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lunes, 27 de abril de 2015

Una batalla entre vientos



Mientras la menguante Corte Suprema de Justicia –o de Justicia menguante- insiste en despertar nuestra indignación, los aprovechadores de siempre nos siguen provocando, y no sólo asco. También, mucha vergüenza. Que el Presidente Supremo haya sido reelegido una vez más puede parecer monarquía, pero que este hecho se haya producido con tantos meses de antelación suena a desafío. O precaución, porque prevé que no serán sus favoritos los que continúen con las riendas del país. Un gesto tan desafiante como la permanencia de Carlos Fayt, un miembro momificado que supera largamente los noventa años y no con ostentación de vitalidad, precisamente. El lujo de hace unos años se está transformando en bochorno. El aire fresco que significó la renovación del Máximo Tribunal se está enviciando con fétidos soplos que no provienen del pueblo, sino de los más nocivos centros de poder. Una vez más, deberemos apelar a los vientos del sur para que arrastren toda la pestilencia y que la barran para siempre.
Porque parece que de eso se trata: de una batalla de vientos. Uno del Norte: espeso y reiterativo; prepotente y destructivo; imperial y sofocante. El otro, el que ha comenzado a soplar en 2003, el del sur: fresco, dinámico, ecuánime, vivaz. El primero, restaurador. El segundo, transformador. Uno erosiona lo que encuentra a su paso y lo corrompe; el otro, frena la nefasta destrucción para revertirla. El primero amontona acólitos, sirvientes y hechizados a través de sus cada vez más obvios engaños. El segundo convoca a desposeídos y solidarios para construir un colectivo plural.
¿A qué viento responden los especuladores, esos que abusan de su poder para sacar deplorables ventajas? Ya es sabido que las cenizas de un volcán chileno dificultan la vida de los habitantes del sur cordillerano. ¿Con qué nombre llamar a los comerciantes que aprovecharon la situación de catástrofe para incrementar el precio de barbijos y botellas de agua? ¿Merecen sólo una multa, una clausura temporal o algo más severo? Más aún si, en lugar de pequeños comerciantes son empresarios con gran poder en la zona. Seguro que sus corazones no reciben el soplo del lugar en que habitan, sino que deben boquear ante el viento del Norte que creen avizorar en el oscuro horizonte.
Pero más allá de esas estafas oportunistas, están aquellas que son cotidianas. Una vez más, la Secretaría de Comercio detectó una de las tantas avivadas de las grandes empresas: en más de 400 mediciones, constató que en muchos productos, el envase anuncia un peso superior al contenido. El 2,3 por ciento en promedio que se hurta significan ganancias extraordinarias para los supermercados y los productores. Algo de todos los días; un saqueo de las billeteras que será castigado con las multas correspondientes. Esto demuestra que no es posible dejar de vigilarlos porque, en cuanto uno se descuida, los malos vientos los impulsan a actuar como vulgares ladrones a gran escala.
El inexplicable fenómeno amarillo
Contra todo lo que proponen algunos candidatos a la presidencia, la libertad de mercado no es el mejor camino para alcanzar la equidad. Al contrario: el mercado es voraz, no solidario. Cuando sólo el interés de una minoría gobierna, la mayoría padece la escasez. Con esos vientos tan mezquinos, la brecha entre ricos y pobres se acrecienta. El Estado producto de estas brisas es el distraído, bobo, ausente o cómplice. O todo eso junto. Esos vientos del Norte acarrean un Estado PRO, un modelo de gobierno-gerente que basa su eficiencia en buenas estrategias de marketing.
Sin dudas, todavía no comprendemos al PRO. Menos aún a los ciudadanos que ven en las fuerzas amarillas una esperanza para el futuro. ¿Qué alucinógeno arrastrarán esos vientos que circulan por la Capital del país? Para que coronen a Horacio Rodríguez Larreta como el candidato más votado debe ser muy poderoso. Nada de carisma, de belleza o de intelecto. Con el espaldarazo de Macri, el sapo se transformó en príncipe de cuento de hadas. Con la magia de esos vientos, una gestión desigual, desaliñada, opaca puede parecer todo lo contrario. Que esos vientos incluyen el blindaje y la confusión de los medios hegemónicos es indudable. Un método que da resultado, al menos, en algunos puntos del país.
