jueces y fiscales marchen por las calles reclamando justicia para un caso que está en proceso de investigación suena paradójico, además de patético. Y hasta oportunista. Más que un reclamo, parece una presión, de ésas de las que siempre se quejan en cuanto tienen un micrófono hegemónico. Claro está que a una movilización oportunista se van a sumar muchísimos oportunistas: candidatos obedientes que ya no saben qué hacer para robar cámara y conseguir algo de trascendencia. Por lo que parece, y de acuerdo a los datos que comienzan a asomar en el horizonte investigativo, muchos de los que hoy claman por la verdad –eufemismo que significa la confesión de La Presidenta por un crimen que no cometió- se las verán en figurillas para ocultarla cuando comience a salir a la luz.
Mientras tanto, los ataques judiciales continúan. Una broma infantil provoca la paranoia del juez Claudio Bonadío. Tal susto se llevó que tardó casi una semana en denunciar la pueril amenaza presentada en un bricolaje, casi parodia de pelis de mafiosos. Claro, reacciona justo cuando la Cámara Federal lo reprende por no respetar garantías constitucionales en el caso de Hotesur. A este nuevo acting del mediático juez se suma una nueva medida cautelar que protege la rebeldía del Grupo Clarín ante la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, plateando cuestiones ya resueltas por la Corte Suprema de Justicia hace más de un año. Si Ricardo Lorenzeti no se siente ofendido por el menosprecio que recibe el fallo de la institución que preside, no es merecedor de ese cargo. ¿Para qué están los Supremos si no es para resguardar el cumplimiento de las leyes? Sin embargo, desde hace más de cinco años, el principal grupo mediático del continente sigue preservando sus privilegios gracias a un manojo de jueces funcionales a esos intereses.
Lejos de molestarse por tamaño atropello a la República, los candidatos serviles firmaron un documento elaborado por la Asociación de Magistrados bajo el pomposo nombre de “Acuerdo político institucional en defensa de la independencia judicial”. En este punto es necesario un nuevo análisis semántico. Tanto para periodistas como para jueces, fiscales y políticos opositores, el término ‘independiente’ significa ni más ni menos que todo lo que está en contra del kirchnerismo. Sergio Massa, Ernesto Sanz, Julio Cobos, José Manuel de la Sota y el único socialista que hubiera votado por Capriles y cree en la mano invisible del mercado, Hermes Binner se comprometieron con su firma a “afianzar la justicia y asegurar la vigencia del principio de separación de poderes que reconoce correlato ineludible en la autonomía del Poder Judicial”.
¿De qué separación de poderes están hablando, cuando desde hace más de cinco años algunos jueces cómplices del Círculo Rojo frenan cualquier iniciativa que el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo elaboran a través de los mecanismos constitucionales? ¿Así piensan gobernar en caso de acceder a la presidencia, con esa infame obediencia debida que nos ha conducido a las peores crisis? ¿A quién van a representar, al pueblo que los vote o a los angurrientos que quieren volver a gobernar nuestro país al ritmo de su descomunal avaricia? ¿Así debe funcionar la democracia para estos títeres, con los poderes corporativos por encima del único poder construido con el voto popular?
Ya casi no quedan dudas: los que simulan ser adversarios, en realidad comienzan a mostrarse como enemigos. Y el ‘casi’ aparece como una innecesaria muestra de modestia. El beneficio de la duda, que le dicen. Quien aún no ha advertido que a estos personajes les interesa un bledo el futuro del país –y, por tanto, el nuestro- no debería considerarse argentino. Quien aún crea que los intereses del pueblo pueden convivir con los privilegios de los carroñeros, padece de una amnesia irreversible. Todo está tan claro que, quien no lo ve, es porque sus prejuicios le impiden quitarse la venda.

2 comentarios:

  1. ¡ Felicitaciones, Gustavo !.
    Una excelente visión e idéntica descripción de la situación generada por la muerte de Nisman.
    Me permito tomar como un exceso de optimismo de tu parte, en lo que dejas traslucir con éstas, tus palabras: "se las verán en figurillas para ocultarla cuando comience a salir a la luz.".
    ¿Realmente crees que la "investigación" que lleva a cabo la fiscal Fein aportará alguna luz sobre el hecho?.
    Mas aún..., de aportarla..., ¿Que decidirá la jueza a cargo de la causa?.
    En este punto en especial, tengo una visión diferente a la tuya. Ruego estar equivocado.
    Un cordial saludo.

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    1. Soy un optimista perpetuo e incurable. No creo que el martillo de la jueza llegue a condenar a un culpable, pero nos daremos cuenta de quién es cuando lodenisman se desvanezca de los medios hegemónicos. El silencio de Ellos será como una confesión.

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