miércoles, 20 de mayo de 2015

Laberintos y pantanos en los Tribunales



Una vez más, un fallo judicial nos conduce a planificar la justicia del futuro. Aunque la sentencia es del año pasado y una parte de la discusión involucre apenas una diferencia de tres años en la pena, es imperioso reflexionar en estas cosas. Un castigo mínimo, una minucia en comparación con el tamaño del delito. Un disparate que el abuso sexual de un niño de seis años se castigue con tan poco. Pero lo más grave es que los argumentos presentados por los jueces para aliviar la prisión del abusador suenen tan bestiales. A esta altura de la vida, que estos magistrados consideren a la víctima en colaboración con el victimario, que se busque al menos una excusa en la vejación, no puede interpretarse más que como una renuncia al cargo que ocupan. Que no se quejen si gran parte de la sociedad los repudia. Que no se escuden en la interpretación de las leyes o en la independencia de los poderes. Que no se asombren por nuestra indignación si han desafiado, una vez más, nuestra paciencia.
Aunque el caso ha trascendido en la opinión pública, siempre es adecuada una síntesis antes de comenzar a evaluar un hecho. Los jueces Benjamín Sal LLargués y Horacio Piombo redujeron de seis a tres años la condena de Mario Tolosa, vicepresidente de un club de Vicente López en un caso de abuso sexual a un menor. No fue un “abuso sexual ultrajante” sino simple porque no había producido “un torcimiento del desarrollo sexual del menor”. Según esta atroz sentencia, el niño de seis años ya había elegido ser gay y por lo tanto, no es un ultraje que un adulto lo haya violado. Y lo explican con una erudición que asquea: “es claro que la elección sexual del menor, a pesar de la corta edad, a la luz de los nutridos testimonios de sus próximos, ya habría sido hecha”, de acuerdo “a las referencias, a la recurrencia en la oferta venal y al travestismo”. Hasta parecen decir que ellos mismos hubieran sucumbido a los “encantos del nene”.
En primer lugar, una violación siempre es un ultraje, más allá de la elección sexual de la víctima. De todas las maneras como se piense el hecho, implica el sometimiento de la voluntad del otro. Uno obliga al otro a que haga lo que no quiere. El desequilibrio de poder se redobla cuando un adulto doblega a un menor. Y después, pensar que un niño de seis años ya tiene decidida su sexualidad sugiere demasiada ignorancia. Pero, aunque así fuese, no puede atenuar el hecho de la violación. Más aún, aunque el niño se haya insinuado al mayor, el delito sigue existiendo.
El desafío por venir
Sin dudas, los jueces están comenzando a ser un problema. Muy seguros se sienten en sus cargos, al punto de no necesitar nuestra aceptación. Los políticos, siempre tan denostados –a veces justamente- deben, cada tanto, seducir al electorado para seguir en carrera. En cambio, algunos jueces pueden hacer lo que se les antoja pues, además de la perpetuidad de la que gozan, es muy engorroso sancionarlos. Tal vez habría que simplificar los mecanismos para revisar la trayectoria de un magistrado o incorporar formas de evaluación periódica con participación ciudadana; que deban revalidar sus puestos cada cinco años y que eso no incluya sólo sus sentencias, sino la celeridad de su actuación y el número de casos abordados. De esa manera, dejarán de ser un supra poder, dejarán de estar por encima de los otros dos poderes, que son precisamente, los democráticos en serio.
Por primera vez en mucho tiempo, el futuro está en nuestras manos. A nuestro alcance está la construcción de un nuevo país. Para eso, la Justicia debe ser el objetivo. Una nueva Justicia para nuestro nuevo país. Después la crisis de 2001, comenzamos a comprender muchas cosas y desde 2003 despojamos de sus máscaras a los más horrorosos rostros. El último hormiguero a patear es ése: el Palacio de los Tribunales.
En el inicio de la Semana de Mayo, La Presidenta nos recordó una bandera: la de los DDHH, de estrecha relación con la administración de Justicia. A comienzos de año, la Corte Suprema nos sorprendió al vedar la posibilidad de castigar a los torturadores de los Héroes de Malvinas. En los meses subsiguientes, nos siguió sorprendiendo. Ahora, casi que nos provocan asco. De ahí para abajo, la funcionalidad de algunos magistrados y fiscales a los intereses del Poder Fáctico resulta vomitiva. No es casualidad que Cristina haya decidido comenzar allí los festejos patrios, en la ex ESMA, que debería ser capital mundial de la memoria.
En ese escenario, CFK escribió la primera página de su legado: "somos un ejemplo en el mundo en materia de derechos humanos, defendamos ese papel que es patrimonio de la Argentina, no de un gobierno". Claro, que lo que debemos defender no sólo es la Memoria, sino su interacción con el presente, imprescindible para garantizar el futuro. La Justicia necesaria es la que reguarde los derechos de todos, tanto de los ex combatientes como de un niño de seis años. Lo otro, es puro simulacro.

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