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viernes, 20 de marzo de 2015

Una historieta de engaños y desengaños



Patético que algunos operadores disfrazados de ciudadanos comprometidos sigan insistiendo con convertir en estatua a alguien que fue casi un tránsfuga. Y lo seguirá siendo porque si bien un muerto no puede defenderse, tampoco podrá revertir su funesta trayectoria. Un par de fotos fiesteras y algunos datos sobre su avidez bastan para desmoronar a ese personaje que trataron de presentar como ilustre. El fiscal rodeado de chicas conforma un cuadro que no debe tomarse a la ligera. Esas mujeres con poca ropa y poses provocativas no estaban así porque Nisman les caía bien, sino porque había plata de por medio. Un funcionario judicial que avala el comercio sexual –y esto sin moralinas- no le hace muy bien a la lucha contra la trata de personas. Si su accionar en la investigación del atentado a la AMIA hubiera aportado a su esclarecimiento, esas fotos serían una insignificancia de mal gusto. Pero en todo este tiempo sólo produjo la nada; en realidad, lo único que salió de su trabajo fue la insostenible denuncia contra la presidenta, el canciller y el diputado. Entonces, ¿qué están reivindicando del fiscal?
Como si conformaran un quinteto del mal humor, Nelson Castro, Santiago Kovadloff, Sergio Bergman, Laura Alonso y Patricia Bullrich trataron de emular el éxito del 18F sin obtener más resultado que una decadente parodia. Como si nada hubiera pasado en un mes, sus discursos apuntaron a lo mismo. O peor: falsedades, escaso público y casi nulo fervor. Un fracaso destituyente más. Sin temor al papelón, Kovadloff declaró estar ahí “para que la verdad no se convierta en un desaparecido más”. Tantos errores conceptuales y éticos en pocas palabras no hablan muy bien del filósofo del establishment. El periodista Nelson Castro, exhibió su obsecuencia al calificar la muerte de Nisman como magnicidio institucional, a tono con los exagerados intentos de Arroyo Salgado. Pero el más ridículo de los tres fue el rabino Bergman al advertir que “nos quieren meter miedo” y exultante, anunció que “el próximo 18 nos volveremos a ver”. Tal vez en un barcito de la zona, café de por medio. Las diputadas Bullrich y Alonso no abrieron la boca, para no convertir la parodia en una desopilante comedia.
 Si algo le faltaba a este episodio es la pretensión de continuidad histórica. En la soledad de la plaza Lavalle, ese medio centenar de manipulados forjó un colectivo con aspiraciones fundacionales: Memoria Nisman. Si ésta es la idea, que no se quejen cuando salgan a la luz más trapisondas de este oscuro personaje que consideran un héroe, más por necesidad que por veracidad. Esto demuestra una vez más que ya se sienten derrotados antes de ingresar a la cancha porque aferrarse a la estampita de Nisman sugiere desesperación.
Aventuras explosivas
Los que blanden a Nisman no son los únicos desesperados. El sábado pasado, los radicales debatieron acaloradamente, pero no sobre el proyecto de país que propondrían a la sociedad sino qué tabla de salvación elegirían para ocultar la decadencia de sus dirigentes: si al menguante Massa o al cínico Macri. Después de muchas horas de discusión, eligieron al que no tardó en demostrar que es la peor opción, no sólo para ellos, sino para el país en su conjunto. Los boinas blancas demostraron su justificado enojo en las calles, con recordatorios poco amistosos para los familiares de Ernesto Sanz. Si soñaba con una ovación de las multitudes, deberá esperar su próxima vida, porque en ésta sólo merecerá el repudio.
Encima, el Alcalde Amarillo comenzó a exhibir su desprecio triunfalista mucho antes de las PASO. No pudo esperar hasta agosto para demostrar su voluntad traicionera. Con su habitual descaro –que algunos confunden con sinceridad- Macri descartó la posibilidad de un gobierno de coalición, lo que significa que el que pierda en las primarias no conseguirá ni un miserable puestito. “Yo no voy a hacer un gobierno condicionado ni integrado de una manera forzada”, explicó en estos días. Si lo hubiese aclarado antes, la decisión de Gualeguaychú hubiera sido otra. Pero no, lo dijo después para que quede en claro su perfidia. “Acá vamos a competir y el que gana es el que va a conducir y a armar su gobierno y pedirá o no colaboración. Esos son los términos en los cuales lo hemos planteado”.
Sanz todavía tiene tiempo para deshacer este entuerto y sobran los motivos para intentarlo. Si no lo hace, el colectivo radical tendrá todo el derecho de condenarlo al ostracismo. Confusión o mentira es lo que el presidente de la UCR presentó como argumento en esa ardiente convención. “Macri entró en abierta contradicción con las palabras pronunciadas por Sanz para justificar una alianza con el PRO”, reprochó Ricardo Alfonsín. “No creo que los radicales acompañen a Macri para que los represente”, auguró Julio Cobos, el experto en traiciones.
Además de estas discusiones de cartel, ya comenzaron los chispazos ideológicos. Con mucha seguridad, el dirigente amarillo prometió que al día siguiente de asumir la presidencia liberará el dólar, como corresponde. El único que celebró esto fue Cavallo, un salvavidas de plomo para el macrismo. Ni sus asesores económicos avalaron tamaña bestialidad, que habilitaría la especulación, el vaciamiento y traería nefastas consecuencias para los más vulnerables. Cobos y Sanz salieron a cuestionar esta declaración, lo que evidencia que no coinciden en nada, salvo en derrotar al kirchnerismo.
Por si algo faltaba en este circo electoral, irrumpió en la pista la diputada Carrió. “La gente me pidió República –recordó- ahora guarda con lo que van a elegir”. Después de recomendar a los electores “que sean inteligentes”, amenazó con que, en caso de no resultar elegida, abandonará la política para siempre. Y para asegurar su victoria, comenzó a disparar dardos sobre sus recién estrenados aliados: “a diferencia de Macri o del radicalismo, yo no me financio con grandes empresarios”. Si este cóctel explosivo sobrevive hasta agosto, será un milagro de la no-política.
Más allá de lo divertido que puede ser este sainete electoral, hay que tener en cuenta los peligros que encierra. Sin tapujos, Macri promete ser un gerente de los empresarios que asistieron a su carísima cena de campaña. La libertad para el dólar no será en beneficio de la mayoría sino para la especulación de la minoría y las inversiones que asegura tendrán las características coloniales de los noventa, con restricción de los derechos laborales incluida. El Alcalde Amarillo es más peligroso que la mordedura de una serpiente. El histrionismo mediático de Carrió y la estructura nacional del partido centenario se han puesto al servicio de un enemigo del bienestar colectivo. Que se hagan cargo del monstruo que están potenciando por anti-kirchnerismo ciego. Una felonía de perniciosas consecuencias para el futuro de casi todos.

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