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miércoles, 11 de marzo de 2015

La prepotencia de los victimarios



¿Cuándo decidirá la Academia Sueca retirarle el Nobel de la Paz a Barack Obama? O, por lo menos, que alguno de sus miembros le explique qué significa semejante galardón. Porque Obama parece un nostálgico de los setenta: ¿querrá inaugurar un nuevo ciclo de golpes de Estado en la región? En estos días, declaró que Venezuela es una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad de su país. Pero está equivocado: es la pulsión imperial del país que preside una amenaza monstruosa para el resto del mundo. ¿Cuál de los dos países ha desatado más guerras, bombardeado e invadido más países? Como siempre, los prepotentes se disfrazan de víctimas para lograr sus perversos fines. Pero ahora no va a resultar tan fácil descabezar los movimientos populares que están surgiendo en la Región desde hace más de diez años. Aunque con timidez, los países latinoamericanos están superando la modorra y comienzan a manifestar sus protestas por la peligrosa intromisión en una nación hermana. Cualquier descuido podría ser fatal: la derecha restauradora acecha para apropiarse otra vez de nuestros bienes y sumergirnos en las telarañas de un nuevo neoliberalismo.
En las últimas elecciones presidenciales de la República Bolivariana, el candidato opositor Henrique Capriles –ídolo del socialista vernáculo Hermes Binner- valoraba muchas de las transformaciones realizadas por el socialismo chavista pero proponía un cambio. Lo mismo pero distinto. Tan eficaz resultó el engaño que estuvo a poco de derrotar a Nicolás Maduro. Por eso, la estrategia está haciendo escuela. Sin ir más lejos, los candidatos de la oposición criolla avanzan por esa huella. Ya no sorprende que Macri –como “buen peronista”- cite la frase de Perón que mejor pudo memorizar. La única que tal vez pueda cuadrar con su destructivo ideario. "La estrella polar de un país debe ser la productividad” dijo Macri que decía Perón. Lo menos representativo de la esencia del peronismo. Perón debe haber dicho muchas cosas, pero no todas son eternizables.
La nueva treta parece ser una reformulación del neoliberalismo noventoso. En aquellos tiempos, “achicar el Estado agrandaba la Nación”. El Estado mínimo garantizaba el predominio del mercado. La ecuación era menos Estado y más mercado. El nuevo neoliberalismo no reniega de la necesidad del Estado para garantizar los derechos esenciales pero, a la vez, propone una baja impositiva y disminución de los controles a las grandes corporaciones. Algo así como más Estado y más Mercado ¿Cómo funcionará esa extraña combinación? La imaginación no llega a tanto. Pensar como armónica la relación entre la equidad y la angurria incontenible requiere mucha ingenuidad. Ya sabemos quiénes ganan cuando cedemos un poco. Experimentar semejante engendro puede desatar angustias en gran parte de la población y dramas que ya hemos padecido a comienzos de este siglo. ¿Para qué arriesgar lo que hemos conquistado? ¿Para qué cercenar el camino que nos conduce a conquistar lo que nos falta?
Los acaudalados quejumbrosos
En la feria corporativa de Expoagro, los candidatos de la oposición menearon su rabo ante los poderosos estancieros. La promesa de campaña es la disminución de los impuestos y la eliminación de las retenciones a las exportaciones agropecuarias. Pero también prometen mantener las ayudas sociales que hagan falta para garantizar el bienestar de los más vulnerables. Y en el listado de la continuidad estarán la construcción de escuelas, viviendas, hospitales, rutas, autopistas, centrales nucleares, satélites y los incentivos a la investigación científica. Por supuesto, también conservarán YPF, Aerolíneas y los fondos de pensión en manos del Estado. A la vez, las arcas públicas deben estar a disposición de cualquier siniestro o emergencia climática y  brindar estímulos a las producciones regionales. ¿Cómo harán todo esto sin recaudar impuestos? ¿Apelarán a la maquinita que tanto cuestionan o a los créditos externos a tasas leoninas a los que son afectos?
Claro, en el futuro que los nuevos neoliberales están diseñando, los estancieros no presionarán al Gobierno Nacional con un cese de comercialización porque sus demandas serán satisfechas con una sencilla llamada telefónica. En cambio ahora deben apelar a todas sus tretas para incrementar un poco sus ganancias. Hasta llegan a comportarse como menesterosos con tal de llamar un poco la atención. El año pasado, para forzar una devaluación del peso se sentaron sobre los silo-bolsas sin soltar un poroto de soja. Y no les salió tan bien porque la cotización está en caída libre desde hace meses. Ahora se viene esta medida de fuerza porque quieren que el Estado compense las pérdidas. Además de malos jugadores, son malos perdedores. Que la Federación Agraria se haya desatado de la Mesa de Enlace, conformada ahora sólo por los patrones rurales, debilita bastante su protesta. Además, aporta un poco de coherencia: inadmisible que los pequeños productores estén al servicio de los más grandotes.
Para que no nos engañemos, estos sectores concentrados de la economía no sólo se quejan porque quieren más plata: también están haciendo su aporte a la campaña electoral. Aunque han ganado fortunas en estos años, prefieren tener en La Rosada un aliado incondicional o un obediente mayordomo que garantice la multiplicación de sus ganancias sin arriesgar un centavo. Y que les permita fugar divisas a su antojo para engrosar cuentas en el extranjero. El gobierno con el que sueñan nunca tendrá en su equipo a un funcionario como Ricardo Echegaray, que exige al banco HSBC la repatriación de los 3500 millones de dólares fugados por contribuyentes argentinos. Cuando éramos el granero del mundo estas cosas no pasaban. Que el titular de la AFIP haya asistido a la audiencia organizada en la Cámara de los Comunes del Parlamento británico para analizar las maniobras de ese banco ruboriza a los poderosos locales.
El modelo que pregonan es el fracaso de los pueblos, el empobrecimiento de las mayorías en beneficio de una minoría insaciable, con el maquillaje engañoso con que los candidatos cubren su cínico rostro. El ideario que defienden es la destrucción de las fuentes de trabajo, la precarización de los salarios, el recorte de asignaciones y jubilaciones. Endeudamiento, especulación, evasión es lo que quieren para el futuro. Un país al servicio de sus cuentas bancarias. Porque el kirchnerismo impide a medias estas tropelías quieren desterrarlo para siempre. Porque Venezuela se resiste a regalar su dignidad, las plantas del Imperio amenazan su territorio. La misma lógica en diferentes dimensiones. El plan desestabilizador que atraviesa todas las fronteras. El Sur se resiste a estos intentos carroñeros. Un nuevo siglo estamos construyendo: no nos equivoquemos al elegir los ladrillos.

5 comentarios:

  1. Gustavo permitame llevarlo al facepopular.net. , a Pagina Popular.

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    1. Llevalo con confianza, que es gratis. Gracias por ayudar con la difusión. Abrazo

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  2. Otra vez muy bueno y sale para la difusión - gracias!

    Pablo López

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  3. Brillante analisis Gustavo , lamentable es ver a idiotas utiles q defienden otro modelo creyendo q seran incluidos ABZO
    Juan Pierantoni

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    1. Así es. En cierta forma, lo dijo la Presidenta ayer ante los militantes. Los que han mejorado su calidad de vida deben evaluar si los que van a elegir les pueden garantizar seguir mejorándola. Y seguro que no. Pero no hay que asustarse, la campaña todavía no empezó y Cristina está decidida a que este proyecto continúe. Abrazo

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