Pero sobre todo en la CABA. Claro, ahí se concentra todo el esfuerzo vocinglero. En ese espacio mínimo de nuestro territorio se construye un discurso estético que pugna por imponerse al resto del país. Un gigantesco ombligo que se pretende fundacional. Una remake de la lucha entre unitarios y federales, una batalla por el discurso, un choque de vientos.
Una vez más, los ciudadanos porteños optaron por la continuidad amarilla. A pesar de las falencias administrativas, estructurales y sociales, los habitantes de la CABA se sienten conformes con la gestión PRO. Allá ellos. Lo grave es que están permitiendo que esa impronta egoísta, limitada y elitista se propague al resto del país. Porque con su voto confirman la edulcorada visión mediática que se difunde y que los ciudadanos del interior no pueden palpar. Con el apoyo incondicional al modelo amarillo están validando el engaño de los medios dominantes.
Y para quien piense que estas presunciones son producto de la paranoia, un par de frases del domingo por la noche bastarán para desalentar esas interpretaciones. La diputada Elisa Carrió, exultante, anunció que “la Capital es de la República y no de La Cámpora ni de Aníbal Fernández”. Después se quejan por la grieta, cuando son personajes como éste los que la ensanchan. La legisladora se transforma en un juglar que relata los resultados de una batalla y celebra el triunfo de sus partidarios. Los unitarios de un lado y los federales del otro. La civilización de la mano de los conquistadores de la Capital; la barbarie está en los derrotados, los salvajes de La Cámpora y su líder, Aníbal Fernández. Un absurdo que será convertido en mantra por la amplificación mediática.   
La derrotada en la interna amarilla, Gabriela Michetti, con una dignidad de manual, felicitó a su rival, Rodríguez Larreta. Y también afirmó su deseo de amarillear el país. “La Argentina necesita cambios profundos y el PRO tiene dos desafíos importantes: ganar la Ciudad y ganar las presidenciales de la mano de Mauricio Macri”, amenazó con una energía inusitada. Cambios profundos que no se han realizado en el principado de la CABA. Ni los kilómetros de subte prometidos ni las obras para evitar inundaciones figuran entre los logros de Macri. Ni la urbanización de las villas ni la construcción de viviendas. Ni la salud ni la educación pública. Estos cambios con los que sueña Michetti, parecen más pesadillas. Pesadillas que tientan a sus votantes, vale siempre recordar.
“No tengamos miedo”, alentó el padre de la criatura, Mauricio Macri, aunque no aclaró de qué. Como si fuera un predicador yanqui con mal doblaje, el Alcalde Amarillo anunció: “el país espera otra forma de hacer política. Si logramos mejorar la educación en la Ciudad, hay que hacerlo con toda la Argentina. Hay que replicar a la Metropolitana en toda la Argentina”. Después, bailó, al ritmo de esos vientos norteños y desideologizados que prometen el peor pasado. La batalla de los vientos continúa su curso. Ahora deberemos decidir cuál viento la gana para continuar escribiendo esta historia.

1 comentario:

  1. Los miedos y la busqueda de fundamentos del analisis del triuunfo de Del Sel viajaron en el tren de Ranzazzo a la CABA , dejandonos un poco sorprendidos del odio de mis conciudadanos al modelo y a la figura de CFK que votan en forma refleja en contra , la situacion del viernes en la que Carrio llamo a votar a Lousteau su enemigo de la 125 en contra de su "amiga" Michetti dio resultado , y con el consuelo que aportamos los viejos, y bue en la CABA no gano ni Peron en el 73 ( el candidato que perdio con De la Rua en ballotage para senador era Sanchez Sorondo ) aunque en el interior los resultados son bastantes buenos Salta Neuquen y Sta Fe mismo en legisladores Abrazo y esperar tiempos mejores
    J.Pierantoni

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