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lunes, 3 de agosto de 2015

El resguardo de las instituciones



Ninguna denuncia, todavía. Ningún fiscal se preocupó por el tema. El Congreso debería convocarlo para que dé explicaciones. Miguel Ángel Broda, economista del establishment, hizo un llamado a la sedición, a la alteración del orden público y sigue por la vida como si nada. El video está en la web; quien aún no lo vio puede consultarlo. Allí, ante un grupo de empresarios, se lamenta del éxito del plan de Kicillof para contener la crisis que muchos de los presentes habían contribuido a provocar; poseso por un odio visceral, afirma que para derrotar al kirchnerismo hay que despertar la venganza de la macro; en criollo, arenga a favor de un golpe de mercado. Eso no es “pensar distinto”, sino alterar nuestra vida y merece alguna forma de castigo. Pero claro, como estamos a merced de los caprichos de los medios hegemónicos, cualquier medida en ese sentido podría desatar la creatividad de sus plumas más destacadas y, en defensa del republicanismo, brindar a la opinión pública nuevos especímenes textuales para la antología del absurdo.
Ya pasó con el juez Claudio Bonadío. No importa que haya cometido irregularidades imperdonables, como allanar sin necesidad las oficinas de Hotesur en Río Gallegos e invadir Santa Cruz con la Policía Metropolitana; tampoco importa que la recusación sea un recurso legal cuando una de las partes puede demostrar la parcialidad de un juez; menos aún interesa que la decisión de apartar al multi denunciado magistrado haya sido del Tribunal de Casación. El periodismo opositor instaló la idea de que La Presidenta sacó al juez que investigaba irregularidades en una empresa ligada a su patrimonio. Eso permitió que muchos personajes funcionales a los intereses del Círculo Rojo recitaran frases de catálogo en defensa de la división de poderes. El resguardo de las instituciones siempre es una buena excusa de la derecha más conservadora cuando sabe que no tiene más argumentos.
O que sus argumentos han sido descartados por una sociedad que ha encontrado, una vez más, el camino hacia el país con el que siempre ha soñado. Que gran parte de los ciudadanos esté convencido de la importancia del Estado para contener la avidez de los poderosos y garantizar la distribución del ingreso es una revolución respecto al sentido común que dominaba apenas quince años atrás. Si en los noventa el Estado debía desprenderse de sus empresas por el déficit que provocaba en las arcas, hoy decide hacerse cargo de ellas para garantizar servicios que son esenciales para el bienestar de todos. Que las ideas de la economía ortodoxa sólo se puedan explicitar en las sombras indica un paradigma novedoso que no debemos abandonar, sino profundizar si el objetivo es transformar este mundo tan desigual y convulsionado.
Hedores de la campaña
En cada una de sus apariciones públicas y en los insípidos spots de campaña, el pre candidato Mauricio Macri anuncia a los cuatro vientos que de su mano viene el cambio. El cambio es escuchar, propone como torpe novedad; un candidato tan vacío que no tiene nada para decir pero se convierte en la Gran Oreja Nacional. Un cambio que, de acuerdo a los recientes giros de su discurso parece más una continuidad de todo aquello que cuestionó durante todos estos años. Un cambio que, según sus cuatro economistas estrella –Broda, Melconián, Espert y Sturzeneger- no será más que la restauración del modelo del ajuste que nos llevó a la ruina: el latrocinio hecho programa de gobierno; el vaciamiento a gran escala de nuestros recursos; el empobrecimiento más dramático de nuestras vidas.
El cambio es escuchar pero no decir nada. O decir mucho pero que no se entienda demasiado. El cambio es disfrazar el discurso y simular sentimientos, memorizar anécdotas y repetirlas hasta el cansancio, adornar las inmundicias para que parezcan obras de arte. Como la fórmula ha sido un éxito en la Capital Federal, el Alcalde Amarillo quiere aplicarla al resto del país. Eso sí, como sabe que sus argumentos son insuficientes, apela a las necedades sobre las instituciones que, de tan generales, pueden engatusar a alguna voluntad desprevenida. Ese versito de respetar al que piensa distinto, la libertad de expresión y la división de poderes aparece en cada uno de los integrantes de ese club de amigos con forma de partido político.
Pero si uno mira con atención, la hipocresía de esos tópicos podría descomponer al estómago más fuerte. Ellos, que han dicho barbaridades de La Presidenta y sus funcionarios, que han convertido en verdad la caricatura de Máximo adicto a los videojuegos, que han despreciado a las multitudes movilizadas, hablan de respetar al que piensa distinto. Ellos, que sólo atienden a los periodistas aliados y utilizan la pauta oficial para suavizar las críticas, quieren dar cátedra sobre la libertad de expresión. Ellos, que tienen una tropa de jueces y fiscales dispuestos a entorpecer las decisiones del Gobierno Nacional, pontifican sobre la división de poderes. Ellos, como se saben perdedores, simulan desconfiar del sistema electoral que siempre ha sido incuestionable y anticipan un fraude que no existirá. Ellos, que han pisoteado las instituciones cada vez que sus privilegios se han visto amenazados pretenden erigirse como los paladines de la República.      
Ellos, que quieren restaurar el país de las pesadillas del que estamos saliendo, se quieren presentar como el cambio. Y como saben que no pueden decir lo que planean hacer de acceder a La Rosada, deben apelar a las peores tretas para embaucar al votante. Pero que no se confíen demasiado: los números no los favorecen. Por lo que parece, estamos inmunizados contra estas viles artimañas.
Pero además, nos protege el Nuevo Código Civil y Comercial, que prohíbe la publicidad engañosa. Desde el sábado, todo lo que anuncie un aviso podemos considerarlo incluido “en el contrato con el consumidor” y genera una obligación del vendedor. Entonces, si los planetas enloquecen y Mauricio Macri posa sus sentaderas en el sillón presidencial podemos exigir que cumpla con todo lo que viene prometiendo desde la casi derrota en el balotaje: que YPF, Aerolíneas y las jubilaciones seguirán en manos del Estado, que la AUH es un derecho a mantener y que defenderá con uñas y dientes nuestros intereses ante los buitres. Ah, y también aseguró que los tres chiflados del video no tienen que ver con el PRO. Al menos tenemos un resguardo para que no nos time otra vez un candidato con ganas de entregar el país, como hizo el Infame Riojano.
Pero en este aspecto, el Código seguirá sin entrenarse. Sólo un desatino de los dioses puede convertir a Macri presidente. O una alucinación colectiva, lo que sería más o menos lo mismo. El futuro nos espera tal como nosotros hemos aprendido a construirlo: sin recetas foráneas ni ajustadores seriales sino con compromiso, solidaridad y mucha pasión.

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