sábado, 6 de junio de 2015

Más allá de #Niunamenos



La capacidad de movilización del pueblo argentino sorprende a los ojos extranjeros. Todo –conflictos o festejos- lo convertimos en calle. Y así nos construimos, con un aliento callejero asombroso y envidiable. La marcha del miércoles no fue la excepción, aunque su impacto sorprendió a sus organizadoras, no sólo por el número sino por la promesa de transformación que porta. Quien pretenda acotar el #Niunamenos a casos policiales no comprende la magnitud de lo que se está debatiendo. O sí lo sabe y por eso lo acota.
Si bien el punto de partida parece situarse en los femicidios de Rufino y Monte Hermoso, el horizonte debe ser la reformulación del pensamiento patriarcal que atraviesa todas las esferas de la sociedad. Pero el foco inmediato está puesto en la administración de Justicia y los medios de comunicación que, en muchos sentidos, avalan las prácticas de abuso y discriminación que desembocan en la violencia de género.
A partir de ahora, ya no tendrán lugar aquellos agentes policiales, fiscales y jueces que pongan en duda los riesgos de una convivencia nociva. Que no hay error que justifique un golpe, que no hay superioridad intelectual ni moral en las relaciones humanas, que la fuerza no significa razón, que el Estado en todos sus niveles debe garantizar la felicidad de todos sus integrantes. Y, de una vez por todas, todos debemos comprender que el Estado somos todos, garantía y destinatarios de esa felicidad.
Pero eso es soñar demasiado. Todavía hay muchos que no se sienten parte de ningún colectivo y aunque se horrorizan ante las imágenes de una crónica policial, gozan hasta las babas cuando en el otro canal un libidinoso conductor pellizca los glúteos siliconados de una joven modelo. #Niunamenos también incluye esas atrocidades mediáticas: el cuerpo objeto que sirve para vender todo. El culto a las curvas que llena de semen los lagrimales. La justificación laboral de esa cosificación explotadora. El monumento a la carne femenina que se sacude a un ritmo acalorado. Luces y cámaras para satisfacer la avidez visual del macho que llega a la cueva después de un intenso día de cacería.
Antes de ese momento, la TV alimentó las formas de acondicionar el hogar, un espacio que plantean como de exclusiva responsabilidad femenina. Fragancias, desinfectantes, ceras, comidas envasadas, quesos, saborizantes y aderezos en forma de publicidad cuyo destinatario es una mujer que casi está en vías de extinción: el ama de casa. La dama sirvienta que espera a su amo en una casa limpia, libre de suciedad y bacterias, con la ropa suavizada, los pisos brillantes y una cena deliciosa. La dama amante que después de destinar todo el día a esas actividades domésticas, dispone su cuerpo para convertirse en un adorno más y si todo sale bien, espera recibir una sonrisa y hasta una caricia del macho.
Una publicidad de queso muestra a una madre y esposa como una heroica víctima de innumerables accidentes domésticos como si fuera una aventura de Indiana Jones. Pero también hay mensajes para aquellas que deben afrontar las tareas domésticas sin tener demasiadas dotes. Los productos pre cocidos que se convierten en manjares o superhéroes que auxilian en las tareas más sencillas no hacen más que reforzar una imagen femenina que se puso en cuestión en esa plaza.
La lengua también entra en juego
La palabra es poder, ya es sabido. Que ‘hombre’ haya dejado de ser el nominativo de la especie para nombrar sólo a un género es una muestra de hegemonía. Si la marcha puede transformar esto sólo el tiempo lo dirá. Hay otras cosas más sencillas: reprimir el piropo, por más endulzado que sea, puede ser un primer paso. De los groseros, ni hablar. Hasta el asado entre amigos deberá suavizar su lenguaje cuando se hable de mujeres. Que un taxista manifieste a un desconcertado pasajero su deseo de partir al medio a la inocente chica que cruza la calle con un vaquero ajustado debería avergonzar al diciente, además del escucha.
Un pensar nuevo debe recorrer las mentes masculinas. El tránsito también es un escenario de violencia de género. Si un varón realiza una mala maniobra, frena bruscamente o detiene su coche en doble fila, recibe todos los insultos en su individualidad más absoluta, a veces con exagerado frenesí. En cambio, si es una mujer la que comete estos yerros, es el género en su conjunto el defenestrado. Todas las mujeres tienen la culpa de que una mujer maneje mal. El “andá a lavar los platos” o “se ganó el carné en una botella de detergente” son las favoritas de los conductores exaltados.
Un mundo nuevo parece abrirse con la marcha del 3 de junio. Una manera diferente de pensarnos para convivir en el futuro. Cambios y responsabilidades que están en manos de las autoridades y transformaciones profundas que nos corresponden a todos. Un nuevo aspecto para evaluar a los representantes. En tiempos electorales, un tema que se impone en la agenda de los candidatos. Y no basta con la foto ni las declaraciones floridas. Como siempre, mucho para pensar y construir.

1 comentario:

  1. Gracias Gustavo por esta nota El apoyo de todos los ciudadanos y la solidaridad, de padres, hermanos, sobrinos, pareja en la marcha. Falta la solidaridad entre nosotras y confiar mas entre nosotras. Apoyarnos , ser solidarias. Educar a los hijos varones para ser caballeros, compañeros de lucha, respetar a la mujer, a todas las mujeres, más allá de su condición social, laboral. Alejandra Azis Quinteros.

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